¡Hola!, soy un niño de seis años, pero soy un niño un tanto especial. Mi nombre es Calabaracín, ¿Sabéis porqué?, ¡porque nací de una calabaza!, lo que oís, el granjero cogió una enorme calabaza que crecía en su huerta para hacerse un pastel, la abrió ¡y se encontró conmigo!, como pulgarcita, que creció de una flor; pero no creo que fuera por el hechizo de un hada. Salí de la calabaza ya crecido, aunque no sabía nada de nada, no había ido al colegio para aprender, y todo era nuevo para mi. El granjero que me encontró andaba muy ocupado con sus vacas, ovejas, tomates, lechugas y demás, por lo que no tenía tiempo para enseñarme nada, y la verdad, tampoco era muy listo. Tampoco tenía dinero para mandarme a la escuela, por lo que tuve que aprender todo por mi mismo.
Pero empecemos por el principio. El día en el que me encontró Fred, que así se llamaba el granjero, me dijo muy serio:" Hijo, soy un hombre muy ocupado, por lo que no voy a poder atenderte, pero aquí tendrás siempre un plato caliente y una cama mullida".
Es un buen tipo, aunque un poco corto de entendederas. Se levantaba con el sol, y se ocupaba de todas las tareas de la granja hasta que se volvía a poner, acostándose rendido de tanto trabajar. Yo procuraba molestarle lo menos posible, y aprender por mi mismo tantas cosas maravillosas que me rodeaban.
Me fascinaban las vacas; se notaba que eran las más sabias y respetadas. Con movimientos pausados, movían sus voluminosos cuerpos por los pastos, preocupadas únicamente en comer hierba. Pero cuando te acercabas, se te quedaban mirando con esos grandes ojos, profundos, que parecían conocer todos los misterios del universo...............
En segundo lugar, por rango de importancia, estaban los caballos: ¡Qué porte!, ¡qué majestuosidad!, sobre todo cuando trotaban por el prado con las crines al viento. Eran como príncipes altivos, pero como ellos, impetuosos e ingenuos.
Pero allí los que manejaban el cotarro eran los cerdos; fuertes y agresivos, retozaban por el barro después de devorar todo lo que veían sus ojillos codiciosos. Era mejor no entrometerse en sus asuntos, podías acabar con un buen mordisco, o un pisotón.
Las orgullosas cabras, también tenían su parcela de poder, pero su individualidad les volvía más débiles.
Las ovejas y las gallinas ocupaban lo más bajo del escalafón social., tímidas las primeras y asustadizas las segundas, correteaban todo el día por la granja en busca de alimento, siempre con el corazón en un puño.
Cuentos para contar.
viernes, 17 de junio de 2016
viernes, 10 de junio de 2016
Nassem y las gafas mágicas (3)
Algo increíble sacudió los monótonos y grises días del campamento; un afamado director de cine fue allí para filmar escenas de un documental que estaba realizando. El director, en bermudas y chaleco, daba instrucciones al cámara y a los técnicos de sonido, que se afanaban en su labor ante el tumulto de curiosos que se agolpaban alrededor de ellos. Nassem, que se encontraba a unos metros, vio como el director llamó a alguien de entre la gente; se trataba de Abdul. Le dijo unas palabras, y subieron los dos al helicóptero en el que había llegado el famoso director, alzando el vuelo y ahuyentando a la muchedumbre con los remolinos que levantaban las hélices.
Nassem se llevó la mano al bolsillo donde llevaba las gafas mágicas, y como se había imaginado, no estaban allí: Abdul se las había robado.
La situación de los refugiados Sirios no cambiaba, por la indiferencia de los mandatarios europeos, Y la vida en el campo de refugiados de Lesbos se volvía cada vez más insostenible. Pero Nassem no se rindió, y saliendo del círculo vicioso en el que habían caído la mayoría de sus compañeros, se propuso ayudar a las personas que le rodeaban en todo lo que pudiera. Así, llevaba comida a una anciana que casi no podía andar, cuidaba en la enfermería a un hombre enfermo que no tenían a nadie que le acompañase, e incluso enseñó a leer y escribir a un niño huèrfano como él.
Al cabo de un tiempo, fue enviado a una casa de acogida junto con otros niños huérfanos, y allí fue adoptado por un matrimonio alemán, que cuido de él e incluso le procuraron estudios. Fue a la universidad, donde estudió derecho, y cuando se licenció, fundó una asociación para ayuda a los refugiados de guerra, que tuvo un gran reconocimiento internacional por la intensa labor que realizaba Nassem.
También conoció una chica con la que se casó y tuvo 2 hijos, formando así la familia que había perdido en el bombardeo.
Nassem se encontraba dando una conferencia sobre derechos humanos en la universidad de harvard. Cuando terminó, entre los aplausos y el reconocimiento del público, se le acercó un hombre de su misma nacionalidad, que escondía su rostro marcado por los excesos en unas gafas oscuras.
- Nassem, hermano, ¿Me recuerdas? - le dijo.
- ¡Abdul!
- Veo que te va bien.
Se dieron un emotivo abrazo.
- ¿Qué me cuentas?
Abdul se quitó las gafas; vio en sus ojos el cansancio y la derrota.
- No me ha ido tan bien.
- ¿No ganaste un Oscar?
- Si, el director que me descubrió en el campamento de refugiados me dio un papel en una de sus películas, y si es cierto que gané un Oscar, y me hice muy popular,pero caí en las drogas y el lujo, sabes, podía conseguir todo lo que quería..............pero no sabía en realidad lo que quería. Veo que tu si.
- ¿Puedo ayudarte?
- No, no, gracias. Quería devolverte algo.
Abdul sacó unas gafas del bolsillo de su cazadora, cuyo estuche reconoció al instante, y se las dio.
- No me han servido de mucho. Perdona.
Y se marchó con lo mirada baja.
Nassem abrió el estuche, y sostuvo las gafas en su mano un instante. Luego las guardó y se las metió en el bolsillo. Nunca más volvió a ponérselas, no le hizo falta.
Nassem se llevó la mano al bolsillo donde llevaba las gafas mágicas, y como se había imaginado, no estaban allí: Abdul se las había robado.
La situación de los refugiados Sirios no cambiaba, por la indiferencia de los mandatarios europeos, Y la vida en el campo de refugiados de Lesbos se volvía cada vez más insostenible. Pero Nassem no se rindió, y saliendo del círculo vicioso en el que habían caído la mayoría de sus compañeros, se propuso ayudar a las personas que le rodeaban en todo lo que pudiera. Así, llevaba comida a una anciana que casi no podía andar, cuidaba en la enfermería a un hombre enfermo que no tenían a nadie que le acompañase, e incluso enseñó a leer y escribir a un niño huèrfano como él.
Al cabo de un tiempo, fue enviado a una casa de acogida junto con otros niños huérfanos, y allí fue adoptado por un matrimonio alemán, que cuido de él e incluso le procuraron estudios. Fue a la universidad, donde estudió derecho, y cuando se licenció, fundó una asociación para ayuda a los refugiados de guerra, que tuvo un gran reconocimiento internacional por la intensa labor que realizaba Nassem.
