Cuentos para contar.

viernes, 16 de enero de 2015

El Niño Poesía y El Heladero Mágico en: "Las tres reliquias"(parte 1ª)

Llovía, y el fuerte viento hacía imposible abrir el paraguas sin que se doblaran las varillas. Resguardados en su cuartel general (la vieja heladería abandonada), "El Niño Poesía", y "El Heladero Mágico", leían comics, mientras saboreaban las nuevas creaciones de Félix.
- Pues no se que decirte, para mí a este de macarrones con tomate le falta algo - Decía Asier.
-Uhm............., si, quizás un poco más de queso le iría bien.
- y de albahaca también.
Entonces sonó el teléfono.
- Aquí "El Heladero Mágico", desde el cuartel general, ¿Qué desea? - dijo Félix cogiendo el auricular.
- Si,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,ya,....................,¡vaya!..................de acuerdo, iremos enseguida. Tenemos un nuevo caso - dijo tras colgar el teléfono.
- ¿De qué se trata?
- Han robado "Las tres reliquias".
- ¿Las tres reliquias?
- Si................, claro, no puedes saber de lo que te hablo - dijo Félix al ver la cara de extrañeza de Asier - pues abre bien los oídos. Los adultos tratamos a los bebes como si fueran ignorantes, sólo por que no les entendemos. Pero no es así, ¡ni mucho menos!, durante siglos, se han ido reuniendo de forma clandestina para discutir sus problemas, organizar fiestas, y demás. De estas reuniones, surgió una sociedad secreta llamada "Bebe-landia"
- ¡Alucinante!
- ¡Y que lo digas!
- ¿cómo es que nadie la conoce?
- Son muy cuidadosos. Además, cuando los bebés aprenden el lenguaje de los adultos, olvidan automaticamente todo lo que tiene que ver con "Bebe-landia"
-¿Y como perdura la sociedad?
- Es todo un misterio.
- ¡Vaya!
Asier y Félix dieron varias chupadas a sus helados.
- Resulta - continuó Félix - que me acaba de llamar el actual presidente de "Bebe-landia".
- ¿Le conoces?
- Tengo contactos en todo el mundo - replicó orgulloso -. Pues me ha pedido que recupere " Las tres reliquias". Se trata del tesoro sagrado de la sociedad: El pañal superabsorbente, La piruleta de los mil sabores, y el juguete irrompible.
- ¡Caramba!
- Creía que era un mito la existencia de las reliquias,¡pero son reales! Las han preservado durante generaciones, guardadas en el interior del "Gran peluche", un osito de peluche que se encuentra en el "Planet-toy", el gran templo de los bebés.
- Es un caso la mar de interesante.
- Si, he concertado una cita con el presidente, nos informará minuciosamente de los hechos, ¡vamos!
¡"El Niño Poesía", y "El Heladero Mágico", cogieron "El Frigo-móvil",(el carrito de los helados) para emprender una nueva y fascinante aventura en pos de la justicia!


