Cuentos para contar.

viernes, 31 de julio de 2015

El Pirata Malapata y los espíritus de la naturaleza (1)

Tras varios meses de navegación ininterrumpida, los hombres del capitán Malapata empezaban a mostrar signos de cansancio. El abordaje de varios galeones del rey, había provocado que éste pusiera precio a la cabeza del pirata, y que "El Delfín Volador" fuera el barco más buscado de los 4 mares.
-Capitán - dijo Rodi, el camaleón, lugarteniente de Malapata - tenemos que tomar tierra cuanto antes, los chicos están muy nerviosos.
- ¡Tonterías!, ¡permanecerían en el infierno sin salir durante años, si haría falta!
- Ya, pero Ragout acaba de tirar al bardo por la borda.
- ¡Eso lo hace todos los días!
- Si, pero hoy es la octava vez que lo hace, y no ha sido el único que lo ha hecho..........
- Bueno, quizás tengas razón, desembarcaremos en la primera isla que veamos - dijo a regañadientes.
No tardo el vigía en gritar: ¡Tiera a la vista!, justo cuando Ragout iba a tirar al bardo por novena vez por la borda.
Fondearon El Delfín a cuatro millas de la costa, y cogieron los botes para ir hasta la playa. La isla estaba habitada por indígenas, que les acogieron con gran amabilidad. Por la noche les ofrecieron una fiesta, en la que Malapata y sus hombres comieron y bebieron hasta quedar saciados. Después bailaron a ritmo de los tambores. Malapata , bailaba alrededor de la fogata, a hombros de uno de sus hombres, cuando los tambores dejaron de sonar: El brujo, vestido con una piel de leopardo, se había lebantado, y con los brazos en alto, se dirigía hacia el mar, como en trance. Toda la tribu le siguió hasta la orilla.
- ¿Qué sucede? - le preguntó Malapata a Rodi.
- No lo se, debe de tratarse algún tipo de ritual.
Se produjo un silencio expectante. Entonces, el brujo, con los brazos en alto y los ojos cerrados, empezó a entonar un extraño canto bajo la luna llena, de cara al mar.
- Vamos a ver de que se trata - dijo Malapata yendo hacia allí.
A unos diez metros de donde se encontraba el brujo, se levantó una columna de agua, que en forma de remolino, ascendió hacia el cielo.
- ¡Por las escamas del diablo! - masculló Malapata.
- Debe ser algún tipo de truco - dijo Rodi pensativo.
Entonces, bajo los brazos, y la columna de agua se desmoronó. Luego, sin dejar de cantar, movió ambos brazos hacia la derecha, y una fuerte corriente de aire se levantó en esa dirección, luego, los movió hacia la izquierda, y la dirección de la corriente cambió hacia aquella dirección.
- ¡Es el diablo en persona! - bramó Malapata.
De pronto, bajó los brazos, y subiéndolos otra vez, hizo que dos columnas de arena, una a cada lado, se levantaran hacia el cielo, permaneciendo así hasta que los bajó, y se deshicieron en el aire.
- ¡Impresionante! - Malapata, estaba con la boca abierta.
- Ese agua de coco fermentada que nos han dado.....- reflexionaba Rodi en voz alta.
Volvieron al poblado. Malapata permanecía callado, sumido en profundos pensamientos. Rodi le miró.
- ¿En qué estás pensando Capitán?
- Ese hombre podría ser un magnífico aliado...........
Al día siguiente, cuando quedaban un par de horas para que saliera el sol  y toda la tribu dormía a pierna suelta tras la fiesta, Malapata y sus hombres embarcaban en sus botes rumbo al Delfín, con un invitado, que amordazado, vestía una piel de leopardo.

viernes, 17 de julio de 2015

Las aventuras de RIna, la gata callejera: La riada.

Anochecía; el sol se llevaba consigo sus últimos rayos, dejando la noche fría y oscura.
Rina arrimaba el lomo al motor de un coche que acababa de aparcar, y que se mantenía todavía caliente. Se recostó sobare una de las rudas, molesta por el humo de los coches que pasaban cerca. Se quedó adormecida con el calorcillo y el run-run de los motores.
Un ruido fuerte le despertó; ¡la rueda en la que se apoyaba empezó a girar! Dio un salto hacia un lado, ¡la rueda trasera también giraba!, y se acercaba rápidamente. Un nuevo salto le hizo salir de debajo del coche, y corrió hasta ponerse a salvo entre unos arbustos. Vio como el coche se alejaba; su mirada de terror delataba la firme decisión de no volver a acercarse a una de esas temibles cosas.