También conoció una chica con la que se casó y tuvo 2 hijos, formando así la familia que había perdido en el bombardeo.
Nassem se encontraba dando una conferencia sobre derechos humanos en la universidad de harvard. Cuando terminó, entre los aplausos y el reconocimiento del público, se le acercó un hombre de su misma nacionalidad, que escondía su rostro marcado por los excesos en unas gafas oscuras.
- Nassem, hermano, ¿Me recuerdas? - le dijo.
- ¡Abdul!
- Veo que te va bien.
Se dieron un emotivo abrazo.
- ¿Qué me cuentas?
Abdul se quitó las gafas; vio en sus ojos el cansancio y la derrota.
- No me ha ido tan bien.
- ¿No ganaste un Oscar?
- Si, el director que me descubrió en el campamento de refugiados me dio un papel en una de sus películas, y si es cierto que gané un Oscar, y me hice muy popular,pero caí en las drogas y el lujo, sabes, podía conseguir todo lo que quería..............pero no sabía en realidad lo que quería. Veo que tu si.
- ¿Puedo ayudarte?
- No, no, gracias. Quería devolverte algo.
Abdul sacó unas gafas del bolsillo de su cazadora, cuyo estuche reconoció al instante, y se las dio.
- No me han servido de mucho. Perdona.
Y se marchó con lo mirada baja.
Nassem abrió el estuche, y sostuvo las gafas en su mano un instante. Luego las guardó y se las metió en el bolsillo. Nunca más volvió a ponérselas, no le hizo falta.
viernes, 3 de junio de 2016
Nassem y las gafas mágicas (2)
Aquella noche Nassem y abdul durmieron en una mullida cama, con la tripa llena.
Al día siguiente Bart les enseñó el barco. Les llevó a la sala de máquinas, donde los grandes motores mugían a pleno rendimiento, incluso estuvieron en la cabina de mando, donde el timonel gobernaba el barco y el capitán impartía las órdenes oportunas.
Después de comer, se sentaron en unas tumbonas para tomar el sol.
- Esto es vida, eh Nassem!, las gafas funcionan a la perfección.
Pero Nassem no parecía contento.
- No se, acuérdate de nuestros compañeros, ellos lo están pasando mal, y nosotros............
- La vida es así, algunos tienen suerte y otros no.
- No es justo.
- ¿Quien habla de justicia? Mira yo voy a ser actor, de los de Hollywood, y pasaré por encima de quien sea para conseguirlo. ¿Y tú?
- No lo se - dijo tras pensarlo.
Abdul se recostó en la hamaca y cerro los ojos quedándose dormido. Nassem se acercó a la barandilla del barco para perder la vista en el horizonte. Entonces vino a su cabeza la imagen de su madre, y la de su padre, y su hermano; estaban en la playa, jugando entre las olas, y na luz de esperanza iluminó sus ojos; pero nada sucedió. Se quitó las gafas decepcionado, y las guardó.
El Niessem llegó a la coqueta isla griega de Lesbos, donde descargó su mercancía humana. Les llevaron a un campo de refugiados situado a las afueras de la capital. Se trataba de cientos de tiendas de campaña sobre un suelo agreste, rodeadas de alambradas, que le daba más el aspecto de un campo de concentración que de otra cosa.
Allí las condiciones de vida no eran mejores que las del barco, empeoradas por los grupos mafiosos que se aprovechaban de la ayuda humanitaria para hacer sus propios negocios.
Abdul y Nassem perdían el tiempo con los demás chicos, sin nada que hacer entre las polvorientas calles de campo, fumando pitillos y esnifando pegamento que conseguían al cambiarlos por ropa o alimentos que robaban.
En el albergue donde dormían, había una niña de unos 10 años con un bebé en brazos; este no paraba de llorar.
- ¿No tienes padres? - le preguntó Nassem.
- Si - dijo tímidamente - pero no se donde están.
- ¿Es tu hermano? - le preguntó señalando al bebé.
- Si.
-¿Porqué llora?
- No lo se.
Nassem puso su mano en la frente del bebé, y vio que ardía.
Miró a su alrededor, pero no vio a nadie que pudiera ayudarle. Entonces sacó sus gafas mágicas del bolsillo, y se las puso.
- ¡Porqué llora ese condenado niño! - escuchó - ¡No hay quien duerma!
Un hombre entró gritando en el albergue.
- Es que tiene fiebre señor - le dijo Nassem.
- ¡Maldita sea!
El hombre sacó un móvil e hizo una llamada. Al rato apareció una ambulancia, que se llevó al bebé a su hermana y a Nassem al hospital.
Sabía que en el hospital sucedería algo, y así fue; el padre de la niña había caído enfermo, y se encontraba allí con su madre, y no fue casualidad que ésta se cruzara con su hija entre las numerosas camas que abarrotaban el lugar.
Al día siguiente Bart les enseñó el barco. Les llevó a la sala de máquinas, donde los grandes motores mugían a pleno rendimiento, incluso estuvieron en la cabina de mando, donde el timonel gobernaba el barco y el capitán impartía las órdenes oportunas.
Después de comer, se sentaron en unas tumbonas para tomar el sol.
- Esto es vida, eh Nassem!, las gafas funcionan a la perfección.
Pero Nassem no parecía contento.
- No se, acuérdate de nuestros compañeros, ellos lo están pasando mal, y nosotros............
- La vida es así, algunos tienen suerte y otros no.
- No es justo.
- ¿Quien habla de justicia? Mira yo voy a ser actor, de los de Hollywood, y pasaré por encima de quien sea para conseguirlo. ¿Y tú?
- No lo se - dijo tras pensarlo.
Abdul se recostó en la hamaca y cerro los ojos quedándose dormido. Nassem se acercó a la barandilla del barco para perder la vista en el horizonte. Entonces vino a su cabeza la imagen de su madre, y la de su padre, y su hermano; estaban en la playa, jugando entre las olas, y na luz de esperanza iluminó sus ojos; pero nada sucedió. Se quitó las gafas decepcionado, y las guardó.
El Niessem llegó a la coqueta isla griega de Lesbos, donde descargó su mercancía humana. Les llevaron a un campo de refugiados situado a las afueras de la capital. Se trataba de cientos de tiendas de campaña sobre un suelo agreste, rodeadas de alambradas, que le daba más el aspecto de un campo de concentración que de otra cosa.
Allí las condiciones de vida no eran mejores que las del barco, empeoradas por los grupos mafiosos que se aprovechaban de la ayuda humanitaria para hacer sus propios negocios.
Abdul y Nassem perdían el tiempo con los demás chicos, sin nada que hacer entre las polvorientas calles de campo, fumando pitillos y esnifando pegamento que conseguían al cambiarlos por ropa o alimentos que robaban.
En el albergue donde dormían, había una niña de unos 10 años con un bebé en brazos; este no paraba de llorar.
