Tina era una pulga muy curiosa. Vivía en Agus, un peludo perrazo, ya viejo, que apenas salía de casa. Aburrida, Tina decidió cambiar de hogar, y se mudo a Mat, un hámster que le acababan de regalar al benjamín de la casa. Allí, la vida era más aburrida todavía; es cierto que Mat era mucho más inquieto que Agus, y se pasaba el día, bueno más bien la noche ya que los Hamsters son animales nocturnos, olisqueándolo todo, corriendo entre los tubos de su jaula, o descargando su energía en la rueda giratoria.
Entre el cambio de horarios, y el mareo que le producía la rueda, no tardó en buscar un nuevo huesped: La gatita Pati. La cosa se animó, Pati se colaba todas las noches por la trampilla de la puerta, y perseguía pequeños roedores con los que jugaba antes de comérselos. Así conoció los truculentos misterios de la noche.
Una noche, Tina saltó a un topo con el que jugaba Pati, y este se escabulló debajo de la tierra, y recorrió sus entrañas, entre oscuros y abruptos pasadizos.
Ya de día, se coló en un caballo que trotaba por allí, y corrió entre montañas, prados floridos y verdes valles.
El caballo descansaba en una playa, y Tina conoció el mar. Entonces vio a una foca en la orilla; no lo dudo, allí fue; y nado entre bancos de sardinas y ballenas, buceando ente rojos corales y barcos hundidos que quizás escondían tesoros.
La foca subió a una isla de hielo donde un oso blanco dormía. Con él recorrió las llanuras nevadas, el viento azotando las rocas, mientras una aurora boreal pintaba de verde el cielo.
Una gaviota que paró para descansar, fue su nuevo anfitrión, y voló entre las nubes con el viento a favor, desafiando a las tormentas.
La gaviota llegó a un puerto, donde descargaban un rebaño de camellos. A lomos de uno de ellos, anduvo entre las arenas del desierto, con sus interminables dunas tostadas por el sol.
En un oasis, bajo una palmera, descansaba el camello. Tina, cansada de tantas emociones, decidió volver a su antiguo hogar; una perrita vagabunda que merodeaba por allí.
Pero no era su destino acabar sus días entre el pelo de un perro, y Laika, que así se llamaba la perrita, fue capturada por unos científicos rusos, que la metieron en una nave espacial, y la mandaron al espacio, convirtiéndola en el primer ser vivo en girar alrededor de la tierra.
Tina sintió la infinitud del universo, las estrellas enlazándose, formando constelaciones lejanas, la vía láctea derramándose en la oscuridad, la luna que casi podía tocar, la tierra, azul, majestuosa y hermosa.
Entonces pasó un cometa............................................
Quien sabe donde está ahora Tina, quizás surcando el espacio interestelar, o en algún extraño y misterioso planeta en los confines del universo.
Cuentos para contar.
viernes, 29 de abril de 2016
jueves, 7 de abril de 2016
El cine mágico
Leire e Icíar, su madre, cogieron el autobús para ir al centro comercial. En los cines estrenaban la última película de Disney: "Princesas a todo ritmo", y Leire estaba loca por verla. Compraron palomitas con caramelo tamaño XL, Coca Colas en baso grande, y así, bien preparadas para la sesión cinematográfica, se pusieron a la cola del cine. Cuando estuvieron dentro, miraron en la entrada el número de la sala. Para su sorpresa, vieron que se trataba de la sala 0.
- ¡Qué raro! - dijo Icíar - la página de internet por la que cogí las entradas era un poco rara, pero no me fijé en ésto.......
- Mira mamá allí es.
Delante de ellas estaba la sala 0
- Pues vamos.
Dentro, la sala estaba vacía, lo que les sorprendió. Se sentaron en la zona central, y se pusieron las gafas tridimensionales, ya que la película era en tres dimensiones.
Se apagaron las luces, y de repente se encontraron rodeadas por una jungla con grandes árboles, lianas, y flores exóticas.
- ¡Ya empieza! - gritó Leire entusiasmada.
- ¡Menudo realismo!
De pronto, escucharon un silbido delante de ellas: Una serpiente enorme se deslizaba por el tronco de un árbol, sacando su bífida lengua.
- ¡Es enorme! - dijo Leire.
- ¡Silencio!
- Si no hay nadie.
Oyeron un nuevo silbido detrás de ellas; al lado de Icíar otra serpiente más grande aún, se acercaba amenazante. Dos serpientes mas reptaban entre las hojas delante de ellas.
- ¡Estamos rodeadas! - gritó.
- No parece una película de princesas, más bien una de superhéroes. La estarán anunciando.
En ese momento, con un ajustado traje rojo, una capa azul, y un antifaz, apareció un superhéroe, que volando, aterrizó entre las serpientes, las cogió una a una, y fue atándolas hasta hacer un gran lazo con ellas. Después se acercó a Icíar y Lerie.
- No es un buen lugar para unas damas - dijo, y sin dejarles reaccionar, les cogió por la cintura ¡Y se las llevó volando por el aire!, ¡No se lo podían creer! Cruzaron montes, valles y ciudades, entre los fuertes brazos del superhéroe. Al llegar a una carretera al lado de unos campos de trigo, descendió.
- Bueno, aquí estarán más seguras - les dijo dejándolas en el suelo - ¡Hasta pronto!
- ¡Qué guay! - dijo Leire - pero yo quiero ver a las princesas.
Icíar no decía nada, se encontraba en estado de shock.
- ¡Mira mamá, viene un coche!
Un Cádillac descapotable se acercaba a toda velocidad. Cuando llegó a su altura, paró. Dentro había dos chicas con gafas de sol, una alta y delgada, la otra baja y gruesa. Vestían de una forma muy extravagante, con pantalones pitillo, cazadora de cuero, y muñequeras de pinchos.
- ¡Qué tal chicas! - les dijeron - Venga, subir, os llevamos.
Icíar y Leire se sentaron en la parte de atrás.
- ¿A donde vais?
- Pues............, nose, a la ciudad más próxima -le dijo Icíar.
- ¡Pues vamos!
La chica apretó a fondo el acelerador; el rugido del motor se confundía con la música rock que sonaba a pleno volumen en el equipo de música.
- ¿Cómo os llamáis?
- Yo me llamo Leire, y mi mamá, Icíar.
- Hola..... - Dijo cohibida.
- Yo soy Jakie - dijo la más gruesa.
- Y yo su hermana Elwoina - la más delgada.
- ¿Sois princesas?
- ¿Cómo lo sabes?
- Por vuestras tiaras.
- ¡Qué observadora!, aunque a nosotras no nos van los rollos de palacio.
Escucharon unas sirenas detrás de ellas.
- ¡La pasma!
Jakie dio un nuevo acelerón, entre los gritos de júbilo de las princesas. El coche de policía les seguía de cerca; ¡era una persecución en toda regla! Delante de ellas, apareció otro coche de policía cortándoles el paso. De un volantazo, Jakie se metió entre unos maizales; Icíar y Leire gritaban abrazadas.
- Tranquilas chicas - dijo Elwoina - a mi hermana no le gana nadie conduciendo.
Salieron a campo a través, a los dos coches de policía se le habían unido cuatro más, el ruido de las sirenas era ensordecedor. De repente, vieron como a unos metros delante de ellas, el campo terminaba en un precipicio. Jakie, con gran sangre fría, dio un nuevo volantazo, dejando el coche entre unos arbustos, que lo cubrían por completo. Los coches de policía pararon en seco delante del precipicio.
- ¡Si, si! -gritaban las princesas chocando sus manos, y las de Leire e Icíar.
Cuando los policías se fueron, Jakie condujo de nuevo hasta la carretera.
- ¡Ha sido superemocionante! - decía Leire emocionada.
- Un poco peligroso.....
-¡Venga mamá, hay que divertirse! - dijo Jakie.
- Si nos damos prisa llegaremos a tiempo para el concierto - dijo Elwoina.
- ¿Un concierto? - preguntó Leire.
