Paquita, era una cebra que vivía en una reserva, en la sabana de Africa. Un día, al ir a beber agua al lago, observó como las demás cebras se reían y cuchicheaban a su paso. Al llegar al lago, vio asombrada, en su reflejo, el motivo de las risas y los cuchicheos: ¡Había perdido las rayas! "¿Como es posible?" - pensó. Pero no halló respuesta alguna. Resignada a su suerte, Paquita, vio como se convertía en el foco de las burlas de otras cebras, sólo por ser diferente.
Los cuidadores de la reserva, observaban con sus prismáticos la manada de cebras:
- ¡he, mira eso!, ¡un burro se ha colado entre las cebras! - dijo señalando a Paquita. Le habían confundido con un burro, ya que tenía el cuerpo cubierto completamente de pelo negro como el carbón.Entonces, se montaron en sus jeeps, y dirigiéndose hacia la manada, atraparon con sus lazos a Paquita.
La llevaron a una granja, donde se pasaba los días cargando pesados fardos sobre sus lomos, junto con otros burros. Se sentía sola y triste, alejada como estaba de su familia y sus amigos.
Después de un duro día de trabajo, Paquita se recostó sobre un montón de paja para descansar. Entonces se le acercó un burro:
- Hola - le dijo - , me llamo Ernesto, veo que eres nueva por aquí - Paquita movió la cabeza afirmativamente - ,y veo que no te relacionas mucho con los demás burros.
- ¡Es que no soy un burro! - respondió enfadada - , ¡soy una cebra que ha perdido sus rayas!.
Ernesto le miró divertido.
- ¡Vale!, lo que tu digas, pero tienes que intentar ser más sociable. Ven, te presentaré a unos amigos.
Así, Ernesto consiguió que Paquita, poco a poco, fuera integrándose en la manada de burros. Pero no se resignaba a su suerte. Un día, vio como el granjero, pintaba unas vallas con pintura blanca, y tuvo una idea: Cuando la pintura estaba todavía fresca, se arrimó a ellas, y su pelaje quedó manchado con rayas blancas. Luego, convenció a Ernesto para que hiciera lo mismo. Cuando el granjero les vio, se creyó que eran cebras, y llamó a los cuidadores para que se las llevaran a la sabana, con las demás cebras.
- ¡No se que está pasando ultimamente con los burros y las cebras! - comentaban los cuidadores - . ¡nos están volviendo locos!.
Paquita y Ernesto pastaban contentos en la sabana con las demás cebras; Paquita volvía a lucir sus rayas blancas, y Ernesto no tenía que cargar ya pesados fardos. Pero no todo era placidez y alegría en la vida de la manada, ¡ni mucho menos!; los leones, hambrientos, merodeaban alrededor, acechando, hostigando constantemente a la manada, hasta que los animales más débiles o enfermos, caían en sus garras. Y así, una triste tarde de verano, un fiero león, que buscaba su almuerzo, se acercó a la manada para darse un buen festín. Las cebras, veloces como balas, escaparon de la batida del león, pero Ernesto, que era un simple burro, fue presa fácil para el depredador.
Paquita estaba muy triste, se sentía culpable de la muerte de Ernesto. Shogún, el sabio jefe de la manada se le acercó al verle así.
- ¿ Qué te sucede? - le preguntó.
- Ha sido culpa mía, Ernesto ha muerto por mi culpa.
- ¡No pequeña!, no te sientas culpable; es éste mundo cruel, en el que los animales nos devoramos unos a otros, el culpable de su muerte.
- ¿Y porqué es así?
- No lo se, pero cuentan los ancianos que existe un lugar donde los animales se respetan, y no se comen unos a otros: "Zoopía" le llaman.
- ¿Y donde puedo encontrar "zoopía"? - le dijo Paquita con los ojos brilando.
- "El hechicero" podría ayudarte. Es un humano que vive en "la montaña del esqueleto", al norte, más allá de la reserva. Pero recuerda que no es más que una leyenda.
- ¡Si existe "Zoopía" la encontraré!
Al día siguiente, Paquita se despidió de sus amigos y familiares, y partió en busca de "Zoopía". No le costó mucho salir de la reserva, conocía un lugar de la valla que la rodeaba, donde estaba rota. Se dirigió luego a "la montaña del esqueleto", al norte, tal como le había indicado Shogún, llamada así por su forma, que recordaba a la de una calavera.
Era una gran piedra, sin árboles ni vegetación, que se alzaba siniestra en medio del desierto. Estaba oscureciendo, la luna asomaba pálida entre las nubes. Su ánimo se fue difuminando con la luz del sol, a medida que llegaba la noche. Todo tipo de ruidos desconcertantes le acompañaron hasta una cueva, que desde lejos, parecía la cuenca vacía de un ojo. Dentro vio una luz; delante de una hoguera, sentado con las piernas cruzadas y los ojos cerrados, había un hombre con una piel de leopardo en sus hombros, canturreando una monótona canción. De repente, dejó de cantar. - Entra - le dijo sin abrir los ojos - . Come una zanahorias, estás hambriento. Paquita, vio un montón de suculentas zanahorias al lado del fuego, y se abalanzó hacia ellas ansiosamente.
- ¡Tranquila! -. le dijo - te vas a atragantar.
- ¿Cómo es que te entiendo? - le dijo Paquita.
- Porque yo no soy un hombre normal, ¡Soy un poderoso brujo!, ¡entiendo a todas las criaturas, ya tengan 2, 4 o ninguna pierna! - le decía mientras levantaba los brazos y miraba al cielo.
- Entonces podrás decirme donde se encuentra "Zoopía"- le respondió Paquita, sin dejarse impresionar por la teatralidad del hombre.
- ¡Zoopía!, ¡el paraíso de los animales!,..........................¡Deberás ir a la ciudad de los hombres! - le dijo entrando como en un trance - ¡Allí lo encontrarás!, ¡pero no es como te lo imaginas!..................
De pronto, abrió los ojos, y continuó hablando con total normalidad:
- Podría hacer algo mejor por ti; podría convertirte en elefante,.........o en león, ¡serías el rey de la reserva!, ¡Qué te parece!
Paquita se vio a si misma convertida en león, sin el temor constante de ser devorada............., pero se acordó de Ernesto.
- ¡No, no puedo hacerlo!, ¡tengo que encontrar "Zoopía", para llevar allí a mi manada y vivir en paz!
- ¿Vivir en paz?, ja,ja,ja,ja - rió el brujo - ¡ la paz sólo se encuentra en tu corazón! - le dijo señalándole el pecho!.
El hechicero, le indicó a Paquita como llegar a la ciudad de los hombres, siguiendo a carretera que cruzaba el desierto, ¡y desapareció en una nube de humo!.
