Cuentos para contar.

viernes, 23 de mayo de 2014

Hermanos montañeros (parte 2ª)

Cuando llegó a casa, Josu le echó en cara a su hermano lo que había visto en el reflejo del río, ya que creía plenamente en lo que le había contado la chica del río. Iker lo negó todo, y tuvieron una fuerte discusión, que acabó con Yosu cogiendo las maletas y yéndose a  vivir lejos de su hermano.
Iker estaba muy contrariado por la actitud de su hermano, pero le quería mucho, por lo que se propuso descubrir qué le sucedía. Fue a la casa donde vivía ahora Josu , y se escondió cerca de ella, tras unos arbustos. Esperó un rato, hasta que le vio salir del portal. Entonces le siguió sin que se diera cuenta. Como todos los días, Josu se dirigió al Adarra, para estar con su amante. Al llegar al río, vio a la chica. Llevaba un vestido largo que le llegaba hasta los pies, y se peinaba el largo pelo plateado con un cepillo dorado. Al verla Josu, fue corriendo a su encuentro, y se unieron en un fogoso abrazo. Iker, esperó a que Josu se fuera para hablar a solas con la chica. Entonces, salió de su escondite. Al verle la chica, corrió hacia el río, pero la falda de su vestido se quedó enganchada en unas zarzas. Al tirar de ella, la falda se rasgó, dejando al descubierto ¡ pies de oca!, con los que, de un salto, se zambulló en el río, perdiéndose en sus profundas aguas.
Josu se quedó petrificado ante lo que había visto.
Al llegar a casa, reflexionó sobre lo sucedido, y decidió ir a pedir consejo a Maritxu, la bruja buena de Ulía.
Maritxu vivía en una humilde casa en el monte Ulía. Allí recibía a la gente, para ayudarles con su don de clarividencia, a cambio de la voluntad. Iker llamó a la puerta, de la que colgaba un cardo seco. - ¡Entra! - escuchó -, ¡está abierta!
Se encontró con una modesta sala de aspecto rústico, adornada con utensilios antiguos de campo, e iluminada débilmente por el fuego de una chimenea. Frente a ella, una delicada anciana hacía punto sentada en una silla.
- Pasa - le dijo la anciana al verle parado en la puerta -, siéntate y cuéntame que es lo que te tiene tan atemorizado -.
Maritxu, dejó la aguja y la lana en la repisa de la chimenea, y le miró con intensidad y ternura.
Al instante, Iker se tranquilizó.
- ¿Quieres unas galletas? - le ofreció la anciana acercándole una bandeja llena de ellas.
- Si gracias.
Mientras saboreaba las galletas, Iker le contó lo que había sucedido.
- Está claro que tu hermano es víctima del encantamiento de una "lamia" - le dijo Maritxu.
- ¿Una lamia?
- Si, es un ser mitológico que vive en los bosque vascos, y en otras muchas partes del mundo. Es mitad mujer, mitad animal, y puede ser benéfica o maléfica. Si es benéfica, intentará aprovecharse de tu hermano para sus propios fines: cortar leña, cazar........, pero si es maléfica, ¡lo devorará!
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Iker.
- ¿Y cómo podemos saberlo?
Maritxu se levantó, y rebuscó algo en un gran arcón que había junto a la ventana. Sacó de él un pequeño espejo de mano tapado con una bolsa de tela.
- Este espejo, es un fragmento del "Espejo de la verdad"(1). En él, se ve reflejada la verdadera naturaleza de cualquier ser. Deberás hacer que la lamia se mire en él, para que su verdadera naturaleza aflore, y se rompa el hechizo.
Después de charlar un rato, Iker se despidió de Maritxu, agradeciéndole su ayuda. Antes de irse, la anciana le dio un colgante con un laburu (2): - Esto te protegerá del hechizo de la lamia - le dijo -, llévalo contigo cuando te enfrentes a ella.
Al día siguiente, Josu cogió "El espejo de la verdad", se colgó la medalla con el laburu, y subió al Adarra temprano. Se escondió entre unos matorrales, cerca del río, donde se reunían la lamia y su hermano. Al rato, vio a Josu, que se acercaba con la mirada perdida. Entonces la lamia surgió del agua, y se subió a una roca.
- ¡Yosu! - le gritó Iker a su hermano -, ¡tenemos que hablar!.
Yosu le miró desconcertado.
- ¿Qué haces tu aquí? - le gritó furiosa la lamia.
- He venido para hablar con mi hermano.
La lamia le miró fijamente con sus profundos ojos azules, intentando hechizarle.
- Te he traído un regalo - le dijo Iker ofreciéndole el espejo, que guardaba en su mochila -, quiero que seamos amigos.
La lamia lo cogió, y quito la tela que lo envolvía. Al mirarlo, vio su mandíbula babeante y sus ojos rojos reflejados en él, y al instante, se transformó en la imagen del espejo.
-¡Maldito! - gritó la lamia arrojándose al cuello de Iker, y apretándolo con sus garras -, ¡vas a morir!.
Abrió entonces su enorme boca poblada de afilados colmillos, con la intención de morderle.
De pronto, se escuchó un golpe seco, que retumbó en todo el monte,  y la lamia cayó al suelo, con un buen chichón en la cabeza. Iker se incorporó, y vio entre la niebla de sus ojos, la silueta de su hermano, con un palo en la mano.
- ¿Estás bien? - le dijo, ayudándole a incorporarse.
- Si, si, vamonos a caso, tenemos mucho de qué hablar.

En los días siguientes, los hermanos fueron ascendiendo los montes que les quedaba para concluir el concurso, y lo ganaron; pero no por ello dejaron de ir al monte para disfrutar de él y del reto de sus cimas; eso sí, llevando siempre un laburu en el cuello, y el espejo de la verdad en la mochila.