- Damos un concierto de rock para recaudar fondos y poder reconstruir un hogar para unos niños huérfanos.
- ¿Por eso os perseguía la policía?
- Si, el alcalde quiere construir allí un centro comercial, ¡es un maldito bastardo!
- ¡esa no es la forma de hablar de una princesa - le recriminó Icíar.
- ¡Pero si de unas princesas rockeras! - respondió Jakie. Y aceleró, subiendo el volumen de la música.
Al llegar al lugar del concierto, vieron que la policía rodeaba el recinto.
- ¿Cómo vamos a entrar?
- Tengo una idea - dijo Leire - iremos por las alcantarillas.
- ¡Necesitaremos los planos!
- Dejármelo a mi, soy una experta informática.
Cogió su móvil, y entrando en la web del ayuntamiento, descargó los planos de las alcantarillas. Cogieron un par de linternas que llevaban en el coche, y bajaron por la alcantarilla más próxima.
Siguiendo los planos, llegaron hasta dentro del teatro donde se iba a celebrar el concierto, y salieron justo en el escenario. Allí ya estaba todo preparado: La batería las guitarras, el bajo, los metales, el órgano, las luces ya encendidas, y un público enfervorizado que llenaba el teatro.
EL concierto fue memorable; las princesas, Leire e Icíar, cantaron y bailaron ante un público entregado que no paro tampoco de cantar y bailar. Los policías y el alcalde, esperaban alrededor del escenario a que terminara el espectáculo para detener a las princesas. No se atrevía a hacerlo delante de tanta gente, ya que pronto eran las elecciones, y no podía quedar mal.
Al terminar, mientras los músicos de la banda seguían tocando, las princesas, Leire e Icíar, cogieron el dinero de la taquilla, y bajaron de nuevo por la alcantarilla, hasta llegar donde habían dejado el coche.
Fueron con él hasta la ciudad donde se encontraba el orfanato que querían derribar por viejo, y les entregaron el dinero a las monjas que lo regían, ante el regocijo de una veintena de niños, que recuperaron la sonrisa y las ganas de vivir.
- ¡Ha sido una aventura extraordinario! - decía Leire entusiasmada - sois muy generosas.
- Bueno, la verdad es que no es sólo generosidad - dijo Jakie - aquí es donde nos hemos criado, ¿no es así Elwoina?
- Así es, la verdad es que nuestra sangre no es real, nuestros padres nos adoptaron porque no podían tener hijos, pero éste fue nuestro verdadero hogar.
- ¡Qué historia más bonita!, veo que trae esa imagen de rockeras se esconde un tierno corazón.
- ¡De eso nada!, ¡a rockanrolear! - dijeron las princesas al unísono.
Y cantaron y bailaron toda la noche.
Se encendieron las luces de la sala; en la pantalla salían los créditos con una banda sonora de rock muy marchosa.
A la salida del cine, les esperaba el aita de Leire.
- ¡Qué peli más chula! - le dijo Leie entusiasmada.
- ¿Te ha gustado?
- ¡Mucho!, tienes que verla.
- ¿Y a ti cariño?
- Si..........¡pero no me imaginaba que ésto de las tres dimensiones fuera tan realista!, ¡estoy agotada!
Icíar sacó las entradas picadas del bolsillo, y las tiró a una papelera:
¡No vio como éstas ardían por las buenas,convirtiéndose en cenizas!
- ¡Qué raro! - dijo Icíar - la página de internet por la que cogí las entradas era un poco rara, pero no me fijé en ésto.......
- Mira mamá allí es.
Delante de ellas estaba la sala 0
- Pues vamos.
Dentro, la sala estaba vacía, lo que les sorprendió. Se sentaron en la zona central, y se pusieron las gafas tridimensionales, ya que la película era en tres dimensiones.
Se apagaron las luces, y de repente se encontraron rodeadas por una jungla con grandes árboles, lianas, y flores exóticas.
- ¡Ya empieza! - gritó Leire entusiasmada.
- ¡Menudo realismo!
De pronto, escucharon un silbido delante de ellas: Una serpiente enorme se deslizaba por el tronco de un árbol, sacando su bífida lengua.
- ¡Es enorme! - dijo Leire.
- ¡Silencio!
- Si no hay nadie.
Oyeron un nuevo silbido detrás de ellas; al lado de Icíar otra serpiente más grande aún, se acercaba amenazante. Dos serpientes mas reptaban entre las hojas delante de ellas.
- ¡Estamos rodeadas! - gritó.
- No parece una película de princesas, más bien una de superhéroes. La estarán anunciando.
En ese momento, con un ajustado traje rojo, una capa azul, y un antifaz, apareció un superhéroe, que volando, aterrizó entre las serpientes, las cogió una a una, y fue atándolas hasta hacer un gran lazo con ellas. Después se acercó a Icíar y Lerie.
- No es un buen lugar para unas damas - dijo, y sin dejarles reaccionar, les cogió por la cintura ¡Y se las llevó volando por el aire!, ¡No se lo podían creer! Cruzaron montes, valles y ciudades, entre los fuertes brazos del superhéroe. Al llegar a una carretera al lado de unos campos de trigo, descendió.
- Bueno, aquí estarán más seguras - les dijo dejándolas en el suelo - ¡Hasta pronto!
- ¡Qué guay! - dijo Leire - pero yo quiero ver a las princesas.
Icíar no decía nada, se encontraba en estado de shock.
- ¡Mira mamá, viene un coche!
Un Cádillac descapotable se acercaba a toda velocidad. Cuando llegó a su altura, paró. Dentro había dos chicas con gafas de sol, una alta y delgada, la otra baja y gruesa. Vestían de una forma muy extravagante, con pantalones pitillo, cazadora de cuero, y muñequeras de pinchos.
- ¡Qué tal chicas! - les dijeron - Venga, subir, os llevamos.
Icíar y Leire se sentaron en la parte de atrás.
- ¿A donde vais?
- Pues............, nose, a la ciudad más próxima -le dijo Icíar.
- ¡Pues vamos!
La chica apretó a fondo el acelerador; el rugido del motor se confundía con la música rock que sonaba a pleno volumen en el equipo de música.
- ¿Cómo os llamáis?
- Yo me llamo Leire, y mi mamá, Icíar.
- Hola..... - Dijo cohibida.
- Yo soy Jakie - dijo la más gruesa.
- Y yo su hermana Elwoina - la más delgada.
- ¿Sois princesas?
- ¿Cómo lo sabes?
- Por vuestras tiaras.
- ¡Qué observadora!, aunque a nosotras no nos van los rollos de palacio.
Escucharon unas sirenas detrás de ellas.
- ¡La pasma!
Jakie dio un nuevo acelerón, entre los gritos de júbilo de las princesas. El coche de policía les seguía de cerca; ¡era una persecución en toda regla! Delante de ellas, apareció otro coche de policía cortándoles el paso. De un volantazo, Jakie se metió entre unos maizales; Icíar y Leire gritaban abrazadas.
- Tranquilas chicas - dijo Elwoina - a mi hermana no le gana nadie conduciendo.
Salieron a campo a través, a los dos coches de policía se le habían unido cuatro más, el ruido de las sirenas era ensordecedor. De repente, vieron como a unos metros delante de ellas, el campo terminaba en un precipicio. Jakie, con gran sangre fría, dio un nuevo volantazo, dejando el coche entre unos arbustos, que lo cubrían por completo. Los coches de policía pararon en seco delante del precipicio.
- ¡Si, si! -gritaban las princesas chocando sus manos, y las de Leire e Icíar.
Cuando los policías se fueron, Jakie condujo de nuevo hasta la carretera.
- ¡Ha sido superemocionante! - decía Leire emocionada.
- Un poco peligroso.....
-¡Venga mamá, hay que divertirse! - dijo Jakie.
- Si nos damos prisa llegaremos a tiempo para el concierto - dijo Elwoina.
- ¿Un concierto? - preguntó Leire.
- Damos un concierto de rock para recaudar fondos y poder reconstruir un hogar para unos niños huérfanos.
