En la entrada del viejo tronco hueco, la araña tejió su tela. Diéstramente, cubrió con su seda pegajosa el agujero donde antes había crecido una rama, y esperó paciéntemente en su centro, inmóvil. atenta a la más mínima vibración.
La luciérnaga, que andaba distraída por allí, iluminando la noche con sus destellos, sintió que algo fino y pegajoso le impedía avanzar. Intentó desenbarazarse de aquello, pero cuanto más empeño ponía, más enredada se quedaba.
La araña se acercaba a la luciérnaga para envolverle con su seda, cuando sintió un fuerte tirón en la tela: Una sabrosa mosca había quedado atrapada en ella.
" ¡Vaya!, esta siendo una buena noche "- pensó.
Un nuevo impacto le hizo volverse: Una polilla había caído de nuevo en su trampa.
Entonces lo comprendió: "La luz de la luciérnaga atrae a otros insectos"
Después de envolver cuidadosamente a la mosca y a la polilla, se dirigió a donde estaba la luciérnaga. Esta, agotada por el esfuerzo al intentar liberarse, esperaba resignada su triste final.
- ¡Tranquila! - le dijo la araña - No puedo liberarte, es imposible romper la tela, pero no te preocupes, yo te protegeré, te alimentaré, y te daré todo lo que necesites.
Entonces, la araña, atrapó varios caracolillos y babosas, que puso junto a la luciérnaga para que comiera. Esta, recelosa, se negó a hacerlo, pero el hambre hizo que finalmente, cambiara de opinión, y se alimentó de la comida que le dejaba la araña, hasta que recuperó las fuerzas.
Pasó el tiempo, y la araña siguió alimentando a la luciérnaga, hasta que ésta empezó a confiar en ella, hasta el punto de creerse que nunca podría salir de allí, y alegrarse por su suerte.
Mientras, la araña, orgullosa por su inteligencia, veía como montones de bichos quedaban atrapados en su tela, atraídos por la luz de la luciérnaga.
De noche, la luciérnaga veía como otras luciérnagas cortejaban entre ellas, coqueteando con sus luces intermitentes, y jugaban y cazaban llenas de vida y alegría, mientras ella se tenía que conformar con esperar a que la araña le trajera la comida todos los días. Entonces, se preguntó si la araña no le estaba engañado, y la tela no era irrompible. Quiso probarlo, y cuando ésta dormía, reunió todas sus fuerzas, y empezó a agitarse, intentando romper la tela. La araña se despertó sobresaltada, y fue corriendo donde la luciérnaga.
- ¡Qué estás haciendo!, ¡estás loca!, ¡vas a romper la tela!
- ¿No decías que era imposible romperla?
- Bueno.................pero es que si la rompes no sería capaz de hacer otra igual............
- ¡No te creo!, ¡eres una mentirosa!
Y siguió debatiéndose con todas sus fuerzas.
- ¡Está bien! - dijo la araña - ¡Tú lo has querido!, ¡te devoraré como a todos los demás!
Pero la luciérnaga, sin perder la fe en si misma, luchó con más fuerzas todavía, hasta que rompió la tela, y escapó entre las maldiciones de la araña.
La luciérnaga enseguida recuperó la flexibilidad de sus patas y de sus alas, y volvió a iluminar la noche con su luz de vida.
Cuentos para contar.
viernes, 19 de junio de 2015
viernes, 12 de junio de 2015
EL cuervo
A Carlos le encantaba ir al parque, pero no para jugar al fútbol o al escondite con los amigos, sino para ver a los artistas que diariamente ofrecían sus espectáculos por unas monedas.
Estaba de vacaciones, y la tarde era espléndida, por lo que se preparó un sanwich de jamón y queso y se fue al parque en bici.
Los "coralillos" ya habían florecido, y un intenso olor a miel empapaba el aire. Cogió el atajo que entre los helechos y laureles, le llevó directamente al estanque. De la mochila sacó media barra de pan, ya duro, de ayer, y lo desmenuzó sobre el agua. Al momento, patos, tortugas, peces y palomas, se disputaban las migas mojadas. Una vez acabado el festín, Marcos se subió de nuevo a la bici y cruzó el camino principal hasta el kiosco, donde solía actuar el payaso. Pero le encontró sentado en un banco con los codos sobre las rodillas, los mofletes apoyados en las palmas de las manos, y la mirada perdida.
- ¿Te sucede algo? - le preguntó.
- ¡No podía haber sucedido nada peor! - dijo el payaso mirando al cielo y alzando las manos - ¡el cuervo!, ¡el maldito cuervo!, ¡se paró frente a mí, y me miró fijamente con sus ojos negros!, ¡robándome el alma, la vida, mi alegría!, ¡Y que es un payaso sin alegría!, ¡nada, no es nada!, ¡un esperpento!
Y clavó su mirada en el suelo, dejando caer los brazos entre sus piernas abiertas.
Marcos, desconcertado, cogió su bici y se dirigió a la explanada donde los pavos reales exhibían sus majestuosos abanicos que tenían por cola. Allí era donde el mago hacía sus trucos. Pero lo encontró buscando algo entre unos arbustos.
- ¡Tiene que estar en algún sitio! - decía nervioso.
- ¿Qué buscas? - le preguntó Carlos.
- ¡Mi conejo!, ¡no está aquí! - dijo metiendo la mano en su sombrero de copa - ¡como agarre a ese maldito cuervo, le haré desaparecer para siempre!
Entonces miró fijamente a Carlos.
- ¿No habrás visto tú a mi conejo?
- No, que va.........
- ¡Me ha robado mi magia!, ¡maldito pajarraco!.......¡quizás esté entre tus pantalones!, ¡vamos conejito, sal de ahí!
El mago se le acercó con la vista fija en su bragueta. Carlos subió a la bici, y escapó lo más rápido que pudo.
Mientras pedaleaba, pensaba en los extraños acontecimientos que acababan de suceder, y en el cuervo, que era el origen de los mismos.
Entonces fue donde Andrés, el cantautor, que ofrecía sus canciones en la zona de picnic, al lado de los grandes robles. Le encontró apoyado en uno de ellos, con la guitarra a su lado, guardada en la funda.
- ¿No tocas? - le preguntó.
- No, no estoy inspirado.
- No será por casualidad por el cuervo.
- ¿Como lo sabes?
- Me lo imaginaba. ¡No creerás en serio que él tiene la culpa!
Andrés le miró con resignación.
- Cuando un cuervo te mira fijamente ¡te roba el alma!
- ¡venga hombre!,y si fuera así, ¿qué tienes que hacer para recuperarla?
- ¡Matar al cuervo!, no hay otra manera.
Carlos se quedó pensativo.
- ¡Lo encontraré! - dijo, y cogiendo la bici se dirigió al bosque de hayas, que ocupaba la zona este del parque, y donde había un comedero para pájaros; tarde o temprano el cuervo pasaría por allí.
Se sentó debajo de un haya, sacó la armónica que siempre llevaba consigo, y se puso a tocar. Pensó que el cuervo se sentiría atraído por la música, y así fue; un gran pájaro negro le observaba con sus oscuros ojos clavados en él. Siguió tocando, y se dio cuenta que iba a ser incapaz de matarle.
"Simplemente es un animal curioso, que se siente atraído por lo que hace el payaso, el mago y el cantautor,y ahora se acerca al escuchar mi armónica." - pensó.
Se levantó, miró con cariño el cuervo, y fue a toda prisa en su bici a ver al payaso. Este, seguía sentado en el banco, con la mirada en el suelo.
- Oye, ¿quieres que te cuente un chiste? - le dijo.
- ¿Un chiste?
- Si, escucha: ¿Sabes que hace una interrogación en un campo de patatas? Pues sembrar la duda.
El payaso se quedó pensativo.
- sembrar la duda - repitió - sembrar la duda,.....¡sembrar la duda!, ¡sembrar la duda! - decía cada vez más alto, mientras reía a carcajadas - ¡sembrar la duda!
La gente que había a su alrededor se acercó. Al verles, el payaso contó el chiste, y al ver que todos se reían, siguió con los de su repertorio. El payaso había recuperado su alegría.
Entonces Carlos fue donde el mago. Este continuaba buscando su conejo, entre las colas de los pavos reales, los cuales huían despavoridos. Cogió una baraja de cartas del mago y su megáfono:
- ¡Señoras y señores, acérquense si quieren ver los más increíbles trucos de magia! - dijo a pleno volumen.
Se formó un pequeño corro alrededor de él.