domingo, 7 de diciembre de 2014

El domador del viento

Eran las nueve de la mañana; el bazar de la ciudad de Lucknow empezaba a desperezarse. Del interior de las casetas de los artesanos, se escuchaba el martilleo de los plateros; en la zona de los comerciantes, un incesante ir y venir de motocicletas cargadas de forma inverosímil con innumerables bultos; los humos y olores a especias y grasa usada, que saturaba el ambiente en los puestos de comida,.................. Era también la hora de la oración, y desde los altavoces de las mezquitas, se escuchaban salmos del Corán, entremezclándose con las bandas sonoras de los últimos éxitos de Bollygood, que sonaban en los viejos radiocasetes de los tenderos.
Rashid vivía en el bazar. En aquel momento curtía la piel de una oveja, como le había enseñado su padre. Este, provenía de una de las más prestigiosas familias de constructores de cometas, y le había transmitido su saber, heredado de generación en generación.
Un hombre alto y delgado, que llevaba una túnica oscura y velo cubriéndole la boca, entró en la tienda. Sus ojos oscuros escrutaron el pequeño taller.
- Perdone - le dijo Rashid - todavía no está abierta la tienda.
El hombre, sin prestarle atención, se dirigió a una esquina del local, donde estaban amontonadas varias cometas. Cogió una de ellas, y la observó con atención.
- Un buen trabajo - dijo - ¿Las haces tú?
- No, las hace mi padre, yo sólo le ayudo.
- Tú debes de ser Rashid, ¿No es así?
- Si señor.
- Pues ve a buscar a tu padre, ¡deprisa!
La mirada intensa del hombre, disiparon los reparos que Rashid tenía de dejar solo en la tienda a un desconocido, y fue a buscar a su padre a toda prisa.
El hombre se llamaba Karín, y era un "Domador de vientos", un arte ancestral que consistía en hacer "bailar al viento", mediante el vuelo de una cometa. De esta manera, cuando se formaba una fuerte tormenta, el "domador de vientos", conseguía apaciguarla con su arte.
Karín se reunió con el padre de Rashid, y hablo así:
- Se está formando en las inmediaciones de Lucknow la tormenta más monstruosa que jamás se ha visto. Los mejores "domadores de vientos" hemos intentado controlarla, sin conseguirlo. Los sumos sacerdotes, se reunieron, y llegaron a la conclusión de que la única forma de domar a Estela, que es como llaman a la tormenta, era haciéndola bailar con una cometa construida con "Lágrimas de luna"(1). Por eso he venido, ya que tú eres uno de los más prestigiosos constructores de  cometas.
- ¿Pretendes que haga una cometa de plata? - dijo Abdul, el padre de Rashid - ¡sería terriblemente frágil!
- ¡Alá la protegerá!
Abdul se puso a trabajar de inmediato, la tormenta estaba adquiriendo dimensiones apocalípticas. Karín llevó las "Lágrimas de luna" a un platero, que las trabajó hasta convertirlas en delgadísimas láminas de plata. Con ellas, Abdul construyó el cometa, y los sumos sacerdotes la consagraron mediante complejos rituales; y llegó el momento de la verdad.

6 años antes.

Rashid tenía seis años cuando su abuelo le llevó por primera vez a volar cometas; éste, además de constructor de cometas, era un prestigioso "domador de vientos"
- Volar cometas es fácil - le dijo -, pero hacer que el viento baile con ellas, es un arte que muy pocas personas llegan a dominar; es más bien un don que se tiene o no se tiene.
- Yo quiero hacer bailar al viento.
- No basta con quererlo. Debes amar al viento, amarlo y respetarlo; sólo entonces él bailará contigo. Observa.
No soplaba la más mínima ráfaga de viento; sin embargo, el abuelo, con un simple movimiento de muñeca, hizo volar la cometa. Rashid observaba maravillado como la cometa se elevaba serpenteando en el aire, y caía caracoleando alegremente en un picado hasta la tierra, que lamió antes de ascender de nuevo y quedarse suspendida en el aire, abrazada por el viento. Fueron muchas las horas que el abuelo y el nieto pasaron volando cometas, haciéndolas volar con el viento.

En la actualidad.