(1) Saturnino en: El misterio del planeta cambiante
(2)  Significados del Laburu


viernes, 16 de mayo de 2014

Hermanos montañeros (parte 1ª)

El carácter de un pueblo está marcado por el lugar geográfico en el que habitan. En el caso de los vascos, las altas montañas y los profundos valles, han forjado en ellos la nobleza e integridad de su forma de ser; pero también su desconfianza y cabezonería.
Iker y Yosu eran dos hermanos que vivían en Leiza, pequeño pueblo situado en el precioso valle de Leizarán, Guipúzkoa. Cómo muchos otros niños vascos, los fines de semana, sus padres les calzaban las botas de monte, les ponían sus chamarras de "gore-tex", y les llevaban a recorrer los empinados terrenos que ascendían a las cumbres de los montes de alrededor. Pasó el tiempo, y los hermanos, convertidos en robustos jóvenes, seguían quedando los fines de semana para continuar la tradición montañera heredada de sus padres, convirtiéndose ésta en parte fundamental de sus vidas.
Por entonces, la federación vasca de montaña, con el fin de promover la afición por el monte, organizó un concurso que consistía en ver quien era capaz de subir las cien montañas más altas del País Vasco en menos tiempo, para lo cual, colocaron buzones a la sombra de las cumbres que coronaban sus cimas, de manera que el que subía a ellas, debía dejar una tarjeta con su nombre y dirección del club de montaña al que pertenecía, y llevarse las tarjetas que encontraba para enviarlas por correo a los distintos clubes de montaña de los que eran socios las personas que habían dejado las tarjetas. De ésta manera, se podía contabilizar el número de cimas que lograba una persona. Los hermanos, sin ningún tipo de ambición deportiva, asumieron el reto, cómo un juego, y poco a poco, fueron sumando cimas a su palmarés.
En una de esas excursiones, se propusieron ascender el modesto Adarra, un pequeño monte guipuzkoano.
Era un día gris y húmedo. El constante chirimiri (llamado también calabobos), tan característico de la región, empapaba el pelo y los pantalones, resbalando las gotas por su cara, y por la superficie impermeable de sus chamarras. En una hora escasa, a buen ritmo, Iker llegó a la cima del Adarra, y dejó su tarjeta en el buzón. Josu, se entretuvo recogiendo unos hongos, que su experto conocimiento de los mismos, distinguió como comestibles. Al rato, llegó hasta un río, que corría caudaloso tras las últimas nevadas. En su orilla, sobre una roca, y con los pies en el agua, una hermosa joven peinaba su largo y frondoso pelo rubio. Josu quedó prendado al momento de la fascinante joven. Esta, le miró fijamente: "- Acércate -" le dijo autoritariamente.
Hipnotizado por sus profundos ojos azules, Yosu obedeció la orden, perdida completamente su voluntad. Cuando estuvo frente a ella, sus manos (las de ella) se transformaron en garras, y su insinuante boca se abrió mostrando afilados dientes. Se disponía a devorarlo, cuando los ojos de la joven, convertidos en tizones, se encontraron con los ojos sinceros y cándidos de Josu, quedando perdidamente enamorada de ellos. Al momento, se transformó de nuevo en una hermosa joven.
- ¡Yosu!, ¿dónde te habías metido? - se escuchó entre los árboles. Iker había descendido ya de la cumbre, y buscaba a su hermano. La joven al verlo llegar, se arrojó al río y se perdió en sus frías aguas.
- ¡Pero Yosu!, ¿dónde andabas?, llevo horas buscándote. - le dijo Iker. Yosu se sobresaltó.
- ¿Y la chica?
- ¿Qué chica?
- ¡Había una chica en ésta roca!
- Yo no he visto a nadie. ¿Te has comido alguno de esos hongos que llevas en la bolsa, o qué?
Yosu miró la bolsa.
- ¡No digas tonterías, había una chica aquí!
- Vale, venga, vámonos que se hace tarde.
Los dos hermanos bajaron hasta el merendero que había en la falda del monte, y tomaron caldo bien caliente y chorizo cocido, para temblar los ánimos y recuperar fuerzas.
Aquella noche, Josu soñó con la chica del río. En el sueño, la joven bailaba insinuantemente delante de él, haciéndole gestos con las manos para que se acercara. Al día siguiente se despertó con una gran ansiedad en el pecho.
- ¿Qué te sucede? - le preguntó su hermano al verle tan inquieto.
- Nada, nada - le contestó azorado.
Cuando su hermano se fue, Josu, en vez de ir a trabajar, se dirigió al monte Adarra; la imagen de la chica del río llamándole, seguía en su cabeza. Subió apresuradamente hasta el río, y allí, en el remanso del día anterior, se encontraba la bella joven, peinándose el pelo.
- Acércate - le dijo sonriendo - no tengas miedo.
Josu se acercó. Esta vez, las manos de la chica acariciaron sus mejillas, y sus labios le besaron dulcemente. El nudo en el pecho de Josu se desató, y se enlazaron en un apasionado abrazo.

Pasaron los días; Josu sólo podía pensar en la chica del río, por lo que dejó de ir al trabajo, sin decirle nada a su hermano, para pasar el mayor tiempo posible con ella.
Al llegar el fin de semana, Iker le propuso a Josu subir al Hernio, uno de los montes que les quedaba por ascender.
- Pues no me apetece mucho - le dijo.
- ¡Venga hombre!, que no nos queda poco para ganar el concurso.
Josu se debatía entre ir al monte con su hermano, o estar con su amante. Al final se decidió a ir con su hermano.
Cuando volvió a ver a la chica del río, la encontró disgustada y furiosa.
- ¿Por qué no viniste ayer? - le gritó.
- Fui con mi hermano al monte, nos falta poco para ganar el concurso.
-¡Tonterías! - Exclamó llena de celos. Se quedó pensativa un momento. - ¿Sabes que tu hermano te está engañando? - le dijo - quiere llevarse el mérito para él solo.
- ¡Estás loca, el nunca haría algo así!
-¿Tú crees? , ¡mira!
Un movimiento circular de sus manos sobre la superficie del agua, hizo que ésta se aquietara, pero en vez de su reflejo, Josu vio a su hermano en la cima de una montaña, metiendo en el buzón una tarjeta con su nombre.
- ¿Ves?, esto está sucediendo en estos momentos.
- ¡No puede ser!
- ¡Tu hermano quiere la gloria para él solo!
- ¡No! - gritó Yosu golpeando la superficie del río.
- No te preocupes, yo estaré siempre contigo - le dijo la chica, y abrazándole, consoló su corazón herido.

