En un viejo roble, vivían dos hojas que eran muy amigas. Una se encontraba en la rama más alta y otra en la rama más baja. Todos los días, las hojas hablaban en "el lenguaje de las hojas", con el cual, podían hablarse sin estar juntas.
- ¡Que día tan magnífico! - le contaba la hoja que se encontraba en la rama más alta a su amiga. - desde aquí puedo ver el sol saliendo por el horizonte, las nubes como rebaños de ovejas, las águilas planeando en el cielo, las bandadas de estorninos moviéndose como olas, la luna al hacerse de noche, las estrellas iluminando el cielo , incluso algún avión de vez en cuando. ¡que maravilloso es todo!.
- ¡otro triste día! - decía la hoja que se encontraba en la rama más alta. - Aquí abajo, sin poder ver el sol ni las nubes, ni las estrellas, ni los pájaros, ni nada de nada. ¡Que desgraciada que soy!.
Un buen día, se levantó un fuerte temporal, que arrancó a nuestras dos amigas de sus ramas. De manera que la hoja que se encontraba en la rama más alta, fue a parar a la rama más baja, y la hoja que se encontraba en la rama más baja, fue a parar a la rama más alta.
- ¡ Ésto es precioso!,- decía la hoja que fue a parar a la rama más baja, - que flores más bonitas, y que verde la hierba. ¡Anda!, si se ve un río desde aquí, y los conejos haciendo su madriguera. ¡Qué maravilla!.
- ¡Que desafortunada soy!, - decía la hoja que había ido a parar a la rama más alta del roble. - ya no podré ver las flores, ni la hierba, ni el río, ni siquiera a los conejos. ¡Qué he hecho yo para merecerme ésto!.
Cuentos para contar.
viernes, 25 de enero de 2013
viernes, 18 de enero de 2013
El caldero mágico
En un país muy cercano, existe ¡un lago de chocolate!.
Cuenta la leyenda, que hace mucho tiempo, una gran tormenta, destrozó todas las cosechas de las que se alimentaban las familias de un pequeño pueblo. Sin las cosechas, ni las personas ni el ganado tenían para comer, por lo que el hambre se extendió por la región.
Un día, un niño llamado Juan, estaba jugando en el bosque, cuando se puso ha llover copiosamente, así que fue corriendo a refugiarse en una cueva.
"¡Vaya chaparrón!", pensaba Juan mientras se secaba con la mano el pelo chorreante.
Se sentó en una piedra que había en la entrada de la cueva, y sus tripas empezaron a protestar pidiendo comida.
"¡Que agusto me comería un plato de espaguetis con tomate y queso!", pensaba Juan relamiéndose los labios, "¡uhmmm, hasta Huelo el delicioso queso derretido!".
De repente, la cueva empezó a llenarse de humo, y al volver la cabeza, vio que al fondo había una luz roja, como si de una fogata se tratase. Fue hacia allí, y vio un gran caldero sobre un fuego. Al acercarse ¡no podía creérselo!,¡Estaba lleno de exquisitos espaguetis con tomate y queso!. Así que se puso a comer hasta hartarse.
Al día siguiente, cuando el hambre empezó a apretar, fue corriendo a la cueva. "Hoy me comería un buen plato de sopa con poyo y jamón", pensaba. Al llegar a la cueva, y mirar dentro del caldero, ¡se encontró con una humeante y sabrosa sopa de poyo y jamón!.
Juan, después de tomar sopa hasta saciarse, fue corriendo donde sus padres, y les contó lo que le había sucedido.
- ¡Es increíble!, este caldero es mágico, y podrá acabar con el hambre que estamos padeciendo por causa de la tormenta -dijo el padre de Juan, y fue a decírselo a sus vecinos, para que corriera la voz. Y así se pudo alimentar a todas las familias del pueblo.
Pero en el pueblo, había un niño gordinflón y glotón, que estaba obsesionado por el chocolate. Así que fue donde el caldero mágico.
- ¡Chocolate, chocolate!, ¡quiero chocolate y más chocolate!.
Entonces se asomó al caldero, y vio que estaba lleno del más delicioso y aromático chocolate que había comido nunca. Loco de contento, se puso a comer y a comer, metiendo incluso la cabeza dentro del caldero. Pero cuanto más comía, mas chocolate quería, y éste empezó a desbordar el caldero, formando un río que abnegó todo los bosques de alrrededor, llegando hasta el pueblo, que quedó sumergido bajo el humeante chocolate.
Por eso, si algún día vas al lago de chocolate, ¡haz caso de los carteles que rodean el lago!:
ESTÁ TERMINANTEMENTE PROHIBIDO
TOMAR MÁS CHOCOLATE DEL QUE
SE NECESITE, POR PROBLEMAS DE
DESBORDAMIENTO
Cuenta la leyenda, que hace mucho tiempo, una gran tormenta, destrozó todas las cosechas de las que se alimentaban las familias de un pequeño pueblo. Sin las cosechas, ni las personas ni el ganado tenían para comer, por lo que el hambre se extendió por la región.
Un día, un niño llamado Juan, estaba jugando en el bosque, cuando se puso ha llover copiosamente, así que fue corriendo a refugiarse en una cueva.