Parecía que la noche se había instalado de forma perpetua en el valle; no se escuchaba ni el canto de los pájaros, que como el resto de animales, habían huido de él. El silencio comprimía el aire, a la espera de la chispa que haría estallar el cielo. Karín, concentrado plenamente en su misión, proyectaba su fuerza de voluntad sobre la cometa de plata, para intentar dominar los impetuosos vientos. Esta, se elevó hiriente en el cielo, rasgando las negras nubes. "El domador" quiso ejecutar el nervioso "Vuelo de la paloma", para sorprender luego al viento con el poderoso "Vuelo del halcón", y atraparlo en sus garras; pero el viento, colérico, hizo añicos la frágil cometa, devorándola con las llamas del "Vuelo del dragón. La última esperanza se había perdido; la tierra estaba condenada a la destrucción.
Rashid fue corriendo a casa de su abuelo. Hacía tiempo que éste no salía de casa por problemas en las articulaciones.
- ¡Abuelo, abuelo! - gritó Rashid - ¡tenemos que irnos corriendo de aquí!, ¡la tormenta llegará enseguida!
El abuelo le miró divertido.
- Si no puedo ni moverme, ¿como quieres que salga corriendo?
- Tenemos una furgoneta que ha alquilado papá, nos iremos todos en ella.
- No hijo, yo me quedo aquí, nada ni nadie podrá escapar de la tormenta. Hemos ofendido al viento con nuestras artes tramposas, y lo vamos a pagar muy caro.
- ¡ Pero abuelo!, ¡nos tenemos que ir!
El abuelo le miró con infinita ternura.
- ¡Todavía nos queda una posibilidad! - le dijo - ¿guardas la cometa que construimos juntos, con la que te enseñé a bailar con el viento?
- Creo que está por algún rincón de mi cuarto..............,¡pero está rota y estropeada!
- ¡Pues arréglala, y con ella, baila con el viento!
- ¡pero abuelo!, ¡ni siquiera Karín el mejor domaror de vientos de todos los tiempos ha conseguido detener la tormenta!, y eso que llevaba una cometa construida con "Lágrimas de luna".
- ¡Tonterías!, lo único que hace falta para domar al viento es humildad, humildad y amor, y eso es lo que te he enseñado a tener durante todo este tiempo.
Rashid se quedo anonadado, sin saber que decir.
- ¡No perdamos más tiempo! -dijo el abuelo - ¡ve a bailar con el viento!
Rashid rebuscó entre un montón de cometas polvorientas que tenía en su habitación, y cogió una. Estaba rasgada, y le faltaba el eje corto; era su primera cometa, con la que aprendió a "bailar". Fue corriendo al taller, y remendó la rasgadura. Luego ató el eje que le faltaba con un cordel; no tenía tiempo suficiente para usar cola. "Espero que aguante"-  pensó. Después de realizar unos últimos retoques, cogió la vieja cometa, y fue en bicicleta hasta el valle, donde redoblaban los truenos entre la luz de los rayos.
Rashid estaba muerto de miedo; el viento formaba remolinos a su alrededor deshojando los árboles. Colocó la cometa en el suelo y desenrolló el cordel; vio como su bicicleta caía al suelo y era arrastrada por la hierba. "Vamos allá"- pensó. Con un ligero toque de muñeca, la cometa empezó a elevarse; el viento la embistió con furiosas ráfagas, que la golpeaban sin piedad. Rashid, con pulso firme, intentaba hacerla escapar de ellas mediante quiebros y requiebros. Pasó el tiempo; le dolían las muñecas por la tensión de las cuerdas, estaba a punto de desfallecer por el esfuerzo,...............,entonces pensó en su abuelo, su imagen le reconfortó, y recuperó las fuerzas. Poco a poco, la frágil cometa lograba volar a favor de las corrientes que cambiaban incesantemente de dirección. Hasta que el viento empezó a seguir a la cometa, y se fundieron en un único y armónico movimiento. Rashid podía sentir el inmenso poder del viento entre sus manos. Entonces sucedió algo increíble: La cometa quedó suspendida en el aire, muy quieta; se encontraba en el centro de la tormenta. A su alrededor, los vientos se aglutinaban caóticamente, girando y girando a velocidades endiabladas. Rashid, con un diestro movimiento, hizo también girar la cometa, ejecutando "El vuelo del Fénix", y los vientos le acompañaron impulsando sus alas de fuego.

Hacía un día luminoso, el abuelo en su silla de ruedas, y Rashid junto a él, hacían volar sus cometas con el viento del Monzón; jugando al escondite.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Mi amigo el globo