jueves, 1 de mayo de 2014

El niño que quería saberlo todo

Os voy a contar una historia, la de Juan, el niño que quería saberlo todo.
Con 3 años, Juan se preguntaba por qué la leche era blanca. Ya con 5, observaba la luna, intentando descubrir los hilos de los que colgaba del cielo. Con 6, encontró en el colegio su paraíso particular, donde había sabios, que con más o menos paciencia, intentaban responder a sus preguntas. Allí  se encontraba también la biblioteca, donde pasaba innumerables horas enfrascado apasionadamente en la lectura de los cientos de libros que poblaban sus estanterías. Pero con el tiempo, aquel paraíso, se convirtió en un pequeño oasis que no podía satisfacer sus ansias de saber. Así que, siendo un avispado joven, partió de su pueblo a la ciudad, donde nuevos e inagotables paraísos de conocimiento le esperaban. Pero ni siquiera aquel inmenso caudal de sabiduría pudo llenar su anhelo de respuestas.
Un buen día, oyó hablar sobre "El país de los sabios", un lugar donde vivían las personas más cultas del planeta. Se imaginó allí, rodeado de ellos, debatiendo en intensas e interminables veladas, sobre todo tipo de temas. Y allí fue. La decepción fue tremenda. El lugar consistía en una pequeña aldea de casas de adobe, y lo más sorprendente de todo, era que la mayoría de sus habitantes ¡andaban cabeza abajo! Se acerco a uno de ellos.
- Hola, perdone que le moleste, ¿por qué anda así?
- ¡Vaya que interesante!, ¡alguien andando con los pies!
- ¿Es qué aquí todo el mundo anda cabeza abajo?
- No, no todos,................., pero es mucho más interesante.
El hombre daba vueltas alrededor de Juan, mirándole de arriba a abajo con curiosidad. A lo lejos, vio a un grupo de hombres sentados en unos bancos de madera.
- Oigan, ¿Qué les pasa esos, que andan con las manos? - les dijo.
- Pues................., no lo se le dijo uno de ellos, contrariado - lo he olvidado. ¿Quieres comer algo? - le dijo mostrándole unos frutos alargados de color naranja.
- No, gracias.
Estuvo un rato hablando con ellos; ¡ninguno recordaba nada!, ¡ni sus nombres!
Desconcertado, salió de la aldea, ¡tenía que salir de allí, encontrar una razón para todo aquello! ¿Se habían vuelto locos de remate?
Por el camino, se encontró con un campesino, que subido a un carro, llevaba trigo al molino.
- Que, ¿Vienes del país de los sabios? - le dijo.
-Sí, pero más que sabios, son locos.
- ¡No!, ¡lo que pasa es que nuestras simples mentes no pueden comprender el comportamiento de seres iluminados!, ¿sabes por qué andan cabeza abajo? Dicen, que de esa manera, la perspectiva del mundo cambia completamente, y tienen que volver a aprenderlo todo.
- ¿Y los que no recuerdan nada?
- Esos comen "El fruto del olvido"(1), para tener que aprenderlo todo de nuevo.
Juan no quiso discutir con el campesino, ante la veneración que éste procesaba a los sabios, pero tuvo claro que el ansia de saber, les había trastornado. Juan subió al carro con el campesino, y charlaron amigablemente.
- ¿Qué te trae por aquí? - le preguntó el campesino.
- Quería visitar a los sabios para aprender de ellos, pero la verdad.................
- ¿Quieres conocer al hombre más sabio del mundo?, dicen que vive en la ciudad
- ¡Me encantaría! - los ojos de Juan se iluminaron.
- Vive en la ciudad. Pregunta por Federico, Federico Montoya.
Así que fue a la ciudad y preguntó Por el tal Federico.
- Vive al final de la calle, en una casa roja - le dijeron.
- ¿Y es cierto que es un gran sabio?
- Bueno..........., sabe de todo, eso si que es verdad.
Llamó a la puerta de la casa roja, como le habían indicado. Un hombre, con un buzo de trabajo que se limpiaba las manos con un trapo, le abrió la puerta.
- Hola  - le dijo.
- ¿Eres tú Federico? - le preguntó Juan.
- Si.
- ¿Puedo hablar un momento contigo?
- Bueno, ahora estoy ocupado arreglando unas goteras. Ayer llovió como si el mar se hubiera caído del cielo - dijo Federico sonriendo - pero pasa,  charlaremos mientras trabajo.
Juan observaba como Federico subido a una escalera colocaba diestramente unas planchas de madera en el techo.
- ¿De qué querías hablarme?
- Vengo del "País de los sabios", quería aprender de ellos, pero creo que se han vuelto locos.
- Bueno, son sabios, ya sabes.
- Oye Federico - le preguntó de repente - ¿sabes cómo curar un catarro?
- No, ¿por qué?
-Por nada. ¿Y sabes por qué gira la tierra?
- Pues....................., no. ¿A qué vienen esas preguntas?
- Es que..............., perdona tengo que irme.
Juan se marchó sin ni siquiera despedirse, de tan decepcionado que estaba.
"- ¿Y ahora qué?" - pensaba - " nunca podre saberlo todo."
Decidió volver a su casa, pero antes , pasaría por casa de Federico para disculparse por su comportamiento. Llamó a la puerta.
- Está abierta - escuchó. Entró y vio a Federico poniendo una cataplasma en el pecho de un chico.
- Hola - le dijo - , perdona, pero mi sobrino está acatarrado, y le tengo que hacer una cura.
Juan se quedó de piedra.
- Bueno, cambia la cataplasma cada 12 horas, y verás cómo te alivia.
- Gracias tío.
El chico, salió de la casa corriendo.
- ¿Cómo es posible? - Juan no salía de su asombro - , ayer me dijiste que no sabías nada de medicina.
- Y así era.
- ¿Pero.........entones?
Federico se quedó pensativo.
- Tengo un secreto - le dijo -, pero prométeme que no se lo contarás a nadie.
- Te lo prometo.
Entonces le enseñó un anillo dorado con el símbolo del infinito.
- Este es "El anillo de la sabiduría" - le dijo.
- ¡Es precioso!, ¿y cómo funciona?
-Cada vez que quiero saber algo, me lo pongo, y el conocimiento que necesito me viene a la cabeza al momento.
- ¡Increíble! ¿puedo probarlo?
- No sé..............es peligroso. Si los conocimientos que buscas son egoístas, se volverán contra ti.
- Yo sólo quiero saber cómo volver a mi casa. Me he perdido.
Juan no se atrevió a revelarle que su verdadero deseo era saberlo todo.
- Bueno, si es eso, pero ten cuidado.
Federico le dio el anillo. Cuando se lo puso, Juan pidió con todas sus fuerzas saberlo todo, y así sucedió; ¡todos los conocimientos del mundo iluminaron su mente como un relámpago, y desapareció para siempre!