"¡Vaya chaparrón!", pensaba Juan mientras se secaba con la mano el pelo chorreante.
Se sentó en una piedra que había en la entrada de la cueva, y sus tripas empezaron a protestar pidiendo comida.
"¡Que agusto me comería un plato de espaguetis con tomate y queso!", pensaba Juan relamiéndose los labios, "¡uhmmm, hasta Huelo el delicioso queso derretido!".
De repente, la cueva empezó a llenarse de humo, y al volver la cabeza, vio que al fondo había una luz roja, como si de una fogata se tratase. Fue hacia allí, y vio un gran caldero sobre un fuego. Al acercarse ¡no podía creérselo!,¡Estaba lleno de exquisitos espaguetis con tomate y queso!. Así que se puso a comer hasta hartarse.
Al día siguiente, cuando el hambre empezó a apretar, fue corriendo a la cueva. "Hoy me comería un buen plato de sopa con poyo y jamón", pensaba. Al llegar a la cueva, y mirar dentro del caldero, ¡se encontró con una humeante y sabrosa sopa de poyo y jamón!.
Juan, después de tomar sopa hasta saciarse, fue corriendo donde sus padres, y les contó lo que le había sucedido.
- ¡Es increíble!, este caldero es mágico, y podrá acabar con el hambre que estamos padeciendo por causa de la tormenta -dijo el padre de Juan, y fue a decírselo a sus vecinos, para que corriera la voz. Y así se pudo alimentar a todas las familias del pueblo.
Pero en el pueblo, había un niño gordinflón y glotón, que estaba obsesionado por el chocolate. Así que fue donde el caldero mágico.
- ¡Chocolate, chocolate!, ¡quiero chocolate y más chocolate!.
Entonces se asomó al caldero, y vio que estaba lleno del más delicioso y aromático chocolate que había comido nunca. Loco de contento, se puso a comer y a comer, metiendo incluso la cabeza dentro del caldero. Pero cuanto más comía, mas chocolate quería, y éste empezó a desbordar el caldero, formando un río que abnegó todo los bosques de alrrededor, llegando hasta el pueblo, que quedó sumergido bajo el humeante chocolate.
Por eso, si algún día vas al lago de chocolate, ¡haz caso de los carteles que rodean el lago!:
ESTÁ TERMINANTEMENTE PROHIBIDO
TOMAR MÁS CHOCOLATE DEL QUE
SE NECESITE, POR PROBLEMAS DE
DESBORDAMIENTO
viernes, 11 de enero de 2013
El monstruo del lago
Leire estaba de vacaciones en Escocia. Hacía un día caluroso, y se le ocurrió ir a bañarse a un lago que había cerca del hotel, donde se alojaba con sus padres. Cogió su bañador, una toalla, y se montó en el autobús que le llevaría al lago.
- ¿Vas al lago? - le preguntó un chico que iba sentado a su lado.
- Sí, con este calor es donde mejor se está - le respondió.
- ¿ No sabes lo del monstruo?.
- ¿Un monstruo?.
- Si, el monstruo que vive en el lago. Dicen que mide más de 30 metros, y que de su largo cuello, salen 3 cabezas que incineran con sus ojos todo lo que ven.
- ¡Vaya!, pues tengo que verlo. Lástima que no he traído la cámara de fotos - dijo Leire.
- No te lo tomes a risa, hay mucha gente que lo ha visto.
- No, si lo digo en serio, me encantaría verlo.
- Pues puede ser la última cosa que veas....................
Leire, era una chica curiosa y valiente, pero un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando pensó en lo que le acababa de decir el chico.
El lago se encontraba en un lugar fabuloso, rodeado de frondosos árboles y verdes prados adornados de flores. Sin embargo, una extraña quietud impregnaba el aire, como si algo estuviera a punto de ocurrir.
Leire, se puso el bañador, y cantando, se metió el agua.
Se puso a chapotear alegremente, cuando de repente, se dio cuenta que los pájaros habían dejado de cantar, y una sombra se alargaba amenazante delante de ella. Se volvió lentamente casi sin respirar, y vio como del agua emergía parsimoniosamente una figura que tapaba el sol con su presencia.
Con un grito de horror, se zambulló en el agua, y nadó lo más rápido que pudo hasta la orilla.
Allí, se escondió entre unos matorrales, y con el corazón en la boca, atisbó entre las hojas al monstruo que se acercaba inexorablemente.
- ¡Es un patito! - gritó Leire. ¡Un patito gigantesco!.
- ¡Pobrecito! - dijo Leire, saliendo de de entre los matorrales, y acariciándole una pata. - Sólo quiere jugar.
y así, jugaron y jugaron toda la tarde, nadando y buceando en el lago.
De repente, oyeron uno gritos:
- ¡Es el monstruo, mirad!. Llamad a lo cazadores, rápido.
Eran unas personas, que pasaban por allí, y habían visto al patito.
Al momento, llegaron los cazadores con sus escopetas y sus perros, y el aire se llenó de ladridos y disparos.
- ¡No disparéis! - gritaba Leire, - ¡es sólo un patito!.
Pero los cazadores estaban muy asustados, y siguieron disparando.