Le conocí por casualidad; no era uno de esos globos que flota en el aire, y que si no lo sujetas con un cordel, se van por el cielo hasta quien sabe donde; no, era un globo normal, ovalado y de color rojo. Como ya he dicho, fue una casualidad que el viento le arrastrara hasta mi algodón de azúcar, y se quedara pegado en él. Estaba en la feria, con mis padres, y todos reímos al verle  intentando escapar de la pegajosa trampa.
Desde entonces no nos separamos; le até un pequeño cordel, que a su vez enrollé en mi muñeca. No me dijo su nombre, así que le llamé Bryan, me gusta como suenan los nombres ingleses. Nos íbamos a pasear al parque, al cine, a andar en bici,................, pero me daba la sensación de que no era feliz, así que le dibujé una sonrisa con un rotulador; -"así está mejor"- pensé al verle sonreír.
Pero sabía que en el fondo, envidiaba a esos globos de helio, que se elevan y elevan hasta perderse de vista; ¿a donde irán?; él, siempre a merced del viento, o del movimiento de mi mano..............
Pasó el tiempo, y Bryan se iba deshinchando poco a poco, como todo los globos. Decidí volver a hincharlo, ¡con el aire de mis pulmones!. Desaté el nudo de su parte inferior, ¡y salió disparado de entre mis manos! cruzando erráticamente  el cielo, y emitiendo un agónico silbido que se apagó al quedarse sin aire. Luego cayó en picado al suelo. Lo recogí con un nudo en el estómago, y soplé en su boca una y otra vez. Bryan empezó a recuperar su forma, y cuando alcanzó el tamaño de su entorno, le abracé con el corazón hendido. Le até de nuevo a mi muñeca, y entonces, sucedió algo extraordinario:¡Empezó a elevarse!, tiraba de mí con todas sus fuerzas, ¡Quería que le dejase ir!, ¡y que fuera con él,...................!; y me dejé llevar.
Alcanzamos la copa de un gran roble, y seguimos ascendiendo; las golondrinas jugaban alrededor, las palomas huían asustadas. Llegamos hasta unos cúmulos; todo se volvió blanco y fantasmal. Hacía frío, y nos abrazamos con fuerza. Al salir de las nubes, el sol nos calentó de nuevo con sus rayos, y nos dirigimos hacia él, no sin antes deslizarnos por los anillos de Saturno, saludar a la Luna, que nos invitó a queso, o jugar al escondite en los remolinos de Júpiter.
El sol nos recibió radiante, como siempre, y volvimos a la tierra, montados en la cola de un cometa.
Al llegar a casa, nos despedimos. Bryan añoraba su libertar, y ahora era dueño de su destino, por lo que solté el cordel de mi muñeca,..................., y le dejé partir, allí donde van los globos. Mientras se alejaba, veía en su boca la sonrisa que le dibujé, y supe que una parte de mí iría siempre con él.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Las aventuras de Paquita, la cebra que perdió sus rayas (parte 5ª)

Se celebraba una carrera en Africa, cerca de la reserva donde había nacido Paquita. Ella, miraba emocionada por la ventanilla del avión: Grandes extensiones de hierba dorada, tamizada de arena que levantaban las manadas de ñus en estampida, grandes lagos como ojos azules, reflejando el cielo, peñas impresionantes sosteniéndolo todo,,,,,,,,,,,,., los recuerdos se amontonaron en su cabeza; ¡estaba de nuevo en casa!
En cuanto salió del avión, hechó a correr como nunca lo había hecho. Corrió y corrió sin mirar atrás, y llegó hasta la sabana, su hogar. En el lago, donde se reunen todos los animales para beber, ¡encontró a su manada!: Sus padres, sus amigos,.......todas las personas a las que amaba, allí no era más que Paquita, una más de la manada. Se sentía feliz, pero tenía mucho que hacer. Al alba, reunió a toda la manada, y les contó el maravilloso lugar que había conocido : "Burrolandia".
- ¡Iremos a "burrolandia",  y viviremos allí.
- ¿Y cómo vamos a ir hasta allí? - dijo Shogun, el jefe de la manada.
- ¡Tengo un plan!
Al día siguiente, Paquita fue a ver al hechicero, en La Montaña del Esqueleto. Le encontró en su cueva, frente a la hoguera.
- ¿Encontraste zoopía? - le preguntó al verle.
- Si, pero como me dijiste, no era lo que me había imaginado.
- ¡Nada es como te lo imaginas! - tras un breve silencio, continuó - Y ahora quieres llevar a tu manada a "Burrolandia", ¿no es así?
- Si, ¿Puedas ayudarme?
El hechicero sonrió, y subió a lomos de Paquita.
- ¡En marcha! - gritó.
Llegaron a la reserva, donde pastaba la manada. El hechicero se bajó y la reunió a su alrededor. Empezó a tocar unos tambores con forma de calabaza, y a cantar, hasta caer en trance. El cielo se llenó de nubes negras, rayos y truenos empezaron a desencadenarse sobre sus cabezas, un relámpago del hechicero, envolviendo a toda la manada con su  luz. De repente, se oyó una fuerte explosión, y la tormenta se deshizo en el aire. El hechicero, abrió los ojos; A su alrededor, grandes aves se miraban unas a otras sorprendidas: ¡era la manada!
- ¡partid!, ¡id allí donde os lleve el corazón! - gritó el hechicero levantando los brazos.
Las aves, surcaron mar y tierra, guiadas por Paquita, y llegaron hasta un verde valle, entre las montañas de los Alpes: "Burrolandia" Allí, descendieron; un gran destello les envolvió, y volvieron a convertirse en cebras:
¡Sin rayas!

viernes, 24 de octubre de 2014

Las aventuras de Paquita, la cebra que perdió sus rayas (4ª parte)