Así termina la historia. Juan desapareció porque lo sabía todo, y ya no tenía nada más que aprender. Yo soy un humilde maestro de instituto, y cuando veo en los ojos de alguno de mis alumnos ese brillo, ese afán por aprender y aprender, les cuento la historia de Juan, para que tengan cuidado, ya que no hay que perder nunca la curiosidad ni el gusto por aprender, pero hay que aceptar las limitaciones de cada uno, porque nadie puede saberlo todo; ¡si no queréis desaparecer!



jueves, 3 de abril de 2014

Saturnino y el misterio del planeta cambiante (el origen de los soñadores) (parte 2ª)

Saturnino contemplaba ensimismado los 4 anillos que rodeaban Saturnalia; -"¡Que recuerdos!"- Pensaba -"¡los primeros vuelos en aereo-vicicleta!, ¡las excursiones en familia a los cráteres de viento, y a los campos de burbujas!,¡ el primer beso,..................! - Allí, en aquella esfera que casi podía atrapar con la mano, había transcurrido su feliz infancia, antes de tener que partir para realizar sus estudios superiores de piloto espacial.
El gorrión aterrizó en el hangar de la casa familiar; su madre le estaba esperando. La empanada de anchoas que preparó para comer, le hizo volver de nuevo a su niñez. Mientras daban buena cuenta de ella, Saturnino contaba a su madre sus aventuras espaciales, y ella, le ponía al día de las últimas novedades familiares.
- Pues ya ves, - decía la madre de Saturnino - con lo tímida que es tu prima, y se casa con un morador de la 3ª luna.
- ¡Y yo que creía que lo había visto todo!
-Bueno, hijo, y ahora cuéntame por qué has venido a  verme.
- Pues para visitarte.................
- ¡Satur! - le dijo echándole una tierna mirada de reproche.
- La verdad es que me gustaría que me hablaras de nuestras raíces familiares.
-Ya,.............., entonces lo sabes.
Saturnino, le contó su aventura en el planeta cambiante, y como la niña le había dicho que era "un soñador".
- Pues si hijo, la niña te dijo la verdad, eres "un soñador".
- ¿Y por qué no me lo dijisteis? - le dijo enfadado.
- Pensábamos hacerlo, cuando estuvieses preparado. El don es muy poderoso, y exige una gran responsabilidad.
- ¿Y crees que estoy preparado para despertarlo?, no veo otra forma de hacer frente a la niña.
- No soy yo quien debe decidirlo. Mañana iremos a ver al abuelo, "El espejo de la verdad" nos lo dirá.
El abuelo de Saturnino era un hombre jovial y bromista, que vivía en una granja criando "saturocas", una especie de ocas originarias de  Saturnalia.
- Ya me ha hablado tu madre de tu repentino amor por las tradiciones familiares - le dijo sonriendo.
- Si abuelo, necesito tu ayuda.
- Bien, acompáñame.
Le llevó hasta un sótano lleno de cachivaches polvorientos. En una esquina, había un espejo de cuerpo entero, cubierto por una sábana .
- Acércate Satur, debes mirarte en él; verás a tu verdadero yo reflejado. Deberás mirarlo fijamente;
si eres capaz de aguantar su mirada durante 10 segundos, estarás preparado para despertar el don.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Saturnino.
- Cierra los ojos - le dijo el abuelo.
Este, retiró la sábana.
- Cuando estés preparado, vuelve a abrirlos.
Saturnino, respiró profundamente, y con un ligero temblor de párpados, los abrió de nuevo. Lo que vio le heló la sangre: Un terrorífico dragón, echando fuego por la boca, le miraba fijamente, con ojos rojos y vidriosos. El dragón gritó, ¿o era él el que gritaba?, quiso salir corriendo, pero los ojos rojos del dragón le tenían fascinado; y poco a poco, se fueron volviendo azules como los suyos. La sábana, cubriendo el espejo de nuevo, le sobresaltó.
- ¡Enhorabuena hijo! - le dijo el abuelo - ¡as superado la prueba!.
- ¿Has visto al dragón? - le dijo Saturnino, impactado todavía por la visión.
- No Satur, yo he visto tu reflejo, sólo tú puedes ver lo que hay en tu interior.
Los siguientes meses, Saturnino los paso en Saturnalia, aprendiendo las ancestrales técnicas de "visualización creativa", transmitidas de generación en generación, con las que despertaría el don que dormía en su interior. Cuando de sintió preparado, se despidió de su madre y de su abuelo, y se dirigió al planeta cambiante, para enfrentarse a la niña, de igual a igual.