- ¿No tienes padres? - le preguntó Nassem.
- Si - dijo tímidamente - pero no se donde están.
- ¿Es tu hermano? - le preguntó señalando al bebé.
- Si.
-¿Porqué llora?
- No lo se.
Nassem puso su mano en la frente del bebé, y vio que ardía.
Miró a su alrededor, pero no vio a nadie que pudiera ayudarle. Entonces sacó sus gafas mágicas del bolsillo, y se las puso.
- ¡Porqué llora ese condenado niño! - escuchó - ¡No hay quien duerma!
Un hombre entró gritando en el albergue.
- Es que tiene fiebre señor - le dijo Nassem.
- ¡Maldita sea!
El hombre sacó un móvil e hizo una llamada. Al rato apareció una ambulancia, que se llevó al bebé a su hermana y a Nassem al hospital.
Sabía que en el hospital sucedería algo, y así fue; el padre de la niña había caído enfermo, y se encontraba allí con su madre, y no fue casualidad que ésta se cruzara con su hija entre las numerosas camas que abarrotaban el lugar.
martes, 31 de mayo de 2016
Nassem y las gafas mágicas (1)
El piloto del caza apretó el botón y el misil salió disparado hacia su objetivo, alcanzando el edificio de 6 plantas en el que vivía Nassem. En ése momento, se encontraba jugando en la calle, y la onda expansiva hizo que saliera por los aires, dejándole sin sentido. Menos suerte tuvieron sus padres y sus hermanos, que comían en la casa cuando cayó la bomba. Cuando despertó se encontró rodeado de escombros. Buscó a tientas sus gafas, pero solo encontró las monturas, dobladas de una forma inverosímil.
- ¡Nassem despierta, nos vamos!
El zarandeo de Abdul le llevó de nuevo hasta el albergue de la cruz roja donde dormía. Se incorporó aturdido del jergón, y buscó sus gafas. Recordó que se le habían roto en el bombardeo. Entre la niebla provocada por la miopía, comprobó que el ajetreo era considerable.
- ¿Qué pasa? - preguntó.
- ¡Se acercan los terroristas!, ¡nos llevan a otro sitio!
Estos habían traspasado las defensas de la ciudad. Los voluntarios de la Cruz Roja agrupaban a los niños para llevárselos en el carguero Niessel, rumbo a Europa.
Las calles estaban desiertas, las pocas personas con las que se cruzaban andaban apresuradas y nerviosas, se respiraba una tensa calma.
Nassem, desorientado sin sus gafas, se separó del grupo, perdiéndose entre las estrechas calles del casco antiguo. Dándose cuenta de la situación, llamó a gritos a Abdul, pero nadie respondió. Con un nudo en el estómago y el corazón martilleándole el pecho, se sentó en el suelo, apoyando la espada en una pared desconchada.
- Parece que hayas visto un fantasma - escuchó.
- Me he perdido.
Nassem intentó distinguir el rostro del que venía aquella voz.
- Ven acompáñame, tengo algo para ti, veo que has perdido tus gafas
El hombre llevaba una túnica de color carmesí y sonrisa risueña. Su cuerpo orondo se movía ágil entre las callejuelas, Nassem tenía que correr para seguirle.
Llegaron a un bazar destartalado, atestado de objetos y cachibaches; desde telas de lino hasta móviles y bebidas.
- Deben de estar por aquí -dijo el hombre mientras hurgaba entre los cajones del mostrador - ¡aquí están!
Sacó una pequeña caja de madera en las que estaban inscritas unas palabras en un antiguo dialecto árabe, y extrajo de ella unas gafas con unos cristales redondos extremadamente gruesos, engarzados en una montura dorada.
- Estas te vendrán bien, pero debes ponértelas sólo cuando aquello que veas no te guste en absoluto, y quieras verlo de la forma que tu quieras.
- Pero yo necesito gafas todo el tiempo.
- Ah bueno...........pues ponte alguna de éstas.
Abrió un cajón lleno de gafas, y Abdul se las probó hasta dar con las que le venían bien.
- ¡Venga corre, el barco está apunto de zarpar! - le apresuró el hombre.
Nassem salió corriendo. Al rato se dio cuenta que no sabía hacia donde iba, y que seguía perdido.
Entonces abrió la caja de madera que continuaba en su mano, y se puso las extrañas gafas que contenía. Nada parecía haber cambiado, cuando escuchó la sirena de un barco. Fue hacia allí, y sin saber como, se encontró en el puerto, donde distinguió la silueta del Niessem amarrado a la dársena, y a su amigo Abdul, que junto a sus compañeros, subía por la escalinata del carguero para embarcar en él.
El Niessem cruzaba las aguas del Mediterráneo con su cargamento humano. Además de los niños del orfanato, se amontonaban en sus bodegas familias enteras que huían del horror de la guerra, ayudados por la labor humanitaria de la Cruz Roja.
Les dieron una manta, una pastilla de jabón y un plato de aluminio, y delimitaron una parte del barco de la cual no podían pasar. Comían una vez al día y se lavaban con una manguera de agua fría. Por la noche, la mayoría bajaba a la bodega para guarecerse del frescor nocturno.Nassem y abdul se quedaban en cubierta, y tapados con sus mantas, volaban entre las estrellas, lejos, muy lejos de allí.
Una noche en la que las estrellas parecían hablarles, Nessem le contó a su amigo lo que le había sucedido antes de embarcar, y le enseñó las gafas mágicas.
- ¿Porqué no las usas? - le preguntó Abdul extrañado.
- No se.............me da miedo.
- Venga, póntelas y haber que sucede.
Se las puso.
- No parece que pase nada - dijo Abdul impaciente. Nassem se encogió de hombros.
Entonces un hombre se les acercó.
- Chicos, ¿conocéis a Nassem?, Nassem Tayeb.
- Soy yo - respondió éste sorprendido.
- ¿Es tu amigo? - dijo el hombre señalando a Abdul.Nassem asintió.
- Pues seguidme.
Salieron de la zona donde se hacinaban los refugiados, y les llevó por unos estrechos pasillos hasta la cocina del barco.
- Supongo que tendréis hambre - les dijo - ¡Chang, ponles algo caliente a éstos chicos!
Chang el cocinero del barco, les calentó una sabrosa sopa de fideos con gallina.
Mientras los dos amigos daban buena cuenta de la sopa, el hombre se sentó con ellos en la mesa.
- Conozco a tu padre - le dijo a Nassem - es un gran tipo, hemos hecho buenos negocios. ¿Como anda?
- Murió.
- ¡Vaya, lo siento! ¿Está tu madre a bordo?
- También a muerto.
El hombre guardó silencio. Su aspecto era serio.
- ¡Maldita guerra! - rumió.
- Cuando terminen llévales al camarote de babor Chang. Si tenéis algún problema preguntar por mi. Soy Brat, el segundo de abordo.
Les dio unas palmadas en los hombros y se marchó.
- ¡Nassem despierta, nos vamos!