- ¿Por eso os perseguía la policía?
- Si, el alcalde quiere construir allí un centro comercial, ¡es un maldito bastardo!
- ¡esa no es la forma de hablar de una princesa - le recriminó Icíar.
- ¡Pero si de unas princesas rockeras! - respondió Jakie. Y aceleró, subiendo el volumen de la música.
Al llegar al lugar del concierto, vieron que la policía rodeaba el recinto.
- ¿Cómo vamos a entrar?
- Tengo una idea - dijo Leire - iremos por las alcantarillas.
- ¡Necesitaremos los planos!
- Dejármelo a mi, soy una experta informática.
Cogió su móvil, y entrando en la web del ayuntamiento, descargó los planos de las alcantarillas. Cogieron un par de linternas que llevaban en el coche, y bajaron por la alcantarilla más próxima.
Siguiendo los planos, llegaron hasta dentro del teatro donde se iba a celebrar el concierto, y salieron justo en el escenario. Allí ya estaba todo preparado: La batería las guitarras, el bajo, los metales, el órgano, las luces ya encendidas, y un público enfervorizado que llenaba el teatro.
EL concierto fue memorable; las princesas, Leire e Icíar, cantaron y bailaron ante un público entregado que no paro tampoco de cantar y bailar. Los policías y el alcalde, esperaban alrededor del escenario a que terminara el espectáculo para detener a las princesas. No se atrevía a hacerlo delante de tanta gente, ya que pronto eran las elecciones, y no podía quedar mal.
Al terminar, mientras los músicos de la banda seguían tocando, las princesas, Leire e Icíar, cogieron el dinero de la taquilla, y bajaron de nuevo por la alcantarilla, hasta llegar donde habían dejado el coche.
Fueron con él hasta la ciudad donde se encontraba el orfanato que querían derribar por viejo, y les entregaron el dinero a las monjas que lo regían, ante el regocijo de una veintena de niños, que recuperaron la sonrisa y las ganas de vivir.
- ¡Ha sido una aventura extraordinario! - decía Leire entusiasmada - sois muy generosas.
- Bueno, la verdad es que no es sólo generosidad - dijo Jakie - aquí es donde nos hemos criado, ¿no es así Elwoina?
- Así es, la verdad es que nuestra sangre no es real, nuestros padres nos adoptaron porque no podían tener hijos, pero éste fue nuestro verdadero hogar.
- ¡Qué historia más bonita!, veo que trae esa imagen de rockeras se esconde un tierno corazón.
- ¡De eso nada!, ¡a rockanrolear! - dijeron las princesas al unísono.
Y cantaron y bailaron toda la noche.
Se encendieron las luces de la sala; en la pantalla salían los créditos con una banda sonora de rock muy marchosa.
A la salida del cine, les esperaba el aita de Leire.
- ¡Qué peli más chula! - le dijo Leie entusiasmada.
- ¿Te ha gustado?
- ¡Mucho!, tienes que verla.
- ¿Y a ti cariño?
- Si..........¡pero no me imaginaba que ésto de las tres dimensiones fuera tan realista!, ¡estoy agotada!
Icíar sacó las entradas picadas del bolsillo, y las tiró a una papelera:
¡No vio como éstas ardían por las buenas,convirtiéndose en cenizas!
domingo, 20 de marzo de 2016
Imagilandia
Se formó un gran tumulto en el parque. Pedro lo encontró entre los árboles, cerca del estanque, y llamó a los demás.
- ¡Mirar que animal tan extraño!
- ¡Nunca había visto nada igual! - dijo María.
Decidieron cuidarlo y hacerse cargo de él.
- Le daremos queso para comer - dijo Luis - tiene cabeza de ratón.
- No, cacahuetes .- dijo Nerea - Las orejas son de elefante.
- Si tiene cuello de jirafa - dijo Ana - le daremos hojas.
- ¿Y si le damos semillas?, la cola es de pavo real - dijo Antón.
- Hay que darle insectos, ¿No véis sus alas de murciélago - dijo Mauricio.
- Comerá roedores, su cuerpo es de serpiente. - dijo Elena.
- ¡Pero hombre!, ¡si es un cienpiés!, ¿no véis sus patas? - dijo Ernesto.
- ¡Que no!, comerá carne, con esa melena de león que tiene - dijo Rubén.
Mientras discutían, el animal bajó la cabeza y se puso a comer hierba.
Hagámosle una casa para que duerma - dijo Pedro.
- Será un nido, es un pájaro - dijo Antón.
- No, una madriguera, es un ratón. - dijo Luis.
-Estará mejor en una cueva - dijo Mauricio - para dormir colgado del techo.
- Que va, una camita de paja es lo que le gustaría - dijo Nerea.
De nuevo los niños se pusieron a discutir.
Entonces el animal se subió a un árbol, y se quedó dormido sobre unas ramas con la cabeza metida entre las alas.
Al día siguiente, los niños fueron de nuevo a donde se encontraba el animal, y allí estaba, entre los árboles.
- Le llamaremos "Larguito", por su cuerpo alargado - dijo María.
- Porqué no "Leónidas", con esa melena de León..........
- O Dumbo, menudas orejas tiene - dijo Nerea.
- Mejor "Draco", el vampiro - dijo Mauricio.
- Yo le llamaría "Mikie", por su cabeza de ratón, o "Minnie" si es chica - Dijo Luis.
- ¿Y "Pavarotti? - tiene cola de pavo real, y seguro que canta muy bien - dijo Antón.
Y se puso a cantar: ¡Guaki, guaki, guaki!
Y le llamaron "Guaki"
Jugaron durante todo el día con "Guaki", persiguiéndose y revolcándose en la tierra, y se hicieron grandes amigos.
Un día, que jugaban al escondite, "Guaki" cogió a Pedro con la boca, y lo posó suavemente en su lomo. Hizo lo mismo con María, Luis, Antón, Nerea, Mauricio, Elena, Ernesto, y Rubén, y desplegando su enormes alas de murciélago, ¡Echó a volar! Hizo varias cabriolas, para regocijo de los niños, y se lanzó en picado hasta la luna. Se metía por un cráter, y salía por otro, como cosiéndola con su vuelo. Luego en Saturno, se deslizaron por su anillo, mientras el planeta hacía hula hoop con él. Bebieron zumo de tomate en Marte, que por algo es el planeta rojo, y nadando entre leche, surcaron la vía láctea hasta más allá del infinito. Llegaron a un planeta con forma de diamante que giraba emitiendo destellos de colores al espacio. Y lo que allí vieron, si que se lo podían imaginar, ya que eran niños, aunque nunca creyeron que podría ser real. Y entre nubes de algodón de azúcar, planearon sobre ciudades de plastilina y mares de espuma hasta los bosques de gelatina donde vivía "Guaki" ¡Qué decir del "gatoaraña", "el dragonmosca", o la "vacaracol", todos les recibieron cantando y bailando a ritmo de rock, y la fiesta no terminaba nunca, ya que los minutos rebotaban una y otra vez en las camas elásticas, sin querer terminar.......
Pero se hizo tarde era la hora de cenar, y los padres de los niños podían preocuparse por ellos. Así que"Guaki" les enseñó un atajo que les llevaba directamente hasta debajo de la cama de la habitación de cada niño, prometiéndoles que al día siguiente jugarían a piratas y tesoros.
Así que padres, si no encontráis a vuestros hijos, mirar debajo de la cama, ¡puede que os llevéis una gran sorpresa!
- ¡Mirar que animal tan extraño!
- ¡Nunca había visto nada igual! - dijo María.
Decidieron cuidarlo y hacerse cargo de él.
- Le daremos queso para comer - dijo Luis - tiene cabeza de ratón.
- No, cacahuetes .- dijo Nerea - Las orejas son de elefante.
- Si tiene cuello de jirafa - dijo Ana - le daremos hojas.
- ¿Y si le damos semillas?, la cola es de pavo real - dijo Antón.
