La fascinación de Saturnino por los misterios del universo, le hacían recorrer el espacio sideral, con su nave, El Gorrión moteado, en busca de respuestas.
La computadora del Gorrión había descubierto un planeta que no constaba en la cartas de navegación, y hacia allí se dirigían, con un cosquilleo, tanto en el estómago de Saturnino, como en los circuitos del Gorrión.
La nave descendió en un pequeño prado.
- Bueno Gorrión, modo camuflaje - ordenó Saturnino - estaremos en contacto por el comunicador.
- Dirígete hacia el norte, detecto presencia de vida inteligente - respondió la voz metálica del Gorrión - ten cuidado.
Saturnino cogió su equipo de exploración y se dirigió al norte, como le había indicado El gorrión. El paisaje era espléndido; recorrió frondosos bosques, campos floridos llenos de mariposas revoloteando, ríos cristalinos y verdes valles, hasta llegar a una extraña ciudad. Extraña, porque las únicas construcciones que había, eran toboganes, columpios, camas elásticas, tiovivos, etc., parecía un enorme parque infantil. En ella, había niños corriendo, peleándose, jugando con el barro, andando en bici, sin la presencia de ningún mayor detrás de ello, intentando que se comieran el bocadillo. Anduvo por la ciudad entre el alboroto generalizado. Se repetía la misma escena allí donde iba.
- Hola, ¿Donde están tus padres? - Le preguntó a un niño que se hurgaba la nariz, sentado en el suelo.
- ¿Padres?, ¿Qué es eso?.
- Pues personas mayores,................
- ¿Eres tú una persona mayor?
- Bueno................
El niño salió corriendo detrás de otro que le acababa de tirar del pelo. Saturnino, desconcertado, y cansado de tanto alboroto, regresó a la nave, ayudado por el localizador.
- Es extraño Gorrión, no he encontrado a ninguna persona mayor en la ciudad - comentaba en la nave mientras comía una cena ligera.
- Quizás sea un planeta guardería, controlada por robots.
- No se, tampoco he visto ninguno. Bueno mañana será otro día. Buenas noches Gorrión.
- Buenas noches Satur.
Saturnino, cansado, se rindió a un profundo y apacible sueño.
Un aire frío le despertó. Abrió los ojos, vio nubes persiguiéndose en el azul del cielo, y sintió la humedad de la hierba en su espalda. Se incorporó sorprendido;"- ¿Donde estoy? "- se preguntó. "- ¿Y el gorrión?"
Miró a su alrededor, sólo encontró un tostador a su lado. Intentó contactar con el gorrión, pero no obtuvo respuesta. Todavía no había amanecido, y por la situación de las estrellas, calculó que era el lugar donde había aterrizado; sin embargo, nada era tal como lo recordaba. Se dirigió hacia el norte, donde debería estar la ciudad de los niños. Cruzó dunas y palmeras, donde el día anterior, crecían árboles y flores, y al llegar donde debería estar la ciudad, se encontró con un formidable palacio, digno de cualquier cuento de hadas que se precie. Un río, corría presuroso delante del palacio, en su orilla, un hombre, sentado en una roca, pescaba, mirando soñoliento la superficie del agua.
- Oiga - le dijo Saturnino - ¿no se levantaba aquí una ciudad llena de niños?
- Puede ser, y quizás mañana haya un volcán, o un aeropuerto,..................¡Quien sabe!
- ¿Me estás tomando el pelo? - le dijo Saturnino enfadado.
-¿Yo?, no pareces de aquí - le contestó mirándole fijamente -, pero no ne preocupes, mañana quizás seas un conejo, o un despertador, ¡Quien sabe!
- ¿Es que en éste planeta todo cambia de un día para otro?
- ¡Exacto! Eres más listo de lo que pareces.
- ¿Y que puedo hacer para recuperar mi nave?, ¡Ahora es una tostadora!
- Sólo la niña te puede ayudar.
-¿La niña?
- Si, La soñadora. Sus sueños se convierten el realidad ¿sabes?.Tiene el poder de transformar el planeta en el escenario de sus sueños, y a todos los que vivimos en él, en sus actores. ¡Es una pesadilla!
- ¡Pero yo no he cambiado!
- ¡Entonces eres uno de ellos! - soltando la caña, el hombre salió disparado, sin parar de chillar. Saturnino, miraba atónito como se alejaba. "- tengo que encontrar a la niña" - pensó. "- ¿Y que niña no sueña con ser una princesa y vivir en un palacio como en el que tengo delante?"
Así que entró en el palacio. Era un palacio formidable, con grandes torres cilíndricas unidas por arcos, y una torre central que sobresalía sobre las demás culminando en un tejado cónico; como el de Walt Disney vamos. Llegó hasta la puerta del palacio, cruzando jardines y fuentes. Estaba abierta. Dentro, el polvo y las telarañas cubría un lujoso hall, del que ascendían unas escaleras de mármol con barandillas doradas. Tenía la sensación de que al llegar arriba, se encontraría a "Bella y Bestia" bailando en un salón; pero en lugar de eso, ¡se encontró a un terrorífico dragón, encadenado frente a una celda. El dragón se le acercó amenazante. Saturnino, sin inmutarse, sacó el desintegrador del cinturón, y disparándole, le convirtió en puntitos de luz que se difuminaron al instante.
- ¡No, no y no!, ¡Así no es como deberías haber matado al dragón! - dijo una niña,saliendo de la celda, enfadada. Iba vestida con un formidable traje de princesa.
- ¡Perdón, su majestad!, olvidé mi espada en casa. - respondió divertido Saturnino.
La niña se le quedó mirando con el gesto fruncido.
- Vaya, veo que eres uno de los nuestros - le dijo.
- ¿Uno de los nuestros?
- ¡Pues claro!, ¡un soñador!, ¡por eso no puedo hacer que cambies!
Viendo la expresión de extrañeza en la mirada de Sasturnino, la niña se dio cuenta de que no era consciente de ello.
- Princesa - le dijo Saturnino - no se de lo que me estás hablando, pero lo que si se, es que no deberías tratar así a la gente.
- ¿Tratarla como?
- ¡Como si fueran tus juguetes!, ¡Cada uno tiene que ser como es!
- Pero entonces no me divierto - dijo la niña enfurruñada.
- No se trata de que te diviertas tú sola, se trata de que nos divirtamos todos.
La niña se quedó pensativa.
- ¡Es demasiado complicado!, ¡será mejor que te vayas y dejes en paz mis sueños!
Después de decir ésto, se dio la vuelta y se metió de nuevo en la celda.
"¡Menudo carácter!" - pensaba Saturnino, cuando de repente, el palacio se empezó a transformar ante sus ojos en una pasarela de moda, en la que la niña desfilaba con llamativos vestidos, bajo los flashes de las cámaras de los periodistas, y la gente que aplaudía a radiar. Entonces, Saturnino se subió a la pasarela, y se puso a desfilar, ante la indignación de la niña.
- ¡Pero que demonios haces! - le gritó.
- Yo también quiero desfilar, ¡es muy divertido! - le dijo Saturnino moviendo el trasero.
- ¿Quieres dejar de fastidiar mis sueños?
- Con una condición - respondió Saturnino poniéndose serio.
- ¡Cual!
- Que devuelvas mi nave a su forma original.