- Ahora observen.
Intentó pasar las cartas de la baraja de una mano a otra, como hacen los magos, pero se le cayeron todas al suelo. Entonces el mago que se había acercado por el alboroto, cogió otra baraja.
- ¡ Pero que torpe! - dijo, y con gran maestría pasó las cartas de una mano a otra sin caérsele ni una sola.
Todos aplaudieron, y el mago siguió con sus trucos entre las ovaciones del público.
Discretamente, Marcos dejó al mago con su recuperada confianza, y fue donde Andrés, el cantautor, que dormitaba debajo de un roble. Se sentó junto a él, y sacó su armónica. Se puso a tocar, y al oírle el músico, no se pudo resistir a acompañarle con la guitarra. La gente que pasaba por ahí, se paraba a escucharles, y tocaron hasta que se puso el sol, ¡ante la atenta mirada de un cuervo muy curioso!
Estaba de vacaciones, y la tarde era espléndida, por lo que se preparó un sanwich de jamón y queso y se fue al parque en bici.
Los "coralillos" ya habían florecido, y un intenso olor a miel empapaba el aire. Cogió el atajo que entre los helechos y laureles, le llevó directamente al estanque. De la mochila sacó media barra de pan, ya duro, de ayer, y lo desmenuzó sobre el agua. Al momento, patos, tortugas, peces y palomas, se disputaban las migas mojadas. Una vez acabado el festín, Marcos se subió de nuevo a la bici y cruzó el camino principal hasta el kiosco, donde solía actuar el payaso. Pero le encontró sentado en un banco con los codos sobre las rodillas, los mofletes apoyados en las palmas de las manos, y la mirada perdida.
- ¿Te sucede algo? - le preguntó.
- ¡No podía haber sucedido nada peor! - dijo el payaso mirando al cielo y alzando las manos - ¡el cuervo!, ¡el maldito cuervo!, ¡se paró frente a mí, y me miró fijamente con sus ojos negros!, ¡robándome el alma, la vida, mi alegría!, ¡Y que es un payaso sin alegría!, ¡nada, no es nada!, ¡un esperpento!
Y clavó su mirada en el suelo, dejando caer los brazos entre sus piernas abiertas.
Marcos, desconcertado, cogió su bici y se dirigió a la explanada donde los pavos reales exhibían sus majestuosos abanicos que tenían por cola. Allí era donde el mago hacía sus trucos. Pero lo encontró buscando algo entre unos arbustos.
- ¡Tiene que estar en algún sitio! - decía nervioso.
- ¿Qué buscas? - le preguntó Carlos.
- ¡Mi conejo!, ¡no está aquí! - dijo metiendo la mano en su sombrero de copa - ¡como agarre a ese maldito cuervo, le haré desaparecer para siempre!
Entonces miró fijamente a Carlos.
- ¿No habrás visto tú a mi conejo?
- No, que va.........
- ¡Me ha robado mi magia!, ¡maldito pajarraco!.......¡quizás esté entre tus pantalones!, ¡vamos conejito, sal de ahí!
El mago se le acercó con la vista fija en su bragueta. Carlos subió a la bici, y escapó lo más rápido que pudo.
Mientras pedaleaba, pensaba en los extraños acontecimientos que acababan de suceder, y en el cuervo, que era el origen de los mismos.
Entonces fue donde Andrés, el cantautor, que ofrecía sus canciones en la zona de picnic, al lado de los grandes robles. Le encontró apoyado en uno de ellos, con la guitarra a su lado, guardada en la funda.
- ¿No tocas? - le preguntó.
- No, no estoy inspirado.
- No será por casualidad por el cuervo.
- ¿Como lo sabes?
- Me lo imaginaba. ¡No creerás en serio que él tiene la culpa!
Andrés le miró con resignación.
- Cuando un cuervo te mira fijamente ¡te roba el alma!
- ¡venga hombre!,y si fuera así, ¿qué tienes que hacer para recuperarla?
- ¡Matar al cuervo!, no hay otra manera.
Carlos se quedó pensativo.
- ¡Lo encontraré! - dijo, y cogiendo la bici se dirigió al bosque de hayas, que ocupaba la zona este del parque, y donde había un comedero para pájaros; tarde o temprano el cuervo pasaría por allí.
Se sentó debajo de un haya, sacó la armónica que siempre llevaba consigo, y se puso a tocar. Pensó que el cuervo se sentiría atraído por la música, y así fue; un gran pájaro negro le observaba con sus oscuros ojos clavados en él. Siguió tocando, y se dio cuenta que iba a ser incapaz de matarle.
"Simplemente es un animal curioso, que se siente atraído por lo que hace el payaso, el mago y el cantautor,y ahora se acerca al escuchar mi armónica." - pensó.
Se levantó, miró con cariño el cuervo, y fue a toda prisa en su bici a ver al payaso. Este, seguía sentado en el banco, con la mirada en el suelo.
- Oye, ¿quieres que te cuente un chiste? - le dijo.
- ¿Un chiste?
- Si, escucha: ¿Sabes que hace una interrogación en un campo de patatas? Pues sembrar la duda.
El payaso se quedó pensativo.
- sembrar la duda - repitió - sembrar la duda,.....¡sembrar la duda!, ¡sembrar la duda! - decía cada vez más alto, mientras reía a carcajadas - ¡sembrar la duda!
La gente que había a su alrededor se acercó. Al verles, el payaso contó el chiste, y al ver que todos se reían, siguió con los de su repertorio. El payaso había recuperado su alegría.
Entonces Carlos fue donde el mago. Este continuaba buscando su conejo, entre las colas de los pavos reales, los cuales huían despavoridos. Cogió una baraja de cartas del mago y su megáfono:
- ¡Señoras y señores, acérquense si quieren ver los más increíbles trucos de magia! - dijo a pleno volumen.
Se formó un pequeño corro alrededor de él.
- Ahora observen.
Intentó pasar las cartas de la baraja de una mano a otra, como hacen los magos, pero se le cayeron todas al suelo. Entonces el mago que se había acercado por el alboroto, cogió otra baraja.
- ¡ Pero que torpe! - dijo, y con gran maestría pasó las cartas de una mano a otra sin caérsele ni una sola.
Todos aplaudieron, y el mago siguió con sus trucos entre las ovaciones del público.
Discretamente, Marcos dejó al mago con su recuperada confianza, y fue donde Andrés, el cantautor, que dormitaba debajo de un roble. Se sentó junto a él, y sacó su armónica. Se puso a tocar, y al oírle el músico, no se pudo resistir a acompañarle con la guitarra. La gente que pasaba por ahí, se paraba a escucharles, y tocaron hasta que se puso el sol, ¡ante la atenta mirada de un cuervo muy curioso!
sábado, 23 de mayo de 2015
Excursión al museo de la ciencia
Estoy muy contenta y excitada, hoy tenemos excursión en el colegio, ¡vamos al museo de la ciencia!
Nos llevaron en autobús hasta el museo, un cubo blanco con grandes cristaleras, donde nos enseñaron de forma divertida los fundamentos de la ciencia. En la sala de vídeo, vimos una película de dibujos animados, en la que se veía a un tal Isaac Newton debajo de un manzano, que al caerle una manzana en la cabeza, gritaba :¡Eureka!, acababa de descubrir la ley de la gravedad. Luego, nos explicaron que todos los cuerpos se atraen entre sí, y la tierra al ser tan grande, nos atrae a todos nosotros, por eso los chinos que están en la otra parte del mundo no se caen al espacio. es un poco raro, pero bueno, será así. También fuimos a un laboratorio, donde vimos por el microscopio patas de araña y alas de mosca, ¡Que chulada!, aunque daba un poco de asco. También hicimos magia, con un baso lleno de agua al que le poníamos una cartulina encima, le dábamos la vuelta, ¡y el agua no se caía!; aunque nos dijeron que era por la presión o algo así.
Para terminar, nos llevaron al planetarium, donde sentados en cómodos sillones abatibles, vimos, proyectados en el techo, los planetas y las estrellas, como si en realidad fuera de noche y estuviéramos mirando el cielo. Más de uno se durmió, a pesar de lo alto que estaba el sonido, y las intensas luces de la pantalla.
En la zona de picnic del museo, los profes nos dieron el almuerzo: sanwiches de jamón y nocilla, mientras jugábamos al escondite. Amaya y yo, nos escondimos en un bosque próximo
- ¡Aquí no nos encontrarán! - le dije a Amaya, tirando de su brazo para que se agachara.