"El gorrión moteado" surcaba el espacio rumbo al planeta cambiante. Mientras, Saturnino, buscaba la forma de hacer frente a la niña. Introdujo una memoria USB en el ordenador de a bordo.
- "Gorrión", aquí tienes los datos de todos "los soñadores" y el planeta que cuidan, por gentileza del abuelo. Contrasta las coordenadas del planeta cambiante con las de los planetas de la memoria.
- Enseguida Satur. Hay una coincidencia - dijo "el gorrión" tras unos segundos. - Se trata del planeta Acttress, a cago de la familia Sulivann. Pero lo más interesante, es que toda la familia, incluida Imelda, la hija de 2 años, falleció en un accidente naval, cuando naufragó el barco en el que viajaban en el lago Konttikii.
- Pues la niña debió de sobrevivir al accidente. No me extraña nada su conducta ante semejante tragedia..
"El gorrión moteado" sescendió sobre acttress, el planeta cambiante. Ahora estaba cubierto de nieve. Los niños se lanzaban ladera abajo con sus trineos, y patinaban en inmensos lagos helados. No tardó Imelda en descubrir a Saturnino.
- ¡Te dije que no volvieras nunca más por aquí! - le gritó.
- He venido para darte un regalo.
Le mostró un gran cajón rectangular envuelto en papel de regalo y adornado con lazos. Lo miró curiosa.
- ¡No quiero ningún regalo tuyo! - le gritó de repente, cambiando de actitud , - ¡Ni de ti, ni de ninguna persona mayor!, ¡sois todos unos egoístas y unos mentirosos!
- ¿Por qué dices eso?, ¿quizás porque tus padres te dejaron sola?
Imelda le miró furiosa.
- ¡Cállate! - le ordenó.
- Ellos no tuvieron la culpa de lo que sucedió.................
- ¡Basta! - le interrumpió, llevándose las manos a los oídos. De pronto, cerró los ojos, se concentró, y delante de ella apareció  un terrible monstruo peludo de 6 metros de altura, con tenazas en vez de manos, 4 filas de dientes afilados, y un gran ojo en medio de la frente.
- ¡acaba con él! - gritó  Imelda.
"- Es hora de poner en práctica lo que he aprendido" - pensó Saturnino. Se concentró intensamente. El monstruo se acercaba, el suelo retumbaba a cada paso que daba. Abrió los ojos, ¡no había pasado nada!, ¡ el monstruo estaba frente a él!. " - ¡Concentración, concentración!" - volvió a intentarlo. Abrió los ojos:¡Un formidable dragón se interponía ahora entre el monstruo y él, ¡lo había conseguido! El dragón, de un coletazo, lanzó Al monstruo por los aires; pero éste, se recuperó de inmediato, y agarró al dragón por el cuello con una de sus tenazas, mientras que subido a su lomo, le golpeaba la cabeza. El pobre dragón quedó sin sentido en el suelo.
- ¿Eso es todo lo que sabes hacer? - le dijo Imelda a Saturnino - veo que has aprendido algunos trucos desde la última vez que nos vimos, pero no van a servir de nada; terminemos de una vez - dijo haciendo una señal al monstruo. Este, cogió a Saturnino con su tenaza, y se lo tragó de un bocado. Imelda cerró los ojos, y el monstruo desapareció. Entonces, vio el regalo que le había traído Saturnino. Lo abrió con curiosidad. Dentro de la caja, había un gran espejo de cuerpo entero cubierto con una sábana. La quitó: Dio varios pasos atrás aterrada; en el espejo se reflejaba el terrorífico monstruo que acababa de crear.
- Ese eres tú - le dijo Saturnino, saliendo de detrás del espejo -, te estás mirando en "El espejo de la verdad". En él se refleja tu verdadero ser.
- Pero...................¡si el monstruo te había devorado! - dijo Imelda sorprendida.
- No era yo, sólo era un robot.
Imelda estaba muy confusa.
- ¿Y eso soy yo? - le dijo señalando el reflejo del espejo -, ¿en eso me he convertido?
- Así es, pero depende de ti el cambiarlo.
Imelda miró al monstruo reflejado en el espejo, y lloró amargamente. Pero poco a poco, el enorme ojo negro del monstruo, se fue tiñendo de verde, como los ojos de Imelda.

-¿Qué ha sido de la niña? - le preguntó el abuelo a Saturnino.
- Entre los datos que me diste, encontramos que un tío de Imelda vivía en Solaris, un planeta agrícola de sector de Orión, y le llevamos con él.
- ¿Y si vuelve a las andadas?
- No lo creo, lo que vio en el espejo no le gustó nada, y además ya no sentirá sola, ahora tiene varios primos de su edad con los que divertirse.
- Todavía nos queda una pregunta por responder: ¿Como pudo la niña despertar su don sin la ayuda de nadie?
- Si despertó por sí solo, podría ocurrir lo mismo en otros casos, ya las consecuencias podrían ser catastróficas.
Se produjo un intenso silencio entre Saturnino y el abuelo, ante tal expectativa.
- ¿Y tú?, ¿qué vas a hacer con el don? - le preguntó el abuelo rompiendo la tensión.
- Olvidarlo. No creo que nadie esté preparado para usarlo correctamente...........
- ¡Venga, dejaros de cháchara y a comer, que se enfría! - les interrumpió la madre de Saturnino, con una sabrosa empanada de anchoas recién hecha en la mano.
- Aunque quizás lo utilice, para no olvidarme del sabor de la empanada de mamá - dijo Saturnino, mientras él y el abuelo reían ante la mirada extrañada de ésta.


sábado, 22 de marzo de 2014

Saturnino y el misterio del planeta cambiante (El origen de "Los soñadores") (parte 1ª)

La fascinación de Saturnino por los misterios del universo, le hacían recorrer el espacio sideral, con su nave, El Gorrión moteado, en busca de respuestas.
La computadora del Gorrión había descubierto un planeta que no constaba en la cartas de navegación, y hacia allí se dirigían, con un cosquilleo, tanto en el estómago de Saturnino, como en los circuitos del Gorrión.

La nave descendió en un pequeño prado.
- Bueno Gorrión, modo camuflaje - ordenó Saturnino - estaremos en contacto por el comunicador.
- Dirígete hacia el norte, detecto presencia de vida inteligente - respondió la voz metálica del Gorrión - ten cuidado.
Saturnino cogió su equipo de exploración y se dirigió al norte, como le había indicado El gorrión. El paisaje era espléndido; recorrió frondosos bosques, campos floridos llenos de mariposas revoloteando, ríos cristalinos y verdes valles, hasta llegar a una extraña ciudad. Extraña, porque las únicas construcciones que había, eran toboganes, columpios, camas elásticas, tiovivos, etc., parecía un enorme parque infantil. En ella, había niños corriendo, peleándose, jugando con el barro, andando en bici, sin la presencia de ningún mayor detrás de ello, intentando que se comieran el bocadillo. Anduvo por la ciudad entre el alboroto generalizado. Se repetía la misma escena allí donde iba.
- Hola, ¿Donde están tus padres? - Le preguntó a un niño que se hurgaba la nariz, sentado en el suelo.
- ¿Padres?, ¿Qué es eso?.
- Pues personas mayores,................
- ¿Eres tú una persona mayor?
- Bueno................
El niño salió corriendo detrás de otro que le acababa de tirar del pelo. Saturnino, desconcertado, y  cansado de tanto alboroto, regresó a la nave, ayudado por el localizador.
- Es extraño Gorrión, no he encontrado a ninguna persona mayor en la ciudad - comentaba en la nave mientras comía una cena ligera.
- Quizás sea un planeta guardería, controlada por robots.
- No se, tampoco he visto ninguno. Bueno mañana será otro día. Buenas noches Gorrión.
- Buenas noches Satur.
Saturnino, cansado, se rindió a un profundo y apacible sueño.