Cuentos para contar.
sábado, 20 de septiembre de 2014
viernes, 5 de septiembre de 2014
El gatito valiente
El gatito jugaba con su pelota al lado de un túnel. La empujaba con sus patitas, y corría detrás de ella alborozado. En una de éstas, la pelota rebotó en un árbol y acabó en medio del túnel. El gatito se adentró temeroso en él; podía ver la silueta de la pelota entrecortada en la luz que provenía del final del túnel. De pronto, escuchó una voz profunda y penetrante, y unos chasquidos, como pasos que se acercaban. Salió disparado, dejándose casi el alma. Pero era un gatito valiente, así que se revolcó en el barro, y luego sobre una cama de hojas secas, que se le quedaron pegadas al cuerpo. De esta guisa, el gatito volvió a entrar en el túnel; - ¡soy un monstruo! - gritaba mientras se internaba en la oscuridad. Pero de nuevo la penetrante voz y los chasquidos le hicieron salir pitando, como si tuviera fuego en la cola.
El gatito, veía desconsolado su pelota en medio del túnel, rodeada de las penumbras, que ocultaban la siniestra presencia que le acechaba. "¡Tengo que recuperar mi pelota!" - se dijo armándose de valor; y se internó de nuevo en el túnel.
- ¡Sólo quiero mi pelota! - gritaba mientras avanzaba tembloroso en la oscuridad -, ¡No te tengo miedo!
De nuevo la voz........................., pero esta vez, el gatito no huyó; se paró y cerró los ojos con fuerza.
- ¡No tengo miedo! - volvió a gritar. Entonces, sintió el viento acariciando sus orejas, y peinando sus bigotes, y una gota de agua, que rompiendo en su cabeza, corrió por sus mejillas; ¡era el viento, el que ululaba como una voz, y las goteras, las que golpeaban el suelo como pasos!. Abrió los ojos, y se acercó despacio hasta la pelota; y empujándola con las patitas, salió del túnel feliz y contento.
El gatito, veía desconsolado su pelota en medio del túnel, rodeada de las penumbras, que ocultaban la siniestra presencia que le acechaba. "¡Tengo que recuperar mi pelota!" - se dijo armándose de valor; y se internó de nuevo en el túnel.
- ¡Sólo quiero mi pelota! - gritaba mientras avanzaba tembloroso en la oscuridad -, ¡No te tengo miedo!
De nuevo la voz........................., pero esta vez, el gatito no huyó; se paró y cerró los ojos con fuerza.
- ¡No tengo miedo! - volvió a gritar. Entonces, sintió el viento acariciando sus orejas, y peinando sus bigotes, y una gota de agua, que rompiendo en su cabeza, corrió por sus mejillas; ¡era el viento, el que ululaba como una voz, y las goteras, las que golpeaban el suelo como pasos!. Abrió los ojos, y se acercó despacio hasta la pelota; y empujándola con las patitas, salió del túnel feliz y contento.
viernes, 22 de agosto de 2014
El Hada de los nombres
Había un gran revuelo en el bosque: ¡El hada de los nombres iba a visitarles! Ella daba nombre a todos los seres del planeta.
Llegó a media tarde, y fue recibida por una comitiva formada por Mou, el búho sabio, Amy, el hada, La rana Berta, Tobruk, el ciervo, y la reina de las abejas.
- Es un placer recibirte en nuestro humilde bosque - le saludó Mou.
- ¡Gracias!, el placer es mío - dijo el hada de los nombres, sonriendo tímidamente. Llevaba un vestido azul, ceñido, que mostraba su esbelta figura; su largo cabello negro, contrastaba con la delicada palidez de su rostro.
Fueron a la colmena, donde las abejas le ofrecieron "dulce idriomel", exquisita bebida hecha con miel de los mejores pólenes. Mientras bebían, Amy no paraba de hacerle preguntas, que el hada de los nombres contestaba pacientemente;
- ¡Tiene que ser de lo más complicado el poner nombre a todas las cosas!
- que va, cada ser nace con un nombre, sólo hay que saber leerlo, eso es todo.
De pronto escucharon un tumulto, varios animales intentaban acercarse; las abejas soldado se lo impedían.
- ¿Qué sucede? - preguntó el hada de los nombres.
- No es nada - dijo Mou -, se trata de unos animales que no están contentos con sus nombres.
- Diles que se acerquen - le dijo el hada de los nombres.
- ¡Dejarles pasar! - gritó Mou.
El camaleón tomó la palabra:
- Hada de los nombres, ¿podrías darme otro nombre?, yo no soy una cama ni un león.
- ¡Yo tampoco tengo siempre hipo! - interrumpió el hipopótamo.
Se montó un gran jolgorio.
- ¡Tranquilos! - dijo el hada de los nombres - , vayamos uno por uno, intentaré complaceros a todos.
- ¡pues yo no quiero llamarme cocodrilo, no me gustan nada los cocos!
- ¡Ni yo papagayo, soy una mamá!
De nuevo el alboroto era ensordecedor.
Para entonces, ya había caído la noche, y la luna, bordaba la oscuridad con las sombras. De pronto, se escucharon unos silbidos, ¡y el aire se llenó de pavorosas formas, que flotaban entre los presentes! Se hizo un gran silencio.
- ¡Son fantasmas! - gritó Amy. Todos quedaron petrificados de espanto.
- ¡No os preocupéis!, dijo el hada de los nombres- , en realidad son seres que no aceptan sus nombres, y todas las noches vienen a mi para que les ponga uno nuevo.
- En ése caso yo me quedo con el mío - dijo el camaleón - no quiero convertirme en un fantasma.
- Ni yo - dijo el cocodrilo.
Y así, los animales descontentos con sus nombres, acabaron por aceptarlos, por temor a convertirse en fantasmas.
El hada de los nombres, pasó toda la noche con los fantasmas, intentando darles nombres que les complacieran. Al romper el alba, Mou y Amy, fueron a despedirla.
- Tienes que estar agotada - le dijo Amy.
- Bueno, es mi trabajo.
- por cierto, ¿cual es tu nombre?
- Mi nombre es "Poesía".
Entonces se escuchó una nota musical que llenó el bosque: Era un "sol"; y el astro rey salió por el horizonte: Era el amanecer.
Llegó a media tarde, y fue recibida por una comitiva formada por Mou, el búho sabio, Amy, el hada, La rana Berta, Tobruk, el ciervo, y la reina de las abejas.
- Es un placer recibirte en nuestro humilde bosque - le saludó Mou.
- ¡Gracias!, el placer es mío - dijo el hada de los nombres, sonriendo tímidamente. Llevaba un vestido azul, ceñido, que mostraba su esbelta figura; su largo cabello negro, contrastaba con la delicada palidez de su rostro.