Sin embargo, Josu, que le había tocado buscar a los demás, se acercaba hacia nosotras.
- ¡Vámonos! - me dijo Amaya, y nos internamos en el bosque.
- ¡Qué ven mis ojos! - escuchamos. Un hombrecillo con pelo blanco y despeinado, bigote, vestido con un elegante frac verde, sombrero de copa y un bastón plateado, apareció delante de nosotras, como por arte de magia.
- ¿Qué hacéis en este siniestro bosque solas?
- Jugamos al escondite - dijo Leire
- Venimos del museo de la ciencia - añadió Amaya.
- ¿Qué has dicho? ¿museo de la ciencia? ¡no puede ser!
- Pero si...........
- ¡Silencio!, ¡nos pueden oír los Tyranosaurus Retretex!
- ¿Los que?
- ¡Demasiado tarde, ya están aquí!
Tres enormes Tyranosaurus con un retrete en vez de cabeza, nos rodeaban, y sin darnos tiempo para reaccionar, ¡nos tragaron de un bocado!, menos al hombrecillo, que les esquivó con un ágil salto.
- ¡Vaya por dios! - exclamó el hombrecillo, y con otro ágil salto, saltó a los lomos del que habíamos sido su almuerzo, y tiró de una cadena que le colgaba del cuello. Se escuchó un ruido como de desagüe, y salimos por un agujero situado al lado de la cola, completamente empapadas.
- Tranquilas, sólo estaban jugando, son inofensivos - nos dijo el hombrecillo, ofreciéndonos una toalla - bueno, sobre qué hablábamos........., a si........el museo de la ciencia.........¡tonterías!, ¡no existe!, ¡no son más que supersticiones! ¡vamos, decidme la verdad!
- ¡Es cierto!, fuimos allí de excursión con el colegio, pero nos perdimos jugando al escondite - le dije sorprendida.
El hombrecillo me miró fijamente a los ojos, luego a Amaya, que estaba un poco asustada.
- Parece que decís la verdad. Por cierto, no nos hemos presentado, me llamo Nietsnie, Trebla Nietsnie, pero llamarme Nit.
- Yo Leire, y esta es Amaya, mi mejor amiga.
- Hola señor Nit - le dijo Amaya.
- Bueno, vayamos a lo importante; la ciencia no es mas que una superstición, leyendas, un intento de explicar aquello que no tiene explicación, ¡no existe ningún museo de la ciencia!
- ¡Pero si estuvimos allí!
- ¡Allí, acá, dentro, fuera,............! ¡todo está en tu mente! - me dijo señalándome la frente - ¡vámonos de aquí!
Entonces, cogió el bastón plateado que tenía en la mano, y sopló por uno de sus extremos, que terminaba en un aro. Se formó una burbuja, ¡qué nos envolvió y nos elevó en el aire!
- ¡Es increíble! - grité
- ¡Fantástico! - exclamó Amaya.
Nietsnie nos miraba con aire resignado.
- ¡Estos niños de hoy!, ¡tienen la cabeza llena de razonamientos! - exclamó.
La pompa ascendía por el cielo, y se balanceaba levemente con el viento. Nos cruzamos con otras pompas que contenían personas, animales, e incluso familias enteras, a las que Nit saludaba.
- Señora lewis, ¿Qué tal sus hijos?
- Bien, bien, hoy tienen clase de vuelo en dragón.
- ¿Y su marido?
- Pues ya sabe, con sus amigotes, jugando al Jumanji.
- Es un juego peligroso.
- ¡Ya sabe como son los hombres!
- Bueno, que tenga un buen día.
- Igualmente.
Entonces, vimos una burbuja enorme, que contenía un palacio dentro.
- ¿Qué es aquello? - pregunté
- ¡El museo de la fantasía!, tenéis que aprender un par de cosas.
Dentro, vimos a un hombre sentado debajo de una palmera. De repente, cayó un coco, y le golpeó en plena cabeza, dejándolo sin sentido.
- Ese hombre es Notwen, Caasi Notwen, así es como descubrió las leyes de la levedad, ¡en sueños!
- ¿Y que dicen esas leyes? - Preguntó Amaya.
- Pues que todo flota, y las cosas se atraen o repelen según los gustos y deseos.
- ¡Qué guay! - gritamos.
- Ahora, sólo tenéis que divertiros, las leyes de la levedad se encargarán del resto.
¡Nos lo pasamos de miedo!, jugando en un inmenso txiki-park, comiendo chuches hasta hartarnos, cazando medusas con Bob Esponja, jugandos al escondite con Blancanieves y Sofía,..........Acabamos agotadas, y nos echamos una buena siesta en la casa de Winnie De Poo.
Al despertar, nos encontramos con Nit.
- ¿Lo habéis pasado bien?
- Si, estupendamente - dijo Amaya.
- ¿Y tú Leire? - me preguntó.
- Si.................., pero hecho de menos a mis amigos y a mis padres.
- Pues la verdad........yo también - dijo Amaya.
Y al momento, nos encontramos en la zona de picnic del museo de la ciencia,¡ rodeados de todos nuestros amigos!.
Nos llevaron en autobús hasta el museo, un cubo blanco con grandes cristaleras, donde nos enseñaron de forma divertida los fundamentos de la ciencia. En la sala de vídeo, vimos una película de dibujos animados, en la que se veía a un tal Isaac Newton debajo de un manzano, que al caerle una manzana en la cabeza, gritaba :¡Eureka!, acababa de descubrir la ley de la gravedad. Luego, nos explicaron que todos los cuerpos se atraen entre sí, y la tierra al ser tan grande, nos atrae a todos nosotros, por eso los chinos que están en la otra parte del mundo no se caen al espacio. es un poco raro, pero bueno, será así. También fuimos a un laboratorio, donde vimos por el microscopio patas de araña y alas de mosca, ¡Que chulada!, aunque daba un poco de asco. También hicimos magia, con un baso lleno de agua al que le poníamos una cartulina encima, le dábamos la vuelta, ¡y el agua no se caía!; aunque nos dijeron que era por la presión o algo así.
Para terminar, nos llevaron al planetarium, donde sentados en cómodos sillones abatibles, vimos, proyectados en el techo, los planetas y las estrellas, como si en realidad fuera de noche y estuviéramos mirando el cielo. Más de uno se durmió, a pesar de lo alto que estaba el sonido, y las intensas luces de la pantalla.
En la zona de picnic del museo, los profes nos dieron el almuerzo: sanwiches de jamón y nocilla, mientras jugábamos al escondite. Amaya y yo, nos escondimos en un bosque próximo
- ¡Aquí no nos encontrarán! - le dije a Amaya, tirando de su brazo para que se agachara.
Sin embargo, Josu, que le había tocado buscar a los demás, se acercaba hacia nosotras.
- ¡Vámonos! - me dijo Amaya, y nos internamos en el bosque.
- ¡Qué ven mis ojos! - escuchamos. Un hombrecillo con pelo blanco y despeinado, bigote, vestido con un elegante frac verde, sombrero de copa y un bastón plateado, apareció delante de nosotras, como por arte de magia.
- ¿Qué hacéis en este siniestro bosque solas?
- Jugamos al escondite - dijo Leire
- Venimos del museo de la ciencia - añadió Amaya.
- ¿Qué has dicho? ¿museo de la ciencia? ¡no puede ser!
- Pero si...........
- ¡Silencio!, ¡nos pueden oír los Tyranosaurus Retretex!
- ¿Los que?
- ¡Demasiado tarde, ya están aquí!
Tres enormes Tyranosaurus con un retrete en vez de cabeza, nos rodeaban, y sin darnos tiempo para reaccionar, ¡nos tragaron de un bocado!, menos al hombrecillo, que les esquivó con un ágil salto.
- ¡Vaya por dios! - exclamó el hombrecillo, y con otro ágil salto, saltó a los lomos del que habíamos sido su almuerzo, y tiró de una cadena que le colgaba del cuello. Se escuchó un ruido como de desagüe, y salimos por un agujero situado al lado de la cola, completamente empapadas.
- Tranquilas, sólo estaban jugando, son inofensivos - nos dijo el hombrecillo, ofreciéndonos una toalla - bueno, sobre qué hablábamos........., a si........el museo de la ciencia.........¡tonterías!, ¡no existe!, ¡no son más que supersticiones! ¡vamos, decidme la verdad!
- ¡Es cierto!, fuimos allí de excursión con el colegio, pero nos perdimos jugando al escondite - le dije sorprendida.