Le mostró la tostadora que llevaba en la mochila. La niña le miró enfadada.
- ¡Está bien!,
Entonces cerró los ojos, se concentró, y la tostadora se transformó en El gorrión moteado.
- ¡Ahora lárgate!, ¡y no vuelvas más por aquí! - gritó.
Ya en el espacio, Saturnino comprobaba el estado de su nave.
- Parece que todo está en orden.
- Si Satur, funcionando a pleno rendimiento.
- Perfecto. Esa niña se merece unos azotes, ¿no crees?
- ¡Y que lo digas!
- Bueno Gorrión, necesito una información; dime lo que sepas sobre "Los soñadores", ¡por lo visto soy uno de ellos!
- Enseguida Sastur. Buscando datos.
Tras unos pocos segundos, El gorrión continuó: - Cuenta la leyenda, que el universo con todo lo que contiene fue creado por "El soñador", de acuerdo con sus sublimes sueños. Pero se sentía sólo, por lo que dotó a los seres que había creado de libertad, para que fueran como él. "El soñador" no era todopoderoso, sobre la muerte no tenía poder, era mortal, como las criaturas que había creado. Entonces, "El soñador", transmitió su don a algunas de sus criaturas, para que cuidaran del resto cuando hubiera fallecido.
- ¡La leyenda es cierta!, pero ¿como puedo encontrar a "Los soñadores"?
- Según la leyenda, hay una estirpe de "Soñadores" en cada mundo, encargada de cuidarlo. Podríamos encontrarlos en cualquier planeta.
- ¡Es cierto!, y puesto que yo soy un "Soñador", significa que mi familia forma parte de una estirpe de "Soñadores". ¡Vayamos entonces a Saturnalia, tenemos asuntos familiares importantes que tratar!
Cuentos para contar.
sábado, 22 de marzo de 2014
miércoles, 5 de marzo de 2014
El juguete fantástico
Detrás de una roca, Juan observaba a la rana, que hinchaba y deshinchaba el cuello como si se hubiera comido un globo. Se arrastró por la tierra, protegido por altas hierbas. Un par de metros le separaba de ella. Se incorporó; el chasquido de una rama fue como un resorte, que hizo saltar a la rana fuera de su alcance. La siguió por un cañaveral, hasta un claro, donde se levantaba, protegida por las cañas, una pequeña casa de madera. Abrió curioso la puerta, y entró; unas luces de colores se encendieron, una alegre música circense empezó a sonar. Miró a su alrededor sorprendido; la estancia parecía más grande por dentro que por fuera. En su interior, se encontró una inmensa y extraña maquinaria que ocupaba toda la estancia: Enormes ruedas dentadas movían pistones que proyectaban líquidos de colores por un entramado de tuberías circulares; bombillas que se encendían y apagaban por aquí y por allá emitiendo toda clase de ruiditos simpáticos; paneles de botones y manivelas; palancas que salían del suelo;........................... Contempló fascinado todo aquello, se acercó, y apretó un botón: Unas poleas se movieron, haciendo elevar una plataforma, que al coincidir con otra, hizo rodar una bola, que cayó en un balancín, cuyo extremo encendió un interruptor, que puso en funcionamiento un ventilador, que hinchó un globo, que explotó cuando su superficie alcanzó la punta de un alfiler,..................................... Apretó otro botón, y algo completamente diferente empezó a suceder. Pasó el resto de la tarde, y de las tardes de aquel caluroso e inolvidable verano, combinando y recombinando las infinitas posibilidades de aquella fantástica máquina.
Con la cabeza apoyada en la mano, miraba sin ver los planos del nuevo proyecto que debía presentar ante la junta de accionistas al día siguiente. "Una estúpida tostadora" - pensaba Juan. Se levantó y sacó dos cafés bien cargados de la máquina de cafés. Iba a ser una noche muy larga. La alarma del móvil le despertó. Levantó la cabeza del escritorio - ¡Dios!, ¡me he dormido! - exclamó, echando el dolorido cuello hacia atrás; esbozos de un sueño se iban difuminando en su mente: Luces, botones, compuertas que se abren y cierran, fluidos de colores,............, era el mismo que se repetía todas las noches últimamente. A sus 30 años, Juan se podía considerar un triunfador. Con 20 fue contratado por una prestigiosa empresa de electrodomésticos como director de proyectos e innovación, al terminar la carrera de ingeniería técnica entre los mejores de su curso; estaba casado con el amor de su vida, y tenía 2 guapos e inteligentes hijos. ¿Qué más podía pedir?
- Señor Aresti, le traigo el billete de avión - le dijo su guapa secretaria.
- ¿Qué billete?
- El del vuelo a Italia.
- ¡Ah si, la conferencia!, gracias Patricia.
Una pequeña ola de aburrimiento perturbó el calmoso y predecible lago en el que se había convertido su vida. Miró indolente el billete; "La Toscana, Italia, ¿No era allí donde veraneaba de niño con mi familia?" pensó. Por un momento, fue ése niño, persiguiendo ranas y lagartijas en el bosque; pero enseguida, el lago recuperó la calma.
Se tumbó cansado en la cama del hotel, después del largo vuelo. Mañana repetiría las mismas palabras, los mismos gestos, que tantas y tantas veces había pronunciado y hecho: " ¡La tostadora de microondas: La última revolución en desayunos y meriendas!" Se sentía más un vendedor que un verdadero innovador; su curiosidad hace mucho tiempo que se limitaba a saber lo que sucedería en el próximo capítulo de su serie de televisión favorita.
Al día siguiente, la conferencia transcurrió como tantas otras; los mismos chistes, las mismas preguntas, los mismos acuerdos en el bar con distintos personajes,................... Después, cogió un taxi para volver al hotel. Miraba distraído por la ventanilla, cuando el corazón le dio un pequeño vuelco. - ¡Pare! - le gritó al taxista. A un lado de la carretera, había un cartel no muy grande ya ajado por el tiempo: "Hostal Paraíso: Sus vacaciones familiares en plena naturaleza". Una flecha situada debajo, indicaba que estaba a 200 metros de distancia. Bajó del taxi y siguió la flecha. Por su cabeza pasaban imágenes de su infancia, aquellos calurosos días de playa y excursiones campestres con la familia. ¡Y allí estaba el hostal Paraíso, tal como lo recordaba! - ¿Señora Luisa, es usted? - le preguntó a una anciana que dormitaba en el porche.
- ¿Perdone? - le contestó sobresaltada.
- Hola, soy Juan, Juan Aresti. De niño venía a veranear aquí todos los años con mi familia.
- Juan............Juan, ¡aquel pequeño diablo que me llenaba la casa de ranas y lagartijas!
- ¡El mismo!
- ¡Cómo pasa el tiempo!
- ¿Tiene alguna habitación libre?, resulta que estoy de paso, y estaba buscando alojamiento.
- Habla con Martina, mi hija, yo ya no tengo edad para los negocios.
- ¿Martina?, ¿Aquella niñita resabiada?
- Ahora es toda una mujer, y con carácter, como su madre.
Entonces apareció Martina, y los 3 recordaron viejos y buenos tiempos ente vasos de vino y empanada.