El zarandeo de Abdul le llevó de nuevo hasta el albergue de la cruz roja donde dormía. Se incorporó aturdido del jergón, y buscó sus gafas. Recordó que se le habían roto en el bombardeo. Entre la niebla provocada por la miopía, comprobó que el ajetreo era considerable.
- ¿Qué pasa? - preguntó.
- ¡Se acercan los terroristas!, ¡nos llevan a otro sitio!
Estos habían traspasado las defensas de la ciudad. Los voluntarios de la Cruz Roja agrupaban a los niños para llevárselos en el carguero Niessel, rumbo a Europa.
Las calles estaban desiertas, las pocas personas con las que se cruzaban andaban apresuradas y nerviosas, se respiraba una tensa calma.
Nassem, desorientado sin sus gafas, se separó del grupo, perdiéndose entre las estrechas calles del casco antiguo. Dándose cuenta de la situación, llamó a gritos a Abdul, pero nadie respondió. Con un nudo en el estómago y el corazón martilleándole el pecho, se sentó en el suelo, apoyando la espada en una pared desconchada.
- Parece que hayas visto un fantasma - escuchó.
- Me he perdido.
Nassem intentó distinguir el rostro del que venía aquella voz.
- Ven acompáñame, tengo algo para ti, veo que has perdido tus gafas
El hombre llevaba una túnica de color carmesí y sonrisa risueña. Su cuerpo orondo se movía ágil entre las callejuelas, Nassem tenía que correr para seguirle.
Llegaron a un bazar destartalado, atestado de objetos y cachibaches; desde telas de lino hasta móviles y bebidas.
- Deben de estar por aquí -dijo el hombre mientras hurgaba entre los cajones del mostrador - ¡aquí están!
Sacó una pequeña caja de madera en las que estaban inscritas unas palabras en un antiguo dialecto árabe, y extrajo de ella unas gafas con unos cristales redondos extremadamente gruesos, engarzados en una montura dorada.
- Estas te vendrán bien, pero debes ponértelas sólo cuando aquello que veas no te guste en absoluto, y quieras verlo de la forma que tu quieras.
- Pero yo necesito gafas todo el tiempo.
- Ah bueno...........pues ponte alguna de éstas.
Abrió un cajón lleno de gafas, y Abdul se las probó hasta dar con las que le venían bien.
- ¡Venga corre, el barco está apunto de zarpar! - le apresuró el hombre.
Nassem salió corriendo. Al rato se dio cuenta que no sabía hacia donde iba, y que seguía perdido.
Entonces abrió la caja de madera que continuaba en su mano, y se puso las extrañas gafas que contenía. Nada parecía haber cambiado, cuando escuchó la sirena de un barco. Fue hacia allí, y sin saber como, se encontró en el puerto, donde distinguió la silueta del Niessem amarrado a la dársena, y a su amigo Abdul, que junto a sus compañeros, subía por la escalinata del carguero para embarcar en él.
El Niessem cruzaba las aguas del Mediterráneo con su cargamento humano. Además de los niños del orfanato, se amontonaban en sus bodegas familias enteras que huían del horror de la guerra, ayudados por la labor humanitaria de la Cruz Roja.
Les dieron una manta, una pastilla de jabón y un plato de aluminio, y delimitaron una parte del barco de la cual no podían pasar. Comían una vez al día y se lavaban con una manguera de agua fría. Por la noche, la mayoría bajaba a la bodega para guarecerse del frescor nocturno.Nassem y abdul se quedaban en cubierta, y tapados con sus mantas, volaban entre las estrellas, lejos, muy lejos de allí.
Una noche en la que las estrellas parecían hablarles, Nessem le contó a su amigo lo que le había sucedido antes de embarcar, y le enseñó las gafas mágicas.
- ¿Porqué no las usas? - le preguntó Abdul extrañado.
- No se.............me da miedo.
- Venga, póntelas y haber que sucede.
Se las puso.
- No parece que pase nada - dijo Abdul impaciente. Nassem se encogió de hombros.
Entonces un hombre se les acercó.
- Chicos, ¿conocéis a Nassem?, Nassem Tayeb.
- Soy yo - respondió éste sorprendido.
- ¿Es tu amigo? - dijo el hombre señalando a Abdul.Nassem asintió.
- Pues seguidme.
Salieron de la zona donde se hacinaban los refugiados, y les llevó por unos estrechos pasillos hasta la cocina del barco.
- Supongo que tendréis hambre - les dijo - ¡Chang, ponles algo caliente a éstos chicos!
Chang el cocinero del barco, les calentó una sabrosa sopa de fideos con gallina.
Mientras los dos amigos daban buena cuenta de la sopa, el hombre se sentó con ellos en la mesa.
- Conozco a tu padre - le dijo a Nassem - es un gran tipo, hemos hecho buenos negocios. ¿Como anda?
- Murió.
- ¡Vaya, lo siento! ¿Está tu madre a bordo?
- También a muerto.
El hombre guardó silencio. Su aspecto era serio.
- ¡Maldita guerra! - rumió.
- Cuando terminen llévales al camarote de babor Chang. Si tenéis algún problema preguntar por mi. Soy Brat, el segundo de abordo.
Les dio unas palmadas en los hombros y se marchó.
viernes, 29 de abril de 2016
La pulga viajera
Tina era una pulga muy curiosa. Vivía en Agus, un peludo perrazo, ya viejo, que apenas salía de casa. Aburrida, Tina decidió cambiar de hogar, y se mudo a Mat, un hámster que le acababan de regalar al benjamín de la casa. Allí, la vida era más aburrida todavía; es cierto que Mat era mucho más inquieto que Agus, y se pasaba el día, bueno más bien la noche ya que los Hamsters son animales nocturnos, olisqueándolo todo, corriendo entre los tubos de su jaula, o descargando su energía en la rueda giratoria.
Entre el cambio de horarios, y el mareo que le producía la rueda, no tardó en buscar un nuevo huesped: La gatita Pati. La cosa se animó, Pati se colaba todas las noches por la trampilla de la puerta, y perseguía pequeños roedores con los que jugaba antes de comérselos. Así conoció los truculentos misterios de la noche.
Una noche, Tina saltó a un topo con el que jugaba Pati, y este se escabulló debajo de la tierra, y recorrió sus entrañas, entre oscuros y abruptos pasadizos.
Ya de día, se coló en un caballo que trotaba por allí, y corrió entre montañas, prados floridos y verdes valles.
El caballo descansaba en una playa, y Tina conoció el mar. Entonces vio a una foca en la orilla; no lo dudo, allí fue; y nado entre bancos de sardinas y ballenas, buceando ente rojos corales y barcos hundidos que quizás escondían tesoros.
La foca subió a una isla de hielo donde un oso blanco dormía. Con él recorrió las llanuras nevadas, el viento azotando las rocas, mientras una aurora boreal pintaba de verde el cielo.
Una gaviota que paró para descansar, fue su nuevo anfitrión, y voló entre las nubes con el viento a favor, desafiando a las tormentas.