Hacía cada vez más frío, el cielo raso anunciaba helada; si no encontraba pronto un refugio, no lo contaría.
Al lado de un contenedor de basura, Rina vio una caja de madera con una abertura en uno de sus laterales. Contorsionó su elástico cuerpo para meterse por ella, y se ovilló en una de sus esquinas. Allí la temperatura era mucho más agradable que en el exterior, y su cuerpo tembloroso fue ganando calor, hasta quedarse dormida.
De pronto se levantó un fuerte viento, y el cielo, plagado de estrellas, desapareció, cubierto por negras nubes. Al momento, se desencadenó una fuerte tormenta, y empezó a llover de forma copiosa. Llevaba 3 días sin parar de llover, y el río que bordeaba la ciudad estaba a punto de desbordarse. Y eso ocurrió, al coincidir la tormenta con la pleamar, ya que la ciudad se encontraba al lado de la costa.
De nuevo un fuerte ruido despertó a Rina; la caja en la que dormía era arrastrada por el río, que extendía sus brazos de agua por las calles de la ciudad. Intentó salir de la caja, pero el agua que entraba a borbotones por la apertura, se lo impidió. Le invadió el pánico, y se puso a arañar frenéticamente las paredes de la caja. De pronto la caja se paró; Rina se quedó muy quieta, expectante. El agua dejó de entrar, y acercándose a la apertura de la caja, asomó la cabeza. La caja se había quedado enredada entre las ramas de un árbol que había quedado sumergido por el agua. Más allá, la corriente volvía a su cauce, y corría violenteamente por él; si la caja llegaba hasta el río,acabaría destrozada contra las piedras, con Rina dentro.
Cerca de donde se encontraba, había un coche que también había sido arrastrado por la corriente, y se encontraba atrancado entre unas piedras; si conseguía llegar hasta él, podría subir por ellas y saltar a una casa próxima. Pero el terror le invadió, al acordarse del incidente que tuvo con una de aquellas bestias, en el que casi es aplastada por una de sus temibles extremidades. Se quedó paralizada; la caja empezaba a moverse, desenbarazándose de las ramas. Miró al río desatado, luego a la bestia...........y saltó hacia la bestia.
Cayó en el techo del coche, mientras veía como la caja se hacía trizas entre las rocas. Miró hacia la casa; no se sentía con fuerzas para llegar a ella, y seguía diluviando. Entonces vio como una de las bocas de la bestia estaba abierta, una de las ventanillas del coche estaba rota, y sin pensarlo, se deslizó en su interior.
El interior de la bestia era mullido, y la temperatura buena. Allí dentro, no parecía tan peligrosa, incluso le pareció afectuosa, así que se durmió entre sus fauces, mientras escuchaba el ruido de la lluvia al golpear su piel de hierro.

Cuando despertó, había dejado de llover, y los hombres se afanaban en reparar los estragos ocasionados por el río al salirse de su cauce. Se estiró perezosamente, y salió del interior de la bestia, agradeciéndole su protección. El sol volvía a brillar en el cielo.