- Vámonos de aquí - le dijo Leire al patito, y sumergíéndose en el agua, bucearon hasta una cueva submarina que Leire había encontrado antes.
Pasó el tiempo, y los cazadores seguían en la orilla del lago esperando a que apareciera de nuevo el monstruo.
- ¿ No se van a ir nunca? - se preguntaba Leire en la cueva.
Entonces, vio que la cueva se internaba en la tierra, por lo que decidieron adentrarse en ella para ver si tenía alguna salida.
Caminaron y caminaron por la cueva internándose cada vez en la tierra. Parecía no tener fin, hasta que vieron una luz al fondo, y entusiasmados corrieron hacia allí.
Así, llegaron a un bosque de enormes árboles, donde la hierba le llegaba a Leire hasta el cuelllo.
- En éste sitio todo es grandísimo - dijo Leire asombrada.
Leire, se subió a lomos del patito, y llegaron hasta un mar que había al lado del bosque.
El patito, se puso a nadar con leire encima, hasta que oyeron unos ruidos : ¡Cua, cua, cua cua!.
Era un grupo de patitos que jugaban en el agua.
- ¡Mira! -Le dijo Leire al patito, - ¡son tan grandes como tú!, éste debe de ser tu hogar.
De entre los patitos, se acercó uno más grande que los demás, y abriendo sus alas, envolvió cariñosamente con ellas al patito.
- Y ésta debe ser tu mamá - dijo Leire.
Cuando el patito era todavía un huevo, la marea lo arrastró hasta la cueva, y la corriente, lo llevó hasta el lago de escocia. Ahora, con la ayuda de Leire, había vuelto a su hogar.
" ¿y cómo voy ha volver yo a mi casa?", pensaba Leire.
Entonces, La mamá del patito, puso a Leire encima de un concha enorme, y le dejó en la entrada de la cueva, no sin antes despedirse del patito con besos y abrazos.
Cuando subió la marea, el agua arrastró la concha con Leire dentro por la cueva ,hasta el lago de Escocia, donde los cazadores, aún esperaban temblando, con sus escopetas y sus perros, la aparición del monstruo.
- ¿Vas al lago? - le preguntó un chico que iba sentado a su lado.
- Sí, con este calor es donde mejor se está - le respondió.
- ¿ No sabes lo del monstruo?.
- ¿Un monstruo?.
- Si, el monstruo que vive en el lago. Dicen que mide más de 30 metros, y que de su largo cuello, salen 3 cabezas que incineran con sus ojos todo lo que ven.
- ¡Vaya!, pues tengo que verlo. Lástima que no he traído la cámara de fotos - dijo Leire.
- No te lo tomes a risa, hay mucha gente que lo ha visto.
- No, si lo digo en serio, me encantaría verlo.
- Pues puede ser la última cosa que veas....................
Leire, era una chica curiosa y valiente, pero un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando pensó en lo que le acababa de decir el chico.
El lago se encontraba en un lugar fabuloso, rodeado de frondosos árboles y verdes prados adornados de flores. Sin embargo, una extraña quietud impregnaba el aire, como si algo estuviera a punto de ocurrir.
Leire, se puso el bañador, y cantando, se metió el agua.
Se puso a chapotear alegremente, cuando de repente, se dio cuenta que los pájaros habían dejado de cantar, y una sombra se alargaba amenazante delante de ella. Se volvió lentamente casi sin respirar, y vio como del agua emergía parsimoniosamente una figura que tapaba el sol con su presencia.
Con un grito de horror, se zambulló en el agua, y nadó lo más rápido que pudo hasta la orilla.
Allí, se escondió entre unos matorrales, y con el corazón en la boca, atisbó entre las hojas al monstruo que se acercaba inexorablemente.
- ¡Es un patito! - gritó Leire. ¡Un patito gigantesco!.
- ¡Pobrecito! - dijo Leire, saliendo de de entre los matorrales, y acariciándole una pata. - Sólo quiere jugar.
y así, jugaron y jugaron toda la tarde, nadando y buceando en el lago.
De repente, oyeron uno gritos:
- ¡Es el monstruo, mirad!. Llamad a lo cazadores, rápido.
Eran unas personas, que pasaban por allí, y habían visto al patito.
Al momento, llegaron los cazadores con sus escopetas y sus perros, y el aire se llenó de ladridos y disparos.
- ¡No disparéis! - gritaba Leire, - ¡es sólo un patito!.
Pero los cazadores estaban muy asustados, y siguieron disparando.
- Vámonos de aquí - le dijo Leire al patito, y sumergíéndose en el agua, bucearon hasta una cueva submarina que Leire había encontrado antes.
Pasó el tiempo, y los cazadores seguían en la orilla del lago esperando a que apareciera de nuevo el monstruo.
- ¿ No se van a ir nunca? - se preguntaba Leire en la cueva.
Entonces, vio que la cueva se internaba en la tierra, por lo que decidieron adentrarse en ella para ver si tenía alguna salida.
Caminaron y caminaron por la cueva internándose cada vez en la tierra. Parecía no tener fin, hasta que vieron una luz al fondo, y entusiasmados corrieron hacia allí.