Se iba a celebrar El Gran Prix, en París, la carrera de burros más importante del mundo. Participaban los más rápidos, y entre ellos, como no podía ser de otra manera, Paquita, que era la favorita para el triunfo. La víspera de la carrera, entabló amistad con Bruno, un veterano corredor, para el que ésta carrera, iba a suponer el final de su larga y exitosa trayectoria como corredor.
- He tenido una buena vida - le comentaba Bruno a Paquita en los establos - , he visto mundo, he conocida gente, y me he divertido.
- ¿Y ahora que va a ser de ti?
- Me llevarán a Burrolandia, donde pasaré el resto de mis días a cuerpo de rey.
- ¿Burrolandia?
- Si, es un lugar donde te cuidan y te dan de comer en recompensa por tus servicios durante todos estos años corriendo y corriendo.
"- Al final va a resultar que los humanos no son tan malvados como creía"- pensó Paquita.
Al día siguiente, se celebró El Gran Prix,y Paquita fue la vencedora, sacando varios cuerpos a su predecesor. Después de los elogios, las coronas de flores en el cuello, y las fotos de rigor, le llevaron al establo, con sus compañeros. Entonces buscó a Bruno.
- ¿Habéis visto a Bruno? - les preguntó.
- Le han metido en ése camión - le dijeron, señalándole un camión que se encontraba cerca del establo.
"- Le llevan a Burrolandia - pensó. Así que rompió la puerta del establo con una coz, y siguió al camión. Quería saber si en verdad existía un lugar así.
El camión paró frente a un feo edificio rodeado de vallas metálicas y alambradas. Vio como metían a Bruno y a otros animales, cerdos, vacas, ovejas,.........en un frío y oscuro pabellón. Varios hombres, portando grandes cuchillos y delantales de plástico, esperaban en un pabellón contiguo, frente a grandes mesas de mármol.
Escuchó de repente unos ladridos, un Doberman, atado por una cadena, se movía inquieto y amenazante.
- ¡Escapa lo más rápido que puedas! - le dijo.
-¿Qué es ésto? - le preguntó Paquita.
- ¡El infierno!, ¡el matadero!, ¡Aquí es donde acaban sus vidas todos los animales que cuidan los hombres, para convertirlos en comida! ja,ja,ja,ja, si te cogen, acabarás como una rica y jugosa hamburguesa, ¿no te gustaría probarlas? ja,ja,ja,ja................
Paquita se alejó asqueada del matadero.

Lloró y lloró desconsolada por la crueldad sin fin de los hombres. Decidió no volver nunca más con ellos; se quedaría allí, en el bosque, viviendo como un ermitaño.
Pasaron los días; a Paquita le costaba mucho conseguir alimentos, acostumbrada como estaba a que le sirvieran la comida sin ningún esfuerzo. Un día, se encontró un huerto, donde crecían suculentas zanahorias, nabos y lechugas; pero estaba rodeado de una alambrada. Intentó saltarla, lo que no hubiera supuesto ningún problema para una cebra como ella, pero estaba muy débil por la falta de alimentos, y una de sus patas se enredó en la alambrada, cayendo de bruces en el huerto. La pobre Paquita perdió el sentido por el tremendo golpe.
Cuando despertó, se encontró en en establo. Le dolía la cabeza, y el estómago le rugía como un león. Se acercó al pesebre; estaba lleno de alfalfa, por lo que comió hasta hartarse; y se durmió. Cuando despertó, se encontró rodeado por una veintena de burros que le miraban curiosos.
- Bienvenido - le dijo uno de color pardo, que lucía una gran panza.  Paquita miró a su alrededor extrañada.
- tienes unas patas muy robustas para ser un burro - continuó el burro pardo.
- Es que no soy un burro, soy una cebra que ha perdido sus rayas.
Miradas burlonas se dibujaron en los rostros de los burros.
- Creo que el golpe te ha trastornado un poco, pero bueno, de todas  formas, si es así, será mejor que te lo calles, si se enteran los cuidadores, te echarán.
- ¡Pues prefiero ser libre y morirme de hambre, que tener la tripa llena y ser un esclavo! - respondió Paquita orgullosa.
Nuevas sonrisas surcaron los hocicos de los burros.
- Creo que no sabes donde estás. ¡Estás en Burrolandia, el paraíso de los burros!
- ¡Es aquí donde deberían haber traído a Bruno!, ¡entonces es cierto que existe!
- Claro, Burrolandia lo crearon unos hombres que amaban a los burros. Las máquinas han ido sustituyendo a los burros en las labores del campo y de transporte, por lo que éstos, que se encargaban de ellas, fueron abandonados a su suerte, para no tener que mantenerlos.
- ¡La crueldad de los hombres!
- No todos son iguales. Los que yo te hablo, reunen a todos los burros abandonados, y los cuidan y alimentan. Es una suerte que hayas acabado aquí.
Paquita pensó de inmediato en su manada, y en lo felices que serían todos allí.
- ¡Tengo que irme!- dijo de pronto, y saliendo del establo, cogió carrerilla, y saltó la alambrada que le separaba del bosque. Corrió y corrió por montes y valles hasta llegar a la carretera, que sabía que le llevaría hasta la ciudad de los hombres, donde encontraría el hipódromo donde tantas veces había corrido. Y hasta allí llegó, donde de inmediato fue reconocida: "Rayo", el burro más rápido del mundo.
De nuevo se convirtió en una estrella, y continuó su espectacular trayectoria, ganando carreras por todo el mundo.