Aquella noche, Juan durmió a pierna suelta en el hostal Paraíso. Al día siguiente, después de un abundante desayuno casero con pan tostado y mermelada, fue a dar una vuelta por los alrededores. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan relajado y vivo. Llegó a un pequeño estanque; al lado, se extendía un cañaveral. Avanzó entre las cañas, a medida que una pequeña emoción se asomaba en su interior, hasta dar a luz un recuerdo sepultado por el tiempo. Allí, en un claro, se encontraba la cabaña en la que años atrás, descubrió la fascinación y el misterio del mundo. Abrió la puerta, que se desencajó, levantando una nube de polvo. La humedad enmoheció en un momento sus recuerdos. Un desolado paisaje de tubos oxidados, cristales rotos, y marañas de cables, le devolvió a la realidad; el tiempo y la naturaleza, habían hecho bien su trabajo. Recorrió con la vista el ruinoso espectáculo. Cogió una manivela del suelo, y la encajó en un panel, girándola pensativo. "-¿porqué no........?" - pensó - ¡vamos allá!
Al día siguiente, alquiló una furgoneta y se acercó al centro comercial más cercano, donde compró toda clase de herramientas y materiales de construcción. Pasó los días siguientes en la cabaña del bosque. La paz del estanque se rompió por el ruido de martillazos, taladros y alegres canturreos. Pasaron 3 meses; abrió la puerta de la cabaña, una luces de colores se encendieron, una alegre música circense empezó a sonar, enormes ruedas dentadas movían pistones que proyectaban líquidos de colores por un entramado de tuberías circulares,.................................................. ¡Allí estaba de nuevo: La máquina,......................y la fascinación!
Juan no se conformó con reconstruir la máquina; dejó su trabajo, y fue con su familia a vivir a la Toscana. Allí, dedicó sus excelsos conocimientos técnicos en mejorar y ampliar la máquina, y así, la pequeña cabaña de madera, se convirtió en el parque de atracciones más innovador y fascinante de Europa, al que miles de personas iban a visitar, ¡y a disfrutar y disfrutar...............................!
Con la cabeza apoyada en la mano, miraba sin ver los planos del nuevo proyecto que debía presentar ante la junta de accionistas al día siguiente. "Una estúpida tostadora" - pensaba Juan. Se levantó y sacó dos cafés bien cargados de la máquina de cafés. Iba a ser una noche muy larga. La alarma del móvil le despertó. Levantó la cabeza del escritorio - ¡Dios!, ¡me he dormido! - exclamó, echando el dolorido cuello hacia atrás; esbozos de un sueño se iban difuminando en su mente: Luces, botones, compuertas que se abren y cierran, fluidos de colores,............, era el mismo que se repetía todas las noches últimamente. A sus 30 años, Juan se podía considerar un triunfador. Con 20 fue contratado por una prestigiosa empresa de electrodomésticos como director de proyectos e innovación, al terminar la carrera de ingeniería técnica entre los mejores de su curso; estaba casado con el amor de su vida, y tenía 2 guapos e inteligentes hijos. ¿Qué más podía pedir?
- Señor Aresti, le traigo el billete de avión - le dijo su guapa secretaria.
- ¿Qué billete?
- El del vuelo a Italia.
- ¡Ah si, la conferencia!, gracias Patricia.
Una pequeña ola de aburrimiento perturbó el calmoso y predecible lago en el que se había convertido su vida. Miró indolente el billete; "La Toscana, Italia, ¿No era allí donde veraneaba de niño con mi familia?" pensó. Por un momento, fue ése niño, persiguiendo ranas y lagartijas en el bosque; pero enseguida, el lago recuperó la calma.
Se tumbó cansado en la cama del hotel, después del largo vuelo. Mañana repetiría las mismas palabras, los mismos gestos, que tantas y tantas veces había pronunciado y hecho: " ¡La tostadora de microondas: La última revolución en desayunos y meriendas!" Se sentía más un vendedor que un verdadero innovador; su curiosidad hace mucho tiempo que se limitaba a saber lo que sucedería en el próximo capítulo de su serie de televisión favorita.
Al día siguiente, la conferencia transcurrió como tantas otras; los mismos chistes, las mismas preguntas, los mismos acuerdos en el bar con distintos personajes,................... Después, cogió un taxi para volver al hotel. Miraba distraído por la ventanilla, cuando el corazón le dio un pequeño vuelco. - ¡Pare! - le gritó al taxista. A un lado de la carretera, había un cartel no muy grande ya ajado por el tiempo: "Hostal Paraíso: Sus vacaciones familiares en plena naturaleza". Una flecha situada debajo, indicaba que estaba a 200 metros de distancia. Bajó del taxi y siguió la flecha. Por su cabeza pasaban imágenes de su infancia, aquellos calurosos días de playa y excursiones campestres con la familia. ¡Y allí estaba el hostal Paraíso, tal como lo recordaba! - ¿Señora Luisa, es usted? - le preguntó a una anciana que dormitaba en el porche.
- ¿Perdone? - le contestó sobresaltada.
- Hola, soy Juan, Juan Aresti. De niño venía a veranear aquí todos los años con mi familia.
- Juan............Juan, ¡aquel pequeño diablo que me llenaba la casa de ranas y lagartijas!
- ¡El mismo!
- ¡Cómo pasa el tiempo!
- ¿Tiene alguna habitación libre?, resulta que estoy de paso, y estaba buscando alojamiento.
- Habla con Martina, mi hija, yo ya no tengo edad para los negocios.
- ¿Martina?, ¿Aquella niñita resabiada?
- Ahora es toda una mujer, y con carácter, como su madre.
Entonces apareció Martina, y los 3 recordaron viejos y buenos tiempos ente vasos de vino y empanada.
Aquella noche, Juan durmió a pierna suelta en el hostal Paraíso. Al día siguiente, después de un abundante desayuno casero con pan tostado y mermelada, fue a dar una vuelta por los alrededores. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan relajado y vivo. Llegó a un pequeño estanque; al lado, se extendía un cañaveral. Avanzó entre las cañas, a medida que una pequeña emoción se asomaba en su interior, hasta dar a luz un recuerdo sepultado por el tiempo. Allí, en un claro, se encontraba la cabaña en la que años atrás, descubrió la fascinación y el misterio del mundo. Abrió la puerta, que se desencajó, levantando una nube de polvo. La humedad enmoheció en un momento sus recuerdos. Un desolado paisaje de tubos oxidados, cristales rotos, y marañas de cables, le devolvió a la realidad; el tiempo y la naturaleza, habían hecho bien su trabajo. Recorrió con la vista el ruinoso espectáculo. Cogió una manivela del suelo, y la encajó en un panel, girándola pensativo. "-¿porqué no........?" - pensó - ¡vamos allá!
Al día siguiente, alquiló una furgoneta y se acercó al centro comercial más cercano, donde compró toda clase de herramientas y materiales de construcción. Pasó los días siguientes en la cabaña del bosque. La paz del estanque se rompió por el ruido de martillazos, taladros y alegres canturreos. Pasaron 3 meses; abrió la puerta de la cabaña, una luces de colores se encendieron, una alegre música circense empezó a sonar, enormes ruedas dentadas movían pistones que proyectaban líquidos de colores por un entramado de tuberías circulares,.................................................. ¡Allí estaba de nuevo: La máquina,......................y la fascinación!