El hombrecillo me miró fijamente a los ojos, luego a Amaya, que estaba un poco asustada.
- Parece que decís la verdad. Por cierto, no nos hemos presentado, me llamo Nietsnie, Trebla Nietsnie, pero llamarme Nit.
- Yo Leire, y esta es Amaya, mi mejor amiga.
- Hola señor Nit - le dijo Amaya.
- Bueno, vayamos a lo importante; la ciencia no es mas que una superstición, leyendas, un intento de explicar aquello que no tiene explicación, ¡no existe ningún museo de la ciencia!
- ¡Pero si estuvimos allí!
- ¡Allí, acá, dentro, fuera,............! ¡todo está en tu mente! - me dijo señalándome la frente - ¡vámonos de aquí!
Entonces, cogió el bastón plateado que tenía en la mano, y sopló por uno de sus extremos, que terminaba en un aro. Se formó una burbuja, ¡qué nos envolvió y nos elevó en el aire!
- ¡Es increíble! - grité
- ¡Fantástico! - exclamó Amaya.
Nietsnie nos miraba con aire resignado.
- ¡Estos niños de hoy!, ¡tienen la cabeza llena de razonamientos! - exclamó.
La pompa ascendía por el cielo, y se balanceaba levemente con el viento. Nos cruzamos con otras pompas que contenían personas, animales, e incluso familias enteras, a las que Nit saludaba.
- Señora lewis, ¿Qué tal sus hijos?
- Bien, bien, hoy tienen clase de vuelo en dragón.
- ¿Y su marido?
- Pues ya sabe, con sus amigotes, jugando al Jumanji.
- Es un juego peligroso.
- ¡Ya sabe como son los hombres!
- Bueno, que tenga un buen día.
- Igualmente.
Entonces, vimos una burbuja enorme, que contenía un palacio dentro.
- ¿Qué es aquello? - pregunté
- ¡El museo de la fantasía!, tenéis que aprender un par de cosas.
Dentro, vimos a un hombre sentado debajo de una palmera. De repente, cayó un coco, y le golpeó en plena cabeza, dejándolo sin sentido.
- Ese hombre es Notwen, Caasi Notwen, así es como descubrió las leyes de la levedad, ¡en sueños!
- ¿Y que dicen esas leyes? - Preguntó Amaya.
- Pues que todo flota, y las cosas se atraen o repelen según los gustos y deseos.
- ¡Qué guay! - gritamos.
- Ahora, sólo tenéis que divertiros, las leyes de la levedad se encargarán del resto.
¡Nos lo pasamos de miedo!, jugando en un inmenso txiki-park, comiendo chuches hasta hartarnos, cazando medusas con Bob Esponja, jugandos al escondite con Blancanieves y Sofía,..........Acabamos agotadas, y nos echamos una buena siesta en la casa de Winnie De Poo.
Al despertar, nos encontramos con Nit.
- ¿Lo habéis pasado bien?
- Si, estupendamente - dijo Amaya.
- ¿Y tú Leire? - me preguntó.
- Si.................., pero hecho de menos a mis amigos y a mis padres.
- Pues la verdad........yo también - dijo Amaya.
Y al momento, nos encontramos en la zona de picnic del museo de la ciencia,¡ rodeados de todos nuestros amigos!.
viernes, 8 de mayo de 2015
La leyenda del "Robacorazones" (4)
Luis tuvo un agradable sueño, en el que su corazón latía de nuevo en su pecho, que a su vez era el corazón de la tierra, y de todo el universo. Cuando despertó, se encontró en un lugar extraño: vio su imagen reflejada en cientos de espejos que le rodeaban; pero esta aparecía distorsionada. En un espejo, tenía la cabeza tan grande como el cuerpo, en otra, los brazos le llegaban hasta el suelo,... Dio un grito, y su voz, se repitió en un eco que se fue perdiendo a lo lejos. Se encontraba en un laberinto de espejos. Se levantó y buscó la salida. Fueron muchos los golpes que se dio. Había espejos hasta en el suelo y el techo, la confusión era total. Harto de andar sin llegar a ningún sitio, se paró, respiró hondo, y miró a su alrededor, buscando alguna pista para salir del laberinto. Entonces se fijó que en algunos espejos, se reflejaba su imagen sin distorsionar, y decidió seguirlos. De esta manera, encontró la salida.
Aliviado, miró a su alrededor; se encontraba en un lugar apocalíptico, desiértico, donde columnas de humo se levantaban sobre ruinas ardiendo, tapando el sol.
"Esto si que es el infierno" - pensó.
A lo lejos, distinguió una figura delgada y encorvada entre las ruinas ardientes: Se trataba del varón Greenforce. Echó a correr hasta alcanzarle No quería que le vería, para pillarle desprevenido, pero unas ruinas consumidas por el fuego se desmoronaron cerca de donde se encontraba, y el ruido hizo que el varón volviera su mirada hacia allí.
- ¡Has llegado hasta aquí! - dijo sorprendido al ver a Luis.
- ¡Si, y me vas a devolver mi corazón.
De pronto, Luis se sintió mareado, y el pecho le empezó a doler. Se apoyó en una roca.
- ¿Te sucede algo? - dijo el varón - no será que la cuerda del reloj que tienes como corazón se ha acabado?
" ¡No, ahora no! - pensó Luis.
El varón rió aliviado.
- ¡Qué descorazonadora imagen! - bromeó.
¡Efectivamente!, la cuerda del reloj que Luis tenía como corazón, se había acabado. Perdió la conciencia.
Entonces, bajó un diablo del cielo, y agarrando al varón por el cuello, le arrebató el corazón de Luis.
- ¡Luis, Luis!, ¡despierta!
Luis abrió los ojos, y vio el rostro escamoso y cornudo del diablo.
- ¡Ahhhhh! - gritó.
- ¡Tranquilo, soy yo bernardo!
- ¿Bernardo?
- Es el precio que un ángel tiene que pagar por entrar en el infierno, pronto perderé la consciencia de mi mismo...............pero no te preocupes por mí. Toma, aquí tienes tu corazón.
Bernardo le dio el corazón a Luis, y sin darle tiempo a que le dijera nada, se elevo en el aire con sus alas de murciélago, lanzando un terrible alarido, y perdiéndose entre las volutas de humo negro que se elevaban desde la tierra.
Luis observó el corazón rojo y palpitante entre sus manos. Este, empezó a brillar, y desapareció, ocupando su lugar en el pecho.
- ¡Por fin es tuyo! - escuchó. El diablo en persona flotaba en el aire a unos metros de él. - ¿Es todo lo que deseas?
Luis no tuvo miedo, le miró a la cara y dijo resuelto:
- ¡Si!
El diablo rió.
- Resulta que yo también.
- Pues tendrás que volver a arrancármelo.
- ¡Venga hombre!, sabes que ese no es mi estilo. Yo hago tratos.
- ¡No tienes nada que ofrecerme!
- ¿Estás seguro?
El diablo extendió la mano, y apareció junto a él Leire.
el rostro de Luis cambió por completo.
- Prefiero tu corazón - continuó el diablo - pero tendré que conformarme con el de ella.
- ¡No! - gritó Luis - te daré mi corazón, pero suéltale.
- ¿Hacemos entonces un trato?, ¿Tú corazón por el de ella?
Luis no lo dudo,
- ¡De acuerdo!
- Bien, pues entonces firma aquí, ¡con tu sangre!
Apareció delante de Luis un papel y una pluma, unida a su corazón por un tubo. Luis firmó, y su corazón desapareció, apareciendo Leire junto a él. La abrazó, estaba llorando.
- Tranquila, tranquila, no pasa nada.
El diablo, cogió el corazón de Luis, y se lo tragó. La tierra empezó a temblar, y el cielo se rompió, cayendo en mil pedazos. El cuerpo del diablo empezó a crecer, y entre alaridos, se convirtió en un terrorífico y deforme monstruo.
Luis, protegió a Leire con su cuerpo, echándose sobre ella en el suelo. Cuando abrió los ojos, se encontró de nuevo en el mundo, y vio como el diablo, convertido en una monstruosa y gigante abominación, se dirigía a una ciudad próxima, con la intención de destruirla.
"¿Qué puedo hacer?, ¿Y como es que sigo vivo sin corazón?" - Pensó Luis.
Entonces sintió un rítmico golpeteo en su pecho: ¡Era su corazón!, ¡estaba allí, y latía con enorme fuerza!