domingo, 12 de octubre de 2014

Las aventuras de Paquita, la cebra que perdió sus rayas (3ª parte)

Paquita lloró amargamente; ya nada tenía sentido par ella.
Deambulaba sin rumbo por las afueras de la ciudad, cuando un Jeep pasó a su lado; se paró a pocos metros de donde se encontraba, y dos hombres se bajaron. Le observaban y hablaban entre ellos. Paquita se asustó, y salió corriendo. Los hombres le siguieron en el Jeep. Entonces, uno de ellos, cogió un fusil, le apuntó, y disparó. Paquita sintió un pinchazo en el cuello, luego todo empezó a darle vueltas, y se desplomó desmayada.
Se despertó en un establo. Le dolía la cabeza, y estaba hambrienta. Se acercó a un pesebre lleno de alfalfa, y comió hasta hartarse. Al rato, entró en el establo uno de los hombres que le había perseguido en el Jeep. Paquita se puso en guardia, pero la actitud del hombre era amistosa. Se le acercó, y acariciándole el hocico, le ofreció una zanahoria. Luego cogió un cepillo y  le frotó con él todo el cuerpo. Era muy agradable. Durante los siguientes días, Paquita se dedicó a comer y a dormir, por lo que recuperó todas sus fuerzas.
Un día, le llevaron en un camión hasta una granja. Allí sucedió algo extraño; un hombre le puso algo en la boca y en el lomo,¡e intentó subirse sobre él!. Paquita se puso a cocear, y el hombre salió disparado. Lo intentó varias veces más, y otras tantas acabó en el suelo. Luego le llevaron a un establo, junto a unos burros.
- ¡Vaya, eres nuevo por aquí! - le dijo uno de ellos mirándole con curiosidad - , ¿cómo te llamas?
- Paquita, pero en realidad soy una cebra que.............
- ¡Yo soy veloz!, bueno, así me llaman los hombres,¡porque soy el más rápido de todos estos zopencos!, pero llámame Alfred.
- ¡Menos lobos, Caperuzita!, sólo porque has ganado un par de carreras............ - dijo uno de los burros.
- ¡Un par!, ¡He ganado 8 carreras!
- ¿Hacéis carreras? -  preguntó Paquita sorprendida.
- Si, somos burros de carreras. Los hombres nos hacen correr montados en nuestros lomos, y hacen apuestas para ver quien acierta el vencedor, ¡están completamente locos!.
- ¿ Y lo permitís?
- Si, es una buena vida, te cuidan, te dan de comer, y de vez en cuando, tienes que correr un poco.
Al día siguiente, Paquita se dejó montar por uno de los hombres. Estaban entusiasmados con ella; ¡nunca habían visto un burro tan rápido! Empezó a competir en carreras oficiales, no tenía rival, ya que en realidad era una cebra.. Ganaba carrera tras carrera. Tan grande se hizo su fama, que le llevaban por todo el mundo para competir. Se convirtió en una celebridad: ¡Rayo, el burro más rápido de la historia!

domingo, 28 de septiembre de 2014

Las aventuras de Paquita, la cebra que perdió sus rayas (parte 2ª)