Juan no se conformó con reconstruir la máquina; dejó su trabajo, y fue con su familia a vivir a la Toscana. Allí, dedicó sus excelsos conocimientos técnicos en mejorar y ampliar la máquina, y así, la pequeña cabaña de madera, se convirtió en el parque de atracciones más innovador y fascinante de Europa, al que miles de personas iban a visitar, ¡y a disfrutar y disfrutar...............................!
viernes, 21 de febrero de 2014
El niño que inventaba palabras, y el hombre que las entendía
Los niños leían sus redacciones en clase de lengua, después de la excursión al monte:
- El suelo estaba lleno de "hojacalmas" y "hojáridas" - unas risillas se empezaron a escuchar en el aula.
- ¡Basta! - gritó la profesora - continúa Asier.
- Por lo que el suelo estaba resbaladizo. Subimos por un sendero, y vimos vacas y "cabrícolas".
Las risas fueron entonces generalizadas.
- ¡Ya está bien!, ¡silencio todo el mundo! - gritó la profesora - ¡Y tu Asier, es la última vez que te inventas palabras!, ¡ te quedarás castigado después de clase!
"¡Cabrícola, cabrícola!" - coreaban los niños alrededor de Asier, cuando salió de clase. Cabizbajo, se fue al parque, para alejarse de las burlas.
Se sentó en un banco rendido a su suerte; cuando escuchó una música de organillo, y a un hombre, que subido a una bicicleta, arrastraba un carrito: - ¡Helados!, ¡los mejores helados del mundo!, ¡de todos los sabores imaginables! - gritaba el hombre megáfono en mano.
Al pasar junto a Asier, se paró.
- Necesitas un helado - le dijo.
- No tengo dinero.
- No importa, te invito. ¿De qué lo quieres?
- Pues..................., uno de "frécida".
- ¡De "frécida", buena elección! - El heladero, se puso a canturrear mientras hurgaba en su carrito-
- ¡Voila! - le ofreció un helado de color rosáceo-amarillento, de aspecto cremoso. Asier lo probó.
- ¡Vaya!, ¡es del sabor que quería! - le dijo sorprendido.
- Claro, de fresa con un toque de limón.
- Creía que no me ibas a entender - le dijo Asier bajando la cabeza - tengo la mala costumbre de inventarme palabras que expresan mejor lo que yo siento, pero nadie me entiende.
- Pero yo no soy un heladero normal, ¡soy "El heladero mágico"!, imagina la combinación de sabores más increíble que puedas concebir, ponle un nombre, y lo tendrás en tus manos. Sólo necesitas un nombre. Conozco el significado de todas las palabras que existen, incluso de las inventadas.
- ¡Eso es impresionante! - Le dijo Asier.
- Más impresionante es ver las cosas como tú las ves. Eres capaz de ver en el interior de las personas y las cosas.
- ¡Pero se burlan de mi!
- No te preocupes. De mi también se burlaban, hasta que supe sacar provecho de mi don; ¡porque es un don!
- ¿Cómo el de los superhéroes?
- ¡Eso es!, desde hoy seremos superhéroes: ¡"El niño poesía", y "El heladero mágico!", ¿Qué te parece?, ¡juntos, en defensa de la justicia!
Ambos rieron a carcajadas.
Félix, "El heladero mágico", y Asier, "El niño poesía", Paseaban por el parque hablando animadamente de futuros proyectos, cuando escucharon el llanto de una mujer en el jardín de una casa.
- Vayamos a ver que sucede,¡éste es un caso para "El niño poesía" y el "Heladero mágico"!
Con una sonrisa de complicidad, se acercaron a la mujer.
- ¿Que te sucede? - le preguntó Félix.
- Es mi hijo, ¡lleva horas llorando!, y no sé qué le pasa - le dijo entre lágrimas.
- ¿has llamado al médico? - le dijo Asier.
- ¡Claro!, pero ha tenido una urgencia, y me ha dicho que pasará cuando pueda, y que no cree que sea nada importante lo que le pasa a mi hijo.
- ¿Podemos echarle un vistazo? - le dijo Félix a la desolada madre.
La madre les llevo donde el niño; una pobre criatura de pocos meses, amoratada y afónica, se debatía en su cuna.
- ¡Si pudiera decirnos lo que le sucede! - se lamentaba la madre.
- ¡Eso es fácil!, Asier, mira atentamente al niño y dime que ves.
- ¡No soy médico! - protestó Asier.
- No importe, dime que siente el niño, ¡utiliza tu don! - le dijo Félix.
Asier miró fíjamente al niño, y se concentró en él.
- Le duele la tripa - dijo - tiene un "pufi" en el "sajo".
- ¡Así que era eso! - gritó "El heladero"- bueno, no te preocupes - dijo dirigiéndose a la madre - está estreñido. Ponle un supositorio para que libere todo lo que tiene atascado en el vientre la pobre criatura, y listo.
Así lo hizo, y el niño, dejando de llorar, cayó en un plácido sueño.
Se despidieron entre besos y abrazos de la agradecida madre. Al llegar el médico, le dijo a la mujer, que aquellos hombres habían salvado la vida de su hijo, ya que se trataba de un estreñimiento muy severo, y de no haberlo cogido a tiempo, podría haber provocado una hemorragia en el delicado estómago del bebé, pudiendo acabar con su vida.
¡El mundo está de enhorabuena!, ¡dos nuevos superhéroes: " El niño poesía", y "El heladero mágico", velan por su seguridad!
- El suelo estaba lleno de "hojacalmas" y "hojáridas" - unas risillas se empezaron a escuchar en el aula.
- ¡Basta! - gritó la profesora - continúa Asier.
- Por lo que el suelo estaba resbaladizo. Subimos por un sendero, y vimos vacas y "cabrícolas".
Las risas fueron entonces generalizadas.
- ¡Ya está bien!, ¡silencio todo el mundo! - gritó la profesora - ¡Y tu Asier, es la última vez que te inventas palabras!, ¡ te quedarás castigado después de clase!
"¡Cabrícola, cabrícola!" - coreaban los niños alrededor de Asier, cuando salió de clase. Cabizbajo, se fue al parque, para alejarse de las burlas.
Se sentó en un banco rendido a su suerte; cuando escuchó una música de organillo, y a un hombre, que subido a una bicicleta, arrastraba un carrito: - ¡Helados!, ¡los mejores helados del mundo!, ¡de todos los sabores imaginables! - gritaba el hombre megáfono en mano.
Al pasar junto a Asier, se paró.
- Necesitas un helado - le dijo.
- No tengo dinero.
- No importa, te invito. ¿De qué lo quieres?
- Pues..................., uno de "frécida".
- ¡De "frécida", buena elección! - El heladero, se puso a canturrear mientras hurgaba en su carrito-
- ¡Voila! - le ofreció un helado de color rosáceo-amarillento, de aspecto cremoso. Asier lo probó.
- ¡Vaya!, ¡es del sabor que quería! - le dijo sorprendido.
- Claro, de fresa con un toque de limón.
- Creía que no me ibas a entender - le dijo Asier bajando la cabeza - tengo la mala costumbre de inventarme palabras que expresan mejor lo que yo siento, pero nadie me entiende.
- Pero yo no soy un heladero normal, ¡soy "El heladero mágico"!, imagina la combinación de sabores más increíble que puedas concebir, ponle un nombre, y lo tendrás en tus manos. Sólo necesitas un nombre. Conozco el significado de todas las palabras que existen, incluso de las inventadas.