viernes, 19 de junio de 2015

La luciérnaga y la araña

En la entrada del viejo tronco hueco, la araña tejió su tela. Diéstramente, cubrió con su seda pegajosa el agujero donde antes había crecido una rama, y esperó paciéntemente en su centro, inmóvil. atenta a la más mínima vibración.
La luciérnaga, que andaba distraída por allí, iluminando la noche con sus destellos, sintió que algo fino y pegajoso le impedía avanzar. Intentó desenbarazarse de aquello, pero cuanto más empeño ponía, más enredada se quedaba.
La araña se acercaba a la luciérnaga para envolverle con su seda, cuando sintió un fuerte tirón en la tela: Una sabrosa mosca había quedado atrapada en ella.
" ¡Vaya!, esta siendo una buena noche "- pensó.
Un nuevo impacto le hizo volverse: Una polilla había caído de nuevo en su trampa.
Entonces lo comprendió: "La luz de la luciérnaga atrae a otros insectos"
Después de envolver cuidadosamente a la mosca y a la polilla, se dirigió a donde estaba la luciérnaga. Esta, agotada por el esfuerzo al intentar liberarse, esperaba resignada su triste final.
- ¡Tranquila! - le dijo la araña - No puedo liberarte, es imposible romper la tela, pero no te preocupes, yo te protegeré, te alimentaré, y te daré todo lo que necesites.
Entonces, la araña, atrapó varios caracolillos y babosas, que puso junto a la luciérnaga para que comiera. Esta, recelosa, se negó a hacerlo, pero el hambre hizo que finalmente, cambiara de opinión, y se alimentó de la comida que le dejaba la araña, hasta que recuperó las fuerzas.
Pasó el tiempo, y la araña siguió alimentando a la luciérnaga, hasta que ésta empezó a confiar en ella, hasta el punto de creerse que nunca podría salir de allí, y alegrarse por su suerte.
Mientras, la araña, orgullosa por su inteligencia, veía como montones de bichos quedaban atrapados en su tela, atraídos por la luz de la luciérnaga.
De noche, la luciérnaga veía como otras luciérnagas cortejaban entre ellas, coqueteando con sus luces intermitentes, y jugaban y cazaban llenas de vida y alegría, mientras ella se tenía que conformar con esperar a que la araña le trajera la comida todos los días. Entonces, se preguntó si la araña no le estaba engañado, y la tela no era irrompible. Quiso probarlo, y cuando ésta dormía, reunió todas sus fuerzas, y empezó a agitarse, intentando romper la tela. La araña se despertó sobresaltada, y fue corriendo donde la luciérnaga.
- ¡Qué estás haciendo!, ¡estás loca!, ¡vas a romper la tela!
- ¿No decías que era imposible romperla?
- Bueno.................pero es que si la rompes no sería capaz de hacer otra igual............
- ¡No te creo!, ¡eres una mentirosa!
Y siguió debatiéndose con todas sus fuerzas.
- ¡Está bien! - dijo la araña - ¡Tú lo has querido!, ¡te devoraré como a todos los demás!
Pero la luciérnaga, sin perder la fe en si misma, luchó con más fuerzas todavía, hasta que rompió la tela, y escapó entre las maldiciones de la araña.

La luciérnaga enseguida recuperó la flexibilidad de sus patas y de sus alas, y volvió a iluminar la noche con su luz de vida.