La gaviota llegó a un puerto, donde descargaban un rebaño de camellos. A lomos de uno de ellos, anduvo entre las arenas del desierto, con sus interminables dunas tostadas por el sol.
En un oasis, bajo una palmera, descansaba el camello. Tina, cansada de tantas emociones, decidió volver a su antiguo hogar; una perrita vagabunda que merodeaba por allí.
Pero no era su destino acabar sus días entre el pelo de un perro, y Laika, que así se llamaba la perrita, fue capturada por unos científicos rusos, que la metieron en una nave espacial, y la mandaron al espacio, convirtiéndola en el primer ser vivo en girar alrededor de la tierra.
Tina sintió la infinitud del universo, las estrellas enlazándose, formando constelaciones lejanas, la vía láctea derramándose en la oscuridad, la luna que casi podía tocar, la tierra, azul, majestuosa y hermosa.
Entonces pasó un cometa............................................
Quien sabe donde está ahora Tina, quizás surcando el espacio interestelar, o en algún extraño y misterioso planeta en los confines del universo.
Entre el cambio de horarios, y el mareo que le producía la rueda, no tardó en buscar un nuevo huesped: La gatita Pati. La cosa se animó, Pati se colaba todas las noches por la trampilla de la puerta, y perseguía pequeños roedores con los que jugaba antes de comérselos. Así conoció los truculentos misterios de la noche.
Una noche, Tina saltó a un topo con el que jugaba Pati, y este se escabulló debajo de la tierra, y recorrió sus entrañas, entre oscuros y abruptos pasadizos.
Ya de día, se coló en un caballo que trotaba por allí, y corrió entre montañas, prados floridos y verdes valles.
El caballo descansaba en una playa, y Tina conoció el mar. Entonces vio a una foca en la orilla; no lo dudo, allí fue; y nado entre bancos de sardinas y ballenas, buceando ente rojos corales y barcos hundidos que quizás escondían tesoros.
La foca subió a una isla de hielo donde un oso blanco dormía. Con él recorrió las llanuras nevadas, el viento azotando las rocas, mientras una aurora boreal pintaba de verde el cielo.
Una gaviota que paró para descansar, fue su nuevo anfitrión, y voló entre las nubes con el viento a favor, desafiando a las tormentas.
La gaviota llegó a un puerto, donde descargaban un rebaño de camellos. A lomos de uno de ellos, anduvo entre las arenas del desierto, con sus interminables dunas tostadas por el sol.
En un oasis, bajo una palmera, descansaba el camello. Tina, cansada de tantas emociones, decidió volver a su antiguo hogar; una perrita vagabunda que merodeaba por allí.
Pero no era su destino acabar sus días entre el pelo de un perro, y Laika, que así se llamaba la perrita, fue capturada por unos científicos rusos, que la metieron en una nave espacial, y la mandaron al espacio, convirtiéndola en el primer ser vivo en girar alrededor de la tierra.
Tina sintió la infinitud del universo, las estrellas enlazándose, formando constelaciones lejanas, la vía láctea derramándose en la oscuridad, la luna que casi podía tocar, la tierra, azul, majestuosa y hermosa.
Entonces pasó un cometa............................................
Quien sabe donde está ahora Tina, quizás surcando el espacio interestelar, o en algún extraño y misterioso planeta en los confines del universo.
jueves, 7 de abril de 2016
El cine mágico
Leire e Icíar, su madre, cogieron el autobús para ir al centro comercial. En los cines estrenaban la última película de Disney: "Princesas a todo ritmo", y Leire estaba loca por verla. Compraron palomitas con caramelo tamaño XL, Coca Colas en baso grande, y así, bien preparadas para la sesión cinematográfica, se pusieron a la cola del cine. Cuando estuvieron dentro, miraron en la entrada el número de la sala. Para su sorpresa, vieron que se trataba de la sala 0.
- ¡Qué raro! - dijo Icíar - la página de internet por la que cogí las entradas era un poco rara, pero no me fijé en ésto.......
- Mira mamá allí es.
Delante de ellas estaba la sala 0
- Pues vamos.
Dentro, la sala estaba vacía, lo que les sorprendió. Se sentaron en la zona central, y se pusieron las gafas tridimensionales, ya que la película era en tres dimensiones.
Se apagaron las luces, y de repente se encontraron rodeadas por una jungla con grandes árboles, lianas, y flores exóticas.
- ¡Ya empieza! - gritó Leire entusiasmada.
- ¡Menudo realismo!
De pronto, escucharon un silbido delante de ellas: Una serpiente enorme se deslizaba por el tronco de un árbol, sacando su bífida lengua.
- ¡Es enorme! - dijo Leire.
- ¡Silencio!
- Si no hay nadie.
Oyeron un nuevo silbido detrás de ellas; al lado de Icíar otra serpiente más grande aún, se acercaba amenazante. Dos serpientes mas reptaban entre las hojas delante de ellas.
- ¡Estamos rodeadas! - gritó.
- No parece una película de princesas, más bien una de superhéroes. La estarán anunciando.
En ese momento, con un ajustado traje rojo, una capa azul, y un antifaz, apareció un superhéroe, que volando, aterrizó entre las serpientes, las cogió una a una, y fue atándolas hasta hacer un gran lazo con ellas. Después se acercó a Icíar y Lerie.
- No es un buen lugar para unas damas - dijo, y sin dejarles reaccionar, les cogió por la cintura ¡Y se las llevó volando por el aire!, ¡No se lo podían creer! Cruzaron montes, valles y ciudades, entre los fuertes brazos del superhéroe. Al llegar a una carretera al lado de unos campos de trigo, descendió.
- Bueno, aquí estarán más seguras - les dijo dejándolas en el suelo - ¡Hasta pronto!
- ¡Qué guay! - dijo Leire - pero yo quiero ver a las princesas.
Icíar no decía nada, se encontraba en estado de shock.
- ¡Mira mamá, viene un coche!
Un Cádillac descapotable se acercaba a toda velocidad. Cuando llegó a su altura, paró. Dentro había dos chicas con gafas de sol, una alta y delgada, la otra baja y gruesa. Vestían de una forma muy extravagante, con pantalones pitillo, cazadora de cuero, y muñequeras de pinchos.
- ¡Qué tal chicas! - les dijeron - Venga, subir, os llevamos.
Icíar y Leire se sentaron en la parte de atrás.
- ¿A donde vais?
- Pues............, nose, a la ciudad más próxima -le dijo Icíar.
- ¡Pues vamos!
La chica apretó a fondo el acelerador; el rugido del motor se confundía con la música rock que sonaba a pleno volumen en el equipo de música.
- ¿Cómo os llamáis?
- Yo me llamo Leire, y mi mamá, Icíar.
- Hola..... - Dijo cohibida.
- Yo soy Jakie - dijo la más gruesa.
- Y yo su hermana Elwoina - la más delgada.
- ¿Sois princesas?
- ¿Cómo lo sabes?
- Por vuestras tiaras.
- ¡Qué observadora!, aunque a nosotras no nos van los rollos de palacio.