Fueron a la colmena, donde las abejas le ofrecieron "dulce idriomel", exquisita bebida hecha con miel de los mejores pólenes. Mientras bebían, Amy no paraba de hacerle preguntas, que el hada de los nombres contestaba pacientemente;
- ¡Tiene que ser de lo más complicado el poner nombre a todas las cosas!
- que va, cada ser nace con un nombre, sólo hay que saber leerlo, eso es todo.
De pronto escucharon un tumulto, varios animales intentaban acercarse; las abejas soldado se lo impedían.
- ¿Qué sucede? - preguntó el hada de los nombres.
- No es nada - dijo Mou -, se trata de unos animales que no están contentos con sus nombres.
- Diles que se acerquen - le dijo el hada de los nombres.
- ¡Dejarles pasar! - gritó Mou.
El camaleón tomó la palabra:
- Hada de los nombres, ¿podrías darme otro nombre?, yo no soy una cama ni un león.
- ¡Yo tampoco tengo siempre hipo! - interrumpió el hipopótamo.
Se montó un gran jolgorio.
- ¡Tranquilos! - dijo el hada de los nombres - , vayamos uno por uno, intentaré complaceros a todos.
- ¡pues yo no quiero llamarme cocodrilo, no me gustan nada los cocos!
- ¡Ni yo papagayo, soy una mamá!
De nuevo el alboroto era ensordecedor.
Para entonces, ya había caído la noche, y la luna, bordaba la oscuridad con las sombras. De pronto, se escucharon unos silbidos, ¡y el aire se llenó de pavorosas formas, que flotaban entre los presentes! Se hizo un gran silencio.
- ¡Son fantasmas! - gritó Amy. Todos quedaron petrificados de espanto.
- ¡No os preocupéis!, dijo el hada de los nombres- , en realidad son seres que no aceptan sus nombres, y todas las noches vienen a mi para que les ponga uno nuevo.
- En ése caso yo me quedo con el mío - dijo el camaleón - no quiero convertirme en un fantasma.
- Ni yo - dijo el cocodrilo.
Y así, los animales descontentos con sus nombres, acabaron por aceptarlos, por temor a convertirse en fantasmas.
El hada de los nombres, pasó toda la noche con los fantasmas, intentando darles nombres que les complacieran. Al romper el alba, Mou y Amy, fueron a despedirla.
- Tienes que estar agotada - le dijo Amy.
- Bueno, es mi trabajo.
- por cierto, ¿cual es tu nombre?
- Mi nombre es "Poesía".
Entonces se escuchó una nota musical que llenó el bosque: Era un "sol"; y el astro rey salió por el horizonte: Era el amanecer.
viernes, 8 de agosto de 2014
El niño poesía y el heladero mágico en: "La cueva del terror."
Las proezas de nuestros superhéroes se extendieron a los cuatro vientos, y sus servicios eran requeridos allí donde la justicia y la esperanza debían ser restauradas.
Un grupo de niños se acercó a Félix, El Heladero Mágico, que vendía sus helados en el parque.
- ¡Señor! - le dijo uno de ellos.
- ¿Si hijo?, ¿quieres un helado de limón con mango?, ¿o quizás uno de menta y leche merengada?, ¡tengo todos los sabores que puedas imaginar!
- Pues quiero uno de........
- ¡Andrés!, ¡que no hemos venido a por helados! - le dijo una niña dándole un codazo.
- ¡A si!, ¿es usted El Heladero Mágico? - preguntó el niño.
- ¡En carne y hueso!, ¿necesitas mis servicios?
- Si señor, mire.
Entre las manos, tenía un pollito delgado y con los ojos cerrados, que temblaba debilmente.
- ¿Qué le sucede? - preguntó Félix.
- Hace días que no come, está como ido - le dijo el niño.
- ¡Este es un trabajo para El Niño Poesía, y El heladero Mágico! - dijo Félix levantando el dedo índice y la mirada al cielo. Los niños aplaudieron entusiasmados. Sacó entonces el móvil, e hizo una llamada.
- ¡Niño Poesía!, ¡ tenemos trabajo!
- ¡Pero Félix, que estoy en clase! - Le respondió Asier en voz baja.
- Es un caso urgente, ven al parque en cuanto salgas.
-¡ Vale, pero la próxima vez mándame un mensaje!
- ¡De acuerdo, corto y cambio! Bueno, tendremos que esperar a mi colega. Mientras decidme todo lo que sepáis.
Los niños se arremolinaron alrededor de Félix.
- Pues el otro día - dijo el más resuelto de ellos - , el pollito salió con su madre y sus hermanos a dar un paseo por el bosque, sin alejarse mucho de la granja. al regresar, la madre se dio cuenta de que le faltaba un pollito. Puso al resto a buen recaudo, y se fue preocupada a buscarlo. Le encontró acurrucado ente unas hojas, tiritando de miedo. Desde entonces no ha probado bocado, y está como en trance el pobre.
- Llevadme donde le encontraron.
El grupo se dirigió a la granja donde vivía el pollito, y luego a una campa cercana, donde le encontró su madre. El heladero echó un vistazo alrededor, y con aire suspicaz, se acercó a unas rocas que formaban una especie de cueva poco profunda. Los niños le observaban con gran expectación. Se puso de rodillas para poder entrar, y miró dentro de ella con una pequeña linterna de bolsillo.
- Interesante - dijo rascándose la mejilla. - Traedme al pollito.
El Heladero cogió al pollito delicadamemente, y se acercó despacio a la cueva. Este, empezó a moverse inquieto, con las últimas fuerzas que le quedaban.
- ¡Vale, vale!, ¡tranquilo, ya está! - le dijo al pollito alejándose de la cueva y acariciándole tiernamente. En ése momento, apareció Asier en su bicicleta.
- He leído el mensaje que me has mandado - dijo. - ¿Es éste el pollito?
- Así es, y creo que la causa de su estado, está en ésa cueva - le dijo Félix señalándola. Los niños, fascinados, no perdían el más mínimo detalle de la situación.
- Bien Niño Poesía - dijo El Heladero mostrando al pollito - ¿Qué ves en su interior?
Rubén se concentró.
-¡Miedo!, ¡mucho miedo!, ¡pero no puedo ver la causa!
- Bueno, la habrá bloqueado hasta para si mismo. Es algo habitual - dijo Félix pensativamente.
Entonces, se acercó a la cueva, y empezó a dar vueltas alrededor de ella mientras meditaba. La expectación era máxima.
- ¿A qué hora encontraron al pollito? - dijo de pronto, dirigiéndose a los niños.
- A las 12 y media o así - dijo una niñita.
El Heladero consultó su reloj.
- Bien, faltan 10 minutos. Esperaremos.
- ¿Esperar qué? - dijo Asier.
- ¡Paciencia! - respondió Félix.