viernes, 12 de junio de 2015

EL cuervo

A Carlos le encantaba ir al parque, pero no para jugar al fútbol o al escondite con los amigos, sino para ver a los artistas que diariamente ofrecían sus espectáculos por unas monedas.
Estaba de vacaciones, y la tarde era espléndida, por lo que se preparó un sanwich de jamón y queso y se fue al parque en bici.
Los "coralillos" ya habían florecido, y un intenso olor a miel empapaba el aire. Cogió el atajo que entre los helechos y laureles, le llevó directamente al estanque. De la mochila sacó media barra de pan, ya duro, de ayer, y lo desmenuzó sobre el agua. Al momento, patos, tortugas, peces y palomas, se disputaban las migas mojadas. Una vez acabado el festín, Marcos se subió de nuevo a la bici y cruzó el camino principal hasta el kiosco, donde solía actuar el payaso. Pero le encontró sentado en un banco con los codos sobre las rodillas, los mofletes apoyados en las palmas de las manos, y la mirada perdida.
- ¿Te sucede algo? - le preguntó.
- ¡No podía haber sucedido nada peor! - dijo el payaso mirando al cielo y alzando las manos - ¡el cuervo!, ¡el maldito cuervo!, ¡se paró frente a mí, y me miró fijamente con sus ojos negros!, ¡robándome el alma, la vida, mi alegría!, ¡Y que es un payaso sin alegría!, ¡nada, no es nada!, ¡un esperpento!
Y clavó su mirada en el suelo, dejando caer los brazos entre sus piernas abiertas.
Marcos, desconcertado, cogió su bici y se dirigió a la explanada donde los pavos reales exhibían sus majestuosos abanicos que tenían por cola. Allí era donde el mago hacía sus trucos. Pero lo encontró buscando algo entre unos arbustos.
- ¡Tiene que estar en algún sitio! - decía nervioso.
- ¿Qué buscas? - le preguntó Carlos.
- ¡Mi conejo!, ¡no está aquí! - dijo metiendo la mano en su sombrero de copa - ¡como agarre a ese maldito cuervo, le haré desaparecer para siempre!
Entonces miró fijamente a Carlos.
- ¿No habrás visto tú a mi conejo?
- No, que va.........
- ¡Me ha robado mi magia!, ¡maldito pajarraco!.......¡quizás esté entre tus pantalones!, ¡vamos conejito, sal de ahí!
El mago se le acercó con la vista fija en su bragueta. Carlos subió a la bici, y escapó lo más rápido que pudo.
Mientras pedaleaba, pensaba en los extraños acontecimientos que acababan de suceder, y en el cuervo, que era el origen de los mismos.
Entonces fue donde Andrés, el cantautor, que ofrecía sus canciones en la zona de picnic, al lado de los grandes robles. Le encontró apoyado en uno de ellos, con la guitarra a su lado, guardada en la funda.
- ¿No tocas? - le preguntó.
- No, no estoy inspirado.
- No será por casualidad por el cuervo.
- ¿Como lo sabes?
- Me lo imaginaba. ¡No creerás en serio que él tiene la culpa!
Andrés le miró con resignación.
- Cuando un cuervo te mira fijamente ¡te roba el alma!
- ¡venga hombre!,y si fuera así, ¿qué tienes que hacer para recuperarla?
- ¡Matar al cuervo!, no hay otra manera.
Carlos se quedó pensativo.
- ¡Lo encontraré! - dijo, y cogiendo la bici se dirigió al bosque de hayas, que ocupaba la zona este del parque, y donde había un comedero para pájaros; tarde o temprano el cuervo pasaría por allí.
Se sentó debajo de un haya, sacó la armónica que siempre llevaba consigo, y se puso a tocar. Pensó que el cuervo se sentiría atraído por la música, y así fue; un gran pájaro negro le observaba con sus oscuros ojos clavados en él. Siguió tocando, y se dio cuenta que iba a ser incapaz de matarle.
"Simplemente es un animal curioso, que se siente atraído por lo que hace el payaso, el mago y el cantautor,y ahora se acerca al escuchar mi armónica." - pensó.
Se levantó, miró con cariño el cuervo, y fue a toda prisa en su bici a ver al payaso. Este, seguía sentado en el banco, con la mirada en el suelo.
- Oye, ¿quieres que te cuente un chiste? - le dijo.
- ¿Un chiste?
- Si, escucha: ¿Sabes que hace una interrogación en un campo de patatas? Pues sembrar la duda.
El payaso se quedó pensativo.
- sembrar la duda - repitió - sembrar la duda,.....¡sembrar la duda!, ¡sembrar la duda! - decía cada vez más alto, mientras reía a carcajadas - ¡sembrar la duda!
La gente que había a su alrededor se acercó. Al verles, el payaso contó el chiste, y al ver que todos se reían, siguió con los de su repertorio. El payaso había recuperado su alegría.
Entonces Carlos fue donde el mago. Este continuaba buscando su conejo, entre las colas de los pavos reales, los cuales huían despavoridos. Cogió una baraja de cartas del mago y su megáfono:
- ¡Señoras y señores, acérquense si quieren ver los más increíbles trucos de magia! - dijo a pleno volumen.
Se formó un pequeño corro alrededor de él.
- Ahora observen.
Intentó pasar las cartas de la baraja de una mano a otra, como hacen los magos, pero se le cayeron todas al suelo. Entonces el mago que se había acercado por el alboroto, cogió otra baraja.
- ¡ Pero que torpe! - dijo, y con gran maestría pasó las cartas de una mano a otra sin caérsele ni una sola.
Todos aplaudieron, y el mago siguió con sus trucos entre las ovaciones del público.
Discretamente, Marcos dejó al mago con su recuperada confianza, y fue donde Andrés, el cantautor, que dormitaba debajo de un roble. Se sentó junto a él, y sacó su armónica. Se puso a tocar, y al oírle el músico, no  se pudo resistir a acompañarle con la guitarra. La gente que pasaba por ahí, se paraba a escucharles, y tocaron hasta que se puso el sol, ¡ante la atenta mirada de un cuervo muy curioso!