- ¡Eso es impresionante! - Le dijo Asier.
- Más impresionante es ver las cosas como tú las ves. Eres capaz de ver en el interior de las personas y las cosas.
- ¡Pero se burlan de mi!
- No te preocupes. De mi también se burlaban, hasta que supe sacar provecho de mi don; ¡porque es un don!
- ¿Cómo el de los superhéroes?
- ¡Eso es!, desde hoy seremos superhéroes: ¡"El niño poesía", y "El heladero mágico!", ¿Qué te parece?, ¡juntos, en defensa de la justicia!
Ambos rieron a carcajadas.
Félix, "El heladero mágico", y Asier, "El niño poesía", Paseaban por el parque hablando animadamente de futuros proyectos, cuando escucharon el llanto de una mujer en el jardín de una casa.
- Vayamos a ver que sucede,¡éste es un caso para "El niño poesía" y el "Heladero mágico"!
Con una sonrisa de complicidad, se acercaron a la mujer.
- ¿Que te sucede? - le preguntó Félix.
- Es mi hijo, ¡lleva horas llorando!, y no sé qué le pasa - le dijo entre lágrimas.
- ¿has llamado al médico? - le dijo Asier.
- ¡Claro!, pero ha tenido una urgencia, y me ha dicho que pasará cuando pueda, y que no cree que sea nada importante lo que le pasa a mi hijo.
- ¿Podemos echarle un vistazo? - le dijo Félix a la desolada madre.
La madre les llevo donde el niño; una pobre criatura de pocos meses, amoratada y afónica, se debatía en su cuna.
- ¡Si pudiera decirnos lo que le sucede! - se lamentaba la madre.
- ¡Eso es fácil!, Asier, mira atentamente al niño y dime que ves.
- ¡No soy médico! - protestó Asier.
- No importe, dime que siente el niño, ¡utiliza tu don! - le dijo Félix.
Asier miró fíjamente al niño, y se concentró en él.
- Le duele la tripa - dijo - tiene un "pufi" en el "sajo".
- ¡Así que era eso! - gritó "El heladero"- bueno, no te preocupes - dijo dirigiéndose a la madre - está estreñido. Ponle un supositorio para que libere todo lo que tiene atascado en el vientre la pobre criatura, y listo.
Así lo hizo, y el niño, dejando de llorar, cayó en un plácido sueño.
Se despidieron entre besos y abrazos de la agradecida madre. Al llegar el médico, le dijo a la mujer, que aquellos hombres habían salvado la vida de su hijo, ya que se trataba de un estreñimiento muy severo, y de no haberlo cogido a tiempo, podría haber provocado una hemorragia en el delicado estómago del bebé, pudiendo acabar con su vida.
¡El mundo está de enhorabuena!, ¡dos nuevos superhéroes: " El niño poesía", y "El heladero mágico", velan por su seguridad!
viernes, 31 de enero de 2014
"Manchitas":Una vaca diferente
En el país de las vacas, reinaba la paz. De vez en cuando,
algún lobo u oso que pasaba por allí, se comía alguna vaca; pero en general,
llevaban una plácida vida dedicada a pastar y dar leche.
Allí vivía
“Manchitas”, con su mamá “Celeste”. “Manchitas” era una vaca un tanto especial,
porque le gustaba nadar en el lago y subirse a los árboles; Por eso, las demás vacas se burlaban de ella:
“-¡Mirad! ¡Una vaca nadando! ¿Se creerá un pez? ¡Mirad! ¡Una
vaca subida a un árbol! ¿Se creerá un pájaro?”
“Celeste”, la mamá de
“Manchitas”, le llevaba al lago para que nadase, y al bosque para que se
subiera a los árboles, y le decía: “- No hagas caso de las burlas; haz lo que
te guste de veras.”
Un día, pasó por el país de las vacas un lobo ¡Y se comió 2 vacas! Que pastaban
plácidamente. Al ver que las vacas eran
presas fáciles, volvió cuando tuvo hambre
¡Y se comió otras 2 vacas! Entonces se encontró con “Manchitas”, y como
aún no había saciado su apetito, intentó comérsela; pero “Manchitas” se tiró al
lago, y como el lobo no sabía nadar, se quedó en la orilla maldiciendo.
Las vacas le suplicaron a “Manchitas” que les enseñara a
nadar, para que el lobo no les pudiera comer; y así lo hizo, y cada vez que el
lobo aparecía, las vacas se tiraban al lago y se ponían a salvo. El lobo,
frustrado, se fue para nunca volver.
De nuevo reinaba la paz en el país de las vacas ¡Hasta que
apareció un oso! Las vacas se tiraron al lago para ponerse a salvo, ¡pero el
oso sabía nadar! Y yendo tras ellas, ¡se comió a 4!, ¡estaba hambriento! De
nuevo el oso volvió a la hora del almuerzo, y se encontró con “Manchitas y su mamá”. -¡Escapa!- le dijo “Celeste” a su
hija -¡súbete a un árbol!
“Manchitas”, con su gran habilidad para trepar a los
árboles, subió hasta la rama más alta de un roble; pero su mamá no pudo escapar
del oso, y éste se la comió de un bocado. “Manchitas” se quedó muy triste y
desconsolada, porque su mamá ya nunca más estaría con ella.
Las vacas, le rogaron a “Manchitas” que les enseñara a
trepar a los árboles, y así lo hizo. El oso, que no sabía trepar, veía, ofuscado y rabioso, como las vacas se
subían a los árboles cada vez que se acercaba, escapando de sus garras. Y se
fue para nunca volver.
Una noche, mientras todas las vacas dormían, se oyó un gran
grito en el prado que despertó a todas las vacas. Se trataba de un terrorífico
fantasma, que con su sábana y sus cadenas arrastrando entre las piedras,
gritaba a plena voz: “-¡Os voy a devorar a todas!”
Las vacas escaparon espantadas; unas se
subían a los árboles, otras se lanzaban al río, pero ninguna podía escapar del
horripilante fantasma. Del susto, al día siguiente, ni pudieron dar leche. Por la noche, el fantasma
volvió a aparecer, con la misma cantinela:”-¡Os voy a devorar a todas! ”Las vacas se escondieron como pudieron,
menos “Manchitas”. “-hay algo en ese fantasma que me resulta familiar-”
pensaba. “-Esa voz……….-”.
-¿Mamá? ¿Eres tú?- le dijo al fantasma.
- Si “manchitas”, soy
tu mamá.
“Manchitas” se puso muy contenta; pero su mamá era un
fantasma, y tenía que ayudarle.
-Mamá, ¿porqué asustas a las demás vacas?
- Porque se burlan de ti, y ¡pagarán por ello!
- ¡Pero mamá!, ¡ya no lo hacen, desde que les enseñé a nadar y a trepar para escapar del lobo y del oso, me respetan
y me quieren!
“Celeste” se dio cuenta de que su hija decía la verdad, por lo que perdonó a las demás vacas.
-Entonces puedo irme en paz- dijo- estaré siempre contigo-; y con un fogonazo que iluminó el cielo, el
fantasma se convirtió en una estrella.
Cada noche, “manchitas” contempla la estrella y habla con
ella en su corazón.