- Hay que darle insectos, ¿No véis sus alas de murciélago - dijo Mauricio.
- Comerá roedores, su cuerpo es de serpiente. - dijo Elena.
- ¡Pero hombre!, ¡si es un cienpiés!, ¿no véis sus patas? - dijo Ernesto.
- ¡Que no!, comerá carne, con esa melena de león que tiene - dijo Rubén.
Mientras discutían, el animal bajó la cabeza y se puso a comer hierba.
Hagámosle una casa para que duerma - dijo Pedro.
- Será un nido, es un pájaro - dijo Antón.
- No, una madriguera, es un ratón. - dijo Luis.
-Estará mejor en una cueva - dijo Mauricio - para dormir colgado del techo.
- Que va, una camita de paja es lo que le gustaría - dijo Nerea.
De nuevo los niños se pusieron a discutir.
Entonces el animal se subió a un árbol, y se quedó dormido sobre unas ramas con la cabeza metida entre las alas.
Al día siguiente, los niños fueron de nuevo a donde se encontraba el animal, y allí estaba, entre los árboles.
- Le llamaremos "Larguito", por su cuerpo alargado - dijo María.
- Porqué no "Leónidas", con esa melena de León..........
- O Dumbo, menudas orejas tiene - dijo Nerea.
- Mejor "Draco", el vampiro - dijo Mauricio.
- Yo le llamaría "Mikie", por su cabeza de ratón, o "Minnie" si es chica - Dijo Luis.
- ¿Y "Pavarotti? - tiene cola de pavo real, y seguro que canta muy bien - dijo Antón.
Y se puso a cantar: ¡Guaki, guaki, guaki!
Y le llamaron "Guaki"
Jugaron durante todo el día con "Guaki", persiguiéndose y revolcándose en la tierra, y se hicieron grandes amigos.
Un día, que jugaban al escondite, "Guaki" cogió a Pedro con la boca, y lo posó suavemente en su lomo. Hizo lo mismo con María, Luis, Antón, Nerea, Mauricio, Elena, Ernesto, y Rubén, y desplegando su enormes alas de murciélago, ¡Echó a volar! Hizo varias cabriolas, para regocijo de los niños, y se lanzó en picado hasta la luna. Se metía por un cráter, y salía por otro, como cosiéndola con su vuelo. Luego en Saturno, se deslizaron por su anillo, mientras el planeta hacía hula hoop con él. Bebieron zumo de tomate en Marte, que por algo es el planeta rojo, y nadando entre leche, surcaron la vía láctea hasta más allá del infinito. Llegaron a un planeta con forma de diamante que giraba emitiendo destellos de colores al espacio. Y lo que allí vieron, si que se lo podían imaginar, ya que eran niños, aunque nunca creyeron que podría ser real. Y entre nubes de algodón de azúcar, planearon sobre ciudades de plastilina y mares de espuma hasta los bosques de gelatina donde vivía "Guaki" ¡Qué decir del "gatoaraña", "el dragonmosca", o la "vacaracol", todos les recibieron cantando y bailando a ritmo de rock, y la fiesta no terminaba nunca, ya que los minutos rebotaban una y otra vez en las camas elásticas, sin querer terminar.......
Pero se hizo tarde era la hora de cenar, y los padres de los niños podían preocuparse por ellos. Así que"Guaki" les enseñó un atajo que les llevaba directamente hasta debajo de la cama de la habitación de cada niño, prometiéndoles que al día siguiente jugarían a piratas y tesoros.
Así que padres, si no encontráis a vuestros hijos, mirar debajo de la cama, ¡puede que os llevéis una gran sorpresa!
viernes, 5 de febrero de 2016
El pirata Malapata, el espíritu de Gorgobich, y la bestia prehistórica
En algún lugar ente el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, el espíritu de Gorgobich (1) buscaba, sediento de venganza, la criatura apropiada para reencarnarse, y la encontró, atrapada en el hielo, donde había estado durmiendo durante siglos.
El Delfín Volador, volaba literalmente sobre las bravías aguas del océano en busca de aventuras...........y oro claro. Aliado de los vientos y las mareas, no había barco humano capaz de alcanzarle, pero esta vez, algo que no era humano, les perseguía.
- Tengo una sensación extraña - decía Rodi en la cubierta del Delfín - no veo ni una sola gaviota merodeando por aquí.
- Mejor, esas malditas ratas voladoras sólo saben vociferar y cagar - respondió Malapata.
- Si, pero es raro, además Bernard lleva más de 2 horas intentando pescar algo, y nada, parece que los peces se hubieran esfumado de repente........., o que hayan huido de algo.
- Como no sea de las canciones del Bardo - bromeó Malapata.
Rodi comprendió que estaba en lo cierto, cuando la proa del Delfín se elevó unos metros por la ola que había lebantado la pavorosa criatura que habría su enorme boca repleta de dientes, con la intención de devorarlos.
- ¡Por las barbas de Belcebú! - gritó Malapata, y dando un empujón al timonel, cogió el timón.
Con mano firme, Malapata consiguió evitar el envite de la bestia.
- ¡Soltar todo el trapo! -gritó Rodi.
Aprovechando las olas levantados por la bestia, el Delfín consiguió unos metros de ventaja, surfeando en ellas, pero cual fue su sorpresa, que se encontraron de frente con un galeón del rey, que les cortaba el paso. Con un rápido movimiento de timón, Malapata evitó el choque.
- ¡De buena nos hemos librado!
- Si capitán, buena maniobra. Ahora la bestia nos librará de ellos.
Pero no fue así, La bestia paró en seco delante del galeón, y en vez de atacarle, lo observó un buen rato, como si lo reconociera, y girando, siguió al delfín dando un terrorífico alarido.
- ¡Como es posible!. ¿es que no le gusta la carne de los bastardos? - maldecía el pirata.
Entonces sucedió lo que más temían Malapata y su tripulación, el viento dejó de soplar. ¡Pero la bestia había desaparecido en las profundidades del mar! Un tenso silencio envolvía al Delfín, ni siquiera se escuchaba el chillido de las gaviotas.
- Se ha debido sumergir, para sorprendernos - reflexionaba Rodi - ¡estamos a su merced!
No tardó mucho La bestia de surgir de los abismos; lo hizo despacio, mostrando toda su monstruosa majestuosidad. Sus ojos recorrieron la cubierta del Delfín, buscando algo, y se pararon cuando se encontraron con los de Malapata. Una sonrisa pareció dibujarse en sus boca.
-¿ Me buscabas maldita sardina ahumada!, ¡te pondré en escabeche para la cena - gritó Malapata desenvainado el sable. Pero no tuvo tiempo de usarlo, la enorme boca de La bestia lo encgulló en un suspiro, y con él a Rodi, el timón y buena parte del mástil, con vela y todo.
Malapapa y Rodi tuvieron suertes de pasar indemnes entre los afilados dientes de La bestia, que trituraron el timón y el mástil, y pudieron agarrarse a los huesos de la garganta, para no ser disueltos por los jugos gástricos del estómago. Los dos treparon hasta uno de los plieges de la boca de La bestia.
- ¡Tragado por una maldita babosa de mar!- bramaba el pirata.
- No es una babosa capitán, es un megadolón.
- ¿Un qué?
- Un megadolón, un animal prehistórico que vivió antes de la aparición de los dinosaurios.
- ¡Cómo es posible!
- No lo se, pero se trata del más poderoso depredador que ha existido sobre la tierra o bajo el mar.
De pronto, un humo negro les cubrió, y delante de sus narices, se transformó en un espantoso esqueleto carbonizado con un sombrero de almirante.
- Me lo imaginaba almirante Górgobich, sólo un maestro de las ciencias ocultas como usted podría haberse reencarnado en una bestia tan pavorosa.
- Muy sagaz Rodi, pero esta vez nadie os va a salvar de la muerte, un pequeño empujón y os convertiréis en alimento para ésta entrañable criatura.
- Pero antes tendrás que saldar viejas deudas que tienen con ciertos oscuros señores.
- ¿De que demonios hablas?