sábado, 23 de mayo de 2015

Excursión al museo de la ciencia

Estoy muy contenta y excitada, hoy tenemos excursión en el colegio, ¡vamos al museo de la ciencia!
Nos llevaron en autobús hasta el museo, un cubo blanco con grandes cristaleras, donde nos enseñaron de forma divertida los fundamentos de la ciencia. En la sala de vídeo, vimos una película de dibujos animados, en la que se veía a un tal Isaac Newton debajo de un manzano, que al caerle una manzana en la cabeza, gritaba :¡Eureka!, acababa de descubrir la ley de la gravedad. Luego, nos explicaron que todos los cuerpos se atraen entre sí, y la tierra al ser tan grande, nos atrae a todos nosotros, por eso los chinos que están en la otra parte del mundo no se caen al espacio. es un poco raro, pero bueno, será así. También fuimos a un laboratorio, donde vimos por el microscopio patas de araña y alas de mosca, ¡Que chulada!, aunque daba un poco de asco. También hicimos magia, con un baso lleno de agua al que le poníamos una cartulina encima, le dábamos la vuelta, ¡y el agua no se caía!; aunque nos dijeron que era por la presión o algo así.
Para terminar, nos llevaron al planetarium, donde sentados en cómodos sillones abatibles, vimos, proyectados en el techo, los planetas y las estrellas, como si en realidad fuera de noche y estuviéramos mirando el cielo. Más de uno se durmió,  a pesar de lo alto que estaba el sonido, y las intensas luces de la pantalla.
En la zona de picnic del museo, los profes nos dieron el almuerzo: sanwiches de jamón y nocilla, mientras jugábamos al escondite. Amaya y yo, nos escondimos en un bosque próximo
- ¡Aquí no nos encontrarán! - le dije a Amaya, tirando de su brazo para que se agachara.
Sin embargo, Josu, que le había tocado buscar a los demás, se acercaba hacia nosotras.
- ¡Vámonos! - me dijo Amaya, y nos internamos en el bosque.