Vieron, como en la parte posterior de la cueva, había un agujero por el que poco a poco iban entrando los rayos de sol, iluminando por dentro las paredes. Los niños se asomaron al interior de la cueva, y de repente, en una de las paredes, ¡se dibujó claramente la silueta de una enorme serpiente! Los niños y Asier, se alejaron lo más rápido que pudieron. Entonces se escuchó una carcajada: Era el heladero, que sentado en la cueva les observaba divertido.
- ¡Venir! - les dijo - , no tengáis miedo.
Los niños y Asier, se acercaron dubitativos.
- Mirar - les dijo señalándoles la parte posterior de la cueva - lo que parece una serpiente, no es más que la sombra de una liana que cuelga sobre la apertura de la cueva. Cuando el sol entra por ella, se forma lo que parece la sombra de una serpiente en la pared.
Poco a poco, convencieron al pollito de que no había ninguna serpiente en la cueva, y enseguida recuperó el apetito y la alegría.
Ya en su cuartel general del parque, nuestros héroes celebraban la resolución del caso.
- ¡Un nuevo caso resuelto por El Niño poesía y El Heladero Mágico! - dijo Asier esgrimiendo un helado de grosellas.
- ¡Formamos un buen equipo!, ¡si señor! -respondió Félix cruzando su helado de nata con el de Asier, a modo de victoria.
Un grupo de niños se acercó a Félix, El Heladero Mágico, que vendía sus helados en el parque.
- ¡Señor! - le dijo uno de ellos.
- ¿Si hijo?, ¿quieres un helado de limón con mango?, ¿o quizás uno de menta y leche merengada?, ¡tengo todos los sabores que puedas imaginar!
- Pues quiero uno de........
- ¡Andrés!, ¡que no hemos venido a por helados! - le dijo una niña dándole un codazo.
- ¡A si!, ¿es usted El Heladero Mágico? - preguntó el niño.
- ¡En carne y hueso!, ¿necesitas mis servicios?
- Si señor, mire.
Entre las manos, tenía un pollito delgado y con los ojos cerrados, que temblaba debilmente.
- ¿Qué le sucede? - preguntó Félix.
- Hace días que no come, está como ido - le dijo el niño.
- ¡Este es un trabajo para El Niño Poesía, y El heladero Mágico! - dijo Félix levantando el dedo índice y la mirada al cielo. Los niños aplaudieron entusiasmados. Sacó entonces el móvil, e hizo una llamada.
- ¡Niño Poesía!, ¡ tenemos trabajo!
- ¡Pero Félix, que estoy en clase! - Le respondió Asier en voz baja.
- Es un caso urgente, ven al parque en cuanto salgas.
-¡ Vale, pero la próxima vez mándame un mensaje!
- ¡De acuerdo, corto y cambio! Bueno, tendremos que esperar a mi colega. Mientras decidme todo lo que sepáis.
Los niños se arremolinaron alrededor de Félix.
- Pues el otro día - dijo el más resuelto de ellos - , el pollito salió con su madre y sus hermanos a dar un paseo por el bosque, sin alejarse mucho de la granja. al regresar, la madre se dio cuenta de que le faltaba un pollito. Puso al resto a buen recaudo, y se fue preocupada a buscarlo. Le encontró acurrucado ente unas hojas, tiritando de miedo. Desde entonces no ha probado bocado, y está como en trance el pobre.
- Llevadme donde le encontraron.
El grupo se dirigió a la granja donde vivía el pollito, y luego a una campa cercana, donde le encontró su madre. El heladero echó un vistazo alrededor, y con aire suspicaz, se acercó a unas rocas que formaban una especie de cueva poco profunda. Los niños le observaban con gran expectación. Se puso de rodillas para poder entrar, y miró dentro de ella con una pequeña linterna de bolsillo.
- Interesante - dijo rascándose la mejilla. - Traedme al pollito.
El Heladero cogió al pollito delicadamemente, y se acercó despacio a la cueva. Este, empezó a moverse inquieto, con las últimas fuerzas que le quedaban.
- ¡Vale, vale!, ¡tranquilo, ya está! - le dijo al pollito alejándose de la cueva y acariciándole tiernamente. En ése momento, apareció Asier en su bicicleta.
- He leído el mensaje que me has mandado - dijo. - ¿Es éste el pollito?
- Así es, y creo que la causa de su estado, está en ésa cueva - le dijo Félix señalándola. Los niños, fascinados, no perdían el más mínimo detalle de la situación.
- Bien Niño Poesía - dijo El Heladero mostrando al pollito - ¿Qué ves en su interior?
Rubén se concentró.
-¡Miedo!, ¡mucho miedo!, ¡pero no puedo ver la causa!
- Bueno, la habrá bloqueado hasta para si mismo. Es algo habitual - dijo Félix pensativamente.
Entonces, se acercó a la cueva, y empezó a dar vueltas alrededor de ella mientras meditaba. La expectación era máxima.
- ¿A qué hora encontraron al pollito? - dijo de pronto, dirigiéndose a los niños.
- A las 12 y media o así - dijo una niñita.
El Heladero consultó su reloj.
- Bien, faltan 10 minutos. Esperaremos.
- ¿Esperar qué? - dijo Asier.
- ¡Paciencia! - respondió Félix.
Vieron, como en la parte posterior de la cueva, había un agujero por el que poco a poco iban entrando los rayos de sol, iluminando por dentro las paredes. Los niños se asomaron al interior de la cueva, y de repente, en una de las paredes, ¡se dibujó claramente la silueta de una enorme serpiente! Los niños y Asier, se alejaron lo más rápido que pudieron. Entonces se escuchó una carcajada: Era el heladero, que sentado en la cueva les observaba divertido.
- ¡Venir! - les dijo - , no tengáis miedo.
Los niños y Asier, se acercaron dubitativos.
- Mirar - les dijo señalándoles la parte posterior de la cueva - lo que parece una serpiente, no es más que la sombra de una liana que cuelga sobre la apertura de la cueva. Cuando el sol entra por ella, se forma lo que parece la sombra de una serpiente en la pared.
Poco a poco, convencieron al pollito de que no había ninguna serpiente en la cueva, y enseguida recuperó el apetito y la alegría.
Ya en su cuartel general del parque, nuestros héroes celebraban la resolución del caso.
- ¡Un nuevo caso resuelto por El Niño poesía y El Heladero Mágico! - dijo Asier esgrimiendo un helado de grosellas.
- ¡Formamos un buen equipo!, ¡si señor! -respondió Félix cruzando su helado de nata con el de Asier, a modo de victoria.
jueves, 31 de julio de 2014
El baile de las ballenas (capítulo 3)
El baile
Arriaron majestuosas las velas del Delfín, que henchidas por el viento y el orgullo, lo llevaron a buen puerto. Allí los soldados les llevaron a presencia del rey.