Escucharon unas sirenas detrás de ellas.
- ¡La pasma!
Jakie dio un nuevo acelerón, entre los gritos de júbilo de las princesas. El coche de policía les seguía de cerca; ¡era una persecución en toda regla! Delante de ellas, apareció otro coche de policía cortándoles el paso. De un volantazo, Jakie se metió entre unos maizales; Icíar y Leire gritaban abrazadas.
- Tranquilas chicas - dijo Elwoina - a mi hermana no le gana nadie conduciendo.
Salieron a campo a través, a los dos coches de policía se le habían unido cuatro más, el ruido de las sirenas era ensordecedor. De repente, vieron como a unos metros delante de ellas, el campo terminaba en un precipicio. Jakie, con gran sangre fría, dio un nuevo volantazo, dejando el coche entre unos arbustos, que lo cubrían por completo. Los coches de policía pararon en seco delante del precipicio.
- ¡Si, si! -gritaban las princesas chocando sus manos, y las de Leire e Icíar.
Cuando los policías se fueron, Jakie condujo de nuevo hasta la carretera.
- ¡Ha sido superemocionante! - decía Leire emocionada.
- Un poco peligroso.....
-¡Venga mamá, hay que divertirse! - dijo Jakie.
- Si nos damos prisa llegaremos a tiempo para el concierto - dijo Elwoina.
- ¿Un concierto? - preguntó Leire.
- Damos un concierto de rock para recaudar fondos y poder reconstruir un hogar para unos niños huérfanos.
- ¿Por eso os perseguía la policía?
- Si, el alcalde quiere construir allí un centro comercial, ¡es un maldito bastardo!
- ¡esa no es la forma de hablar de una princesa - le recriminó Icíar.
- ¡Pero si de unas princesas rockeras! - respondió Jakie. Y aceleró, subiendo el volumen de la música.
Al llegar al lugar del concierto, vieron que la policía rodeaba el recinto.
- ¿Cómo vamos a entrar?
- Tengo una idea - dijo Leire - iremos por las alcantarillas.
- ¡Necesitaremos los planos!
- Dejármelo a mi, soy una experta informática.
Cogió su móvil, y entrando en la web del ayuntamiento, descargó los planos de las alcantarillas. Cogieron un par de linternas que llevaban en el coche, y bajaron por la alcantarilla más próxima.
Siguiendo los planos, llegaron hasta dentro del teatro donde se iba a celebrar el concierto, y salieron justo en el escenario. Allí ya estaba todo preparado: La batería las guitarras, el bajo, los metales, el órgano, las luces ya encendidas, y un público enfervorizado que llenaba el teatro.
EL concierto fue memorable; las princesas, Leire e Icíar, cantaron y bailaron ante un público entregado que no paro tampoco de cantar y bailar. Los policías y el alcalde, esperaban alrededor del escenario a que terminara el espectáculo para detener a las princesas. No se atrevía a hacerlo delante de tanta gente, ya que pronto eran las elecciones, y no podía quedar mal.
Al terminar, mientras los músicos de la banda seguían tocando, las princesas, Leire e Icíar, cogieron el dinero de la taquilla, y bajaron de nuevo por la alcantarilla, hasta llegar donde habían dejado el coche.
Fueron con él hasta la ciudad donde se encontraba el orfanato que querían derribar por viejo, y les entregaron el dinero a las monjas que lo regían, ante el regocijo de una veintena de niños, que recuperaron la sonrisa y las ganas de vivir.
- ¡Ha sido una aventura extraordinario! - decía Leire entusiasmada - sois muy generosas.
- Bueno, la verdad es que no es sólo generosidad - dijo Jakie - aquí es donde nos hemos criado, ¿no es así Elwoina?
- Así es, la verdad es que nuestra sangre no es real, nuestros padres nos adoptaron porque no podían tener hijos, pero éste fue nuestro verdadero hogar.
- ¡Qué historia más bonita!, veo que trae esa imagen de rockeras se esconde un tierno corazón.
- ¡De eso nada!, ¡a rockanrolear! - dijeron las princesas al unísono.
Y cantaron y bailaron toda la noche.
Se encendieron las luces de la sala; en la pantalla salían los créditos con una banda sonora de rock muy marchosa.
A la salida del cine, les esperaba el aita de Leire.
- ¡Qué peli más chula! - le dijo Leie entusiasmada.
- ¿Te ha gustado?
- ¡Mucho!, tienes que verla.
- ¿Y a ti cariño?
- Si..........¡pero no me imaginaba que ésto de las tres dimensiones fuera tan realista!, ¡estoy agotada!
Icíar sacó las entradas picadas del bolsillo, y las tiró a una papelera:
¡No vio como éstas ardían por las buenas,convirtiéndose en cenizas!
- ¡Qué raro! - dijo Icíar - la página de internet por la que cogí las entradas era un poco rara, pero no me fijé en ésto.......
- Mira mamá allí es.
Delante de ellas estaba la sala 0
- Pues vamos.
Dentro, la sala estaba vacía, lo que les sorprendió. Se sentaron en la zona central, y se pusieron las gafas tridimensionales, ya que la película era en tres dimensiones.
Se apagaron las luces, y de repente se encontraron rodeadas por una jungla con grandes árboles, lianas, y flores exóticas.
- ¡Ya empieza! - gritó Leire entusiasmada.
- ¡Menudo realismo!
De pronto, escucharon un silbido delante de ellas: Una serpiente enorme se deslizaba por el tronco de un árbol, sacando su bífida lengua.
- ¡Es enorme! - dijo Leire.
- ¡Silencio!
- Si no hay nadie.
Oyeron un nuevo silbido detrás de ellas; al lado de Icíar otra serpiente más grande aún, se acercaba amenazante. Dos serpientes mas reptaban entre las hojas delante de ellas.
- ¡Estamos rodeadas! - gritó.
- No parece una película de princesas, más bien una de superhéroes. La estarán anunciando.
En ese momento, con un ajustado traje rojo, una capa azul, y un antifaz, apareció un superhéroe, que volando, aterrizó entre las serpientes, las cogió una a una, y fue atándolas hasta hacer un gran lazo con ellas. Después se acercó a Icíar y Lerie.
- No es un buen lugar para unas damas - dijo, y sin dejarles reaccionar, les cogió por la cintura ¡Y se las llevó volando por el aire!, ¡No se lo podían creer! Cruzaron montes, valles y ciudades, entre los fuertes brazos del superhéroe. Al llegar a una carretera al lado de unos campos de trigo, descendió.
- Bueno, aquí estarán más seguras - les dijo dejándolas en el suelo - ¡Hasta pronto!
- ¡Qué guay! - dijo Leire - pero yo quiero ver a las princesas.
Icíar no decía nada, se encontraba en estado de shock.
- ¡Mira mamá, viene un coche!
Un Cádillac descapotable se acercaba a toda velocidad. Cuando llegó a su altura, paró. Dentro había dos chicas con gafas de sol, una alta y delgada, la otra baja y gruesa. Vestían de una forma muy extravagante, con pantalones pitillo, cazadora de cuero, y muñequeras de pinchos.