Así, llegaron a un bosque de enormes árboles, donde la hierba le llegaba a Leire hasta el cuelllo.
- En éste sitio todo es grandísimo - dijo Leire asombrada.
Leire, se subió a lomos del patito, y llegaron hasta un mar que había al lado del bosque.
El patito, se puso a nadar con leire encima, hasta que oyeron unos ruidos : ¡Cua, cua, cua cua!.
Era un grupo de patitos que jugaban en el agua.
- ¡Mira! -Le dijo Leire al patito, - ¡son tan grandes como tú!, éste debe de ser tu hogar.
De entre los patitos, se acercó uno más grande que los demás, y abriendo sus alas, envolvió cariñosamente con ellas al patito.
- Y ésta debe ser tu mamá - dijo Leire.
Cuando el patito era todavía un huevo, la marea lo arrastró hasta la cueva, y la corriente, lo llevó hasta el lago de escocia. Ahora, con la ayuda de Leire, había vuelto a su hogar.
" ¿y cómo voy ha volver yo a mi casa?", pensaba Leire.
Entonces, La mamá del patito, puso a Leire encima de un concha enorme, y le dejó en la entrada de la cueva, no sin antes despedirse del patito con besos y abrazos.
Cuando subió la marea, el agua arrastró la concha con Leire dentro por la cueva ,hasta el lago de Escocia, donde los cazadores, aún esperaban temblando, con sus escopetas y sus perros, la aparición del monstruo.
viernes, 4 de enero de 2013
El tiovivo mágico
Existe un tiovivo que es mágico. Cuando los niños se montan en él, una llave plateada, lo pone en marcha, y al girar y girar, los niños aparecen montados en sus caballitos en otro mundo. Allí, los caballitos se vuelven reales, y cabalgan y cabalgan hasta el anochecer.
Un día, una bruja malvada, harta de ver los felices rostros de los niños al subirse en el tiovivo, cambió la llave por otra, que estaba embrujada. Así cuando los niños se subieron al tiovivo, y lo pusieron en marcha, éstos y los caballitos, aparecieron en un lugar oscuro y húmedo, lleno de barro y zarzas; ¡era el reino de la bruja!.
La malvada bruja, cogió la llave plateada del tiovivo mágico, y la tiró al "lago de los cocodrilos", donde nadie se atrevería a cogerla.
Pero entre los niños, estaba Juan. - Tenemos que recuperar la llave - dijo, mientras los demás lloraban.
Y sin pensárselo dos veces, fue al "lago de los cocodrilos".
Una vez allí, Juan con ramas y hojas, se hizo un disfraz de cocodrilo.
Así, se lanzó al lago, y nadó despacio entre los cocodrilos, que parecían no darse cuenta del engaño.
Al llegar al centro del lago, se sumergió en el agua, y buscó la llave. La encontró entre unas rocas, y subiendo de nuevo a la superficie, volvió a nadar muy despacio entre los cocodrilos, que flotaban en el agua, ignorándole. Al llegar a la orilla, tiró las ramas y las hojas, y fue corriendo a buscar a los demás niños.
- ¡La tengo, la tengo! - gritaba Juan con la llave en la mano.
Todos se abrazaron muy contentos.
Pero la bruja, que todo lo veía en su bola de cristal, cogió su escoba, y fue volando hasta los niños.
- ¡Dadme la llave! - gritaba la bruja, surcando el aire en su escoba.
Entonces Juan, urdió un plan. Hizo unas llaves con plastilina, y se las dio a sus amigos.
- ¡Tengo yo la llave! - gritó uno de los niños, que montado en un caballito y enseñándosela, salió corriendo.
La bruja le siguió, gritando, - ¡Dámela, dámela!. Luego otro de los niños montado en otro caballito gritó: - ¡La tengo yo! - y le enseñó otra llave de plastilina. Al verla, la bruja dio media vuelta y le empezó a perseguir, - ¡Que me la des! - gritaba.
Así, llevaron a la bruja hasta "el pozo sin fondo", que se hallaba en el mismo centro del reino de la bruja, y donde esperaba Juan con la llave verdadera.
- ¡Bruja! - le gritó, -¡ésta es la llave verdadera, si la quieres, Cógela!.
Y arrojó la llave al pozo.
- ¡noooooooooooooooo.................! - gritó la bruja lanzándose al pozo para cogerla, y desapareciendo en él, mientras sus gritos se perdían en la oscuridad.
En ése instante, el embrujo se deshizo, y aparecieron Juan, los niños, y los caballitos, en el tiovivo mágico
Ante la sorpresa de los niños, los caballitos seguían siendo de carne y hueso, aunque no estaban en el mundo del tiovivo mágico, por lo que muy contentos, cabalgaron y cabalgaron hasta el anochecer, y así durante el resto de sus vidas.
Un día, una bruja malvada, harta de ver los felices rostros de los niños al subirse en el tiovivo, cambió la llave por otra, que estaba embrujada. Así cuando los niños se subieron al tiovivo, y lo pusieron en marcha, éstos y los caballitos, aparecieron en un lugar oscuro y húmedo, lleno de barro y zarzas; ¡era el reino de la bruja!.