- ¡Qué ven mis ojos! - escuchamos. Un hombrecillo con pelo blanco y despeinado, bigote, vestido con un elegante frac verde, sombrero de copa y un bastón plateado, apareció delante de nosotras, como por arte de magia.
- ¿Qué hacéis en este siniestro bosque solas?
- Jugamos al escondite - dijo Leire
- Venimos del museo de la ciencia - añadió Amaya.
- ¿Qué has dicho? ¿museo de la ciencia? ¡no puede ser!
- Pero si...........
- ¡Silencio!,  ¡nos pueden oír los Tyranosaurus Retretex!
- ¿Los que?
- ¡Demasiado tarde, ya están aquí!
Tres enormes Tyranosaurus con un retrete en vez de cabeza, nos rodeaban, y sin darnos tiempo para reaccionar, ¡nos tragaron de un bocado!, menos al hombrecillo, que les esquivó con un ágil salto.
- ¡Vaya por dios! - exclamó el hombrecillo, y con otro ágil salto, saltó a los lomos del que habíamos sido su almuerzo, y tiró de una cadena que le colgaba del cuello. Se escuchó un ruido como de desagüe, y salimos por un agujero situado al lado de la cola, completamente empapadas.
- Tranquilas, sólo estaban jugando, son inofensivos - nos dijo el hombrecillo, ofreciéndonos una toalla - bueno, sobre qué hablábamos........., a si........el museo de la ciencia.........¡tonterías!, ¡no existe!, ¡no son más que supersticiones! ¡vamos, decidme la verdad!
- ¡Es cierto!, fuimos allí de excursión con el colegio, pero nos perdimos jugando al escondite - le dije sorprendida.
El hombrecillo me miró fijamente a los ojos, luego a Amaya, que estaba un poco asustada.
- Parece que decís la verdad. Por cierto, no nos hemos presentado, me llamo Nietsnie, Trebla Nietsnie, pero llamarme Nit.
- Yo Leire, y esta es Amaya, mi mejor amiga.
- Hola señor Nit - le dijo Amaya.
- Bueno, vayamos a lo importante; la ciencia no es mas que una superstición, leyendas, un intento de explicar aquello que no tiene explicación, ¡no existe ningún museo de la ciencia!
- ¡Pero si estuvimos allí!
- ¡Allí, acá, dentro, fuera,............! ¡todo está en tu mente! - me dijo señalándome la frente - ¡vámonos de aquí!
Entonces, cogió el bastón plateado que tenía en la mano, y sopló por uno de sus extremos, que terminaba en un aro. Se formó una burbuja, ¡qué nos envolvió y nos elevó en el aire!
- ¡Es increíble! - grité
- ¡Fantástico! - exclamó Amaya.
Nietsnie nos miraba con aire resignado.
- ¡Estos niños de hoy!, ¡tienen la cabeza llena de razonamientos! - exclamó.
La pompa ascendía por el cielo, y se balanceaba levemente con el viento. Nos cruzamos con otras pompas que contenían personas, animales, e incluso familias enteras, a las que Nit saludaba.
- Señora lewis, ¿Qué tal sus hijos?
- Bien, bien, hoy tienen clase de vuelo en dragón.
- ¿Y su marido?
- Pues ya sabe, con sus amigotes, jugando al Jumanji.
- Es un juego peligroso.
- ¡Ya sabe como son los hombres!
- Bueno, que tenga un buen día.
- Igualmente.
Entonces, vimos una burbuja enorme, que contenía un palacio dentro.
- ¿Qué es aquello? - pregunté
- ¡El museo de la fantasía!, tenéis que aprender un par de cosas.
Dentro, vimos a un hombre sentado debajo de una palmera. De repente, cayó un coco, y le golpeó en plena cabeza, dejándolo sin sentido.
- Ese hombre es Notwen, Caasi Notwen, así es como descubrió las leyes de la levedad, ¡en sueños!
- ¿Y que dicen esas leyes? - Preguntó Amaya.
- Pues que todo flota, y las cosas se atraen o repelen según los gustos y deseos.
- ¡Qué guay! - gritamos.
- Ahora, sólo tenéis que divertiros, las leyes de la levedad se encargarán del resto.
¡Nos lo pasamos de miedo!, jugando en un inmenso txiki-park, comiendo chuches hasta hartarnos, cazando medusas con Bob Esponja, jugandos al escondite con Blancanieves y Sofía,..........Acabamos agotadas, y nos echamos una buena siesta en la casa de Winnie De Poo.
 Al despertar, nos encontramos con Nit.
- ¿Lo habéis pasado bien?
- Si, estupendamente - dijo Amaya.
- ¿Y tú Leire? - me preguntó.
- Si.................., pero hecho de menos a mis amigos y a mis padres.
- Pues la verdad........yo también - dijo Amaya.
Y al momento, nos encontramos en la zona de picnic del museo de la ciencia,¡ rodeados de todos nuestros amigos!.

viernes, 8 de mayo de 2015

La leyenda del "Robacorazones" (4)