- ¿Y bien?, ¿donde se realizará el baile? - Les preguntó el rey a Malapata y Rodi.
- ¡Primero libera a mis hombres! - Bramó Malapata.
- ¿Me crees idiota?
- Majestad - interrumpió Rodi - , ¿Cómo pensáis evitar las inundaciones?
- ¡Mataré a cañonazos a esas malditas bestias! - respondió el rey.
- ¡Hijo de una hiena! - gritó Malapata.
- ¡Basta de cháchara!, ¡O me decís las coordenadas o ahorcaré a vuestros hombres al amanecer! - dijo cansado el rey.
Rodi, con su habitual elocuencia, tomó la palabra.
- Majestad, no estamos de acuerdo con la forma en la que piensa resolver el problema que nos ocupa, por lo que le propongo que el capitán y yo intentemos evitar El Baile de las Ballenas, con métodos menos violentos.
- ¿Y qué propones?
- Es bien sabido, que las ballenas se comunican con guturales y ancestrales cantos. Yo aprendí su lenguaje en unas de nuestras innumerables aventuras por los siete mares, y podría disuadirles a que realizaran el baile cerca de la costa.
El rey se quedó pensativo. Y al rato dijo:
- De acuerdo, pero si no les convences tú, lo harán los cañones.
Así pues, Malapata y Rodi partieron en el delfín, escoltados por cuatro navíos de guerra hacia el lugar revelado por el oráculo. El hipnótico canto de los cetáceos, se confundía con el de las gaviotas, que parecía querer unirse a la fiesta. Cientos de chorros de agua ascendían de las ballenas como, botellas de champán descorchadas.
El almirante de la tropa se acercó a Rodi.
- ¡Qué empiece la fiesta! - dijo.
Rodi, cogió el cuerno que se utilizaba para avisar de la presencia del barco cuando había niebla, y se puso a tocar, sin mucha convicción. No sucedió nada. Volvió a intentarlo, ante la impaciente mirada del almirante. Nada.
- Parece que tus métodos no son muy efectivos - dijo el almirante - . Tendré que emplear los míos.
Y levantando el sable, hizo una señal a los navíos de guerra para que rodearan a las ballenas.
- ¡Fuego! - gritó.La andanada de hierro, salpicó el aire de agua y sangre. Las ballenas, furiosas, arremetieron contra los navíos, destrozando sus cascos con sus poderosas cabezas y colas. Sólo el delfín, que se mantuvo al margen de la refriega, salió indemne. El almirante, conmovido por la furia de las ballenas, repetía una y otra vez : - ¡Mis barcos!, ¡mis barcos!
A lo lejos, algunas ballenas, empezaban el ritual, con enormes saltos.
- ¿Qué hacemos ahora? - Le dijo Malapata a Rodi, muy preocupado - ,ese bastardo del rey dejará a mis hombres en el calabozo, para que mueran ahogados.
- ¡Tengo una idea!
Rodi, cogió papel y tinta, y escribió una carta, que mandó al rey con una paloma mensajera. La carta decía lo siguiente:
"Excelentísima majestad:
Ni mis métodos, ni los suyos, han sido efectivos. Las ballenas comenzarán su ritual cuando se ponga el sol, a medianoche, e inundará parte del reino. Pero todavía nos queda una oportunidad para evitarlo: Consiga todas las esponjas del reino, y cósalas con la mayor celeridad. Luego, póngala en la costa, y recemos para que pueda absorber las olas que formen las ballenas."
Así lo hicieron, miles de esponjas fueron cosidas, formando una de varios kilómetros de superficie, y la colocaron en la costa. Cuando se puso el sol, a medianoche, un formidable espectáculo se produjo ante los atónitos ojos de Malapata y Rodi: Cientos de ballenas, dibujaban su silueta sobre el cielo estrellado, bajo la luz de la luna, en formidables e imposibles saltos. Las olas, que vapuleaban El delfín como si fuese de papel, se acercaban temibles a la costa. Allí, la colosal esponja, esperaba sedente; se produjo el contacto, y una tras otra, las implacables olas, fueron absorbidas por la insaciable esponja.
Así fue como Malapata y sus hombres se libraron de la horca, y de paso libraron al reino de ser abnegado por las aguas.
Epílogo
El Delfín Volador navegaba de nuevo por los siete mares, en busca de nuevas aventuras.
- ¿ De verdad creías que ibas as poder hablar con las ballenas? - le dijo Malapata a Rodi
-. ¿Yo?, ¡si ni siquiera se hablar con los ingleses! Teníamos que ganar tiempo, y no se me ocurrió otra cosa.
- ¡Bueno!, al final salió todo bien.
- Y disfrutamos de un grandioso espectáculo.
- ¡Desde luego!, ¡pero por mis barbas que jamás se me ocurrirá enfadar a una ballena.!
Arriaron majestuosas las velas del Delfín, que henchidas por el viento y el orgullo, lo llevaron a buen puerto. Allí los soldados les llevaron a presencia del rey.
- ¿Y bien?, ¿donde se realizará el baile? - Les preguntó el rey a Malapata y Rodi.
- ¡Primero libera a mis hombres! - Bramó Malapata.
- ¿Me crees idiota?
- Majestad - interrumpió Rodi - , ¿Cómo pensáis evitar las inundaciones?
- ¡Mataré a cañonazos a esas malditas bestias! - respondió el rey.
- ¡Hijo de una hiena! - gritó Malapata.
- ¡Basta de cháchara!, ¡O me decís las coordenadas o ahorcaré a vuestros hombres al amanecer! - dijo cansado el rey.
Rodi, con su habitual elocuencia, tomó la palabra.
- Majestad, no estamos de acuerdo con la forma en la que piensa resolver el problema que nos ocupa, por lo que le propongo que el capitán y yo intentemos evitar El Baile de las Ballenas, con métodos menos violentos.
- ¿Y qué propones?
- Es bien sabido, que las ballenas se comunican con guturales y ancestrales cantos. Yo aprendí su lenguaje en unas de nuestras innumerables aventuras por los siete mares, y podría disuadirles a que realizaran el baile cerca de la costa.
El rey se quedó pensativo. Y al rato dijo:
- De acuerdo, pero si no les convences tú, lo harán los cañones.
Así pues, Malapata y Rodi partieron en el delfín, escoltados por cuatro navíos de guerra hacia el lugar revelado por el oráculo. El hipnótico canto de los cetáceos, se confundía con el de las gaviotas, que parecía querer unirse a la fiesta. Cientos de chorros de agua ascendían de las ballenas como, botellas de champán descorchadas.
El almirante de la tropa se acercó a Rodi.
- ¡Qué empiece la fiesta! - dijo.