La malvada bruja, cogió la llave plateada del tiovivo mágico, y la tiró al "lago de los cocodrilos", donde nadie se atrevería a cogerla.
Pero entre los niños, estaba Juan. - Tenemos que recuperar la llave - dijo, mientras los demás lloraban.
Y sin pensárselo dos veces, fue al "lago de los cocodrilos".
Una vez allí, Juan con ramas y hojas, se hizo un disfraz de cocodrilo.
Así, se lanzó al lago, y nadó despacio entre los cocodrilos, que parecían no darse cuenta del engaño.
Al llegar al centro del lago, se sumergió en el agua, y buscó la llave. La encontró entre unas rocas, y subiendo de nuevo a la superficie, volvió a nadar muy despacio entre los cocodrilos, que flotaban en el agua, ignorándole. Al llegar a la orilla, tiró las ramas y las hojas, y fue corriendo a buscar a los demás niños.
- ¡La tengo, la tengo! - gritaba Juan con la llave en la mano.
Todos se abrazaron muy contentos.
Pero la bruja, que todo lo veía en su bola de cristal, cogió su escoba, y fue volando hasta los niños.
- ¡Dadme la llave! - gritaba la bruja, surcando el aire en su escoba.
Entonces Juan, urdió un plan. Hizo unas llaves con plastilina, y se las dio a sus amigos.
- ¡Tengo yo la llave! - gritó uno de los niños, que montado en un caballito y enseñándosela, salió corriendo.
La bruja le siguió, gritando, - ¡Dámela, dámela!. Luego otro de los niños montado en otro caballito gritó: - ¡La tengo yo! - y le enseñó otra llave de plastilina. Al verla, la bruja dio media vuelta y le empezó a perseguir, - ¡Que me la des! - gritaba.
Así, llevaron a la bruja hasta "el pozo sin fondo", que se hallaba en el mismo centro del reino de la bruja, y donde esperaba Juan con la llave verdadera.
- ¡Bruja! - le gritó, -¡ésta es la llave verdadera, si la quieres, Cógela!.
Y arrojó la llave al pozo.
- ¡noooooooooooooooo.................! - gritó la bruja lanzándose al pozo para cogerla, y desapareciendo en él, mientras sus gritos se perdían en la oscuridad.
En ése instante, el embrujo se deshizo, y aparecieron Juan, los niños, y los caballitos, en el tiovivo mágico
Ante la sorpresa de los niños, los caballitos seguían siendo de carne y hueso, aunque no estaban en el mundo del tiovivo mágico, por lo que muy contentos, cabalgaron y cabalgaron hasta el anochecer, y así durante el resto de sus vidas.
viernes, 28 de diciembre de 2012
Las últimas navidades
Melchor, cargaba los últimos fardos en su camello.
- ¡Vamos! - le instigaba Baltasar, - que se hace tarde.
- ¡Ya, ya! - decía Melchor, echando un último y melancólico vistazo al palacio donde guardaban los regalos.
Ya en las casas, mientras los camellos bebían la leche que les habían dejado, se reunieron alrededor de la cama de una niñita, que dormía abrazada a su osito de peluche.
- ¡Lo voy a echar de menos! - dijo Melchor.
- Sobre todo la ilusión de los niños..................... - decía Baltasar.
- Bueno venga, que va a salir el sol.
- Ya está, se terminó - decía Papá Noel, mientras doblaba sus ropas rojas y las guardaba en un armario.
Luego, salió de su cabaña y se dirigió a la cuadra, donde descansaban Rudolf y los demás renos.
- ¡Bueno! - les dijo, - ha sido una noche muy dura, pero ha sido la última. Sois libres.
Y acariciándoles uno a uno, dejó que se perdieran por el bosque.
Más tarde, cogía un avión con destino a Belén, donde le esperaban sus colegas.
En el auditorio, los reyes magos charlaban animadamente con Olentzero , papá Noel y demás colegas.
- ¡Atención, por favor! - dijo una voz desde el estrado.
- Os ruego un minuto de atención.
- ¡Ey, mira!, ¡el jefe en persona! - le dijo Melchor a Gaspar dándole un codazo.
- Gracias. Antes que nada, quiero agradeceros de corazón la inmensa labor que habéis hecho durante todos estos años, repartiendo ilusión y alegría por todos los hogares del mundo. pero como ya sabéis, vuestro trabajo ya no será necesario.. Pero dejémonos de sermones, ¡Y a divertirse!.
En ese momento, una orquesta de ángeles bajó del cielo y se puso a tocar alegres melodías, mientras los reyes magos, Papá Noel y demás, bebían, bailaban y reían sin parar.
Al día siguiente, una pequeña luz empezó a brillar en el corazón de todos y cada uno de los hombres, mujeres y niños del mundo.
- ¡Vamos! - le instigaba Baltasar, - que se hace tarde.
- ¡Ya, ya! - decía Melchor, echando un último y melancólico vistazo al palacio donde guardaban los regalos.
Ya en las casas, mientras los camellos bebían la leche que les habían dejado, se reunieron alrededor de la cama de una niñita, que dormía abrazada a su osito de peluche.
- ¡Lo voy a echar de menos! - dijo Melchor.
- Sobre todo la ilusión de los niños..................... - decía Baltasar.