- Demonios si, exactamente. Cuando vi que la bestia no atacaba el galeón del rey, me di cuenta de todo el asunto, y cogí mi libro de conjuros.
Abriéndolo, Rodi leyó en voz bien alta:
"¡Espantus máximus reliquium dei! ¡invoco a los guardianes del infierno!"
Una puerta de fuego se abrió en el aire. De allí surgió la más abominable criatura que jamás vio el ojo humano.
-¿Quien tiene la osadía de abrir las puertas del infierno? - tronó en el aire - ¡sólo si un alma cae en sus abismos volverá a cerrarse!
- Si, si, claro - dijo Rodi tranquilamente - será además un alma que andáis buscando: La del almirante Górgovich.
Rodi señaló al esqueleto calcinado, que con la mandíbula desencajada por el miedo, no daba crédito al giro de los acontecimientos.
- ¡Górgobich!, ¡te buscábamos!, ¡nadie escapa a la soga del destino!
Una llamarada surgió de la puerta de fuego, tragándose al espíritu de Górgobich, que se descomponía entre terribles alaridos.
Antes de desaparecer por la puerta, el demonio se dirigió a Malapata:
- ¡Nos veremos muy pronto!
Malapata intentó tragar saliva (no le quedaba), y celebró que todavía estaba vivo.
- Tranquilo capitán, ya encontraremos la forma de burlar al destino - le dijo Rodi para darle ánimos - Ahora lo que tenemos que pensar es en la forma de salir de aquí.
Rodi miró pensativo a su alrededor; entre los dientes había enganchado un cofre.
- El cofre puede ser nuestra salvación - dijo, y escalaron entre los huesos de la bestia hasta el cofre.
Malapata, con su sable, desencajó el cofre de los dientes, y lo abrió; estaba lleno de joyas y doblones de oro.
- Habrá que vaciarlo para meternos dentro - dijo Rodi.
- ¡Nunca!, ¡antes me despellejaría vivo!
- ¡Capitán, el oro o la vida!
- ¡Prefiero la muerte! - respondió Malapata orgulloso.
- ¿Te has olvidado de las palabras del demonio?
La expresión de Malapata era el fiel reflejo de la cruenta lucha que se libraba en su interior.
- Vamos capitán, conseguiremos más oro, pero par eso tenemos que salir de ésta.
Con lágrimas en los ojos, Malapata ayudó a Rodi a vaciar el cofre, no sin antes llenarse los bolsillos con todo lo que pudo.
Una vez vacío el cofre, se metieron dentro, y empujándolo a una, cayeron por la garganta de la bestia hasta el estómago. El hierro forjado del cofre, resistió el ataque de los ácidos que segregaba el aparato digestivo, y siguió bajando por un oscuro y poco honorable conducto, hasta salir expulsado al océano.
El cofre cayó hasta las profundidades del mar, y desde allí Rodi y Malapata bucearon hasta la superficie.
No tardó El delfín en recogerles, donde la tripulación reparaba los daños tras el ataque de la bestia. Estos no daban crédito a sus palabras, pero acabaron creyéndoles, al conocer la pericia e inteligencia del capitán y su guardamaestre.
Ya en la cubierta del Delfín, Malapata y Rodi discutían.
- ¡No podemos dejar suelta a esa bestia, destrozará todo el ecosistema del océano!
- ¿Y qué quieres que hagamos? ¿qué la pesquemos con un anzuelo y nos la comamos a la parrilla? Haría falta un anzuelo muy grande - dijo Malapata con ironía.
- Muy grande........,¡tengo una idea!
El megalodón nadaba tranquilamente entre el banco de sardinas. No se atrevía a atacarles, ya que éstas le doblaban en tamaño. Tendría que conformarse con atrapar pequeños gusanos, que aún así tenía que cortar en varios trozos con sus poderosas mandíbulas para poder comérselos.
Malapata y Rodi tomaban ron en la popa del delfín.
- Ha sido una extraña aventura - comentaba Malapata - espíritus, demonios, bestias prehistóricas,......
- ¡Gigantes! - agregó Rodi.
- Gigantes, si, pero la próxima vez que quieras convertir a alguien en gigante con tus conjuros, ¡conviértete a tí!
- Venga capitán, no me digas que no fue una buena idea, ¡tenías un aspecto impresionante, con esa altura!
- Bueno, no es para tanto. Era la única forma de agarrar al bicho por la cola y llevarlo al País de los gigantes. Allí no es ningún peligro para nadie; aunque todavía me duele el dedo meñique por el mordisco que me dio esa sabandija.
- ¿Por eso llorabas hace un rato?
Malapata se alejó de nuevo a llorar; ¡todavía se acordaba del oro que tuvo que arrojar a las entrañas de la bestia para salvar la vida!
(1)El Pirata Malapata y los espíritus de la naturaleza
El Delfín Volador, volaba literalmente sobre las bravías aguas del océano en busca de aventuras...........y oro claro. Aliado de los vientos y las mareas, no había barco humano capaz de alcanzarle, pero esta vez, algo que no era humano, les perseguía.
- Tengo una sensación extraña - decía Rodi en la cubierta del Delfín - no veo ni una sola gaviota merodeando por aquí.
- Mejor, esas malditas ratas voladoras sólo saben vociferar y cagar - respondió Malapata.
- Si, pero es raro, además Bernard lleva más de 2 horas intentando pescar algo, y nada, parece que los peces se hubieran esfumado de repente........., o que hayan huido de algo.
- Como no sea de las canciones del Bardo - bromeó Malapata.
Rodi comprendió que estaba en lo cierto, cuando la proa del Delfín se elevó unos metros por la ola que había lebantado la pavorosa criatura que habría su enorme boca repleta de dientes, con la intención de devorarlos.
- ¡Por las barbas de Belcebú! - gritó Malapata, y dando un empujón al timonel, cogió el timón.
Con mano firme, Malapata consiguió evitar el envite de la bestia.
- ¡Soltar todo el trapo! -gritó Rodi.
Aprovechando las olas levantados por la bestia, el Delfín consiguió unos metros de ventaja, surfeando en ellas, pero cual fue su sorpresa, que se encontraron de frente con un galeón del rey, que les cortaba el paso. Con un rápido movimiento de timón, Malapata evitó el choque.
- ¡De buena nos hemos librado!
- Si capitán, buena maniobra. Ahora la bestia nos librará de ellos.
Pero no fue así, La bestia paró en seco delante del galeón, y en vez de atacarle, lo observó un buen rato, como si lo reconociera, y girando, siguió al delfín dando un terrorífico alarido.
- ¡Como es posible!. ¿es que no le gusta la carne de los bastardos? - maldecía el pirata.
Entonces sucedió lo que más temían Malapata y su tripulación, el viento dejó de soplar. ¡Pero la bestia había desaparecido en las profundidades del mar! Un tenso silencio envolvía al Delfín, ni siquiera se escuchaba el chillido de las gaviotas.
- Se ha debido sumergir, para sorprendernos - reflexionaba Rodi - ¡estamos a su merced!
No tardó mucho La bestia de surgir de los abismos; lo hizo despacio, mostrando toda su monstruosa majestuosidad. Sus ojos recorrieron la cubierta del Delfín, buscando algo, y se pararon cuando se encontraron con los de Malapata. Una sonrisa pareció dibujarse en sus boca.
-¿ Me buscabas maldita sardina ahumada!, ¡te pondré en escabeche para la cena - gritó Malapata desenvainado el sable. Pero no tuvo tiempo de usarlo, la enorme boca de La bestia lo encgulló en un suspiro, y con él a Rodi, el timón y buena parte del mástil, con vela y todo.
Malapapa y Rodi tuvieron suertes de pasar indemnes entre los afilados dientes de La bestia, que trituraron el timón y el mástil, y pudieron agarrarse a los huesos de la garganta, para no ser disueltos por los jugos gástricos del estómago. Los dos treparon hasta uno de los plieges de la boca de La bestia.
- ¡Tragado por una maldita babosa de mar!- bramaba el pirata.