De él,empezó a salir un brillo que fue envolviendo a Luis, hasta convertirse en un rayo de luz, que desde su pecho, surgió poderoso, y alcanzó al diablo. Este empezó a gritar, y ardió hasta quedar consumido por las llamas.
- ¿Qué ha sucedido? - Le dijo Leire a Luis, abrazándole.
- Nada, no te preocupes, todo está bien.
Luis tuvo un sueño. En él aparecía Bernardo, con aspecto de ángel.
- Dime Bernardo, ¿qué sucedió?
- Sucedió que para poder llegar al infierno, tuviste que superar pruebas que exigían un corazón puro.
- ¡Pero si no tenía corazón!
- El corazón se forja en cada situación que se nos presenta en la vida.
- ¿Y qué pasó con el diablo?
- Está en el infierno, donde siempre estará. No existe fuerza más poderosa en el mundo que la de un corazón puro: El poder del amor.
Aliviado, miró a su alrededor; se encontraba en un lugar apocalíptico, desiértico, donde columnas de humo se levantaban sobre ruinas ardiendo, tapando el sol.
"Esto si que es el infierno" - pensó.
A lo lejos, distinguió una figura delgada y encorvada entre las ruinas ardientes: Se trataba del varón Greenforce. Echó a correr hasta alcanzarle No quería que le vería, para pillarle desprevenido, pero unas ruinas consumidas por el fuego se desmoronaron cerca de donde se encontraba, y el ruido hizo que el varón volviera su mirada hacia allí.
- ¡Has llegado hasta aquí! - dijo sorprendido al ver a Luis.
- ¡Si, y me vas a devolver mi corazón.
De pronto, Luis se sintió mareado, y el pecho le empezó a doler. Se apoyó en una roca.
- ¿Te sucede algo? - dijo el varón - no será que la cuerda del reloj que tienes como corazón se ha acabado?
" ¡No, ahora no! - pensó Luis.
El varón rió aliviado.
- ¡Qué descorazonadora imagen! - bromeó.
¡Efectivamente!, la cuerda del reloj que Luis tenía como corazón, se había acabado. Perdió la conciencia.
Entonces, bajó un diablo del cielo, y agarrando al varón por el cuello, le arrebató el corazón de Luis.
- ¡Luis, Luis!, ¡despierta!
Luis abrió los ojos, y vio el rostro escamoso y cornudo del diablo.
- ¡Ahhhhh! - gritó.
- ¡Tranquilo, soy yo bernardo!
- ¿Bernardo?
- Es el precio que un ángel tiene que pagar por entrar en el infierno, pronto perderé la consciencia de mi mismo...............pero no te preocupes por mí. Toma, aquí tienes tu corazón.
Bernardo le dio el corazón a Luis, y sin darle tiempo a que le dijera nada, se elevo en el aire con sus alas de murciélago, lanzando un terrible alarido, y perdiéndose entre las volutas de humo negro que se elevaban desde la tierra.
Luis observó el corazón rojo y palpitante entre sus manos. Este, empezó a brillar, y desapareció, ocupando su lugar en el pecho.
- ¡Por fin es tuyo! - escuchó. El diablo en persona flotaba en el aire a unos metros de él. - ¿Es todo lo que deseas?
Luis no tuvo miedo, le miró a la cara y dijo resuelto:
- ¡Si!
El diablo rió.
- Resulta que yo también.
- Pues tendrás que volver a arrancármelo.
- ¡Venga hombre!, sabes que ese no es mi estilo. Yo hago tratos.
- ¡No tienes nada que ofrecerme!
- ¿Estás seguro?
El diablo extendió la mano, y apareció junto a él Leire.
el rostro de Luis cambió por completo.
- Prefiero tu corazón - continuó el diablo - pero tendré que conformarme con el de ella.
- ¡No! - gritó Luis - te daré mi corazón, pero suéltale.
- ¿Hacemos entonces un trato?, ¿Tú corazón por el de ella?
Luis no lo dudo,
- ¡De acuerdo!
- Bien, pues entonces firma aquí, ¡con tu sangre!
Apareció delante de Luis un papel y una pluma, unida a su corazón por un tubo. Luis firmó, y su corazón desapareció, apareciendo Leire junto a él. La abrazó, estaba llorando.
- Tranquila, tranquila, no pasa nada.
El diablo, cogió el corazón de Luis, y se lo tragó. La tierra empezó a temblar, y el cielo se rompió, cayendo en mil pedazos. El cuerpo del diablo empezó a crecer, y entre alaridos, se convirtió en un terrorífico y deforme monstruo.
Luis, protegió a Leire con su cuerpo, echándose sobre ella en el suelo. Cuando abrió los ojos, se encontró de nuevo en el mundo, y vio como el diablo, convertido en una monstruosa y gigante abominación, se dirigía a una ciudad próxima, con la intención de destruirla.
"¿Qué puedo hacer?, ¿Y como es que sigo vivo sin corazón?" - Pensó Luis.
Entonces sintió un rítmico golpeteo en su pecho: ¡Era su corazón!, ¡estaba allí, y latía con enorme fuerza!
De él,empezó a salir un brillo que fue envolviendo a Luis, hasta convertirse en un rayo de luz, que desde su pecho, surgió poderoso, y alcanzó al diablo. Este empezó a gritar, y ardió hasta quedar consumido por las llamas.
- ¿Qué ha sucedido? - Le dijo Leire a Luis, abrazándole.
- Nada, no te preocupes, todo está bien.
Luis tuvo un sueño. En él aparecía Bernardo, con aspecto de ángel.
- Dime Bernardo, ¿qué sucedió?
- Sucedió que para poder llegar al infierno, tuviste que superar pruebas que exigían un corazón puro.
- ¡Pero si no tenía corazón!
- El corazón se forja en cada situación que se nos presenta en la vida.
- ¿Y qué pasó con el diablo?
- Está en el infierno, donde siempre estará. No existe fuerza más poderosa en el mundo que la de un corazón puro: El poder del amor.
viernes, 1 de mayo de 2015
La leyenda del "Robacorazones" (3)
Luis caminó por un lugar desértico, en el que el sol agrietaba la tierra reseca. De pronto escuchó una sirena, y vio a lo lejos, como apareciendo de la nada, un inmenso palacio dorado que brillaba y centelleaba con los rayos del sol. Se formó un gran alboroto, y empezó a salir gente de todas partes: de detrás de las piedras, de entre los matorrales, de debajo de la tierra,..........., que corrían desesperados hacia el palacio. Uno de ellos, le dio tal empujón, que le tiró al suelo. Desde allí, vio como la gente se peleaba de forma muy violenta por llegar antes al palacio.
-" ¿Pero que sucede?" - se preguntó.
Al rato, vio como el palacio se difuminaba hasta desaparecer, y la gente, volvía a mimetizarse con el entorno.
- ¿porqué no has corrido como todos los demás? - escuchó a su espalda - ¡eres joven y fuerte!
Se volvió, y vio a un anciano apoyado en una muleta.
- ¿Qué te pasa?, ¡eres mudo o que!
- Perdone, es que no soy de aquí. ¿Me podría explicar que es lo que ha sucedido?
- ¿Qué ha sucedido?, pues que debes de estar loco si no has intentado entrar en el palacio.
- ¿Y porqué debería querer entrar en el palacio?
-¡Además de loco estás ciego!, ¡mira a tu alrededor, no hay nada! ¡En el palacio hay riquezas y abundancia para todo aquel que entre! Si yo tuviera tus piernas no estaría aquí malviviendo, te lo aseguro. ¡Estos jóvenes no saben nada de la vida!
El hombre se alejó maldiciendo.
Pasado un tiempo, sonó de nuevo la sirena, y el formidable palacio apareció de nuevo de la nada, en un lugar diferente, y de nuevo, empezó a aparecer gente de todas partes, en febril carrera hacia él. Instintivamente, Luis echó a correr hacia allí, y al aparecer el palacio cerca de donde estaba, llegó rápidamente hasta la puerta. Se iba a disponer a entrar, cuando sintió un fuerte golpe en la cabeza, y cayó al suelo; le habían golpeado con un palo, y pasaron por encima suyo, pisándole las costillas. Cuando se recuperó, el palacio había desaparecido.
-"¡Maldita sea, la próxima vez lo conseguiré! - pensó, y buscó un palo para hacerse un arma.
Luis miró a su alrededor; encontró varios almendros y unos cuantos olivos. Se fijó también en un pequeño riachuelo en cuyas orillas crecían madreselvas. Pudo distinguir verdes hojas de zanahorias creciendo en la tierra, y aunque hacia calor, soplaba una agradable brisa. - " Pues no se está tan mal en este lugar" - pensó.