Desde entonces, las vacas del país de las vacas, nadan en el
lago y trepan a los árboles, gracias a “manchitas”, una vaca que se atrevió a
ser diferente.
viernes, 24 de enero de 2014
La gran carrera
¡Sólo quedaba un día para la gran carrera! Los participantes: El leopardo, la rana, el canguro, y la mariquita, se habían preparado a conciencia.
Las apuestas se inclinaban aplastantemente por el leopardo, seguido de cerca por el canguro. Nadie daba un euro por la rana, y menos por la mariquita.
La mamá de la mariquita, le arropaba en la cama antes de dormirse. -No sé cómo se te a ocurrido participar en la carrera- le decía.
-Es mi sueño mamá.
-¡Pero si sólo eres una simple mariquita! ¿Cómo piensas que puedes ganarle al leopardo o al canguro? ¡Ni siquiera a la rana le puedes ganar!
-¡he entrenado mucho!; además, no me importa si gano o pierdo.
-Tú verás lo que haces, pero vas a hacer el ridículo.
La mariquita quedó apesadumbrada por la falta de confianza de su madre; pero recordó los buenos ratos que había pasado en los entrenamientos, y se durmió satisfecha, con una impaciente emoción cosquilleando su estómago.
Los corredores se encontraban en la línea de salida; la expectación era máxima; todos los medios de comunicación habían acudido para cubrirla; el búho dio el pistoletazo de salida, y los corredores salieron raudos hacia la meta, ¡y la gloria!
El leopardo, con grandes zancadas, cogió ventaja al resto de corredores; pero al llegar al desfiladero, se encontró con que un desprendimiento había hecho rodar una gran piedra, que taponaba el camino, por lo que no pudo seguir.
El 2º en llegar fue el canguro; que dando un tremendo salto, pasó por encima de la piedra. La rana tampoco tuvo problemas para saltar por encima de la piedra con sus poderosas ancas. Al rato llegó la mariquita, que pacientemente, trepó por la piedra con sus patitas pegajosas.
El canguro iba en cabeza, seguido de cerca por la rana; hasta que dio con un arroyo que cruzaba el camino; las últimas lluvias habían hecho desbordar el río. El canguro, que no sabía nadar, vio así frustrada su participación en la carrera. La rana, perfecta nadadora, se arrojó al agua, y cruzó el arroyo poniéndose en cabeza. ¿Y la mariquita?; llegó al rato, ¡mucho rato!, y desplegando sus alitas, cruzó el arroyo por el cielo.
La rana, exultante, se veía ya vencedora; cuando una mano la agarró por el pescuezo: ¡Era un niño!, que no pudo resistirse en coger a la rana y llevársela a su casa para jugar con ella.
En la línea de meta ¡nadie daba crédito a sus ojos!; ¡la pequeña mariquita llegaba en 1ª posición!; levantó sus 2 patitas delanteras como símbolo de victoria, y la cruzó, eufórica, entre flashes y aplausos.
Las apuestas se inclinaban aplastantemente por el leopardo, seguido de cerca por el canguro. Nadie daba un euro por la rana, y menos por la mariquita.
La mamá de la mariquita, le arropaba en la cama antes de dormirse. -No sé cómo se te a ocurrido participar en la carrera- le decía.
-Es mi sueño mamá.
-¡Pero si sólo eres una simple mariquita! ¿Cómo piensas que puedes ganarle al leopardo o al canguro? ¡Ni siquiera a la rana le puedes ganar!
-¡he entrenado mucho!; además, no me importa si gano o pierdo.
-Tú verás lo que haces, pero vas a hacer el ridículo.
La mariquita quedó apesadumbrada por la falta de confianza de su madre; pero recordó los buenos ratos que había pasado en los entrenamientos, y se durmió satisfecha, con una impaciente emoción cosquilleando su estómago.
Los corredores se encontraban en la línea de salida; la expectación era máxima; todos los medios de comunicación habían acudido para cubrirla; el búho dio el pistoletazo de salida, y los corredores salieron raudos hacia la meta, ¡y la gloria!
El leopardo, con grandes zancadas, cogió ventaja al resto de corredores; pero al llegar al desfiladero, se encontró con que un desprendimiento había hecho rodar una gran piedra, que taponaba el camino, por lo que no pudo seguir.
El 2º en llegar fue el canguro; que dando un tremendo salto, pasó por encima de la piedra. La rana tampoco tuvo problemas para saltar por encima de la piedra con sus poderosas ancas. Al rato llegó la mariquita, que pacientemente, trepó por la piedra con sus patitas pegajosas.
El canguro iba en cabeza, seguido de cerca por la rana; hasta que dio con un arroyo que cruzaba el camino; las últimas lluvias habían hecho desbordar el río. El canguro, que no sabía nadar, vio así frustrada su participación en la carrera. La rana, perfecta nadadora, se arrojó al agua, y cruzó el arroyo poniéndose en cabeza. ¿Y la mariquita?; llegó al rato, ¡mucho rato!, y desplegando sus alitas, cruzó el arroyo por el cielo.
La rana, exultante, se veía ya vencedora; cuando una mano la agarró por el pescuezo: ¡Era un niño!, que no pudo resistirse en coger a la rana y llevársela a su casa para jugar con ella.
En la línea de meta ¡nadie daba crédito a sus ojos!; ¡la pequeña mariquita llegaba en 1ª posición!; levantó sus 2 patitas delanteras como símbolo de victoria, y la cruzó, eufórica, entre flashes y aplausos.
sábado, 11 de enero de 2014
Ravioli: Amo del mundo (parte 5ª)
El siniestro plan de Igor
Ravioli y Malapata, con Rodi cogido del pescuezo, subieron las escaleras del torreón hasta la sala donde se encontraba "El espejo de Kambala". Los cuerpos amontonados de varios zombies puso en alerta a Ravioli, que cautelosamente empujó la puerta entreabierta de la sala.
- ¡Pasar, pasar!, ¡os estaba esperando! - dijo una voz desde su interior.
La estancia estaba rodeada de espejos, puestos de tal forma que el reflejo de todo el que entraba en la sala rebotaba en ellos hasta quedar reflejado en "El espejo de Kambala", que se levantaba majestuoso en un ala de la misma.
- ¿Quien eres? - Gritó Ravioli extrañado.
- Soy Igor, el hijo del príncipe de las tinieblas.
- ¡Un maldito chupasangre!; por eso no te hace efecto el poder del espejo.....................¿Y que es lo que quieres?.
- ¡Quiero el espejo!.
- Pues no te va a ser fácil conseguirlo. ¡Ve a por él! - le gritó a Malapata.
- ¡Como se acerque algún apestoso zombie, rompo el espejo! - dijo Igor blandiendo un candelabro.
-¡No!, ¡espera!, podemos llegar a un acuerdo.
-¡No hay acuerdo que valga!, ¡con el poder del espejo robaré el reflejo del sol, y las tinieblas se apoderarán de la tierra para siempre!.
- Así que ése es tu plan............... - dijo Ravioli pensativo. - Ya veo que es cierto que a los de tu especie no les gusta la luz del sol..................¡De acuerdo!, dejaré que lo hagas; a cambio compartiré la tierra contigo, es demasiado grande para un sólo rey.
El siniestro pacto llegó a buen término. Malapata y sus hombres fueron los encargados de transportar el espejo hasta la cima del monte Funji, el más alto de la región, y allí, en cuanto amaneciera, el reflejo del sol se proyectaría en la superficie del espejo quedando atrapado para siempre.