- ¡Qué tal chicas! - les dijeron - Venga, subir, os llevamos.
Icíar y Leire se sentaron en la parte de atrás.
- ¿A donde vais?
- Pues............, nose, a la ciudad más próxima -le dijo Icíar.
- ¡Pues vamos!
La chica apretó a fondo el acelerador; el rugido del motor se confundía con la música rock que sonaba a pleno volumen en el equipo de música.
- ¿Cómo os llamáis?
- Yo me llamo Leire, y mi mamá, Icíar.
- Hola..... - Dijo cohibida.
- Yo soy Jakie - dijo la más gruesa.
- Y yo su hermana Elwoina - la más delgada.
- ¿Sois princesas?
- ¿Cómo lo sabes?
- Por vuestras tiaras.
- ¡Qué observadora!, aunque a nosotras no nos van los rollos de palacio.
Escucharon unas sirenas detrás de ellas.
- ¡La pasma!
Jakie dio un nuevo acelerón, entre los gritos de júbilo de las princesas. El coche de policía les seguía de cerca; ¡era una persecución en toda regla! Delante de ellas, apareció otro coche de policía cortándoles el paso. De un volantazo, Jakie se metió entre unos maizales; Icíar y Leire gritaban abrazadas.
- Tranquilas chicas - dijo Elwoina - a mi hermana no le gana nadie conduciendo.
Salieron a campo a través, a los dos coches de policía se le habían unido cuatro más, el ruido de las sirenas era ensordecedor. De repente, vieron como a unos metros delante de ellas, el campo terminaba en un precipicio. Jakie, con gran sangre fría, dio un nuevo volantazo, dejando el coche entre unos arbustos, que lo cubrían por completo. Los coches de policía pararon en seco delante del precipicio.
- ¡Si, si! -gritaban las princesas chocando sus manos, y las de Leire e Icíar.
Cuando los policías se fueron, Jakie condujo de nuevo hasta la carretera.
- ¡Ha sido superemocionante! - decía Leire emocionada.
- Un poco peligroso.....
-¡Venga mamá, hay que divertirse! - dijo Jakie.
- Si nos damos prisa llegaremos a tiempo para el concierto - dijo Elwoina.
- ¿Un concierto? - preguntó Leire.
- Damos un concierto de rock para recaudar fondos y poder reconstruir un hogar para unos niños huérfanos.
- ¿Por eso os perseguía la policía?
- Si, el alcalde quiere construir allí un centro comercial, ¡es un maldito bastardo!
- ¡esa no es la forma de hablar de una princesa - le recriminó Icíar.
- ¡Pero si de unas princesas rockeras! - respondió Jakie. Y aceleró, subiendo el volumen de la música.
Al llegar al lugar del concierto, vieron que la policía rodeaba el recinto.
- ¿Cómo vamos a entrar?
- Tengo una idea - dijo Leire - iremos por las alcantarillas.
- ¡Necesitaremos los planos!
- Dejármelo a mi, soy una experta informática.
Cogió su móvil, y entrando en la web del ayuntamiento, descargó los planos de las alcantarillas. Cogieron un par de linternas que llevaban en el coche, y bajaron por la alcantarilla más próxima.
Siguiendo los planos, llegaron hasta dentro del teatro donde se iba a celebrar el concierto, y salieron justo en el escenario. Allí ya estaba todo preparado: La batería las guitarras, el bajo, los metales, el órgano, las luces ya encendidas, y un público enfervorizado que llenaba el teatro.
EL concierto fue memorable; las princesas, Leire e Icíar, cantaron y bailaron ante un público entregado que no paro tampoco de cantar y bailar. Los policías y el alcalde, esperaban alrededor del escenario a que terminara el espectáculo para detener a las princesas. No se atrevía a hacerlo delante de tanta gente, ya que pronto eran las elecciones, y no podía quedar mal.
Al terminar, mientras los músicos de la banda seguían tocando, las princesas, Leire e Icíar, cogieron el dinero de la taquilla, y bajaron de nuevo por la alcantarilla, hasta llegar donde habían dejado el coche.
Fueron con él hasta la ciudad donde se encontraba el orfanato que querían derribar por viejo, y les entregaron el dinero a las monjas que lo regían, ante el regocijo de una veintena de niños, que recuperaron la sonrisa y las ganas de vivir.
- ¡Ha sido una aventura extraordinario! - decía Leire entusiasmada - sois muy generosas.
- Bueno, la verdad es que no es sólo generosidad - dijo Jakie - aquí es donde nos hemos criado, ¿no es así Elwoina?
- Así es, la verdad es que nuestra sangre no es real, nuestros padres nos adoptaron porque no podían tener hijos, pero éste fue nuestro verdadero hogar.
- ¡Qué historia más bonita!, veo que trae esa imagen de rockeras se esconde un tierno corazón.
- ¡De eso nada!, ¡a rockanrolear! - dijeron las princesas al unísono.
Y cantaron y bailaron toda la noche.
Se encendieron las luces de la sala; en la pantalla salían los créditos con una banda sonora de rock muy marchosa.
A la salida del cine, les esperaba el aita de Leire.
- ¡Qué peli más chula! - le dijo Leie entusiasmada.
- ¿Te ha gustado?
- ¡Mucho!, tienes que verla.
- ¿Y a ti cariño?
- Si..........¡pero no me imaginaba que ésto de las tres dimensiones fuera tan realista!, ¡estoy agotada!
Icíar sacó las entradas picadas del bolsillo, y las tiró a una papelera:
¡No vio como éstas ardían por las buenas,convirtiéndose en cenizas!
domingo, 20 de marzo de 2016
Imagilandia
Se formó un gran tumulto en el parque. Pedro lo encontró entre los árboles, cerca del estanque, y llamó a los demás.
- ¡Mirar que animal tan extraño!
- ¡Nunca había visto nada igual! - dijo María.
Decidieron cuidarlo y hacerse cargo de él.
- Le daremos queso para comer - dijo Luis - tiene cabeza de ratón.
- No, cacahuetes .- dijo Nerea - Las orejas son de elefante.
- Si tiene cuello de jirafa - dijo Ana - le daremos hojas.
- ¿Y si le damos semillas?, la cola es de pavo real - dijo Antón.
- Hay que darle insectos, ¿No véis sus alas de murciélago - dijo Mauricio.
- Comerá roedores, su cuerpo es de serpiente. - dijo Elena.
- ¡Pero hombre!, ¡si es un cienpiés!, ¿no véis sus patas? - dijo Ernesto.
- ¡Que no!, comerá carne, con esa melena de león que tiene - dijo Rubén.
Mientras discutían, el animal bajó la cabeza y se puso a comer hierba.
Hagámosle una casa para que duerma - dijo Pedro.
- Será un nido, es un pájaro - dijo Antón.
- No, una madriguera, es un ratón. - dijo Luis.