Se sentó en la orilla del riachuelo, donde encontró dulces fresas silvestres que comió con deleite. Se estaba quedando agradablemente dormido debajo de una pequeña encina, entre el murmullo del agua, y el canto de los pájaros, cuando la sirena volvió a retumbar por todo el valle. Se levantó de inmediato y cogió el palo que había preparado como arma. Entonces, vio como cerca de donde estaba, un hombre golpeaba salvajemente con un piedra a otro en la cabeza. - "¡Pero que estoy haciendo!, ¡ésto es una locura!" - pensó, y tiró el palo.
Volvió a tumbarse a la sombra del árbol, y se quedó dormido.
-" ¿Pero que sucede?" - se preguntó.
Al rato, vio como el palacio se difuminaba hasta desaparecer, y la gente, volvía a mimetizarse con el entorno.
- ¿porqué no has corrido como todos los demás? - escuchó a su espalda - ¡eres joven y fuerte!
Se volvió, y vio a un anciano apoyado en una muleta.
- ¿Qué te pasa?, ¡eres mudo o que!
- Perdone, es que no soy de aquí. ¿Me podría explicar que es lo que ha sucedido?
- ¿Qué ha sucedido?, pues que debes de estar loco si no has intentado entrar en el palacio.
- ¿Y porqué debería querer entrar en el palacio?
-¡Además de loco estás ciego!, ¡mira a tu alrededor, no hay nada! ¡En el palacio hay riquezas y abundancia para todo aquel que entre! Si yo tuviera tus piernas no estaría aquí malviviendo, te lo aseguro. ¡Estos jóvenes no saben nada de la vida!
El hombre se alejó maldiciendo.
Pasado un tiempo, sonó de nuevo la sirena, y el formidable palacio apareció de nuevo de la nada, en un lugar diferente, y de nuevo, empezó a aparecer gente de todas partes, en febril carrera hacia él. Instintivamente, Luis echó a correr hacia allí, y al aparecer el palacio cerca de donde estaba, llegó rápidamente hasta la puerta. Se iba a disponer a entrar, cuando sintió un fuerte golpe en la cabeza, y cayó al suelo; le habían golpeado con un palo, y pasaron por encima suyo, pisándole las costillas. Cuando se recuperó, el palacio había desaparecido.
-"¡Maldita sea, la próxima vez lo conseguiré! - pensó, y buscó un palo para hacerse un arma.
Luis miró a su alrededor; encontró varios almendros y unos cuantos olivos. Se fijó también en un pequeño riachuelo en cuyas orillas crecían madreselvas. Pudo distinguir verdes hojas de zanahorias creciendo en la tierra, y aunque hacia calor, soplaba una agradable brisa. - " Pues no se está tan mal en este lugar" - pensó.
Se sentó en la orilla del riachuelo, donde encontró dulces fresas silvestres que comió con deleite. Se estaba quedando agradablemente dormido debajo de una pequeña encina, entre el murmullo del agua, y el canto de los pájaros, cuando la sirena volvió a retumbar por todo el valle. Se levantó de inmediato y cogió el palo que había preparado como arma. Entonces, vio como cerca de donde estaba, un hombre golpeaba salvajemente con un piedra a otro en la cabeza. - "¡Pero que estoy haciendo!, ¡ésto es una locura!" - pensó, y tiró el palo.
Volvió a tumbarse a la sombra del árbol, y se quedó dormido.
viernes, 24 de abril de 2015
La leyenda del "Robacorazones" (2)
Luis se puso a caminar sin saber hacia donde . Se fue internando por un bosque, hasta un lago cubierto de niebla. Escuchó un crujido proveniente del agua; una barca se acercaba a la orilla del lago, entre la niebla. En ella, un personaje con una capucha que le tapaba el rostro y una túnica negra, remaba de pie sobre la popa de la embarcación.
- ¡Sube! - le dijo con una voz que no parecía humana.
Temblando de pies a cabeza, subió al bote. Sin pronunciar una sola palabra, el barquero remó pausadamente hasta la otra orilla, entre un silencio absoluto. Allí el barquero se quedó muy quieto. Luis vio su mano saliendo de la manga de la túnica: ¡Era un esqueleto! Se precipitó muerto de miedo fuera del bote y saltó al agua. Al mirar hacia atrás, no vio más que las negras aguas del lago.
La niebla se disipó, y se encontró frente a una cueva. Había antorchas a ambos lados de la entrada, por lo que se introdujo en ella. Las antorchas, colocadas en las paredes, iluminaban la cueva. Esta, se estrechaba a medida de que avanzaba, hasta el punto de tener que arrastrarse para continuar. Sudaba, tenía plapitaciones, pero ya le era casi imposible girarse para volver. La desesperación, amenazaba con atraparlo, pero entonces, le fue más fácil avanzar, y poco a poco, la cueva se fue ensanchando de nuevo, hasta llegar a una amplia estancia. Miró aliviado a su alrededor: ¡Se encontraba rodeado de chocolate!,¡estalactitas de chocolate blanco colgaban del techo, sobre un río de chocolate líquido que rodeaba rocas de chocolate negro entre paredes de chocolate con almendras y pasas!
- " ¡Chocolate, con lo que me gusta!" - Pensó, entonces se dio cuenta de que estaba hambriento, y se puso a comer frenéticamente.
Cuando ya no pudo comer más, siguió avanzando por la cueva de chocolate.Llegó a una estancia más grande, donde, sentados en cómodas tumbonas, encontró a varias personas. ¡Estaban terriblemente gordas!, y sólo se movían para alargar su mano y coger un trozo de chocolate que se llevaban a la boca.
- perdone - le dijo Luis a una de ellas - ¿Que sitio es éste?
- ¿Que sitio? - le contestó éste con la boca llena de chocolate - ¡El Paraíso!, sólo tienes que tumbarte y comer todo lo que te apetezca.
Luis se quedó confuso.
- ¿Y no hacéis nada más?
- ¿Hacer?, ¿Qué otra cosa se puede hacer?
- Pues.........no se, pasear, pintar, jugar a fútbol....
- Para eso tendría que salir de aquí........y tendría que bajar unos kilos para pasar por la cueva.........y para eso tendría que dejar de comer............¡no,no,no!
El hombre alargó la mano y siguió comiendo.
Luis miró a su alrededor, el chocolate tenía una pinta estupenda, y se puso a comer de nuevo.
- ¡Oye!, tienes tumbonas libres, coge una - le dijo el hombre, señalándolas.
Luis se dirigió hacia allí, pero se paró en seco. - "¿Qué estoy haciendo?" - pensó - "si sigo comiendo, ¡no saldré nunca de aquí!
Dio media vuelta, y corrió entre el suculento chocolate, luchando contra el embriagador aroma que le obligaba a detenerse. Luego se arrastró por el estrecho pasadizo, y salió aliviado a la luz del sol.
- ¡Sube! - le dijo con una voz que no parecía humana.
Temblando de pies a cabeza, subió al bote. Sin pronunciar una sola palabra, el barquero remó pausadamente hasta la otra orilla, entre un silencio absoluto. Allí el barquero se quedó muy quieto. Luis vio su mano saliendo de la manga de la túnica: ¡Era un esqueleto! Se precipitó muerto de miedo fuera del bote y saltó al agua. Al mirar hacia atrás, no vio más que las negras aguas del lago.
La niebla se disipó, y se encontró frente a una cueva. Había antorchas a ambos lados de la entrada, por lo que se introdujo en ella. Las antorchas, colocadas en las paredes, iluminaban la cueva. Esta, se estrechaba a medida de que avanzaba, hasta el punto de tener que arrastrarse para continuar. Sudaba, tenía plapitaciones, pero ya le era casi imposible girarse para volver. La desesperación, amenazaba con atraparlo, pero entonces, le fue más fácil avanzar, y poco a poco, la cueva se fue ensanchando de nuevo, hasta llegar a una amplia estancia. Miró aliviado a su alrededor: ¡Se encontraba rodeado de chocolate!,¡estalactitas de chocolate blanco colgaban del techo, sobre un río de chocolate líquido que rodeaba rocas de chocolate negro entre paredes de chocolate con almendras y pasas!
- " ¡Chocolate, con lo que me gusta!" - Pensó, entonces se dio cuenta de que estaba hambriento, y se puso a comer frenéticamente.