- No es una babosa capitán, es un megadolón.
- ¿Un qué?
- Un megadolón, un animal prehistórico que vivió antes de la aparición de los dinosaurios.
- ¡Cómo es posible!
- No lo se, pero se trata del más poderoso depredador que ha existido sobre la tierra o bajo el mar.
De pronto, un humo negro les cubrió, y delante de sus narices, se transformó en un espantoso esqueleto carbonizado con un sombrero de almirante.
- Me lo imaginaba almirante Górgobich, sólo un maestro de las ciencias ocultas como usted podría haberse reencarnado en una bestia tan pavorosa.
- Muy sagaz Rodi, pero esta vez nadie os va a salvar de la muerte, un pequeño empujón y os convertiréis en alimento para ésta entrañable criatura.
- Pero antes tendrás que saldar viejas deudas que tienen con ciertos oscuros señores.
- ¿De que demonios hablas?
- Demonios si, exactamente. Cuando vi que la bestia no atacaba el galeón del rey, me di cuenta de todo el asunto, y cogí mi libro de conjuros.
Abriéndolo, Rodi leyó en voz bien alta:
"¡Espantus máximus reliquium dei! ¡invoco a los guardianes del infierno!"
Una puerta de fuego se abrió en el aire. De allí surgió la más abominable criatura que jamás vio el ojo humano.
-¿Quien tiene la osadía de abrir las puertas del infierno? - tronó en el aire - ¡sólo si un alma cae en sus abismos volverá a cerrarse!
- Si, si, claro - dijo Rodi tranquilamente - será además un alma que andáis buscando: La del almirante Górgovich.
Rodi señaló al esqueleto calcinado, que con la mandíbula desencajada por el miedo, no daba crédito al giro de los acontecimientos.
- ¡Górgobich!, ¡te buscábamos!, ¡nadie escapa a la soga del destino!
Una llamarada surgió de la puerta de fuego, tragándose al espíritu de Górgobich, que se descomponía entre terribles alaridos.
Antes de desaparecer por la puerta, el demonio se dirigió a Malapata:
- ¡Nos veremos muy pronto!
Malapata intentó tragar saliva (no le quedaba), y celebró que todavía estaba vivo.
- Tranquilo capitán, ya encontraremos la forma de burlar al destino - le dijo Rodi para darle ánimos - Ahora lo que tenemos que pensar es en la forma de salir de aquí.
Rodi miró pensativo a su alrededor; entre los dientes había enganchado un cofre.
- El cofre puede ser nuestra salvación - dijo, y escalaron entre los huesos de la bestia hasta el cofre.
Malapata, con su sable, desencajó el cofre de los dientes, y lo abrió; estaba lleno de joyas y doblones de oro.
- Habrá que vaciarlo para meternos dentro - dijo Rodi.
- ¡Nunca!, ¡antes me despellejaría vivo!
- ¡Capitán, el oro o la vida!
- ¡Prefiero la muerte! - respondió Malapata orgulloso.
- ¿Te has olvidado de las palabras del demonio?
La expresión de Malapata era el fiel reflejo de la cruenta lucha que se libraba en su interior.
- Vamos capitán, conseguiremos más oro, pero par eso tenemos que salir de ésta.
Con lágrimas en los ojos, Malapata ayudó a Rodi a vaciar el cofre, no sin antes llenarse los bolsillos con todo lo que pudo.
Una vez vacío el cofre, se metieron dentro, y empujándolo a una, cayeron por la garganta de la bestia hasta el estómago. El hierro forjado del cofre, resistió el ataque de los ácidos que segregaba el aparato digestivo, y siguió bajando por un oscuro y poco honorable conducto, hasta salir expulsado al océano.
El cofre cayó hasta las profundidades del mar, y desde allí Rodi y Malapata bucearon hasta la superficie.
No tardó El delfín en recogerles, donde la tripulación reparaba los daños tras el ataque de la bestia. Estos no daban crédito a sus palabras, pero acabaron creyéndoles, al conocer la pericia e inteligencia del capitán y su guardamaestre.
Ya en la cubierta del Delfín, Malapata y Rodi discutían.
- ¡No podemos dejar suelta a esa bestia, destrozará todo el ecosistema del océano!
- ¿Y qué quieres que hagamos? ¿qué la pesquemos con un anzuelo y nos la comamos a la parrilla? Haría falta un anzuelo muy grande - dijo Malapata con ironía.
- Muy grande........,¡tengo una idea!
El megalodón nadaba tranquilamente entre el banco de sardinas. No se atrevía a atacarles, ya que éstas le doblaban en tamaño. Tendría que conformarse con atrapar pequeños gusanos, que aún así tenía que cortar en varios trozos con sus poderosas mandíbulas para poder comérselos.
Malapata y Rodi tomaban ron en la popa del delfín.
- Ha sido una extraña aventura - comentaba Malapata - espíritus, demonios, bestias prehistóricas,......
- ¡Gigantes! - agregó Rodi.
- Gigantes, si, pero la próxima vez que quieras convertir a alguien en gigante con tus conjuros, ¡conviértete a tí!
- Venga capitán, no me digas que no fue una buena idea, ¡tenías un aspecto impresionante, con esa altura!
- Bueno, no es para tanto. Era la única forma de agarrar al bicho por la cola y llevarlo al País de los gigantes. Allí no es ningún peligro para nadie; aunque todavía me duele el dedo meñique por el mordisco que me dio esa sabandija.
- ¿Por eso llorabas hace un rato?
Malapata se alejó de nuevo a llorar; ¡todavía se acordaba del oro que tuvo que arrojar a las entrañas de la bestia para salvar la vida!
(1)El Pirata Malapata y los espíritus de la naturaleza
viernes, 15 de enero de 2016
Las avispas (historias de Rina, la gata callejera)
Anochecía; no había sido un buen día para Rina, sólo unos trozos de pan duro mojado que les habían echado a los patos del estanque, habían sido su único alimento. Entonces, de la puerta trasera de un restaurante, salió un hombre gordo vestido de cocinero, con una bolsa de basura. Rina se escondió debajo de un contenedor de basura. El hombre abrió el contenedor y echó la bolsa dentro. Rina se contuvo de no salir disparada al escuchar el estrepitoso ruido que se produjo al chocar la tapa con la pared del contenedor. El cocinero volvió al restaurante, olvidándose de cerrar de nuevo el contenedor. Rina esperó unos instantes para asegurarse de que el hombre se había ido, y salió sigilosamente de debajo del contenedor. De inmediato Notó un fuerte olor que provenía del mismo, movió el labio superior para que las partículas caloríficas entraran por su paladar además de por su nariz,y distinguió entre los olores de putrefacción, el de comida recién hecha. Flexionó su patas, y de un ágil salto se introdujo en el contenedor. El estallido de olores provenía de la bolsa que acababa de tirar el hombre; estaba mal atada, y trozos de pescado y bistec entre hojas de lechuga y espaguetis con tomate se desparramaban sobre bolsas de basura. Comió hasta hartarse, y luego se refugió entre unos cartones para pasar la noche.
Al día siguiente volvió junto al contenedor; la tapa seguía abierta, y un puñado de bolsas amontonadas impedía cerrarlo. Hacía calor, y Rina se tumbó sobre un viejo colchón, al lado del contenedor, esperando la aparición del hombre gordo, que dejaba allí aquellos suculentos manjares, como un desinteresado papá Noel. A eso del mediodía, volvió a parecer el hombre gordo con su traje de cocinero, dejó la bolsa de basura que llevaba en el contenedor . Rina, aunque adormecida por el sopor, escuchó los pasos bamboleantes del hombre, y se escondió entre unas cajas, desde donde esperó a que éste se alejara. Se acercó al contenedor, pero había un ruido nuevo, como un zumbido, que se multiplicaba cuanto más se acercaba. Se detuvo para afinar todos sus sentidos; sobrevolando las bolsas amontonadas en el contenedor, 2 enormes avispas asiáticas, revoloteaban inquietas. Rina salió corriendo, su instinto de supervivencia era mayor que su hambre.