Luis tuvo un agradable sueño, en el que su corazón latía de nuevo en su pecho, que a su vez era el corazón de la tierra, y de todo el universo. Cuando despertó, se encontró en un lugar extraño: vio su imagen reflejada en cientos de espejos que le rodeaban; pero esta aparecía distorsionada. En un espejo, tenía la cabeza tan grande como el cuerpo, en otra, los brazos le llegaban hasta el suelo,... Dio un grito, y su voz, se repitió en un eco que se fue perdiendo a lo lejos. Se encontraba en un laberinto de espejos. Se levantó y buscó la salida. Fueron muchos los golpes que se dio. Había espejos hasta en el suelo y el techo, la confusión era total. Harto de andar sin llegar a ningún sitio, se paró, respiró hondo, y miró a su alrededor, buscando alguna pista para salir del laberinto. Entonces se fijó que en algunos espejos, se reflejaba su imagen sin distorsionar, y decidió seguirlos. De esta manera, encontró la salida.
Aliviado, miró a su alrededor; se encontraba en un lugar apocalíptico, desiértico, donde columnas de humo se levantaban sobre ruinas ardiendo, tapando el sol.
"Esto si que es el infierno" -  pensó.
A lo lejos, distinguió una figura delgada y encorvada entre las ruinas ardientes: Se trataba del varón Greenforce. Echó a correr hasta alcanzarle No quería que le vería, para pillarle desprevenido, pero unas ruinas consumidas por el fuego se desmoronaron cerca de donde se encontraba, y el ruido hizo que el varón volviera su mirada hacia allí.
- ¡Has llegado hasta aquí! - dijo sorprendido al ver a Luis.
- ¡Si, y me vas a devolver mi corazón.
De pronto, Luis se sintió mareado, y el pecho le empezó a doler. Se apoyó en una roca.
- ¿Te sucede algo? - dijo el varón - no será que la cuerda del reloj que tienes como corazón se ha acabado?
" ¡No, ahora no! - pensó Luis.
El varón rió aliviado.
- ¡Qué descorazonadora imagen! - bromeó.
¡Efectivamente!,  la cuerda del reloj que Luis tenía como corazón, se había acabado. Perdió la conciencia.
Entonces, bajó un diablo del cielo, y agarrando al varón por el cuello, le arrebató el corazón de Luis.

- ¡Luis, Luis!, ¡despierta!
Luis abrió los ojos, y vio el rostro escamoso y cornudo del diablo.
- ¡Ahhhhh! - gritó.
- ¡Tranquilo, soy yo bernardo!
- ¿Bernardo?
- Es el precio que un ángel tiene que pagar por entrar en el infierno, pronto perderé la consciencia de mi mismo...............pero no te preocupes por mí. Toma, aquí tienes tu corazón.
Bernardo le dio el corazón a Luis, y sin darle tiempo a que le dijera nada, se elevo en el aire con sus alas de murciélago, lanzando un terrible alarido, y perdiéndose entre las volutas de humo negro que se elevaban desde la tierra.
Luis observó el corazón rojo y palpitante entre sus manos. Este, empezó a brillar, y desapareció, ocupando su lugar en el pecho.
- ¡Por fin es tuyo! - escuchó. El diablo en persona flotaba en el aire a unos metros de él. - ¿Es todo lo que deseas?
Luis no tuvo miedo, le miró a la cara y dijo resuelto:
- ¡Si!
El diablo rió.
- Resulta que yo también.
- Pues tendrás que volver a arrancármelo.
- ¡Venga hombre!, sabes que ese no es mi estilo. Yo hago tratos.
- ¡No tienes nada que ofrecerme!
- ¿Estás seguro?
El diablo extendió la mano, y apareció junto a él Leire.
el rostro de Luis cambió por completo.
- Prefiero tu corazón - continuó el diablo - pero tendré que conformarme con el de ella.
- ¡No! - gritó Luis - te daré mi corazón, pero suéltale.
- ¿Hacemos entonces un trato?, ¿Tú corazón por el de ella?
Luis no lo dudo,
- ¡De acuerdo!
- Bien, pues entonces firma aquí, ¡con tu sangre!
Apareció delante de Luis un papel y una pluma, unida a su corazón por un tubo. Luis firmó, y su corazón desapareció, apareciendo Leire junto a él. La abrazó, estaba llorando.
- Tranquila, tranquila, no pasa nada.
El diablo, cogió el corazón de Luis, y se lo tragó. La tierra empezó a temblar, y el cielo se rompió, cayendo en mil pedazos. El cuerpo del diablo empezó a crecer, y entre alaridos, se convirtió en un terrorífico y deforme monstruo.
Luis, protegió a Leire con su cuerpo, echándose sobre ella en el suelo. Cuando abrió los ojos, se encontró de nuevo en el mundo, y vio como el diablo, convertido en una monstruosa y gigante abominación, se dirigía a una ciudad próxima, con la intención de destruirla.
"¿Qué puedo hacer?, ¿Y como es que sigo vivo sin corazón?" - Pensó Luis.
Entonces sintió un rítmico golpeteo en su pecho: ¡Era su corazón!, ¡estaba allí, y latía con enorme fuerza!
De él,empezó a salir un brillo que fue envolviendo a Luis, hasta convertirse en un rayo de luz, que desde su pecho, surgió poderoso, y alcanzó al diablo. Este empezó a gritar, y ardió hasta quedar consumido por las llamas.
- ¿Qué ha sucedido?  - Le dijo Leire a Luis, abrazándole.
- Nada, no te preocupes, todo está bien.