Un aire frío le despertó. Abrió los ojos, vio nubes persiguiéndose en el azul del cielo, y sintió la humedad de la hierba en su espalda. Se incorporó sorprendido;"- ¿Donde estoy? "- se preguntó. "- ¿Y el gorrión?"
Miró a su alrededor, sólo encontró un tostador a su lado. Intentó contactar con el gorrión, pero no obtuvo respuesta. Todavía no había amanecido, y por la situación de las estrellas, calculó que era el lugar donde había aterrizado; sin embargo, nada era tal como lo recordaba. Se dirigió hacia el norte, donde debería estar la ciudad de los niños. Cruzó dunas y palmeras, donde el día anterior, crecían árboles y flores, y al llegar donde debería estar la ciudad, se encontró con un formidable palacio, digno de cualquier cuento de hadas que se precie. Un río, corría presuroso delante del palacio, en su orilla, un hombre, sentado en una roca, pescaba, mirando soñoliento la superficie del agua.
- Oiga - le dijo Saturnino - ¿no se levantaba  aquí una ciudad llena de niños?
- Puede ser, y quizás mañana haya un volcán, o un aeropuerto,..................¡Quien sabe!
- ¿Me estás tomando el pelo? - le dijo Saturnino enfadado.
-¿Yo?, no pareces de aquí - le contestó mirándole fijamente -, pero no ne preocupes, mañana quizás seas un conejo, o un despertador, ¡Quien sabe!
- ¿Es que en éste planeta todo cambia de un día para otro?
- ¡Exacto! Eres más listo de lo que pareces.
- ¿Y que puedo hacer para recuperar mi nave?, ¡Ahora es una tostadora!
- Sólo la niña te puede ayudar.
-¿La niña?
- Si, La soñadora. Sus sueños se convierten el realidad ¿sabes?.Tiene el poder de transformar el planeta en el escenario de sus sueños, y a todos los que vivimos en él, en sus actores. ¡Es una pesadilla!
- ¡Pero yo no he cambiado!
- ¡Entonces eres uno de ellos! - soltando la caña, el hombre salió disparado, sin parar de chillar. Saturnino, miraba atónito como se alejaba. "- tengo que encontrar a la niña" - pensó. "- ¿Y que niña no sueña con ser una princesa y vivir en un palacio como en el que tengo delante?"
Así que entró en el palacio. Era un palacio formidable, con grandes torres cilíndricas unidas por arcos, y una torre central que sobresalía sobre las demás culminando en un tejado cónico; como el de Walt Disney  vamos. Llegó hasta la puerta del palacio, cruzando jardines y fuentes. Estaba abierta. Dentro, el polvo y las telarañas cubría un lujoso hall, del que ascendían unas escaleras de mármol con barandillas doradas. Tenía la sensación de que al llegar arriba, se encontraría a "Bella y Bestia" bailando en un salón; pero en lugar de eso, ¡se encontró a un terrorífico dragón, encadenado frente a una celda. El dragón se le acercó amenazante. Saturnino, sin inmutarse, sacó el desintegrador del cinturón, y disparándole, le convirtió en puntitos de luz que se difuminaron al instante.
- ¡No, no y no!, ¡Así no es como deberías haber matado al dragón! - dijo una niña,saliendo de la celda, enfadada. Iba vestida con un formidable traje de princesa.
- ¡Perdón, su majestad!, olvidé mi espada en casa. - respondió divertido Saturnino.
La niña se le quedó mirando con el gesto fruncido.
- Vaya, veo que eres uno de los nuestros - le dijo.
- ¿Uno de los nuestros?
- ¡Pues claro!, ¡un soñador!, ¡por eso no puedo hacer que cambies!
Viendo la expresión de extrañeza en la mirada de Sasturnino, la niña se dio cuenta de que no era consciente de ello.
- Princesa - le dijo Saturnino - no se de lo que me estás hablando, pero lo que si se, es que no deberías tratar así a la gente.
- ¿Tratarla como?
- ¡Como si fueran tus juguetes!, ¡Cada uno tiene que ser como es!
- Pero entonces no me divierto - dijo la niña enfurruñada.
- No se trata de que te diviertas tú sola, se trata de que nos divirtamos todos.
La niña se quedó pensativa.
- ¡Es demasiado complicado!, ¡será mejor que te vayas y dejes en paz mis sueños!
Después de decir ésto, se dio la vuelta y se metió de nuevo en la celda.
"¡Menudo carácter!" - pensaba Saturnino, cuando de repente, el palacio se empezó a transformar ante sus ojos en una pasarela de moda, en la que la niña desfilaba con llamativos vestidos, bajo los flashes de las cámaras de los periodistas, y la gente que aplaudía a radiar. Entonces, Saturnino se subió a la pasarela, y se puso a desfilar, ante la indignación de la niña.
- ¡Pero que demonios haces! -  le gritó.
- Yo también quiero desfilar, ¡es muy divertido! -  le dijo Saturnino moviendo el trasero.
- ¿Quieres dejar de fastidiar mis sueños?
- Con una condición - respondió Saturnino poniéndose serio.
- ¡Cual!
- Que devuelvas mi nave a su forma original.
Le mostró la tostadora que llevaba en la mochila. La niña le miró enfadada.
- ¡Está bien!,
Entonces cerró los ojos, se concentró, y la tostadora se transformó en El gorrión moteado.
- ¡Ahora lárgate!, ¡y no vuelvas más por aquí! - gritó.

Ya en el espacio, Saturnino comprobaba el estado de su nave.
- Parece que todo está en orden.
- Si Satur, funcionando a pleno rendimiento.
- Perfecto. Esa niña se merece unos azotes, ¿no crees?
- ¡Y que lo digas!
- Bueno Gorrión, necesito una información; dime lo que sepas sobre "Los soñadores", ¡por lo visto soy uno de ellos!
- Enseguida Sastur. Buscando datos.
Tras unos pocos segundos, El gorrión continuó: - Cuenta la leyenda, que el universo con todo lo que contiene fue creado por "El soñador", de acuerdo con sus sublimes sueños. Pero se sentía sólo, por lo que dotó a los seres que había creado de libertad, para que fueran como él. "El soñador" no era todopoderoso, sobre la muerte no tenía poder, era mortal, como las criaturas que había creado. Entonces, "El soñador", transmitió su don a algunas de sus criaturas, para que cuidaran del resto cuando hubiera fallecido.
- ¡La leyenda es cierta!, pero ¿como puedo encontrar a "Los soñadores"?
- Según la leyenda, hay una estirpe de "Soñadores" en cada mundo, encargada de cuidarlo. Podríamos encontrarlos en cualquier planeta.
- ¡Es cierto!, y puesto que yo soy un "Soñador", significa que mi familia forma parte de una estirpe de "Soñadores". ¡Vayamos entonces a Saturnalia, tenemos asuntos familiares importantes que tratar!