- Bueno venga, que va a salir el sol.
- Ya está, se terminó - decía Papá Noel, mientras doblaba sus ropas rojas y las guardaba en un armario.
Luego, salió de su cabaña y se dirigió a la cuadra, donde descansaban Rudolf y los demás renos.
- ¡Bueno! - les dijo, - ha sido una noche muy dura, pero ha sido la última. Sois libres.
Y acariciándoles uno a uno, dejó que se perdieran por el bosque.
Más tarde, cogía un avión con destino a Belén, donde le esperaban sus colegas.
En el auditorio, los reyes magos charlaban animadamente con Olentzero , papá Noel y demás colegas.
- ¡Atención, por favor! - dijo una voz desde el estrado.
- Os ruego un minuto de atención.
- ¡Ey, mira!, ¡el jefe en persona! - le dijo Melchor a Gaspar dándole un codazo.
- Gracias. Antes que nada, quiero agradeceros de corazón la inmensa labor que habéis hecho durante todos estos años, repartiendo ilusión y alegría por todos los hogares del mundo. pero como ya sabéis, vuestro trabajo ya no será necesario.. Pero dejémonos de sermones, ¡Y a divertirse!.
En ese momento, una orquesta de ángeles bajó del cielo y se puso a tocar alegres melodías, mientras los reyes magos, Papá Noel y demás, bebían, bailaban y reían sin parar.
Al día siguiente, una pequeña luz empezó a brillar en el corazón de todos y cada uno de los hombres, mujeres y niños del mundo.
viernes, 21 de diciembre de 2012
Tomasi, la cerdita glotona
Tomasi, era una cerdita que le gustaba mucho comer. Se pasaba el día comiendo, por lo que se puso muy, muy gorda. Su dueño, muy orgulloso del tamaño deTomasi, la mostraba a todo el mundo.
Un buen día, fue un camión a la granja, y se llevó a Tomasi hasta una plaza, donde la metieron en un pequeño corral. Al día siguiente, se vio rodeada de un montón de gente que bebía sidra, comía txistorra, y charlaba alegremente.
- Mira aita, ¡Que cerda tan gorda!, dijo Mara, una niña vestida de caserita. - pero está triste.- Y acercándose, le acarició el hocico.
- ¡Compra un boleto aita! -le dijo Mara a su padre, ya que estaban rifando a Tomasi. - Yo la cuidaré si nos toca.
- Bueno, toma el dinero - le dijo su aita, - total, éstas cosas nunca tocan.
Pero dio la casualidad que ésta vez, si que tocó, y se tuvieron que llevar a Tomasi con ellos.
En su casa, había un jardín grande, por lo que Tomasi pudo quedarse allí, en una casita que le construyeron entre Mara y su padre.
Mara y Tomasi, jugaban mucho juntas, por lo que se hicieron muy amigas. Les gustaba revolcarse por la hierba, buscar bellotas y bañarse juntas con la manguera.
Un día, cuando Mara se iba a la cama, escuchó una conversación entre sus padres:
- Tenemos que deshacernos de Tomasi - decía su aita.- Come mucho, y los vecinos no dejan de murmurar.
- Pero le partirás el corazón a Mara................
- ¡Esta decidido!, mañana la llevo al matadero.
Mara, se fue a su cuarto sin que le oyeran. "-No lo voy a permitir"- pensó. Así que cuando sus padres se durmieron, cogió su mochila, y la llenó con algo de ropa, comida, y sus cuentos favoritos.
- Vámonos Tomasi - dijo Mara, cogiendo a la cerdita de su correa y saliendo a la calle. - Aquí ya no nos quieren.
Mara y Tomasi, se pusieron a andar, sin dirección por los caminos del valle que rodeaba la ciudad, al principio tristes, pero el sol brillaba en el cielo, hacía un día precioso, y los pájaros cantaban, por lo que fueron animándose poco a poco.
Llegó la hora de comer, y Tomasi, sin pensárselo dos veces, tiró una valla con la cabeza, y se metió en un campo de zanahorias, donde se comió todo lo que encontró.
De pronto, oyeron unos gritos:
-¡Mis zanahorias!, ¡maldito cerdo!.
Era el dueño del campo de zanahorias, que levantando las manos, se les acercaba corriendo.
Entonces Tomasi salió corriendo, asustada.
- ¡Te cogeré! - gritaba el casero. Y llamando a sus perros, los soltó en busca de Tomasi.
Los perros eran mucho más rápidos que Tomasi, y con su gran olfato, enseguida dieron con ella. Ladrando y enseñándole los dientes, la acorralaron entre unas rocas. Estaba muerta de miedo.
Entonce, llegó el casero con la escopeta en la mano,
- Ahora verás - dijo, apuntándole con ella.
- ¡Espera! - gritó Mara, que había llegado corriendo hasta allí, casi sin aliento. - Perdónale, tenía mucha hambre. Llevamos todo el día sin comer.
El casero, que era una buena persona, Escuchò la historia de Mara, y decidió acoger a Tomasi en su caserío, con la condición de que ella le cuidara.
Así, Mara, iba al caserío a dar de comer y bañar a Tomasi, y como no, se lo pasaban en grande jugando.