Rodi, cogió el cuerno que se utilizaba para avisar de la presencia del barco cuando había niebla, y se puso a tocar, sin mucha convicción. No sucedió nada. Volvió a intentarlo, ante la impaciente mirada del almirante. Nada.
- Parece que tus métodos no son muy efectivos - dijo el almirante - . Tendré que emplear los míos.
Y levantando el sable, hizo una señal a los navíos de guerra para que rodearan a las ballenas.
- ¡Fuego! - gritó.La andanada de hierro, salpicó el aire de agua y sangre. Las ballenas, furiosas, arremetieron contra los navíos, destrozando sus cascos con sus poderosas cabezas y colas. Sólo el delfín, que se mantuvo al margen de la refriega, salió indemne. El almirante, conmovido por la furia de las ballenas, repetía una y otra vez : - ¡Mis barcos!, ¡mis barcos!
A lo lejos, algunas ballenas, empezaban el ritual, con enormes saltos.
- ¿Qué hacemos ahora? - Le dijo Malapata a Rodi, muy preocupado - ,ese bastardo del rey dejará a mis hombres en el calabozo, para que mueran ahogados.
- ¡Tengo una idea!
Rodi, cogió papel y tinta, y escribió una carta, que mandó al rey con una paloma mensajera. La carta decía lo siguiente:
"Excelentísima majestad:
Ni mis métodos, ni los suyos, han sido efectivos. Las ballenas comenzarán su ritual cuando se ponga el sol, a medianoche, e inundará parte del reino. Pero todavía nos queda una oportunidad para evitarlo: Consiga todas las esponjas del reino, y cósalas con la mayor celeridad. Luego, póngala en la costa, y recemos para que pueda absorber las olas que formen las ballenas."
Así lo hicieron, miles de esponjas fueron cosidas, formando una de varios kilómetros de superficie, y la colocaron en la costa. Cuando se puso el sol, a medianoche, un formidable espectáculo se produjo ante los atónitos ojos de Malapata y Rodi: Cientos de ballenas, dibujaban su silueta sobre el cielo estrellado, bajo la luz de la luna, en formidables e imposibles saltos. Las olas, que vapuleaban El delfín como si fuese de papel, se acercaban temibles a la costa. Allí, la colosal esponja, esperaba sedente; se produjo el contacto, y una tras otra, las implacables olas, fueron absorbidas por la insaciable esponja.
Así fue como Malapata y sus hombres se libraron de la horca, y de paso libraron al reino de ser abnegado por las aguas.
Epílogo
El Delfín Volador navegaba de nuevo por los siete mares, en busca de nuevas aventuras.
- ¿ De verdad creías que ibas as poder hablar con las ballenas? - le dijo Malapata a Rodi
-. ¿Yo?, ¡si ni siquiera se hablar con los ingleses! Teníamos que ganar tiempo, y no se me ocurrió otra cosa.
- ¡Bueno!, al final salió todo bien.
- Y disfrutamos de un grandioso espectáculo.
- ¡Desde luego!, ¡pero por mis barbas que jamás se me ocurrirá enfadar a una ballena.!
viernes, 25 de julio de 2014
El baile de las ballenas (capítulo 2)
La isla del oráculo
- ¡Que un gorila me arranque los brazos! - maldecía Malapata - ,¿Cómo vamos a conseguir esas malditas coordenadas?
- Tranquilo capitán - le dijo Rodi - tengo un plan. La perspicaz mirada del camaleón le tranquilizó -. En La Taberna del Ciervo Blanco, después de invitar a un viejo lobo de mar a unos tragos de ron, logré sonsacarle la ubicación de La Isla del Oráculo.
Los ojos de Malapata se iluminaron. - ¡La Isla del Oráculo! - dijo abrazando a Rodi - , ¡el oráculo nos dirá donde será el baile!, ¡estamos salvados!
Los vientos eran propicios, y los hados guiaron su rumbo con firme navegar. Tras tres días, las dudas empezaron a asomar desde el oscuro mar de la incertidumbre; deberían haber llegado, según las informaciones del viejo lobo de mar. De repente, una densa niebla lo cubrió todo.
- Estas deben de ser las tinieblas que protegen los secretos de la isla capitán. Según la leyenda, la oscuridad que envuelve la isla, hace que los barcos que intentan llegar a ella, queden encallados en las afiladas rocas que rodean la isla.
- ¡Echar el ancla! - ordenó Malapata - ,¡ni los ojos del diablo verían a través de esta niebla! ¿Y ahora qué? - añadió desconsolado.
- No te preocupes capitán - dijo Rodi - , utilizaremos el submarino.
El submarino, era una ingenioso aparato, diseñado por Rodi, en forma de cilindro, con un cristal delantero, unos remos a los lados, un ancla que lo mantenía sumergido, y un tubo largo que llegaba hasta la superficie por donde entraba el aire. En él se metieron Malapata y Rodi, y remaron bajo el agua hasta la isla, evitando las rocas.
- ¡Por las ladillas de King-Kong! - bramó Malapata - ,¡esta isla no es más grande que las suelas de mis botas!
En efecto; la isla consistía en una colina que dominaba un pequeño prado, y playas rodeándolo.Más allá de la orilla, surgían del mar afiladas rocas, donde se veían restos de navíos naufragados.
- ¿Donde está el palacio del oráculo? - dijo Malapata.
- Creo que esto es todo capitán; rocas, hierva, arena,............¿Y ovejas?
Unos balidos se oían claramente al otro lado de la colina, en el prado. Tras unos minutos, en los que casi se podían oír los resortes de los pensamientos de Rodi...................
- ¡Las ovejas son el oráculo! - gritó.
- ¿Qué?
- ¡Aquí no hay otra cosa!, y mira allí - dijo Rodi señalando la colina - parece que hay una especie de púlpito.
- ¡ Pues vamos! - dijo Malapata desenvainando su espada.
Malapata subió al púlpito y con su bozarrón gritó:
- ¡Decidme malditos sacos de lana donde será El Baile de las Ballenas, o haré con vosotras pañuelos para sonarme los mocos!
- ¡Capitán! - le dijo Rodi -, déjame a mí.
- ¡Sabios del oráculo, por el don que los dioses os han otorgado, os pedimos humildemente nos honréis con vuestra sabiduría, y nos digáis el lugar donde se realizará El Baile de las Ballenas.
Hubo un instante de silencio, y de pronto, las ovejas se pusieron a balar al unísono, formando un cacofónico canto.
- ¡Escucha capitán, cada oveja dice una palabra!
- Es cierto, ¡pero no entiendo nada! ¡De una en una malditas! - gritó Malapata, espada en mano.
Las ovejas se quedaron en silencio, mirándole con su expresión bobina. al momento, volvió a llenarse el aire con el caótico canto.