Cuando ya no pudo comer más, siguió avanzando por la cueva de chocolate.Llegó a una estancia más grande, donde, sentados en cómodas tumbonas, encontró a varias personas. ¡Estaban terriblemente gordas!, y sólo se movían para alargar su mano y coger un trozo de chocolate que se llevaban a la boca.
- perdone - le dijo Luis a una de ellas - ¿Que sitio es éste?
- ¿Que sitio? - le contestó éste con la boca llena de chocolate - ¡El Paraíso!, sólo tienes que tumbarte y comer todo lo que te apetezca.
Luis se quedó confuso.
- ¿Y no hacéis nada más?
- ¿Hacer?, ¿Qué otra cosa se puede hacer?
- Pues.........no se, pasear, pintar, jugar a fútbol....
- Para eso tendría que salir de aquí........y tendría que bajar unos kilos para pasar por la cueva.........y para eso tendría que dejar de comer............¡no,no,no!
El hombre alargó la mano y siguió comiendo.
Luis miró a su alrededor, el chocolate tenía una pinta estupenda, y se puso a comer de nuevo.
- ¡Oye!, tienes tumbonas libres, coge una - le dijo el hombre, señalándolas.
Luis se dirigió hacia allí, pero se paró en seco. - "¿Qué estoy haciendo?" - pensó - "si sigo comiendo, ¡no saldré nunca de aquí!
Dio media vuelta, y corrió entre el suculento chocolate, luchando contra el embriagador aroma que le obligaba a detenerse. Luego se arrastró por el estrecho pasadizo, y salió aliviado a la luz del sol.
viernes, 17 de abril de 2015
La leyenda del "Robacorazones" (1)
Hacía buen tiempo, por lo que los niños habían salido al patio a jugar en la hora del recreo. Luis jugaba con Leire a los cromos. Aunque ésta era 2 años menor, Luis se llevaba muy bien con ella.
Iosu y pedro se les acercaron.
- ¡Eh tu, cacota!, ¡eres una nena o que! - dijo Iosu.
- Es una nena, porque juega con nenas - recalcó Pedro.
Varios niños les rodearon.
- ¿No dices nada? - insistió Iosu.
- Vámonos Leire - Luis le cogió de la mano, y se abrieron paso entre los niños que les rodeaban.
- ¡Nena, nena! - corearon todos.
Leire se puso a llorar.
- No te preocupes, no pasa nada - le consoló Luis, enjuagándole las lágrimas con la mano.
Detrás de la reja que guardaba el patio, una siniestra figura observaba la escena, y sonreía.
Al salir del colegio, Luis se dirigía a su casa, cuando fue abordado por la siniestra figura que espiaba a través de la reja.
- Ejem.........., señor Luis.
Luis se sobresaltó al ver a un hombre delgado, casi esquelético, que vestía un antiguo traje negro, y cuyos ojos parecían ventanas hacia un invierno eterno.
- Permita que me presente; Soy el barón Greenforce -le dijo, taladrándole con sus oscuros ojos - Quiero ofrecerle un trato...........verá, soy inventor, y he inventado una máquina que hace que las personas sean queridas por todo el mundo. ¿Qué le parece?
- Bueno............
- Su funcionamiento es muy simple, cambia los iones negativos del aura de las personas en iones positivos, así que todo el mundo querrá estar contigo, es una cuestión de electromagnetismo.
- Ya.
- Confía en mí, y te convertirás en el niño más popular del colegio.
- pero yo no quiero ser popular....
-¡Si todo el mundo quiere serlo!.¿Quien no quiere se popular?, ¡hay que estar loco para no querer ser popular!
- Lo siento, pero yo......
- ¡Por favor!, ¡por favor!, ¡deja que te ayude!, ¡por Dios! - El barón se arrodilló frente a Luis suplicándole.
- ¡Venga, venga, barón!, ¡levántese!, ¡dejaré que me ayude!
- ¡Gracias,gracias!, ¡no se arrepentirá, se lo juro! - decía el barón mientras besaba la mano de Luis.
Pero por debajo de su suplicante mirada, una ansiosa y siniestra sonrisa se extendía en sus labios.
Al día siguiente, Luis acudió a casa del Barón, más por lástima que por interés propio. Era una destartalada mansión a las afueras de la ciudad, que parecía surgir del mismísimo infierno, rodeada por un oscuro jardín, que como una jungla, parecía devorarla.
Dentro, el barón, vestido con una bata blanca, le recibió con pastosa cordialidad.
- ¡Adelante, adelante!, ¡está usted en su casa!, ¡póngase cómodo, debe de estar agotado de tan largo periplo! - le dijo ofreciéndole un viejo y gastado sillón situado frente a una polvorienta chimenea donde todavía humeaban extraños restos calcinados.
- Bueno.....será mejor que empecemos cuanto antes, tengo que hacer los deberes de clase.
- Bien, bien, como quiera, vayamos entonces a mi laboratorio. Acompáñeme por favor.
Por dentro, la mansión parecía más abandonada si cabe. Le llevó hasta el sótano, por oscuros pasillos, a la luz de un candelabro que llevaba en el mano. Allí, se encontraba su laboratorio, lleno de extraños cachibaches.
- Siéntese aquí, y perdone el desorden.
Nada más sentarse, el barón cerró unos grilletes que salían del posabrazos de la silla, y otros que salían de las patas, atrapándole brazos y piernas. Se sobresaltó, y el sobresalto se convirtió en terror cuando escuchó la risa histérica del barón, que con los ojos inyectados en sangre, se frotaba las manos.
- ¡Ya te tengo!, ¡por fin!
- ¿Qué está haciendo?, ¡qué quiere de mi!
El barón le miró fijamente, mientras cogía unas tenazas con la mano.
- ¡Tu corazón!
Luis se desmayó.
Cuando despertó, se encontró en su cuarto, tumbado en la cama. Tenía las sábanas empapadas de sudor, y le dolía el pecho. ¿Habría sido todo un sueño? Salió para despejarse un poco. Estaba mareado, y le seguía doliendo el pecho.
- Luis - escuchó. Un joven apuesto se le acerco - permite que me presente..............
- ¡No!, ¡no quiero saber nada de desconocidos!
Echó a correr. Sin embargo, cuando se detuvo, se encontró con el joven delante de él
- ¿Como es posible? - dijo extrañado.
- No te asustes, sólo quiero ayudarte. Escucha, se lo que te ha sucedido, y te lo puedo explicar todo.
- ¿Quien eres?, ¿Y como lo sabes?
- Soy Bernardo, tu ángel de la guardia. ¡En serio, no pongas esa cara!
- ¿Y porqué no me ayudaste ayer?
- Lo intente...........pero el barón es un ser muy astuto y escurridizo.
- ¿Entonces no fue un mal sueño?
- No, sucedió.
- ¿Y mi corazón? -dijo Luis llevándose la mano al pecho.
- Te lo ha quitado.
- ¡Si lo noto palpitar!
- Lo que escuchas es un reloj que el barón ha puesto en su lugar. En cuanto se acabe la cuerda, se parará y ....
- ¿Y moriré?
- si, si no logramos recuperar antes tu corazón.
Una onda preocupación llenó a Luis
- ¡Vayamos a por el barón!, ¡tenemos que recuperarlo!
- Antes te contaré una historia, su historia, la historia del "Robacorazones". El Barón Greengorce ha tenido muchos nombres a lo largo de la historia; Caín, Judas, Rasputín, Adolf,........,es un ser inmortal, que hizo un pacto con el diablo: Le pidió la inmortalidad a cambio de su corazón. El diablo aceptó, y desde entonces vaga por la tierra burlándose del paso del tiempo.
- ¿Y porqué quiere mi corazón?
- Es muy desgraciado, no se puede ser feliz sin corazón, y ahora lo que más desea en este mundo, es la muerte. Por eso roba corazones, para encontrar un corazón puro.
-¡No entiendo nada!
- Déjame continuar. Mira, el diablo ha intentado a lo largo de la historia, apropiarse de un corazón puro. El no puede manifestarse en el mundo, sólo puede influir en él, influyendo en las personas; pero un corazón puro, le daría el poder para hacerlo, ¡y sería el fin de la humanidad!
- ¿Y que tiene que ver conmigo?
- ¡Tu corazón es puro!, ¡y el barón lo necesita como moneda de cambio para ser de nuevo mortal!
- Luis se quedó callado, intentando digerir lo que le acababa de contar Bernardo.
- ¡Es todo muy complicado!- dijo al rato.
- Bueno, tienes que encontrar al barón, y para ello debes ir al infierno, donde se encuentra el diablo.El barón ya estará de camino para encontrarse con él.