Un buen día, fue un camión a la granja, y se llevó a Tomasi hasta una plaza, donde la metieron en un pequeño corral. Al día siguiente, se vio rodeada de un montón de gente que bebía sidra, comía txistorra, y charlaba alegremente.
- Mira aita, ¡Que cerda tan gorda!, dijo Mara, una niña vestida de caserita. - pero está triste.- Y acercándose, le acarició el hocico.
- ¡Compra un boleto aita! -le dijo Mara a su padre, ya que estaban rifando a Tomasi. - Yo la cuidaré si nos toca.
- Bueno, toma el dinero - le dijo su aita, - total, éstas cosas nunca tocan.
Pero dio la casualidad que ésta vez, si que tocó, y se tuvieron que llevar a Tomasi con ellos.
En su casa, había un jardín grande, por lo que Tomasi pudo quedarse allí, en una casita que le construyeron entre Mara y su padre.
Mara y Tomasi, jugaban mucho juntas, por lo que se hicieron muy amigas. Les gustaba revolcarse por la hierba, buscar bellotas y bañarse juntas con la manguera.
Un día, cuando Mara se iba a la cama, escuchó una conversación entre sus padres:
- Tenemos que deshacernos de Tomasi - decía su aita.- Come mucho, y los vecinos no dejan de murmurar.
- Pero le partirás el corazón a Mara................
- ¡Esta decidido!, mañana la llevo al matadero.
Mara, se fue a su cuarto sin que le oyeran. "-No lo voy a permitir"- pensó. Así que cuando sus padres se durmieron, cogió su mochila, y la llenó con algo de ropa, comida, y sus cuentos favoritos.
- Vámonos Tomasi - dijo Mara, cogiendo a la cerdita de su correa y saliendo a la calle. - Aquí ya no nos quieren.
Mara y Tomasi, se pusieron a andar, sin dirección por los caminos del valle que rodeaba la ciudad, al principio tristes, pero el sol brillaba en el cielo, hacía un día precioso, y los pájaros cantaban, por lo que fueron animándose poco a poco.
Llegó la hora de comer, y Tomasi, sin pensárselo dos veces, tiró una valla con la cabeza, y se metió en un campo de zanahorias, donde se comió todo lo que encontró.
De pronto, oyeron unos gritos:
-¡Mis zanahorias!, ¡maldito cerdo!.
Era el dueño del campo de zanahorias, que levantando las manos, se les acercaba corriendo.
Entonces Tomasi salió corriendo, asustada.
- ¡Te cogeré! - gritaba el casero. Y llamando a sus perros, los soltó en busca de Tomasi.
Los perros eran mucho más rápidos que Tomasi, y con su gran olfato, enseguida dieron con ella. Ladrando y enseñándole los dientes, la acorralaron entre unas rocas. Estaba muerta de miedo.
Entonce, llegó el casero con la escopeta en la mano,
- Ahora verás - dijo, apuntándole con ella.
- ¡Espera! - gritó Mara, que había llegado corriendo hasta allí, casi sin aliento. - Perdónale, tenía mucha hambre. Llevamos todo el día sin comer.
El casero, que era una buena persona, Escuchò la historia de Mara, y decidió acoger a Tomasi en su caserío, con la condición de que ella le cuidara.
Así, Mara, iba al caserío a dar de comer y bañar a Tomasi, y como no, se lo pasaban en grande jugando.
sábado, 15 de diciembre de 2012
El libro de todos los cuentos
A Rubén le encantaba leer cuentos. Los días que podía, se iba a la biblioteca y se pasaba horas leyendo cuentos de todo tipo: Cruzaba los 7 mares con "El pirata malapata", descubría planetas misteriosos con "Saturnino", luchaba contra brujas y dragones convertido en príncipe, volaba con las hadas por países lejanos.........................................
Un día, el bibliotecario, un viejo achacoso y extraño, se le acercó.
- ¡oye chico! - le dijo mirándole fijamente, -Veo que te gustan mucho los cuentos.
- Ssssi señor - le respondió Rubén, tartamudeando.
- Pues toma.
y le dio un grueso y polvoriento libro con las tapas de piel, donde estaba dibujado un misterioso espejo con extrañas inscripciones.
- Es tuyo - le dijo-, es un libro muy especial. En él encontrarás todos los cuentos que se han escrito, y todos los que se escribirán.
Rubén hojeó el libro entusiasmado. Al levantar la cabeza, el bibliotecario ya no estaba, así que guardó el libro en la mochila y se fue a su casa.
Después de cenar, Rubén se acostó en su cama, y sacando el libro, se puso a leer.
"¡Es genial!", pensaba, "¡Hay un montón de cuentos!". y leyó hasta quedarse dormido.
Al día siguiente, metió el libro en la mochila, y se fue al colegio. Siempre que tenía un momento, lo sacaba y leía ensimismado.
- ¿Qué es lo que lees? - le preguntó Luis, un compañero de clase, - debe de ser muy interesante, estás todo el día leyéndolo.
- ¡Es un libro mágico!. En él están todos los cuentos que se han escrito, y los que se escribirán.
- ¡Venga ya!, no digas tonterías - le dijo Luis.