Paquita recorría la polvorienta carretera que surcaba el desierto hasta la ciudad de los hombres, donde le había dicho el hechicero que encontraría "Zoopía", el paraíso de los animales. De pronto, se puso a llover intensamente; parecía que el mar caía del cielo. La lluvia borró las rayas de pintura del cuerpo de Paquita, y convirtió la carretera en un río. Empapada, cansada, y sin ver en el horizonte otra cosa que no fuera piedras y arena, Paquita empezó a dudar de su loca empresa. Después de la tormenta, el sol volvió a convertir el desierto en un mar de fuego. Estaba hambrienta y al límite de sus fuerzas. De repente, frente a sus ojos, ¡crujientes zanahorias, y suculentos nabos, empezaron a crecer del suelo! Se abalanzó hacia ellas para comérselas, pero lo único que consiguió fue llenarse la boca de arena; había sido un espejismo.
- ¡Paquita! - escuchó de pronto - levantó la cabeza, y vio a Ernesto, que le sonreía - ¡Zoopía está en tu interior!, ¡busca en tu interior! - Y Ernesto, convirtiéndose en un león, se alejó rugiendo. La fiebre estaba haciendo mella en su debilitado cuerpo. Cayó desfallecida en la arena, y llegó la noche, que veló por ella. Cuando despertó, el sol ya imponía su ley en el cielo. Con las pocas fuerzas que le quedaban, Paquita reemprendió su marcha.
Al fin, divisó a lo lejos unas extrañas formas rectangulares que rompían la monotonía del paisaje; era la ciudad de los hombres.Con un último esfuerzo, llegó hasta allí.
Era día de mercado, numerosos puestos de ganado y alimentos se extendían por la calle principal. Paquita, se mezcló con el ganado para pasar desapercibida, y se acercó a un puesto donde exponían jugosas lechugas. Cuando el tendero se dio la vuelta, cogió una lechuga con los dientes, con tan mala fortuna que tropezó con la pata de la mesa, y todo el puesto se vino abajo. El tendero, vio a Paquita con la lechuga en la boca, y hecho un basilisco, empezó a gritar esgrimiendo una vara en la mano: -¡Maldito burro!, ¡te voy a enseñar yo a robar mis lechugas!
Paquita salió disparada, tropezando con los puestos contiguos, que acabaron con sus mercancías rodando por el suelo. Se produjo un gran revuelo; las mujeres chillaban, los niños lloraban..........
Entonces, apareció la policía, y con unos lazos atraparon a la desconcertada Paquita.
Le llevaron a una granja, donde la encerraron con unos burros en un establo.
- ¿Qué lugar es éste? - le preguntó a uno de ellos.
- Aquí traen a todos los animales abandonados. ¡A saber lo que harán con nosotros!
- Oye, estoy buscando un lugar llamado "Zoopía", el paraíso de los animales, ¿lo conoces?
- ¿Zoopia?.....................He oído hablar de un lugar que se llama de forma parecida. Se encuentra a las afueras de la ciudad, al este, por donde sale el sol, pero no creo que sea ningún paraíso.
Paquita, le contó la leyenda de "Zoopía", ante su incredulidad.
¡Tenía que escapar! , y aprovechando  un momento en el que no había ningún hombre en las inmediaciones del establo, saltó la vaya que lo  rodeaba, y salió corriendo lo más rápido que pudo.
Pasó la noche escondida entre las ruinas de una casa abandonada, y al salir el sol, se dirigió esperanzada hacia allí donde nace éste. Bordeó la ciudad para no ser vista, y en el otro extremo de la misma, encontró un muro no muy alto de forma circular. Al otro lado del muro, se escuchaban las voces de distintos animales; desde los chillidos de los monos, hasta el barrito de los elefantes.
--¡Esto debe de ser "Zoopía"! - pensó ilusionada. Así que cogió carrerilla, y saltó por encima del muro; ¡se encontraba en el paraíso de los animales, donde los animales vivían como hermanos, sin devorarse unos a otros! Miró a su alrrededor; vio a los leones junto a las cebras, ¡pero rodeados de vayas de hierro que los separaban!
- ¿Es ésto "Zoopía", el paraíso de los animales - preguntó desconcertada a una de las cebras.
- ¿Paraíso?, ¡ésto es un zoo!, ¡una cárcel donde nos encierran para que los hombres disfruten contempándonos y tirándonos zanahorias.
- Pero............................¿ésto es todo?
Paquita dio la vuelta, saltó el muro, y salió al trote, con lágrimas en los ojos.