miércoles, 5 de marzo de 2014

El juguete fantástico

Detrás de una roca, Juan observaba a la rana, que hinchaba y deshinchaba el cuello como si se hubiera comido un globo. Se arrastró por la tierra, protegido por altas hierbas. Un par de metros le separaba de ella. Se incorporó; el chasquido de una rama fue como un resorte, que hizo saltar a la rana fuera de su alcance. La siguió por un cañaveral, hasta un claro, donde se levantaba, protegida por las cañas, una pequeña casa de madera. Abrió curioso la puerta, y entró; unas luces de colores se encendieron, una alegre música circense empezó a sonar. Miró a su alrededor sorprendido; la estancia parecía más grande por dentro que por fuera. En su interior, se encontró una inmensa y extraña maquinaria que ocupaba toda la estancia: Enormes ruedas dentadas movían pistones que proyectaban líquidos de colores por un entramado de tuberías circulares; bombillas que se encendían y apagaban por aquí y por allá emitiendo toda clase de ruiditos simpáticos; paneles de botones y manivelas; palancas que salían del suelo;........................... Contempló fascinado todo aquello, se acercó, y apretó un botón: Unas poleas se movieron, haciendo elevar una plataforma, que al coincidir con otra, hizo rodar una bola, que cayó en un balancín, cuyo extremo encendió un interruptor, que puso en funcionamiento un ventilador, que hinchó un globo, que explotó cuando su superficie alcanzó la punta de un alfiler,..................................... Apretó otro botón, y algo completamente diferente empezó a suceder. Pasó el resto de la tarde, y de las tardes de aquel caluroso e inolvidable verano, combinando y recombinando las infinitas posibilidades de aquella fantástica máquina.

Con la cabeza apoyada en la mano, miraba sin ver los planos del nuevo proyecto que debía presentar ante la junta de accionistas al día siguiente. "Una estúpida tostadora" - pensaba Juan. Se levantó y sacó dos cafés bien cargados de la máquina de cafés. Iba a ser una noche muy larga. La alarma del móvil le despertó. Levantó la cabeza del escritorio - ¡Dios!, ¡me he dormido! - exclamó, echando el dolorido cuello hacia atrás; esbozos de un sueño se iban difuminando en su mente: Luces, botones, compuertas que se abren y cierran, fluidos de colores,............, era el mismo que se repetía todas las noches últimamente. A sus 30 años, Juan se podía considerar un triunfador. Con 20 fue contratado por una prestigiosa empresa de electrodomésticos como director de proyectos e innovación, al terminar la carrera de ingeniería técnica entre los mejores de su curso; estaba casado con el amor de su vida, y tenía 2 guapos e inteligentes hijos. ¿Qué más podía pedir?
- Señor Aresti, le traigo el billete de avión - le dijo su guapa secretaria.
- ¿Qué billete?
- El del vuelo a Italia.
- ¡Ah si, la conferencia!, gracias Patricia.
Una pequeña ola de aburrimiento perturbó el calmoso y predecible lago en el que se había convertido su vida. Miró indolente el billete; "La Toscana, Italia, ¿No era allí donde veraneaba de niño con mi familia?" pensó. Por un momento, fue ése niño, persiguiendo ranas y lagartijas en el bosque; pero enseguida, el lago recuperó la calma.

Se tumbó cansado en la cama del hotel, después del largo vuelo. Mañana repetiría las mismas palabras, los mismos gestos, que tantas y tantas veces había pronunciado y hecho: " ¡La tostadora de microondas: La última revolución en desayunos y meriendas!" Se sentía más un vendedor que un verdadero innovador; su curiosidad hace mucho tiempo que se limitaba a saber lo que sucedería en el próximo capítulo de su serie de televisión favorita.
Al día siguiente, la conferencia transcurrió como tantas otras; los mismos chistes, las mismas preguntas, los mismos acuerdos en el bar con distintos personajes,................... Después, cogió un taxi para volver al hotel. Miraba distraído por la ventanilla, cuando el corazón le dio un pequeño vuelco. - ¡Pare! - le gritó al taxista. A un lado de la carretera, había un cartel no muy grande ya ajado por el tiempo: "Hostal Paraíso: Sus vacaciones familiares en plena naturaleza". Una flecha situada debajo, indicaba que estaba a 200 metros de distancia. Bajó del taxi y siguió la flecha. Por su cabeza pasaban imágenes de su infancia, aquellos calurosos días de playa y excursiones campestres con la familia. ¡Y allí estaba el hostal Paraíso, tal como lo recordaba! - ¿Señora Luisa, es usted? - le preguntó a una anciana que dormitaba en el porche.
- ¿Perdone? - le contestó sobresaltada.
- Hola, soy Juan, Juan Aresti. De niño venía a veranear aquí todos los años con mi familia.
- Juan............Juan, ¡aquel pequeño diablo que me llenaba la casa de ranas y lagartijas!
- ¡El mismo!
- ¡Cómo pasa el tiempo!
- ¿Tiene alguna habitación libre?, resulta que estoy de paso, y estaba buscando alojamiento.
- Habla con Martina, mi hija, yo ya no tengo edad para los negocios.
- ¿Martina?, ¿Aquella niñita resabiada?
- Ahora es toda una mujer, y con carácter, como su madre.
Entonces apareció Martina, y los 3 recordaron viejos y buenos tiempos ente vasos de vino y empanada.