Amanecer en el monte Funji
- ¡Qué gran victoria! - Decía un Ravioli exultante a Rodi - ¡ante ti y ante Malapata, convertido en mi esclavo!.
- ¿Porqué no me has convertido en otro de tus zombies? - le preguntó Rodi.
- ¡Porque quiero que seas consciente de mi triunfo sobre ti y sobre la humanidad! - le respondió.
- ¡No vendas la pieza antes de cazarla!- le contestó Rodi.
Ya en la cima, el sol empezaba a asomarse tímidamente por el horizonte. Malapata y sus hombres, colocaron el espejo en el ángulo preciso para que éste se reflejara en él. Entonces, sucedió algo que dejó atónito a Ravioli: Malapta sacó su espada y de un certero golpe, ¡rompió el espejo en mil pedazos!. Entonces, todas las almas atrapadas en él escaparon como "lágrimas de San Lorenzo", cruzando el espacio hasta sus dueños.
- ¡Que has hecho!, ¡que has hecho! - gritaba Ravioli, de rodillas, tirándose de los pelos.
- ¡Estas malditas lentillas!- gritó Malapata, mientras se quitaba unos cristalitos blancos que tenía pegados a los iris de sus ojos - ¡me están cociendo los ojos como si fuesen guindillas!.
- ¡Pero......pero........!, ¡si eres mi esclavo!.
- ¡Ravioli, Ravioli! - dijo Rodi condescendiente - sólo hay algo de lo que Malapata es esclavo y por lo que vendería su alma, y es el brillo del oro entre sus manos.
- Pero.........¿como?.
- Antes de subir al monte Funji conseguí hablar a solas con Malapata, y le ofrecí una inmensa fortuna apadrinada por "El príncipe de las tinieblas", y ni siquiera el poder del "Espejo de Kambala" pudo superar la insaciable sed de oro de Malapata.
- ¡Deja de hablar y dame mi oro sabandija! - bramó Malapata - ¡o te convierto en cebo para tiburones!.
Entonces, entrecortada en el horizonte, apareció la digna silueta del "Príncipe de las tinieblas".
- Tranquilo Malapata, tendrás el oro prometido. En cuanto a ti Igor - dijo dirigiéndose a su hijo - tendrás que rendir cuentas ante mi y ante el consejo.
- ¡Pero padre!, ¡lo hice por el bien de nuestra especie!.
- ¿ De nuestra especie?, ¿o de tus ansias de poder?.. ¡ Me has decepcionado hijo!.
Igor bajó la cabeza apesadumbrado.
Rodi contemplaba la escena satisfecho, hasta que le invadió un temor:
- ¿Donde está Ravioli? - preguntó mirando alrededor. Todos le buscaron extrañados: ¡Había desaparecido!.
Ravioli y Malapata, con Rodi cogido del pescuezo, subieron las escaleras del torreón hasta la sala donde se encontraba "El espejo de Kambala". Los cuerpos amontonados de varios zombies puso en alerta a Ravioli, que cautelosamente empujó la puerta entreabierta de la sala.
- ¡Pasar, pasar!, ¡os estaba esperando! - dijo una voz desde su interior.
La estancia estaba rodeada de espejos, puestos de tal forma que el reflejo de todo el que entraba en la sala rebotaba en ellos hasta quedar reflejado en "El espejo de Kambala", que se levantaba majestuoso en un ala de la misma.
- ¿Quien eres? - Gritó Ravioli extrañado.
- Soy Igor, el hijo del príncipe de las tinieblas.
- ¡Un maldito chupasangre!; por eso no te hace efecto el poder del espejo.....................¿Y que es lo que quieres?.
- ¡Quiero el espejo!.
- Pues no te va a ser fácil conseguirlo. ¡Ve a por él! - le gritó a Malapata.
- ¡Como se acerque algún apestoso zombie, rompo el espejo! - dijo Igor blandiendo un candelabro.
-¡No!, ¡espera!, podemos llegar a un acuerdo.
-¡No hay acuerdo que valga!, ¡con el poder del espejo robaré el reflejo del sol, y las tinieblas se apoderarán de la tierra para siempre!.
- Así que ése es tu plan............... - dijo Ravioli pensativo. - Ya veo que es cierto que a los de tu especie no les gusta la luz del sol..................¡De acuerdo!, dejaré que lo hagas; a cambio compartiré la tierra contigo, es demasiado grande para un sólo rey.
El siniestro pacto llegó a buen término. Malapata y sus hombres fueron los encargados de transportar el espejo hasta la cima del monte Funji, el más alto de la región, y allí, en cuanto amaneciera, el reflejo del sol se proyectaría en la superficie del espejo quedando atrapado para siempre.
Amanecer en el monte Funji
- ¡Qué gran victoria! - Decía un Ravioli exultante a Rodi - ¡ante ti y ante Malapata, convertido en mi esclavo!.
- ¿Porqué no me has convertido en otro de tus zombies? - le preguntó Rodi.
- ¡Porque quiero que seas consciente de mi triunfo sobre ti y sobre la humanidad! - le respondió.
- ¡No vendas la pieza antes de cazarla!- le contestó Rodi.
Ya en la cima, el sol empezaba a asomarse tímidamente por el horizonte. Malapata y sus hombres, colocaron el espejo en el ángulo preciso para que éste se reflejara en él. Entonces, sucedió algo que dejó atónito a Ravioli: Malapta sacó su espada y de un certero golpe, ¡rompió el espejo en mil pedazos!. Entonces, todas las almas atrapadas en él escaparon como "lágrimas de San Lorenzo", cruzando el espacio hasta sus dueños.
- ¡Que has hecho!, ¡que has hecho! - gritaba Ravioli, de rodillas, tirándose de los pelos.
- ¡Estas malditas lentillas!- gritó Malapata, mientras se quitaba unos cristalitos blancos que tenía pegados a los iris de sus ojos - ¡me están cociendo los ojos como si fuesen guindillas!.
- ¡Pero......pero........!, ¡si eres mi esclavo!.
- ¡Ravioli, Ravioli! - dijo Rodi condescendiente - sólo hay algo de lo que Malapata es esclavo y por lo que vendería su alma, y es el brillo del oro entre sus manos.
- Pero.........¿como?.
- Antes de subir al monte Funji conseguí hablar a solas con Malapata, y le ofrecí una inmensa fortuna apadrinada por "El príncipe de las tinieblas", y ni siquiera el poder del "Espejo de Kambala" pudo superar la insaciable sed de oro de Malapata.
- ¡Deja de hablar y dame mi oro sabandija! - bramó Malapata - ¡o te convierto en cebo para tiburones!.
Entonces, entrecortada en el horizonte, apareció la digna silueta del "Príncipe de las tinieblas".
- Tranquilo Malapata, tendrás el oro prometido. En cuanto a ti Igor - dijo dirigiéndose a su hijo - tendrás que rendir cuentas ante mi y ante el consejo.
- ¡Pero padre!, ¡lo hice por el bien de nuestra especie!.
- ¿ De nuestra especie?, ¿o de tus ansias de poder?.. ¡ Me has decepcionado hijo!.
Igor bajó la cabeza apesadumbrado.