- Tiene que haber una lógica en todo esto...............- dijo Rodi - ¡ordenémoslas por tamaños!
Así lo hicieron, pero las frases que construían, no tenían ningún significado. Después las ordenaron por tonos, por gordura, por número de dientes,...................¡nada!
Se puso el sol; agotados, Malapata y Rodi se tumbaron en la playa.
- ¡No puedo más! - dijo Malapata.
- ¡Yo tampoco! - respondió Rodi - ,dejémoslo para mañana.
El canto de las ovejas continuaba en el prado, pero la noche empezó a introducir en él sus silencios.
- ¡Escucha capitán! - dijo Rodi incorporándose; se podían distinguir ciertas palabras entre el alboroto general, y poco a poco, acompañados por el rumor de las olas, las palabras formaron una frase: Latitud cuatro, longitud veinte; latitud cuatro, longitud veinte;.....................
- ¡Son las coordenadas, lo logramos!
Malapata y Rodi se abrazaron y bailaron a la luz de la luna.
- ¡Que un gorila me arranque los brazos! - maldecía Malapata - ,¿Cómo vamos a conseguir esas malditas coordenadas?
- Tranquilo capitán - le dijo Rodi - tengo un plan. La perspicaz mirada del camaleón le tranquilizó -. En La Taberna del Ciervo Blanco, después de invitar a un viejo lobo de mar a unos tragos de ron, logré sonsacarle la ubicación de La Isla del Oráculo.
Los ojos de Malapata se iluminaron. - ¡La Isla del Oráculo! - dijo abrazando a Rodi - , ¡el oráculo nos dirá donde será el baile!, ¡estamos salvados!
Los vientos eran propicios, y los hados guiaron su rumbo con firme navegar. Tras tres días, las dudas empezaron a asomar desde el oscuro mar de la incertidumbre; deberían haber llegado, según las informaciones del viejo lobo de mar. De repente, una densa niebla lo cubrió todo.
- Estas deben de ser las tinieblas que protegen los secretos de la isla capitán. Según la leyenda, la oscuridad que envuelve la isla, hace que los barcos que intentan llegar a ella, queden encallados en las afiladas rocas que rodean la isla.
- ¡Echar el ancla! - ordenó Malapata - ,¡ni los ojos del diablo verían a través de esta niebla! ¿Y ahora qué? - añadió desconsolado.
- No te preocupes capitán - dijo Rodi - , utilizaremos el submarino.
El submarino, era una ingenioso aparato, diseñado por Rodi, en forma de cilindro, con un cristal delantero, unos remos a los lados, un ancla que lo mantenía sumergido, y un tubo largo que llegaba hasta la superficie por donde entraba el aire. En él se metieron Malapata y Rodi, y remaron bajo el agua hasta la isla, evitando las rocas.
- ¡Por las ladillas de King-Kong! - bramó Malapata - ,¡esta isla no es más grande que las suelas de mis botas!
En efecto; la isla consistía en una colina que dominaba un pequeño prado, y playas rodeándolo.Más allá de la orilla, surgían del mar afiladas rocas, donde se veían restos de navíos naufragados.
- ¿Donde está el palacio del oráculo? - dijo Malapata.
- Creo que esto es todo capitán; rocas, hierva, arena,............¿Y ovejas?
Unos balidos se oían claramente al otro lado de la colina, en el prado. Tras unos minutos, en los que casi se podían oír los resortes de los pensamientos de Rodi...................
- ¡Las ovejas son el oráculo! - gritó.
- ¿Qué?
- ¡Aquí no hay otra cosa!, y mira allí - dijo Rodi señalando la colina - parece que hay una especie de púlpito.
- ¡ Pues vamos! - dijo Malapata desenvainando su espada.
Malapata subió al púlpito y con su bozarrón gritó:
- ¡Decidme malditos sacos de lana donde será El Baile de las Ballenas, o haré con vosotras pañuelos para sonarme los mocos!
- ¡Capitán! - le dijo Rodi -, déjame a mí.
- ¡Sabios del oráculo, por el don que los dioses os han otorgado, os pedimos humildemente nos honréis con vuestra sabiduría, y nos digáis el lugar donde se realizará El Baile de las Ballenas.
Hubo un instante de silencio, y de pronto, las ovejas se pusieron a balar al unísono, formando un cacofónico canto.
- ¡Escucha capitán, cada oveja dice una palabra!
- Es cierto, ¡pero no entiendo nada! ¡De una en una malditas! - gritó Malapata, espada en mano.
Las ovejas se quedaron en silencio, mirándole con su expresión bobina. al momento, volvió a llenarse el aire con el caótico canto.
- Tiene que haber una lógica en todo esto...............- dijo Rodi - ¡ordenémoslas por tamaños!
Así lo hicieron, pero las frases que construían, no tenían ningún significado. Después las ordenaron por tonos, por gordura, por número de dientes,...................¡nada!
Se puso el sol; agotados, Malapata y Rodi se tumbaron en la playa.
- ¡No puedo más! - dijo Malapata.
- ¡Yo tampoco! - respondió Rodi - ,dejémoslo para mañana.
El canto de las ovejas continuaba en el prado, pero la noche empezó a introducir en él sus silencios.
- ¡Escucha capitán! - dijo Rodi incorporándose; se podían distinguir ciertas palabras entre el alboroto general, y poco a poco, acompañados por el rumor de las olas, las palabras formaron una frase: Latitud cuatro, longitud veinte; latitud cuatro, longitud veinte;.....................
- ¡Son las coordenadas, lo logramos!
Malapata y Rodi se abrazaron y bailaron a la luz de la luna.

sábado, 19 de julio de 2014
El baile de las ballenas (capítulo 1)
La propuesta
Cada 20 años, en un lugar determinado del inmenso océano, se produce un extraordinario acontecimiento: Miles de ballenas se reúnen y bailan a la luz de la luna.
El rey estaba reunido con los más prestigiosos magos y científicos del reino. Su fin no era otro que intentar dilucidar el lugar exacto en el que iba a suceder "El baile de las ballenas". Hace 20 años, la reunión de cetáceos tuvo lugar a pocos kilómetros de la costa, y con sus bailes, formaron impresionantes olas, que inundaron la mitad del reino.
Hipófrates, el eminente científico, tomó la palabra:
- Según los datos recabados hasta la fecha, no parece haber un patrón establecido por el que las ballenas realicen su baile, parece más bien fruto del azar..........
- ¡Tonterías! - le interrumpió Anabis, el astrólogo real -, sucederá al norte de las islas Bremen, coincidiendo con la alineación de saturno y la cima del monte Pur.
- ¿Alineaciones? - replicó Hipófrates -, ¡no son más que tonterías!, ¡supersticiones!
El alboroto fue general.