Aquella noche, Juan durmió a pierna suelta en el hostal Paraíso. Al día siguiente, después de un abundante desayuno casero con pan tostado y mermelada, fue a dar una vuelta por los alrededores. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan relajado y vivo. Llegó a un pequeño estanque; al lado, se extendía un cañaveral. Avanzó entre las cañas, a medida que una pequeña emoción se asomaba en su interior, hasta dar a luz un recuerdo sepultado por el tiempo. Allí, en un claro, se encontraba la cabaña en la que años atrás, descubrió la fascinación y el misterio del mundo. Abrió la puerta, que se desencajó, levantando una nube de polvo. La humedad enmoheció en un momento sus recuerdos. Un desolado paisaje de tubos oxidados, cristales rotos, y marañas de cables, le devolvió a la realidad; el tiempo y la naturaleza, habían hecho bien su trabajo. Recorrió con la vista el ruinoso espectáculo. Cogió una manivela del suelo, y la encajó en un panel, girándola pensativo. "-¿porqué no........?" - pensó - ¡vamos allá!
Al día siguiente, alquiló una furgoneta y se acercó al centro comercial más cercano, donde compró toda clase de herramientas y materiales de construcción. Pasó los días siguientes en la cabaña del bosque. La paz del estanque se rompió por el ruido de martillazos, taladros y alegres canturreos. Pasaron 3 meses; abrió la puerta de la cabaña, una luces de colores se encendieron, una alegre música circense empezó a sonar, enormes ruedas dentadas movían pistones que proyectaban líquidos de colores por un entramado de tuberías circulares,.................................................. ¡Allí estaba de nuevo: La máquina,......................y la fascinación!

Juan no se conformó con reconstruir la máquina; dejó su trabajo, y fue con su familia a vivir a la Toscana. Allí, dedicó sus excelsos conocimientos técnicos en mejorar y ampliar la máquina, y así, la pequeña cabaña de madera, se convirtió en el parque de atracciones más innovador y fascinante de Europa, al que miles de personas iban a visitar, ¡y a disfrutar y disfrutar...............................!


viernes, 21 de febrero de 2014

El niño que inventaba palabras, y el hombre que las entendía

Los niños leían sus redacciones en clase de lengua, después de la excursión al monte:
- El suelo estaba lleno de "hojacalmas" y "hojáridas" - unas risillas se empezaron a escuchar en el aula.
- ¡Basta! - gritó la profesora - continúa Asier.
- Por lo que el suelo estaba resbaladizo. Subimos por un sendero, y vimos vacas y "cabrícolas".
Las risas fueron entonces generalizadas.
- ¡Ya está bien!, ¡silencio todo el mundo! - gritó la profesora - ¡Y tu Asier, es la última vez que te inventas palabras!, ¡ te quedarás castigado después de clase!
"¡Cabrícola, cabrícola!" - coreaban los niños alrededor de Asier, cuando salió de clase. Cabizbajo, se fue al parque, para alejarse de las burlas.

Se sentó en un banco rendido a su suerte; cuando escuchó una música de organillo, y a un hombre, que subido a una bicicleta, arrastraba un carrito: - ¡Helados!, ¡los mejores helados del mundo!, ¡de todos los sabores imaginables! - gritaba el hombre megáfono en mano.
Al pasar junto a Asier, se paró.
- Necesitas un helado - le dijo.
- No tengo dinero.
- No importa, te invito. ¿De qué lo quieres?
- Pues..................., uno de "frécida".
- ¡De "frécida", buena elección! - El heladero, se puso a canturrear mientras hurgaba en su carrito-
- ¡Voila! - le ofreció un helado de color rosáceo-amarillento, de aspecto cremoso. Asier lo probó.
- ¡Vaya!, ¡es del sabor que quería! - le dijo sorprendido.
- Claro, de fresa con un toque de limón.
- Creía que no me ibas a entender - le dijo Asier bajando la cabeza - tengo la mala costumbre de inventarme palabras que expresan mejor lo que yo siento, pero nadie me entiende.
- Pero yo no soy un heladero normal, ¡soy "El heladero mágico"!, imagina la combinación de sabores más increíble que puedas concebir, ponle un nombre, y lo tendrás en tus manos. Sólo necesitas un nombre. Conozco el significado de todas las palabras que existen, incluso de las inventadas.
- ¡Eso es impresionante! - Le dijo Asier.
- Más impresionante es ver las cosas como tú las ves. Eres capaz de ver en el interior de las personas y las cosas.
- ¡Pero se burlan de mi!
- No te preocupes. De mi también se burlaban, hasta que supe sacar provecho de mi don; ¡porque es un don!
- ¿Cómo el de los superhéroes?
- ¡Eso es!, desde hoy seremos superhéroes: ¡"El niño poesía", y "El heladero mágico!", ¿Qué te parece?, ¡juntos, en defensa de la justicia!
Ambos rieron a carcajadas.

Félix, "El heladero mágico", y Asier, "El niño poesía", Paseaban por el parque hablando animadamente de futuros proyectos, cuando escucharon el llanto de una mujer en el jardín de una casa.
- Vayamos a ver que sucede,¡éste es un caso para "El niño poesía" y el "Heladero mágico"!
Con una sonrisa de complicidad, se acercaron a la mujer.
- ¿Que te sucede? - le preguntó Félix.
- Es mi hijo, ¡lleva horas llorando!, y no sé qué le pasa - le dijo entre lágrimas.
- ¿has llamado al médico? - le dijo Asier.
- ¡Claro!, pero ha tenido una urgencia, y me ha dicho que pasará cuando pueda, y que no cree que sea nada importante lo que le pasa a mi hijo.
- ¿Podemos echarle un vistazo? - le dijo Félix a la desolada madre.
La madre les llevo donde el niño; una pobre criatura de pocos meses, amoratada y afónica, se debatía en su cuna.
- ¡Si pudiera decirnos lo que le sucede! -  se lamentaba la madre.
- ¡Eso es fácil!, Asier, mira atentamente al niño y dime que ves.
- ¡No soy médico! - protestó Asier.
- No importe, dime que siente el niño, ¡utiliza tu don! - le dijo Félix.
Asier miró fíjamente al niño, y se concentró en él.
- Le duele la tripa - dijo - tiene un "pufi" en el "sajo".
- ¡Así que era eso! - gritó "El heladero"- bueno, no te preocupes - dijo dirigiéndose a la madre - está estreñido. Ponle un supositorio para que libere todo lo que tiene atascado en el vientre la pobre criatura, y listo.
Así lo hizo, y el niño, dejando de llorar, cayó en un plácido sueño.
Se despidieron entre besos y abrazos de la agradecida madre. Al llegar el médico, le dijo a la mujer, que aquellos hombres habían salvado la vida de su hijo, ya que se trataba de un estreñimiento muy severo, y de no haberlo cogido a tiempo, podría haber provocado una hemorragia  en el delicado estómago del bebé, pudiendo acabar con su vida.

¡El mundo está de enhorabuena!, ¡dos nuevos superhéroes: " El niño poesía", y "El heladero mágico", velan por su seguridad!