- ¿El infierno existe?
- Por desgracia si.
- ¿Y donde se encuentra?
- ¡En todas partes!, sólo tienes que desear encontrarlo, ¡Y él te encontrará a ti!
Luis cerró los ojos, pensó en el infierno y deseó con todas sus fuerzas ir allí.
- Ahora sólo tienes que dejarte llevar - Dijo Bernardo.
- Bien, pues vamos.
- Luis.........lo siento, yo no puedo acompañarte. Los ángeles no podemos entrar en el infierno, nos corromperíamos de inmediato. Pero estaré contigo si me necesitas.
- Pero...........
- Se que tienes miedo, pero es un viaje que debes hacer tu solo. Pero no lo olvides, si me necesitas ¡llámame! ¡Suerte!
Bernardo desapareció, dejando a Luis en la más terrible confusión.
Iosu y pedro se les acercaron.
- ¡Eh tu, cacota!, ¡eres una nena o que! - dijo Iosu.
- Es una nena, porque juega con nenas - recalcó Pedro.
Varios niños les rodearon.
- ¿No dices nada? - insistió Iosu.
- Vámonos Leire - Luis le cogió de la mano, y se abrieron paso entre los niños que les rodeaban.
- ¡Nena, nena! - corearon todos.
Leire se puso a llorar.
- No te preocupes, no pasa nada - le consoló Luis, enjuagándole las lágrimas con la mano.
Detrás de la reja que guardaba el patio, una siniestra figura observaba la escena, y sonreía.
Al salir del colegio, Luis se dirigía a su casa, cuando fue abordado por la siniestra figura que espiaba a través de la reja.
- Ejem.........., señor Luis.
Luis se sobresaltó al ver a un hombre delgado, casi esquelético, que vestía un antiguo traje negro, y cuyos ojos parecían ventanas hacia un invierno eterno.
- Permita que me presente; Soy el barón Greenforce -le dijo, taladrándole con sus oscuros ojos - Quiero ofrecerle un trato...........verá, soy inventor, y he inventado una máquina que hace que las personas sean queridas por todo el mundo. ¿Qué le parece?
- Bueno............
- Su funcionamiento es muy simple, cambia los iones negativos del aura de las personas en iones positivos, así que todo el mundo querrá estar contigo, es una cuestión de electromagnetismo.
- Ya.
- Confía en mí, y te convertirás en el niño más popular del colegio.
- pero yo no quiero ser popular....
-¡Si todo el mundo quiere serlo!.¿Quien no quiere se popular?, ¡hay que estar loco para no querer ser popular!
- Lo siento, pero yo......
- ¡Por favor!, ¡por favor!, ¡deja que te ayude!, ¡por Dios! - El barón se arrodilló frente a Luis suplicándole.
- ¡Venga, venga, barón!, ¡levántese!, ¡dejaré que me ayude!
- ¡Gracias,gracias!, ¡no se arrepentirá, se lo juro! - decía el barón mientras besaba la mano de Luis.
Pero por debajo de su suplicante mirada, una ansiosa y siniestra sonrisa se extendía en sus labios.
Al día siguiente, Luis acudió a casa del Barón, más por lástima que por interés propio. Era una destartalada mansión a las afueras de la ciudad, que parecía surgir del mismísimo infierno, rodeada por un oscuro jardín, que como una jungla, parecía devorarla.
Dentro, el barón, vestido con una bata blanca, le recibió con pastosa cordialidad.
- ¡Adelante, adelante!, ¡está usted en su casa!, ¡póngase cómodo, debe de estar agotado de tan largo periplo! - le dijo ofreciéndole un viejo y gastado sillón situado frente a una polvorienta chimenea donde todavía humeaban extraños restos calcinados.
- Bueno.....será mejor que empecemos cuanto antes, tengo que hacer los deberes de clase.
- Bien, bien, como quiera, vayamos entonces a mi laboratorio. Acompáñeme por favor.
Por dentro, la mansión parecía más abandonada si cabe. Le llevó hasta el sótano, por oscuros pasillos, a la luz de un candelabro que llevaba en el mano. Allí, se encontraba su laboratorio, lleno de extraños cachibaches.
- Siéntese aquí, y perdone el desorden.
Nada más sentarse, el barón cerró unos grilletes que salían del posabrazos de la silla, y otros que salían de las patas, atrapándole brazos y piernas. Se sobresaltó, y el sobresalto se convirtió en terror cuando escuchó la risa histérica del barón, que con los ojos inyectados en sangre, se frotaba las manos.
- ¡Ya te tengo!, ¡por fin!
- ¿Qué está haciendo?, ¡qué quiere de mi!
El barón le miró fijamente, mientras cogía unas tenazas con la mano.
- ¡Tu corazón!
Luis se desmayó.
Cuando despertó, se encontró en su cuarto, tumbado en la cama. Tenía las sábanas empapadas de sudor, y le dolía el pecho. ¿Habría sido todo un sueño? Salió para despejarse un poco. Estaba mareado, y le seguía doliendo el pecho.
- Luis - escuchó. Un joven apuesto se le acerco - permite que me presente..............
- ¡No!, ¡no quiero saber nada de desconocidos!
Echó a correr. Sin embargo, cuando se detuvo, se encontró con el joven delante de él
- ¿Como es posible? - dijo extrañado.
- No te asustes, sólo quiero ayudarte. Escucha, se lo que te ha sucedido, y te lo puedo explicar todo.
- ¿Quien eres?, ¿Y como lo sabes?
- Soy Bernardo, tu ángel de la guardia. ¡En serio, no pongas esa cara!
- ¿Y porqué no me ayudaste ayer?
- Lo intente...........pero el barón es un ser muy astuto y escurridizo.
- ¿Entonces no fue un mal sueño?
- No, sucedió.
- ¿Y mi corazón? -dijo Luis llevándose la mano al pecho.
- Te lo ha quitado.
- ¡Si lo noto palpitar!
- Lo que escuchas es un reloj que el barón ha puesto en su lugar. En cuanto se acabe la cuerda, se parará y ....
- ¿Y moriré?
- si, si no logramos recuperar antes tu corazón.
Una onda preocupación llenó a Luis
- ¡Vayamos a por el barón!, ¡tenemos que recuperarlo!
- Antes te contaré una historia, su historia, la historia del "Robacorazones". El Barón Greengorce ha tenido muchos nombres a lo largo de la historia; Caín, Judas, Rasputín, Adolf,........,es un ser inmortal, que hizo un pacto con el diablo: Le pidió la inmortalidad a cambio de su corazón. El diablo aceptó, y desde entonces vaga por la tierra burlándose del paso del tiempo.
- ¿Y porqué quiere mi corazón?
- Es muy desgraciado, no se puede ser feliz sin corazón, y ahora lo que más desea en este mundo, es la muerte. Por eso roba corazones, para encontrar un corazón puro.
-¡No entiendo nada!
- Déjame continuar. Mira, el diablo ha intentado a lo largo de la historia, apropiarse de un corazón puro. El no puede manifestarse en el mundo, sólo puede influir en él, influyendo en las personas; pero un corazón puro, le daría el poder para hacerlo, ¡y sería el fin de la humanidad!
- ¿Y que tiene que ver conmigo?
- ¡Tu corazón es puro!, ¡y el barón lo necesita como moneda de cambio para ser de nuevo mortal!
- Luis se quedó callado, intentando digerir lo que le acababa de contar Bernardo.
- ¡Es todo muy complicado!- dijo al rato.
- Bueno, tienes que encontrar al barón, y para ello debes ir al infierno, donde se encuentra el diablo.El barón ya estará de camino para encontrarse con él.
- ¿El infierno existe?
- Por desgracia si.
- ¿Y donde se encuentra?
- ¡En todas partes!, sólo tienes que desear encontrarlo, ¡Y él te encontrará a ti!
Luis cerró los ojos, pensó en el infierno y deseó con todas sus fuerzas ir allí.
- Ahora sólo tienes que dejarte llevar - Dijo Bernardo.
- Bien, pues vamos.
- Luis.........lo siento, yo no puedo acompañarte. Los ángeles no podemos entrar en el infierno, nos corromperíamos de inmediato. Pero estaré contigo si me necesitas.
- Pero...........
- Se que tienes miedo, pero es un viaje que debes hacer tu solo. Pero no lo olvides, si me necesitas ¡llámame! ¡Suerte!
Bernardo desapareció, dejando a Luis en la más terrible confusión.
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