-Estará mejor en una cueva - dijo Mauricio - para dormir colgado del techo.
- Que va, una camita de paja es lo que le gustaría - dijo Nerea.
De nuevo los niños se pusieron a discutir.
Entonces el animal se subió a un árbol, y se quedó dormido sobre unas ramas con la cabeza metida entre las alas.
Al día siguiente, los niños fueron de nuevo a donde se encontraba el animal, y allí estaba, entre los árboles.
- Le llamaremos "Larguito", por su cuerpo alargado - dijo María.
- Porqué no "Leónidas", con esa melena de León..........
- O Dumbo, menudas orejas tiene - dijo Nerea.
- Mejor "Draco", el vampiro - dijo Mauricio.
- Yo le llamaría "Mikie", por su cabeza de ratón, o "Minnie" si es chica - Dijo Luis.
- ¿Y "Pavarotti? - tiene cola de pavo real, y seguro que canta muy bien - dijo Antón.
Y se puso a cantar: ¡Guaki, guaki, guaki!
Y le llamaron "Guaki"
Jugaron durante todo el día con "Guaki", persiguiéndose y revolcándose en la tierra, y se hicieron grandes amigos.
Un día, que jugaban al escondite, "Guaki" cogió a Pedro con la boca, y lo posó suavemente en su lomo. Hizo lo mismo con María, Luis, Antón, Nerea, Mauricio, Elena, Ernesto, y Rubén, y desplegando su enormes alas de murciélago, ¡Echó a volar! Hizo varias cabriolas, para regocijo de los niños, y se lanzó en picado hasta la luna. Se metía por un cráter, y salía por otro, como cosiéndola con su vuelo. Luego en Saturno, se deslizaron por su anillo, mientras el planeta hacía hula hoop con él. Bebieron zumo de tomate en Marte, que por algo es el planeta rojo, y nadando entre leche, surcaron la vía láctea hasta más allá del infinito. Llegaron a un planeta con forma de diamante que giraba emitiendo destellos de colores al espacio. Y lo que allí vieron, si que se lo podían imaginar, ya que eran niños, aunque nunca creyeron que podría ser real. Y entre nubes de algodón de azúcar, planearon sobre ciudades de plastilina y mares de espuma hasta los bosques de gelatina donde vivía "Guaki" ¡Qué decir del "gatoaraña", "el dragonmosca", o la "vacaracol", todos les recibieron cantando y bailando a ritmo de rock, y la fiesta no terminaba nunca, ya que los minutos rebotaban una y otra vez en las camas elásticas, sin querer terminar.......
Pero se hizo tarde era la hora de cenar, y los padres de los niños podían preocuparse por ellos. Así que"Guaki" les enseñó un atajo que les llevaba directamente hasta debajo de la cama de la habitación de cada niño, prometiéndoles que al día siguiente jugarían a piratas y tesoros.
Así que padres, si no encontráis a vuestros hijos, mirar debajo de la cama, ¡puede que os llevéis una gran sorpresa!
- ¡Mirar que animal tan extraño!
- ¡Nunca había visto nada igual! - dijo María.
Decidieron cuidarlo y hacerse cargo de él.
- Le daremos queso para comer - dijo Luis - tiene cabeza de ratón.
- No, cacahuetes .- dijo Nerea - Las orejas son de elefante.
- Si tiene cuello de jirafa - dijo Ana - le daremos hojas.
- ¿Y si le damos semillas?, la cola es de pavo real - dijo Antón.
- Hay que darle insectos, ¿No véis sus alas de murciélago - dijo Mauricio.
- Comerá roedores, su cuerpo es de serpiente. - dijo Elena.
- ¡Pero hombre!, ¡si es un cienpiés!, ¿no véis sus patas? - dijo Ernesto.
- ¡Que no!, comerá carne, con esa melena de león que tiene - dijo Rubén.
Mientras discutían, el animal bajó la cabeza y se puso a comer hierba.
Hagámosle una casa para que duerma - dijo Pedro.
- Será un nido, es un pájaro - dijo Antón.
- No, una madriguera, es un ratón. - dijo Luis.
-Estará mejor en una cueva - dijo Mauricio - para dormir colgado del techo.
- Que va, una camita de paja es lo que le gustaría - dijo Nerea.
De nuevo los niños se pusieron a discutir.
Entonces el animal se subió a un árbol, y se quedó dormido sobre unas ramas con la cabeza metida entre las alas.
Al día siguiente, los niños fueron de nuevo a donde se encontraba el animal, y allí estaba, entre los árboles.
- Le llamaremos "Larguito", por su cuerpo alargado - dijo María.
- Porqué no "Leónidas", con esa melena de León..........
- O Dumbo, menudas orejas tiene - dijo Nerea.
- Mejor "Draco", el vampiro - dijo Mauricio.
- Yo le llamaría "Mikie", por su cabeza de ratón, o "Minnie" si es chica - Dijo Luis.
- ¿Y "Pavarotti? - tiene cola de pavo real, y seguro que canta muy bien - dijo Antón.
Y se puso a cantar: ¡Guaki, guaki, guaki!
Y le llamaron "Guaki"
Jugaron durante todo el día con "Guaki", persiguiéndose y revolcándose en la tierra, y se hicieron grandes amigos.
Un día, que jugaban al escondite, "Guaki" cogió a Pedro con la boca, y lo posó suavemente en su lomo. Hizo lo mismo con María, Luis, Antón, Nerea, Mauricio, Elena, Ernesto, y Rubén, y desplegando su enormes alas de murciélago, ¡Echó a volar! Hizo varias cabriolas, para regocijo de los niños, y se lanzó en picado hasta la luna. Se metía por un cráter, y salía por otro, como cosiéndola con su vuelo. Luego en Saturno, se deslizaron por su anillo, mientras el planeta hacía hula hoop con él. Bebieron zumo de tomate en Marte, que por algo es el planeta rojo, y nadando entre leche, surcaron la vía láctea hasta más allá del infinito. Llegaron a un planeta con forma de diamante que giraba emitiendo destellos de colores al espacio. Y lo que allí vieron, si que se lo podían imaginar, ya que eran niños, aunque nunca creyeron que podría ser real. Y entre nubes de algodón de azúcar, planearon sobre ciudades de plastilina y mares de espuma hasta los bosques de gelatina donde vivía "Guaki" ¡Qué decir del "gatoaraña", "el dragonmosca", o la "vacaracol", todos les recibieron cantando y bailando a ritmo de rock, y la fiesta no terminaba nunca, ya que los minutos rebotaban una y otra vez en las camas elásticas, sin querer terminar.......
Pero se hizo tarde era la hora de cenar, y los padres de los niños podían preocuparse por ellos. Así que"Guaki" les enseñó un atajo que les llevaba directamente hasta debajo de la cama de la habitación de cada niño, prometiéndoles que al día siguiente jugarían a piratas y tesoros.
Así que padres, si no encontráis a vuestros hijos, mirar debajo de la cama, ¡puede que os llevéis una gran sorpresa!
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