Rodi contemplaba la escena satisfecho, hasta que le invadió un temor:
- ¿Donde está Ravioli? - preguntó mirando alrededor. Todos le buscaron extrañados: ¡Había desaparecido!.
sábado, 4 de enero de 2014
Ravioli: Amo del mundo (parte 4ª)
Asalto a la fortaleza infernal
Igor, el hijo del Conde, y Rodi, se internaron en el pantano. Allí se encontraba el acceso a un pasadizo que llevaba hasta la fortaleza Infernal, donde Ravioli había reunido su ejército de zombies. El Conde conocía todos los secretos de la fortaleza, ya que ésta había pertenecido a sus antepasados.
- ¿No deberíamos haber traído más hombres? - se lamentaba Rodi.
- Me basto y me sobro para acabar con cualquier estúpido zombie - respondió Igor.
- ¡Pero habrá todo un ejército!, y entre ellos Malapata y sus hombres, que te aseguro que son duros de pelar.
- ¡Tonterías!, ¿no sabes que los de mi especie tenemos la fuerza de 10 hombres?. Mira allí está la entrada.
- Sólo veo una roca.
Igor, cogió la roca como si fuera una pluma y la arrojó lejos. Debajo había unas escaleras que llevaban a un subterráneo.
- ¡Venga, no tenemos tiempo que perder! - gritó Igor.
"Pues si que es fuerte el condenado" - pensaba Rodi.
Encendieron unas antorchas y se internaron en el túnel. Al cabo de unas horas el pasadizo empezó a ascender, hasta una trampilla. Al otro lado se encontraban las caballerizas de la fortaleza. Igor levantó la trampilla, miró alrededor, y de un salto se plantó en medio de los caballos, que asustados empezaron a relinchar.
-¡ Tranquilos!, ¡no pasa nada! - dijo acariciando el lomo de uno de ellos.
- ¡Vamos sube! - le dijo a Rodi.
- ¿Qué tal si me ayudas?.
Suspirando, Igor cogió de una pata a Rodi y le subió a las caballerizas.
- Tenemos que llegar hasta la sala del espejo. ¿Donde estará? - preguntó Igor.
- Estará en aquella torre, es la más vigilada - dijo Rodi señalando un alto torreón - además Malapata y sus hombres hacen guardia en la puerta, por lo que es seguro que el espejo está allí.
- Acabaré con ellos en un santiamén - dijo Igor encaramándose al marco de la ventana.
- ¡Espera!, tenemos que intentar pasar desapercibidos, ¡son cientos de zombies!, ¡no podrás con todos!.
- ¡Lo dudo! - contestó Rodi bajando del marco y cruzando los brazos.
Esperaron a que cayera la noche, y como una sombra más, Igor se deslizó hasta el torreón, evitando a los vigilantes. Entonces escaló el muro con ágiles movimientos arácnidos, y entró por la ventana más alta.
Mientras, Rodi se dirigió hasta la puerta del torreón, donde se encontraban Malapata y sus hombres. Este, en cuanto le vio, le agarró por el pescuezo.
- ¡Malapata!, ¡que soy Rodi! - le dijo.
Sin inmutarse, Malapata le arrastró a presencia de Ravioli, que cenaba opíparamente en el comedor del castillo.
- ¡Vaya!, ¡a quien tenemos aquí!, ¡si es Rodi, el famoso contramaestre de Malapata ! - dijo al verles.
- ¡Eres un maldito loco! - gritó Rodi.
- Un loco con mucho poder - respondió Ravioli.
- ¡No eres nada sin el espejo!.
- ¡ Pero el espejo es mío!, ¡ todos me obedecen a mí!, ¡y tú serás el próximo!; ¡Vamos! - dijo Ravioli levantándose de la mesa.
Malapata cogió de nuevo a Rodi, y se dirigieron al torreón donde estaba el Espejo de Kambala: ¡La suerte estaba echada!.
Igor, el hijo del Conde, y Rodi, se internaron en el pantano. Allí se encontraba el acceso a un pasadizo que llevaba hasta la fortaleza Infernal, donde Ravioli había reunido su ejército de zombies. El Conde conocía todos los secretos de la fortaleza, ya que ésta había pertenecido a sus antepasados.
- ¿No deberíamos haber traído más hombres? - se lamentaba Rodi.
- Me basto y me sobro para acabar con cualquier estúpido zombie - respondió Igor.
- ¡Pero habrá todo un ejército!, y entre ellos Malapata y sus hombres, que te aseguro que son duros de pelar.
- ¡Tonterías!, ¿no sabes que los de mi especie tenemos la fuerza de 10 hombres?. Mira allí está la entrada.
- Sólo veo una roca.
Igor, cogió la roca como si fuera una pluma y la arrojó lejos. Debajo había unas escaleras que llevaban a un subterráneo.
- ¡Venga, no tenemos tiempo que perder! - gritó Igor.
"Pues si que es fuerte el condenado" - pensaba Rodi.
Encendieron unas antorchas y se internaron en el túnel. Al cabo de unas horas el pasadizo empezó a ascender, hasta una trampilla. Al otro lado se encontraban las caballerizas de la fortaleza. Igor levantó la trampilla, miró alrededor, y de un salto se plantó en medio de los caballos, que asustados empezaron a relinchar.
-¡ Tranquilos!, ¡no pasa nada! - dijo acariciando el lomo de uno de ellos.
- ¡Vamos sube! - le dijo a Rodi.
- ¿Qué tal si me ayudas?.
Suspirando, Igor cogió de una pata a Rodi y le subió a las caballerizas.
- Tenemos que llegar hasta la sala del espejo. ¿Donde estará? - preguntó Igor.
- Estará en aquella torre, es la más vigilada - dijo Rodi señalando un alto torreón - además Malapata y sus hombres hacen guardia en la puerta, por lo que es seguro que el espejo está allí.
- Acabaré con ellos en un santiamén - dijo Igor encaramándose al marco de la ventana.
- ¡Espera!, tenemos que intentar pasar desapercibidos, ¡son cientos de zombies!, ¡no podrás con todos!.
- ¡Lo dudo! - contestó Rodi bajando del marco y cruzando los brazos.
Esperaron a que cayera la noche, y como una sombra más, Igor se deslizó hasta el torreón, evitando a los vigilantes. Entonces escaló el muro con ágiles movimientos arácnidos, y entró por la ventana más alta.
Mientras, Rodi se dirigió hasta la puerta del torreón, donde se encontraban Malapata y sus hombres. Este, en cuanto le vio, le agarró por el pescuezo.
- ¡Malapata!, ¡que soy Rodi! - le dijo.
Sin inmutarse, Malapata le arrastró a presencia de Ravioli, que cenaba opíparamente en el comedor del castillo.
- ¡Vaya!, ¡a quien tenemos aquí!, ¡si es Rodi, el famoso contramaestre de Malapata ! - dijo al verles.
- ¡Eres un maldito loco! - gritó Rodi.
- Un loco con mucho poder - respondió Ravioli.
- ¡No eres nada sin el espejo!.
- ¡ Pero el espejo es mío!, ¡ todos me obedecen a mí!, ¡y tú serás el próximo!; ¡Vamos! - dijo Ravioli levantándose de la mesa.
Malapata cogió de nuevo a Rodi, y se dirigieron al torreón donde estaba el Espejo de Kambala: ¡La suerte estaba echada!.
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