- ¡Caballeros, caballeros!, ¡si no se ponen de acuerdo irán todos a parar a las galeras! -Dijo el rey.
Y a las galeras fueron todos a parar: ¡Es imposible que magos y científicos se pongan de acuerdo en algo!
Por aquel entonces, el pirata Malapata, y su fiel contramaestre Rodi (el camaleón), se encontraban encerrados en las mazmorras del castillo. Uno de sus tripulantes, les había vendido por 10 doblones de oro.
- ¡Maldito canalla, hijo de mil diablos!, ¡le despellejaré vivo en cuanto salga de aquí! - maldecía Malapata dando vueltas en la celda como un mono enjaulado.
- ¡shhhh.........!, ¡silencio! - le instó Rodi en voz baja. Los carceleros conversaban alegremente cerca de la celda.
- ¡Lo que oyes!, ¡les mandó a todos a las galeras!
-Entonces todavía no saben donde será "El baile de las ballenas"
- No, han ofrecido una recompensa a quien lo descubra..........
- ¡Carcelero! - interrumpió Rodi - , dile al rey que el pirata Malapata sabe donde será "El baile de las ballenas".
- ¡Estás loco! - Le dijo Malapata, al oído.
- Tranquilo capitán, tengo un plan - le respondió.
Al momento, dos soldados bajaron a las mazmorras, y cubriendo de cadenas a Malapata y a Rodi, les llevaron ante el rey.
- ¡De nuevo tengo que ver tu fea cara maldito pirata! - le dijo el rey a Malapata. Años de saqueos y persecuciones, habían hecho de ambos enemigos irreconciliables.
- ¡Que el diablo te lleve, hijo de una serpiente! - le respondió Malapata mirándole fijamente.
- ¡Ejem........!, perdone nuestros modales su majestad - dijo Rodi, rebajando la tensión - , estamos todos un poco nerviosos, con ésto del baile de las ballenas, ¿no es así, su excelencia?
- ¡Decir lo que tengáis que decir!, os doy mi palabra que si me satisface, os libraré de la orca, ¡aunque me cueste una úlcera de estómago!
- Gracias majestad. Resulta que el intrépido y magnánime capitán Malapata, en una de sus muchas y aclamadas travesías por los 7 mares...........
- ¡Al grano mequetrefe! - bramó el rey.
- Perdón su excelencia. Si nos permitiese su majestad partir con nuestro humilde navío, en poco tiempo le daríamos las coordenadas exactas del lugar donde se celebrará el baile. A cambio, claro está, de nuestra libertad, y la de nuestros hombres.
Tras pensar unos instantes, el rey respondió.
- ¡De acuerdo!, tenéis dos días; pero si no regresáis, toda vuestra tripulación será ahorcada al amanecer del tercer día.
Y así, Malapata y Rodi, partieron al amanecer en el Delfín Volador, en busca de su libertad, y la de sus hombres.
Cada 20 años, en un lugar determinado del inmenso océano, se produce un extraordinario acontecimiento: Miles de ballenas se reúnen y bailan a la luz de la luna.
El rey estaba reunido con los más prestigiosos magos y científicos del reino. Su fin no era otro que intentar dilucidar el lugar exacto en el que iba a suceder "El baile de las ballenas". Hace 20 años, la reunión de cetáceos tuvo lugar a pocos kilómetros de la costa, y con sus bailes, formaron impresionantes olas, que inundaron la mitad del reino.
Hipófrates, el eminente científico, tomó la palabra:
- Según los datos recabados hasta la fecha, no parece haber un patrón establecido por el que las ballenas realicen su baile, parece más bien fruto del azar..........
- ¡Tonterías! - le interrumpió Anabis, el astrólogo real -, sucederá al norte de las islas Bremen, coincidiendo con la alineación de saturno y la cima del monte Pur.
- ¿Alineaciones? - replicó Hipófrates -, ¡no son más que tonterías!, ¡supersticiones!
El alboroto fue general.
- ¡Caballeros, caballeros!, ¡si no se ponen de acuerdo irán todos a parar a las galeras! -Dijo el rey.
Y a las galeras fueron todos a parar: ¡Es imposible que magos y científicos se pongan de acuerdo en algo!
Por aquel entonces, el pirata Malapata, y su fiel contramaestre Rodi (el camaleón), se encontraban encerrados en las mazmorras del castillo. Uno de sus tripulantes, les había vendido por 10 doblones de oro.
- ¡Maldito canalla, hijo de mil diablos!, ¡le despellejaré vivo en cuanto salga de aquí! - maldecía Malapata dando vueltas en la celda como un mono enjaulado.
- ¡shhhh.........!, ¡silencio! - le instó Rodi en voz baja. Los carceleros conversaban alegremente cerca de la celda.
- ¡Lo que oyes!, ¡les mandó a todos a las galeras!
-Entonces todavía no saben donde será "El baile de las ballenas"
- No, han ofrecido una recompensa a quien lo descubra..........
- ¡Carcelero! - interrumpió Rodi - , dile al rey que el pirata Malapata sabe donde será "El baile de las ballenas".
- ¡Estás loco! - Le dijo Malapata, al oído.
- Tranquilo capitán, tengo un plan - le respondió.
Al momento, dos soldados bajaron a las mazmorras, y cubriendo de cadenas a Malapata y a Rodi, les llevaron ante el rey.
- ¡De nuevo tengo que ver tu fea cara maldito pirata! - le dijo el rey a Malapata. Años de saqueos y persecuciones, habían hecho de ambos enemigos irreconciliables.
- ¡Que el diablo te lleve, hijo de una serpiente! - le respondió Malapata mirándole fijamente.
- ¡Ejem........!, perdone nuestros modales su majestad - dijo Rodi, rebajando la tensión - , estamos todos un poco nerviosos, con ésto del baile de las ballenas, ¿no es así, su excelencia?
- ¡Decir lo que tengáis que decir!, os doy mi palabra que si me satisface, os libraré de la orca, ¡aunque me cueste una úlcera de estómago!
- Gracias majestad. Resulta que el intrépido y magnánime capitán Malapata, en una de sus muchas y aclamadas travesías por los 7 mares...........
- ¡Al grano mequetrefe! - bramó el rey.
- Perdón su excelencia. Si nos permitiese su majestad partir con nuestro humilde navío, en poco tiempo le daríamos las coordenadas exactas del lugar donde se celebrará el baile. A cambio, claro está, de nuestra libertad, y la de nuestros hombres.
Tras pensar unos instantes, el rey respondió.
- ¡De acuerdo!, tenéis dos días; pero si no regresáis, toda vuestra tripulación será ahorcada al amanecer del tercer día.
Y así, Malapata y Rodi, partieron al amanecer en el Delfín Volador, en busca de su libertad, y la de sus hombres.
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