Pasó el tiempo, la comida escaseaba, y Rina recordaba el festín que se había dado aquella noche en el contenedor de basura. Se acercó cautelosamente, recordando también a las avispas, y allí estaban. Esta vez eran más de 6, y entraban y salían del contenedor, como siguiendo un plan preestablecido. Rina las siguió con la vista, y vio que se dirigían hacia el alerón de un tejado próximo. Allí, protegido de la intemperie, había una inmensa construcción marrón con forma ovalada que las avispas recorrían ajetreadas; era el nido, donde la avispa reina ponía los huevos de los que saldría una nueva generación de avispas. Le entró el pánico al verlo, pero el dolor de estómago hizo que se apostara entre unos cartones para esperar acontecimientos.
Anochecía, y las avispas, siguiendo su ritmo natural, empezaban a ralentizar su actividad. Había hecho un día bochornoso, pero la venida de un frente frío, provocó una intensa tormena en la zona, con fuertes vientos. En esos momentos, Rina había salido de su escondite, al ver que las avispas volvían poco a poco a su nido. Entonces se desató la tormenta, y los fuertes vientos zarandearon el nido hasta hacerlo caer. Cayó cerca de donde Rina se encontraba. Las avispas, furiosas y desconcertadas se abalanzaron sobre Rina, con el único fin de proteger a su reina, aunque fuera con su vida. Rina huyó, sin fijarse que se dirigía hacia un callejón sin salida. Se encontró de repente con un muro húmedo y garabateado, que ni siquiera un gato podía escalar. Sintió un picotazo, una avispa enredada en el pelo de su lomo le había picado. Se volvió intentando morder a otra que se dirigía a sus ojos; el zumbido sordo que le rodeaba estuvo a punto de paralizarla, pero un nuevo pinchazo le hizo reaccionar, y rodó por el suelo aplastando a las avispas que cubrían su cuerpo. Vio entonces una vieja alfombra, y sacudiéndose espasmódicamente, se metió debajo de ella. Las avispas se abalanzaron sobre el bulto que sobresalía de la alfombra, y clavaron sus aguijones. Por fortuna, la alfombra era lo suficientemente gruesa como para que estos no alcanzaran la piel de Rina. Entre temblores y sudor, a causa de las picaduras, perdió el sentido.
Cuando despertó, salió de debajo de la alfombra, todavía temblando y bañada en sudor. Vio una veintena de avispas muertas con su aguijón clavado allí donde ella había estado, y la alfombra empapada por la intensa lluvia que había caído. Se encontraba muy débil, pero el veneno de las picaduras no había sido letal. Se arrastró por el callejón hasta el contenedor de basura: ¡El viento lo había volcado!, ¡ y ante sí se extendía un impresionante festín con los más variados y sabrosos manjares!, ¡sólo para ella!
Al día siguiente volvió junto al contenedor; la tapa seguía abierta, y un puñado de bolsas amontonadas impedía cerrarlo. Hacía calor, y Rina se tumbó sobre un viejo colchón, al lado del contenedor, esperando la aparición del hombre gordo, que dejaba allí aquellos suculentos manjares, como un desinteresado papá Noel. A eso del mediodía, volvió a parecer el hombre gordo con su traje de cocinero, dejó la bolsa de basura que llevaba en el contenedor . Rina, aunque adormecida por el sopor, escuchó los pasos bamboleantes del hombre, y se escondió entre unas cajas, desde donde esperó a que éste se alejara. Se acercó al contenedor, pero había un ruido nuevo, como un zumbido, que se multiplicaba cuanto más se acercaba. Se detuvo para afinar todos sus sentidos; sobrevolando las bolsas amontonadas en el contenedor, 2 enormes avispas asiáticas, revoloteaban inquietas. Rina salió corriendo, su instinto de supervivencia era mayor que su hambre.
Pasó el tiempo, la comida escaseaba, y Rina recordaba el festín que se había dado aquella noche en el contenedor de basura. Se acercó cautelosamente, recordando también a las avispas, y allí estaban. Esta vez eran más de 6, y entraban y salían del contenedor, como siguiendo un plan preestablecido. Rina las siguió con la vista, y vio que se dirigían hacia el alerón de un tejado próximo. Allí, protegido de la intemperie, había una inmensa construcción marrón con forma ovalada que las avispas recorrían ajetreadas; era el nido, donde la avispa reina ponía los huevos de los que saldría una nueva generación de avispas. Le entró el pánico al verlo, pero el dolor de estómago hizo que se apostara entre unos cartones para esperar acontecimientos.
Anochecía, y las avispas, siguiendo su ritmo natural, empezaban a ralentizar su actividad. Había hecho un día bochornoso, pero la venida de un frente frío, provocó una intensa tormena en la zona, con fuertes vientos. En esos momentos, Rina había salido de su escondite, al ver que las avispas volvían poco a poco a su nido. Entonces se desató la tormenta, y los fuertes vientos zarandearon el nido hasta hacerlo caer. Cayó cerca de donde Rina se encontraba. Las avispas, furiosas y desconcertadas se abalanzaron sobre Rina, con el único fin de proteger a su reina, aunque fuera con su vida. Rina huyó, sin fijarse que se dirigía hacia un callejón sin salida. Se encontró de repente con un muro húmedo y garabateado, que ni siquiera un gato podía escalar. Sintió un picotazo, una avispa enredada en el pelo de su lomo le había picado. Se volvió intentando morder a otra que se dirigía a sus ojos; el zumbido sordo que le rodeaba estuvo a punto de paralizarla, pero un nuevo pinchazo le hizo reaccionar, y rodó por el suelo aplastando a las avispas que cubrían su cuerpo. Vio entonces una vieja alfombra, y sacudiéndose espasmódicamente, se metió debajo de ella. Las avispas se abalanzaron sobre el bulto que sobresalía de la alfombra, y clavaron sus aguijones. Por fortuna, la alfombra era lo suficientemente gruesa como para que estos no alcanzaran la piel de Rina. Entre temblores y sudor, a causa de las picaduras, perdió el sentido.
Cuando despertó, salió de debajo de la alfombra, todavía temblando y bañada en sudor. Vio una veintena de avispas muertas con su aguijón clavado allí donde ella había estado, y la alfombra empapada por la intensa lluvia que había caído. Se encontraba muy débil, pero el veneno de las picaduras no había sido letal. Se arrastró por el callejón hasta el contenedor de basura: ¡El viento lo había volcado!, ¡ y ante sí se extendía un impresionante festín con los más variados y sabrosos manjares!, ¡sólo para ella!
jueves, 31 de diciembre de 2015
De elefantes, monos y alubias
Los monos, siempre de chirigota y con ganas de pasárselo bien, decidieron gastar una broma a los elefantes: cocinaron unas alubias, y se las pusieron para cenar, entre los cacahuetes y los plátanos. Cuando se durmieron, les taponaron el culo metiéndoles unos palos, y lo elefantes llenos de gases a causa de las alubias, se hincharon e hincharon hasta salir flotando por los aires. ¡Qué espectáculo!, ¡decenas de elefantes, grandes y pequeños suspendidos en el cielo a merced del viento! Tanta gracia le hizo al viento, que rió y rió, tan fuerte que los elefantes acabaron en la luna. Allí, los elefantes se quitaron los palos del culo unos a otros, con las trompas. ¡Imaginaros el estruendo!, ¡decenas y decenas de sonoros pedos salieron al instante!, ¿y el olor?; la luna, asqueada, se lanzó de cabeza al mar, y se lavó con jabón y estropajo,haciéndose unos cuantos cráteres más, para librarse de él. Hasta los peces se refugiaron en los ríos a causa de la peste.
Los pobres elefantes, calados hasta los huesos y humillados, pensaron en vengarse de los monos, que andaban con las mandíbulas desencajadas de tanto reírse. Así que cuando éstos dormían, untaron con cola sus árboles favoritos, donde solían subirse para coger plátanos. Y allí se quedaron los monos, pegados a la corteza de os árboles, muertos de hambre, alargando las manos para intentar coger los plátanos que colgaban sobre sus cabezas.