Luis tuvo un sueño. En él aparecía Bernardo, con aspecto de ángel.
- Dime Bernardo, ¿qué sucedió?
- Sucedió que para poder llegar al infierno, tuviste que superar pruebas que exigían un corazón puro.
- ¡Pero si no tenía corazón!
- El corazón se forja en cada situación que se nos presenta en la vida.
- ¿Y qué pasó con el diablo?
- Está en el infierno, donde siempre estará. No existe fuerza más poderosa en el mundo que la de un corazón puro: El poder del amor.



viernes, 1 de mayo de 2015

La leyenda del "Robacorazones" (3)

Luis caminó por un lugar desértico, en el que el sol agrietaba la tierra reseca. De pronto escuchó una sirena, y vio a lo lejos, como apareciendo de la nada, un inmenso palacio dorado que brillaba y centelleaba con los rayos del sol. Se formó un gran alboroto, y empezó a salir gente de todas partes: de detrás de las piedras, de entre los matorrales, de debajo de la tierra,..........., que corrían desesperados hacia el palacio. Uno de ellos, le dio tal empujón, que le tiró al suelo. Desde allí, vio como la gente se peleaba de forma muy violenta por llegar antes al palacio.
-" ¿Pero que sucede?" - se preguntó.
Al rato, vio como el palacio se difuminaba hasta desaparecer, y la gente, volvía a mimetizarse con el entorno.
- ¿porqué no has corrido como todos los demás? - escuchó a su espalda - ¡eres joven y fuerte!
Se volvió, y vio a un anciano apoyado en una muleta.
- ¿Qué te pasa?, ¡eres mudo o que!
- Perdone, es que no soy de aquí. ¿Me podría explicar que es lo que ha sucedido?
- ¿Qué ha sucedido?, pues que debes de estar loco si no has intentado entrar en el palacio.
- ¿Y porqué debería querer entrar en el palacio?
-¡Además de loco estás ciego!, ¡mira a tu alrededor, no hay nada! ¡En el palacio hay riquezas y abundancia para todo aquel que entre! Si yo tuviera tus piernas no estaría aquí malviviendo, te lo aseguro. ¡Estos jóvenes no saben nada de la vida!
El hombre se alejó maldiciendo.
Pasado un tiempo, sonó de nuevo la sirena, y el formidable palacio apareció de nuevo de la nada, en un lugar diferente, y de nuevo, empezó a aparecer gente de todas partes, en febril carrera hacia él. Instintivamente, Luis echó a correr hacia allí, y al aparecer el palacio cerca de donde estaba, llegó rápidamente hasta la puerta. Se iba a disponer a entrar, cuando sintió un fuerte golpe en la cabeza, y cayó al suelo; le habían golpeado con un palo, y pasaron por encima suyo, pisándole las costillas. Cuando se recuperó, el palacio había desaparecido.
-"¡Maldita sea, la próxima vez lo conseguiré! - pensó, y buscó un palo para hacerse un arma.
Luis miró a su alrededor; encontró varios almendros y unos cuantos olivos. Se fijó también en un pequeño riachuelo en cuyas orillas crecían madreselvas. Pudo distinguir verdes hojas de zanahorias creciendo en la tierra, y aunque hacia calor, soplaba una agradable brisa. - " Pues no se está tan mal en este lugar" - pensó.
Se sentó en la orilla del riachuelo, donde encontró dulces fresas silvestres que comió con deleite. Se estaba quedando agradablemente dormido debajo de una pequeña encina, entre el murmullo del agua, y el canto de los pájaros, cuando la sirena volvió a retumbar por todo el valle. Se levantó de inmediato y cogió el palo que había preparado como arma. Entonces, vio como cerca de donde estaba, un hombre golpeaba salvajemente con un piedra a otro en la cabeza. - "¡Pero que estoy haciendo!, ¡ésto es una locura!" - pensó, y tiró el palo.
Volvió a tumbarse a la sombra del árbol,  y se quedó dormido.