- ¡En serio!, me lo dijo el bibliotecario.
- ¿Ese viejo loco? - le respondió Luis riéndose. Y se fue sin parar de reírse.
Sin embargo, Luis no dejaba de darle vueltas a la cabeza: "¿un libro mágico?, ¿"El libro de todos los cuentos"?, ¿y si fuera verdad?".
Y así, cuando estaban en clase, Luis cogió la mochila de Rubén, y se llevó el libro.
Después, a la salida del colegio, se fue al parque para leerlo.
- Pero..........¡si está en blanco! - gritó, - ¡no hay nada escrito!.
Lleno de rabia, lo rompió en mil pedazos.
En ése momento, Rubén salía corriendo del colegio, para llegar a casa cuanto antes, y seguir leyendo su libro.
- ¡No está!, ¡No puede ser!, ¡me lo han quitado! - gritó Rubén desesperado, al no encontrar el libro en su mochila. Buscó por todas partes, pero no lo encontró.
Pasados los días, Rubén volvió a la biblioteca. Al verlo entrar, el bibliotecario se le acercó.
- Hola chico - le dijo, - ¿te gustó el libro?.
- Lo siento señor - le respondió Rubén bajando la cabeza, - pero lo he perdido.
- No te preocupes. Toma - le dijo el bibliotecario con una misteriosa sonrisa. Y le dio una libreta y un bolígrafo que sacó de un polvoriento escritorio. - escribe en ésta libreta los cuentos que recuerdes, así nunca los olvidarás.
Al llegar a casa, Rubén empezó a escribir todos los cuentos que recordaba , y escribió y escribió, ¡decenas!, ¡cientos!, ¡miles de cuentos!.
Con el tiempo, Rubén se convirtió en un importante escritor. Cuando le preguntan de donde saca la inspiración para escribir los cuentos, responde:
- Yo simplemente escribo los cuentos que leí en "El libro de todos los cuentos".
Un día, el bibliotecario, un viejo achacoso y extraño, se le acercó.
- ¡oye chico! - le dijo mirándole fijamente, -Veo que te gustan mucho los cuentos.
- Ssssi señor - le respondió Rubén, tartamudeando.
- Pues toma.
y le dio un grueso y polvoriento libro con las tapas de piel, donde estaba dibujado un misterioso espejo con extrañas inscripciones.
- Es tuyo - le dijo-, es un libro muy especial. En él encontrarás todos los cuentos que se han escrito, y todos los que se escribirán.
Rubén hojeó el libro entusiasmado. Al levantar la cabeza, el bibliotecario ya no estaba, así que guardó el libro en la mochila y se fue a su casa.
Después de cenar, Rubén se acostó en su cama, y sacando el libro, se puso a leer.
"¡Es genial!", pensaba, "¡Hay un montón de cuentos!". y leyó hasta quedarse dormido.
Al día siguiente, metió el libro en la mochila, y se fue al colegio. Siempre que tenía un momento, lo sacaba y leía ensimismado.
- ¿Qué es lo que lees? - le preguntó Luis, un compañero de clase, - debe de ser muy interesante, estás todo el día leyéndolo.
- ¡Es un libro mágico!. En él están todos los cuentos que se han escrito, y los que se escribirán.
- ¡Venga ya!, no digas tonterías - le dijo Luis.
- ¡En serio!, me lo dijo el bibliotecario.
- ¿Ese viejo loco? - le respondió Luis riéndose. Y se fue sin parar de reírse.
Sin embargo, Luis no dejaba de darle vueltas a la cabeza: "¿un libro mágico?, ¿"El libro de todos los cuentos"?, ¿y si fuera verdad?".
Y así, cuando estaban en clase, Luis cogió la mochila de Rubén, y se llevó el libro.
Después, a la salida del colegio, se fue al parque para leerlo.
- Pero..........¡si está en blanco! - gritó, - ¡no hay nada escrito!.
Lleno de rabia, lo rompió en mil pedazos.
En ése momento, Rubén salía corriendo del colegio, para llegar a casa cuanto antes, y seguir leyendo su libro.
- ¡No está!, ¡No puede ser!, ¡me lo han quitado! - gritó Rubén desesperado, al no encontrar el libro en su mochila. Buscó por todas partes, pero no lo encontró.
Pasados los días, Rubén volvió a la biblioteca. Al verlo entrar, el bibliotecario se le acercó.
- Hola chico - le dijo, - ¿te gustó el libro?.
- Lo siento señor - le respondió Rubén bajando la cabeza, - pero lo he perdido.
- No te preocupes. Toma - le dijo el bibliotecario con una misteriosa sonrisa. Y le dio una libreta y un bolígrafo que sacó de un polvoriento escritorio. - escribe en ésta libreta los cuentos que recuerdes, así nunca los olvidarás.
Al llegar a casa, Rubén empezó a escribir todos los cuentos que recordaba , y escribió y escribió, ¡decenas!, ¡cientos!, ¡miles de cuentos!.
Con el tiempo, Rubén se convirtió en un importante escritor. Cuando le preguntan de donde saca la inspiración para escribir los cuentos, responde:
- Yo simplemente escribo los cuentos que leí en "El libro de todos los cuentos".
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