" Habéis tenido vuestro merecido"- les dijeron los elefantes - "Os dejaremos así un par de días, para que escarmentéis".
Pero sucedió que un tigre que se acercó por allí para reírse de los elefantes, se encontró con los monos pegados en los árboles, al alcance de sus garras y sus dientes.
" ¡Con el hambre que tengo!" - pensó - "¡me voy a dar un festín!"
Los elefantes, viendo que su broma había ido demasiado lejos, dadas las circunstancias, invitaron al tigre a cenar.
" Unas verduritas antes del banquete te ayudarán para hacer mejor la digestión" - le dijeron.
El tigre aceptó encantado, y entre frutas y verduras, se comió las alubias que los monos habían mezclado con ellas.Cuando terminó, le metieron una rama en el culo, ¡y volando se fue como un globo de rayas amarillas y negras!
Con chorros de agua a presión saliendo de sus trompas, los elefantes despegaron a los monos de los árboles. Parecían castañuelas, por el claqueteo de sus dientes a causa del susto.
Y lo que empezó como una broma que humilló a los elefantes, ¡se convirtió en el mayor espectáculo del mundo!, ya que el dueño de un circo que vio a los elefantes por los aires, con buen ojo comercial, les contrató, haciendo de ellos grandes estrellas internacionales.
El pobre tigre, ahí anda flotando en el aire, esperando que algún piadoso pajarillo le saque la rama del culo.
Los pobres elefantes, calados hasta los huesos y humillados, pensaron en vengarse de los monos, que andaban con las mandíbulas desencajadas de tanto reírse. Así que cuando éstos dormían, untaron con cola sus árboles favoritos, donde solían subirse para coger plátanos. Y allí se quedaron los monos, pegados a la corteza de os árboles, muertos de hambre, alargando las manos para intentar coger los plátanos que colgaban sobre sus cabezas.
" Habéis tenido vuestro merecido"- les dijeron los elefantes - "Os dejaremos así un par de días, para que escarmentéis".
Pero sucedió que un tigre que se acercó por allí para reírse de los elefantes, se encontró con los monos pegados en los árboles, al alcance de sus garras y sus dientes.
" ¡Con el hambre que tengo!" - pensó - "¡me voy a dar un festín!"
Los elefantes, viendo que su broma había ido demasiado lejos, dadas las circunstancias, invitaron al tigre a cenar.
" Unas verduritas antes del banquete te ayudarán para hacer mejor la digestión" - le dijeron.
El tigre aceptó encantado, y entre frutas y verduras, se comió las alubias que los monos habían mezclado con ellas.Cuando terminó, le metieron una rama en el culo, ¡y volando se fue como un globo de rayas amarillas y negras!
Con chorros de agua a presión saliendo de sus trompas, los elefantes despegaron a los monos de los árboles. Parecían castañuelas, por el claqueteo de sus dientes a causa del susto.
Y lo que empezó como una broma que humilló a los elefantes, ¡se convirtió en el mayor espectáculo del mundo!, ya que el dueño de un circo que vio a los elefantes por los aires, con buen ojo comercial, les contrató, haciendo de ellos grandes estrellas internacionales.
El pobre tigre, ahí anda flotando en el aire, esperando que algún piadoso pajarillo le saque la rama del culo.
viernes, 18 de diciembre de 2015
El amo cruel
Había un amo que poseía una inmensa riqueza, y un sinfín de criados a su servicio, a los que imponía su voluntad mediante amenazas.
Uno de ellos era músico, y le obligaba a componer innumerables odas sobre él y sus grandezas.
- Amo - le dijo un día - ¿No podría componer canciones sobre el vuelo de los pájaros, o el amor en los ojos de los enamorados?
- ¡No! - le respondió el amo enfadado - ¡si lo haces llamaré a mi guardaespaldas, y te matará!
El guardaespaldas, que tenía 2 hijos y 3 hijas pequeñas, era un hombre de honor, entregado al arte de la guerra.
- No es honorable conseguir lo que uno quiere con amenazas - le dijo al amo.
- ¿Quieres que tus hijos mueran de hambre? ¡si no matarías al músico cuando yo te lo ordenara, mandaría al cocinero que no les diera comida! - le respondió.
El cocinero, también tenía hijos, y no aceptaría la orden del amo ¡en ningún caso!,
pero.......... no tenía donde vivir, y el albañil, a servicio del amo, le estaba construyendo una casa, mientras vivía en la mansión del amo.
- Si dieras de comer a los hijos del guardaespaldas, cuando yo te mandara lo contrario, ordenaría al albañil que derrumbara la casa que te está construyendo, y te echaría de mi mansión.
El albañil, estaba enamorado de la hija del amo, una linda joven, aunque algo superficial. El amo, le prometió la mano de su hija, si hacía todo lo que le pedía.
- Derrumbarás la casa que estás construyendo al cocinero si éste da de comer a los hijos del guardaespaldas, en el caso de que el guardaespaldas no matara al músico.
- ¡No puedo hacer algo tan vil!
- ¡Pues nunca te casarás con mi hija!
¿Y la hija? pues debía de cumplir las órdenes de su padre, si quería heredar su inmensa fortuna.
Pero ocurrió que la hija se enamoró de un joven galán, y con el corazón inflamado, ambos se fugaron, ignorando las riquezas del padre.
El albañil, con el corazón roto, dejó al amo;
el cocinero, al ver frustrado su sueño de tener una casa propia, también se fue;
el guerrero buscó otro amo que alimentara a sus hijos;
y el músico, libre de las amenazas de muerte, se fue a trobar por los caminos.
Y el amo se quedó completamente solo, con sus riquezas y con su rencor.
Uno de ellos era músico, y le obligaba a componer innumerables odas sobre él y sus grandezas.
- Amo - le dijo un día - ¿No podría componer canciones sobre el vuelo de los pájaros, o el amor en los ojos de los enamorados?
- ¡No! - le respondió el amo enfadado - ¡si lo haces llamaré a mi guardaespaldas, y te matará!
El guardaespaldas, que tenía 2 hijos y 3 hijas pequeñas, era un hombre de honor, entregado al arte de la guerra.
- No es honorable conseguir lo que uno quiere con amenazas - le dijo al amo.
- ¿Quieres que tus hijos mueran de hambre? ¡si no matarías al músico cuando yo te lo ordenara, mandaría al cocinero que no les diera comida! - le respondió.
El cocinero, también tenía hijos, y no aceptaría la orden del amo ¡en ningún caso!,
pero.......... no tenía donde vivir, y el albañil, a servicio del amo, le estaba construyendo una casa, mientras vivía en la mansión del amo.
- Si dieras de comer a los hijos del guardaespaldas, cuando yo te mandara lo contrario, ordenaría al albañil que derrumbara la casa que te está construyendo, y te echaría de mi mansión.
El albañil, estaba enamorado de la hija del amo, una linda joven, aunque algo superficial. El amo, le prometió la mano de su hija, si hacía todo lo que le pedía.
- Derrumbarás la casa que estás construyendo al cocinero si éste da de comer a los hijos del guardaespaldas, en el caso de que el guardaespaldas no matara al músico.
- ¡No puedo hacer algo tan vil!
- ¡Pues nunca te casarás con mi hija!
¿Y la hija? pues debía de cumplir las órdenes de su padre, si quería heredar su inmensa fortuna.
Pero ocurrió que la hija se enamoró de un joven galán, y con el corazón inflamado, ambos se fugaron, ignorando las riquezas del padre.
El albañil, con el corazón roto, dejó al amo;
el cocinero, al ver frustrado su sueño de tener una casa propia, también se fue;
el guerrero buscó otro amo que alimentara a sus hijos;
y el músico, libre de las amenazas de muerte, se fue a trobar por los caminos.
Y el amo se quedó completamente solo, con sus riquezas y con su rencor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)